martes, 9 de julio de 2019

Los berrinchudos. De Alberto Barrera Tyszka

Alberto Barrera Tyszka es un escritor, guionista y articulista venezolano.
Lees los informes sobre la muerte del Capitán Rafael Acosta. Escuchas la voz entrecortada de Waleska Pérez, su viuda. Cada palabra es una herida. Sientes también que algo cruje dentro de tu cuerpo. Aprietas los dedos. No sabes dónde poner las manos.
Miras la foto de Rufo Chacón,  la imagen de su rostro lleno de sangre mancha cualquier letra que intentas pronunciar. Tu lengua está llena de arena.
¿Qué se puede hacer con la indignación? ¿Qué con tanta irritación, con tanto dolor, con tanta impotencia? ¿Dónde se puede amarrar la exasperación? ¿Acaso se puede guardar en una gaveta? ¿Se puede esconder debajo de la mesa? ¿Qué se puede hacer con toda la rabia que vamos sintiendo?
Todas estas preguntas, a veces incluso sin hacerse siempre visibles, danzan desde hace mucho entre nosotros. Todos, de muy diversas maneras y en diferentes grados, llevamos demasiado tiempo sometidos a la violencia oficial.  Cierto: no es ninguna novedad. Pero también es cierto que, durante estos últimos años, la agresión y la crueldad del poder se han ido despojando de todos sus disimulos y  se han incrementado hasta perder el control.  No hay una única fuerza. No hay un solo Estado.  La administración de la violencia ya también forma parte del caos. 
Ningún ciudadano puede escapar de esta dinámica.  Y cada quien trata de sobrevivir como puede, cada quien busca sus maneras de relacionarse con la ira, con el miedo.  No es fácil gerenciar la desesperación y, muchas veces, en estas circunstancias, no hay nada más tentador que un berrinche: patear los teclados, culpar a cualquier prójimo, escupir tuits, mandar todo al carajo…puede ser una experiencia catártica, muy refrescante.
También te ofrece la posibilidad de sentirte poderoso, de creer que todo se resuelve con un grito, que en verdad tú puedes ser un radical.
Primero dijeron que Michelle Bachelet solo era una comparsa de la dictadura, una cómplice que vino al país a legitimar a Nicolás Maduro. Después, a pesar del crudo informe presentado esta semana, los berrinchudos siguen sin estar satisfechos. Piensan que la primera recomendación de la Alta Comisionada ha debido ser la siguiente: la ONU exige a Donald Trump que agarre sus marines y sus hierros y que invada , de manera inmediata, a Venezuela. Sin contemplaciones. La vaina es ya. Este mismo 5 de julio para que encima tengamos cierto ambiente simbólico.
 Vigilan el vocabulario, se irritan si alguien dice o escribe “gobierno” sin aclarar que es un “gobierno tiránico, dictatorial y totalitario”.  Los berrinchudos están siempre dispuestos a estallar. Cualquier detalle les parece una provocación, una nueva traición del liderazgo, otro error imperdonable de los políticos. No aceptan ningún diálogo. No desean marchar, hasta les molesta que otros marchen. No quieren elecciones. No necesitan de las instancias internacionales. Los berrinchudos piensan que la política solo es un trámite burocrático. Detrás de toda su alharaca, coinciden en algo con el régimen: su única opción es la violencia.
Más allá de lo comprensible o no de esta actitud, también hay que entender que existen los berrinchudos profesionales. Aquellos que tratan de sacarle un gran provecho al arrebato. Los que creen que pueden conseguir algún protagonismo a punta de berrinches.  Los que piden acciones instantáneas y definitivas, los que invocan milagros envueltos en misiles, aun sabiendo que no existen, que no pueden darse, tan solo para provocar berrinches y tratar de ganar más seguidores.
La lógica del estallido, sin embargo, tiene un ciclo predecible, melancólico e inútil: después de reventar, se desinfla.
No queda nada.  Solo el vacío.  Un interminable vacío donde vuelve a aparecer Nicolás Maduro anunciando ejercicios militares y diciendo “estamos en el lado correcto de la historia”.  Y entonces tú piensas de nuevo en el Capitán Rafael Acosta, en los ojos huecos de Rufo Chacón.  Piensas en todos y en tantos. Y la indignación y el dolor y la rabia siguen ahí. Intactos.

lunes, 8 de julio de 2019

Carta a ARENA: Es un problema político, no de disciplina. De Paolo Luers


Con medidas disciplinarias o incluso expulsiones no van a resolver los problemas que figuras como Milena Mayorga y Gustavo Escalante les están causando. Estos problemas existen por la falta de debate político dentro de su partido. Sólo donde no hay claridad de las posiciones políticas y de los principios y las posturas ideológicas detrás de ellas, figuras tan mediocres y superficiales como estos dos diputados pueden adquirir notoriedad y eco dentro y fuera de la militancia. 

