La gran coalición que nadie quería

Luego de dos meses de difíciles negociaciones entre los conservadores gobernantes y los socialdemócratas opositores está listo el Contrato de Coalición que regirá al nuevo gobierno alemán: las dos fuerzas mayoritarias del país gobernarán juntos. La famosa gran coalición, que nadie la quería, resultó la única opción políticamente viable. Los democratacristianos de Angela Merkel querían seguir gobernando con su socio preferido, los liberales. Los socialdemócratas opositores hicieron campaña electoral para formar un gobierno de cambio junto con sus socios preferidos, los ecologistas del Partido Los Verdes.

Ninguna de estas alianzas logró en las elecciones parlamentarias de septiembre la mayoría necesaria para formar gobierno. Alemania es un régimen parlamentario: el que logra construir una coalición parlamentaria con 50% más 1 diputado puede elegir al jefe de gobierno (canciller) y formar gobierno. Ninguna de las coaliciones que se habían presentado en las elecciones logró esta mayoría. Los socios liberales de Merkel ya ni siquiera lograron los 5% de votos mínimos para ingresar al parlamento. Y socialdemócratas y verdes quedaron lejos de los 50% de diputados.

Entonces, había 3 coaliciones matemáticamente posibles: aparte de la gran coalición entre los partidos mayoritarios, los conservadores podían formar mayoría junto a Los Verdes; y los socialdemócratas y verdes podían incluir en su alianza a los poscomunistas del Partido La Izquierda. Resulta que ambas coaliciones carecían de factibilidad política. Para los conservadores de la Democracia Cristina (CDU/CSU), Los Verdes, a pesar de su transformación de un movimiento de rebeldes en un partido de clase media, siguen siendo de extrema desconfianza. Y los socialdemócratas, igual que Los Verdes, se habían comprometido antes de las elecciones a no incluir en su gobierno a los poscomunistas, quienes siguen opuestos a las alianzas que han integrado Alemania al mundo occidental: la OTAN y la Unión Europea...

El resultado lógico: la gran coalición entre los dos partidos mayoritarios, los socialdemócratas y los conservadores (democracia cristiana). Nadie la quería, es un matrimonio de conveniencia.

En las negociaciones entre los dos partidos inmediatamente quedó evidente algo que aun más complicó la preparación de la boda: La única manera de justificar esta alianza entre las fuerzas opuestas, que obliga a ambos a hacer concesiones esenciales, modificando sus respectivos programas de gobierno y sus promesas electorales, es cuando logre atacar de raíz los problemas no resueltos del país. Esta coalición o será una frustrante aberración del oportunismo de la clase política – o será lo mejor del pragmatismo político: el pacto nacional que necesitaba la República para enfrentarse a sus principales retos. Esta coalición, que nadie quería, está obligada a hacer lo que ningún otro gobierno con mayoría precaria y oposición fuerte puede lograr: arreglar el sistema de pensiones; revertir la creación de una nueva pobreza de subempleo; una reforma de salud  capaz de enfrentar la explosión de costos en una sociedad cada vez más vieja; poner en práctica el anunciado cambio energético, asegurando sostenibilidad ecológica a largo plazo, pero sin disparar los costos de energía; pasar de la administración de la crisis del Euro a la integración política de Europa.

La gran coalición alemana está condenada no sólo al éxito sino a lograr éxitos extraordinarios y cambios estructurales. Si se queda en la administración de las crisis, poniendo parches y quedando corto en las reformas, a la democracia alemana le van a crecer enemigos peligrosos, tanto en la izquierda antisistema como en la nueva derecha anti-europea.

Esta gestión gubernamental de una coalición que tiene respaldo de 85% de los diputados tiene la oportunidad de abandonar el populismo y hacer reformas dolorosas pero necesarias, por ejemplo en los sistemas de salud y pensiones. Tiene la fuerza necesaria para parase a la arrogancia de Estados Unidos en el pleito por las prácticas de espionaje. Tiene la fuerza necesaria para convertirse en la locomotriz de la unidad europea. Por parte de los socialdemócratas entra al nuevo gobierno alguna gente de gran capacidad profesional y política. Juntos con dirigentes de la Democracia Cristiana como Angela Merkel y Ursula von der Leyden, la primera mujer a dirigir el ministerio de Defensa, que de todos modos han sido acusados a llevar su partido del conservadurismo tradicional a posiciones socialdemócratas, pueden convertirse en el gobierno de las reformas consecuentes que necesita Alemania. 
(El Diario de Hoy)