Si no tuvieran impacto, simplemente los podrían dejar hablar solos – y no pasaría nada. Pero la cosa es más complicada. Aunque es perfectamente visible que estos dos diputados (y probablemente otros más) obedecen a líneas políticas emanadas del campo del gobierno de Bukele y sus expertos en manipulación políticas (por ejemplo Porfirio Chica), siguen teniendo impacto y creando confusión entre las bases de ARENA. Si unos diputados de repente asumen, de manera visible e incluso beligerante, las posiciones políticas del adversario principal de su partido, uno crearía que ellos mismos se aislarían y el problema no llegaa a más. 

Pero no es así en el caso de Milena Mayorga, Gustavo Escalante, Felissa Cristales y Arturo Magaña. Tan así que ahora el partido se vio obligado a abrirles juicios disciplinarios – cosa que sólo puede empeorar el problema. ¿Por qué diputados, que tan visiblemente se han hecho seguidores del adversario político, sigan teniendo impacto, o sea credibilidad frente a ciertos sectores? Porque en el fondo, en ARENA no existe claridad sobre su posición frente al presidente Bukele y sus posiciones populistas. El infiltre tan obvio como en el caso de Milena Mayorga sólo puede funcionar en esta ambigüedad dentro de ARENA, donde no se entiende el fenómeno de un presidente que los derrotó en las elecciones con consignas de izquierda y ahora aísla y paraliza la oposición gobernando con discursos y acciones de derecha... 

El impulso de querer expulsar a estos diputados es entendible, pero es contraproducente. El único remedio es confrontar el problema con un debate interno y público de gran profundidad, sinceridad e impacto, sobre el papel de la oposición, sobre los principios que los separan del populismo oportunista de Bukele. 

ARENA necesita este debate de todos modos. Es también la única forma en terminar de construir entre los distintos grupos existentes en el partido unidad basada en diversidad y concertación. En una situación, en la cual no existe claridad sobre los principios y acuerdos que unen a los diferentes grupos que han estado compitiendo dentro de ARENA, figuras disociativas como Mayorga pueden adquirir protagonismo y continuar haciendo daño. Es más, si los mecanismo de debate interno estuvieran funcionando en ARENA y produjeran posiciones claras frente a Nuevas Ideas, Bukele, y su gobierno, entonces estas posiciones disociativas ya estarían insostenibles – y el partido podríproceder a separarlos del partido. Un partido con rumbo definido no paga ningún costo si se separa de personas que van a otro rumbo.

Sin embargo, tratar de resolver el problema con expulsiones, sin pasar por el debate necesario para definir el carácter y el rumbo del partido, es suicidio.

El debate que estoy proponiendo no es entre el partido y los diputadosgolondrinoen su seno. No es para convencer a Milena Mayorga o Gustavo Escalante. Es el gran debate de reunificación y búsqueda de rumbo que ARENA necesita si quiere sobrevivir. Pero al mismo tiempo, como efecto colateral, es el único antídoto contra oportunistas con posturas postizas que tratan de profundizar la crisis.

Saludos,


(MAS! y EL DIARIO DE HOY)





Los derechos importan. De Erika Saldaña

Nadie quiere que al actual Gobierno le vaya mal. Nadie en su sano juicio debería desear que los planes de seguridad fracasen y que nosotros como ciudadanos sigamos mal. Eso hay que decirlo claro y fuerte ante la ola de críticas que caen cuando una persona dice cualquier cosa sobre la administración de Nayib Bukele. Pero tampoco significa que las decisiones gubernamentales se vuelven infalibles e incuestionables. Si se comete un error hay que señalarlo; y como contrapartida esperaríamos que los funcionarios tengan la suficiente madurez para enmendarlo.
En el primer mes del gobierno han existido decisiones puestas en duda, no por la intención de los funcionarios, sino por la forma en que han sido adoptadas. Las últimas son las relacionadas al “plan control territorial”. En poco tiempo han tomado decisiones necesarias y que habían sido obviadas por los gobiernos anteriores, como retomar el control de los centros penales a nivel nacional, tal y como lo han informado. Sin embargo, se ha cuestionado que estas medidas dejan de lado el respeto a derechos que tiene toda persona, como el derecho de audiencia, defensa, al debido proceso, etc. Y no, nuevamente hay que aclarar que quienes criticamos las medidas no estamos en favor de las pandillas o el crimen organizado, sino que pedimos el respeto al Estado de Derecho y los derechos humanos.
La defensa de los derechos humanos es importante por varias razones. Primero, porque somos seres humanos y nadie puede despojar absolutamente de sus derechos a otra persona. Segundo, los condenados que deseen reformar sus conductas y reinsertarse a la sociedad tienen derecho a una segunda oportunidad. Tercero, porque nos conviene a todos. Mantener el respeto a los derechos humanos nos protege a todos los ciudadanos, inocentes o culpables, de las arbitrariedades del poder público y garantiza que a las personas se les respete el mínimo de derechos en cualquier situación.
Nadie busca la impunidad de los grupos delincuenciales. Pero todas las personas tenemos derechos en una república, incluso aquellos que han sido encarcelados y sufren condenas. Ni el ciudadano común y corriente, muchos menos los jueces, tienen que explicar “de qué lado están”, como lo ha señalado el señor presidente de la república. Los ciudadanos debemos apoyar las buenas iniciativas que provengan del Órgano Ejecutivo no solo cuando estas tengan buenas intenciones, sino que también cuando estas sean adoptadas conforme a derecho, respetando leyes e instituciones establecidas. El presidente no puede descargar el éxito o fracaso de sus planes de control territorial en los jueces, pues estos últimos están sujetos a las leyes y no pueden tomar sus decisiones por criterios políticos.
Los señalamientos de los funcionarios de gobierno y sus simpatizantes hacia los ciudadanos que cuestionan sus decisiones deben mesurarse. Hoy no es necesario ni siquiera decir algo “malo” para que salten las suspicacias y teorías de la conspiración contra los que se atreven a dar su opinión. Los periodistas han sido blanco de fuertes señalamientos por informar o en algunos casos dar su opinión. La presunción de mala intención que actualmente recae sobre el periodismo salvadoreño es preocupante. El presidente debe tener claro que cada una de sus decisiones va a estar sometida a un fuerte escrutinio, con base en el deber de informar de los periodistas y el derecho a la libertad de expresión de los ciudadanos.
Ninguna persona que aprecia nuestro país quiere que los planes del gobierno fracasen, muchos menos las decisiones en temas de seguridad pública. Pero hay cosas que ni los funcionarios del gabinete ni el presidente de la república se pueden saltar; las leyes, las instituciones y los derechos de las personas, son algunos ejemplos.

La guerra de Trump. De Cristina López

El 4 de julio reciente celebró Estados Unidos otro aniversario de su Independencia, pero no fue como cualquier otro aniversario. El presidente Donald Trump decidió, por sí y ante sí, usar la fecha para flexionar el músculo militar estadounidense. Y tenía dos años de estar combatiendo a sus propios consejeros y a las oficinas de presupuesto gubernamental para lograrlo, pues desde que viera en 2017 un desfile militar del Día de la Bastilla en Francia, había vuelto a la capital estadounidense con el capricho de presidir sobre su propio desfile, pero uno al mejor estilo Trumpiano: extra-large, extra-ostentoso, y extra-innecesario. Le frenaron solamente los límites presupuestarios y logísticos. Le tuvieron que explicar que rodar tanques de guerra por las calles pondría en peligro la integridad estructural de puentes solo aptos para otro tipo de tráfico y dejaría el estado del pavimento en calidad de queso gruyere, por lo que le tocó conformarse con tener los tanques parqueados en el escenario que montó frente al monumento dedicado a Abraham Lincoln, trasfondo de tantas victorias para los derechos civiles.
Y una fecha que en Washington D.C. tradicionalmente se vive como un día de celebración cívica se convirtió en una celebración política, pues descendieron las huestes de simpatizantes de Trump: mares de gorras rojas con el “Make America Great Again” poblaron las calles, con familias enteras desplegando camisetas con el dibujo de un mapa de Estados Unidos y eslóganes agresivamente anti-inmigrantes como, “ya estamos llenos, váyanse al carajo”. Durante el discurso presidencial, Trump se dedicó a enumerar las victorias militares estadounidenses y algunas otras victorias civiles (como avances científicos), solo haciendo las pausas necesarias para que sobrevolaran aviones de guerra. El discurso incluía un tono de advertencia y amenaza hacia los enemigos de EE.UU., sin especificar quiénes, exactamente, califican como tales en esta confusa realidad geopolítica, en la que Trump saluda a dictadores sangrientos y piropea a líderes autoritarios.
Una diferencia marcada con algunos presidentes anteriores, que usaban la fecha para presidir actos de naturalización, fue la ausencia total de menciones a los inmigrantes, o al ethos de Estados Unidos como tierra de inmigrantes. Masha Gessen, una periodista de origen ruso que emigró a los Estados Unidos huyendo del autoritarismo antes de que se resquebrajara la Unión Soviética, escribió en su reportaje sobre el 4 de julio trumpiano que la ausencia de menciones a los inmigrantes y el despliegue militar en plena época de paz y en ausencia de amenazas geopolíticas inminentes no son producto de la casualidad. Aquellos a quienes Trump ha señalado como enemigos son los inmigrantes.
En la misma semana en la que un reporte interno del Departamento de Seguridad describió las condiciones inhumanas de varios centros de detención de inmigrantes (donde los detenidos no tienen más opción a veces que tomar agua de los servicios sanitarios), Trump respondió tuiteando que si las condiciones no les parecían adecuadas, los inmigrantes podían simplemente dejar de venir y punto. Como dice Gessen, esta actitud presidencial que ignora elementos de Derecho Internacional más antiguos y más respetables que su presidencia como el derecho a solicitar asilo, es una en la que el inmigrante es, al mismo tiempo, una amenaza súper-humana a la que hay que combatir como el principal problema de la nación, y una criatura sub-humana cuyo trato inhumano en centros de detención no merece urgencia ni atención alguna.
Es esa misma actitud la que inspiró que la Agencia de Inmigración y Fronteras eliminara de su misión institucional la frase que describía a Estados Unidos como “nación de inmigrantes”. Y es esa guerra política la que ha resultado en familias enteras que ven el vestirse con atuendos anti-inmigrante como la manera más apropiada de celebrar la independencia de su país, ignorando los siglos de historia de una nación cuya fortaleza ha sido unir bajo los mismos ideales a individuos provenientes de todos los rincones del globo. Solo el tiempo revelará qué es más fuerte: si el ethos nacional o la actual correntada de populismo nacionalista.
@crislopezg

domingo, 7 de julio de 2019

El río. De Cristian Villalta

No debías estar ahí, sino jugando con tierra en tu tierra...

Cristian Villalta, editor de El Gráfico
Pero tu padre quería un parque en que corrieras, quería para ti una casa que fuera tu casa, una escuela bonita, un cielo para dibujar tu sonrisa. Y no lo creyó posible en el país en que naciste.
Un país no es sino un pedazo de tierra con tope por los cuatro lados; curiosamente, puedes cruzar esos topes, esas líneas, esas fronteras; y sin embargo, el país no se va de ti. No hablo de la nostalgia; hablo del peso de tu país. Eso pasa porque además de ser tierra, un país también es el montón de gente que lo puebla. Idealmente, gente con muchas cosas en común. ¿Los mismos problemas? Quizá. ¿Las mismas necesidades? No siempre. ¿Las mismas posibilidades? Difícilmente. Pero se supone que a esas personas las une el orgullo de unos colores, el dolor de una historia, el compromiso de que en esa franja del mundo la dignidad sea posible. Si eso fuese mucho pedir, entonces debería conectarlas en el más íntimo de los niveles: la vergüenza ante las injusticias, el bochorno ante la miseria repetida tantas veces o el visible saldo de la desigualdad de tantos años. Pero a veces ni eso siquiera.

Tales cosas pasan cuando los responsables de cuidarnos, los que pidieron y prometieron hacerlo, le dan la espalda a sus obligaciones y se entregan a satisfacer sus propios apetitos; tristemente, no son estómagos que se sacien con comida ni con vanidad.
¿Te imaginas lo que le ocurre a las personas si nadie siembra en sus vidas más que migajas año tras año, década tras década? Quedan perdidas a su suerte, convencidas de que hay un orden que conspira contra sus aspiraciones, que las trivializa, que las desdeña por un pecado de origen: naciste sin tener. Para miles de esas personas el listado de lo posible es cortito y el de lo prohibido es enorme; no se trata de las cosas que nunca podrás comprarte, sino de la realización que nunca gozarás, de los sueños de los que debes privar a tus hijos. Es como vivir en un país que no es el tuyo, en el que todo es hostil, en el que no entiendes nada porque esa lengua no es tu lengua. Pero es tu país. Vivir así es como vivir extranjero en tu propio país.
Y ahí nace el peso que te digo, es el peso de la nacionalidad. No es el peso de tu desesperación, mucho menos el de tus ansiedades y nunca el de tus sueños; es el peso de lo que tus hermanos no hicieron por ti.
Ese fue el peso que tu padre sintió a lo largo del camino. No era el tuyo, jamás. Tú fuiste sus alas hasta que entraron al río.
No culpes al río. El que se llevó el amor que ibas a prodigar no fue el río. El que se llevó tus abrazos, tus besos, tus caricias no fue el río. El que le dijo no a lo que le ofrecerías a la vida no fue el río. El que antes de que nacieras sentenció que el mundo sería para ti un solar yermo y ajeno no fue el río. Y tampoco culpes a tu padre, cariño. Ese hombre, un hombre niño, huérfano de esperanza como tú, soñó por ti y murió contigo como todos deberíamos, si fuésemos honorables.
Desde entonces, sentada sobre una nube, aún abrazada a tu papá, le preguntas qué pasó. Lo que pasó, Valeria, se llama El Salvador.

viernes, 5 de julio de 2019

Carta a los diputados: ¿Quieren ser pasapapeles? De Paolo Luers


Estimados amigos: Disculpen que les haga blanco de tantas misivas, pero el problema es que el presidente los ha puesto en el “hot spot”, y ustedes se lo permitieron. Así que ahora los ciudadanos nos preguntamos, sorprendidos: ¿cómo diablos un Presidente de la República, quien insulta a la oposición y amenaza al parlamento como institución, consigue 83 votos para su presupuesto extra para Seguridad, sin ir a la Asamblea y sin enfrentarse a un debate sobre la necesidad de su plan de seguridad ni a los procedimientos normales de rendición de cuentas y de negociación? 

La respuesta: consigue 83 votos (y sus $30 millones), porque los extorsiona a ustedes, los diputados, diciendo tantas veces sea necesario: “Vamos a ver si ustedes, los diputados, están del lado mío y del pueblo, o del lado de la delincuencia…”.

Y ya anunció que igualmente va a conseguir los $91 millones.
Con esto no estoy diciendo que la PNC y la Fuerza Armada no necesiten los $31 millones, y tampoco que los proyectos de intervención social que Bukele anunció no merecen los $91 millones. No lo puedo decir, porque no lo puedo saber. Pero tampoco ustedes pueden saber si los montos de extra financiamiento que solicitaron son justificados. Ni el presidente ni sus ministros le han explicado, rubro por rubro, dólar por dólar, cuáles son los cambios presupuestarios que requieren las nuevas políticas que está poniendo en marcha el gobierno. Para muestra un botón: entre lo que ustedes aprobaron veo $11.6 millones para financiar la comida de los agentes policiales que participan en el Plan Control Territorial, y $6 millones para lo que comerán los soldados.
Pero momentito: ¿según el presupuesto original para el 2019 no iban a comer los policías y soldados? Les hubieran tenido que preguntar por qué el Plan de Seguridad actual exige que coman lo correspondiente de 17.6 millones más los soldados y agentes. Y así rubro por rubro: uniformes, salarios… Pidieron y consiguieron 10 millones más para salarios de soldados. ¿Por qué, si ya de antes casi todos los soldados estaban en tareas de seguridad apoyando la policía? Las explicaciones las hubiera tenido que dar el ministro de Hacienda, que es el mismo que elaboró el presupuesto original 2019 y ahora los presupuestos adicionales.
Pero ustedes aprobaron, unánimemente, los $30 millones, sin pedir todas estas explicaciones. Varios de ustedes dijeron incluso que tenían dudas, que la cosa no era transparente. Si tenían dudas no resueltas, ¿cómo es que les aprobaron $30 millones de extra financiamiento?
¿Saben por qué el presidente lo hizo así, sin explicaciones técnicas presupuestarias y sin explicaciones sobre el carácter y el contenido de su plan de seguridad? Lo hizo así porque quiso hacerlo así, para acostumbrarnos a todos (ustedes, los diputados, y nosotros los ciudadanos) a la idea de que este presidente no necesita dar explicaciones a la Asamblea, él sólo exige y consigue, y ustedes sólo aprueban, o les echan encima a “las masas”. ..
O sea, aunque Bukele tuviera un plan de seguridad bien estructurado, y también los cálculos presupuestarios correspondientes como la ley y la transparencia mandan, no los hubiera presentado. Yo no sé si los tiene. Ustedes tampoco. Ojalá que los tenga. Pero consiguió todo lo que quería: los $30 millones, la promesa de tener los otros $91 millones y el placer de haber mostrado a la Asamblea y al pueblo quién manda en este país. Y que nos olvidamos de estas pajas de división de poderes y pesos y contrapesos…
Si siguen así, su Asamblea se reduce a una institución irrelevante de pasapapeles.
Saludos,



El papel de la oposición. De Manuel Hinds

Los partidos ahora en reinvención deben estar conscientes de que una agenda nacional no puede armarse diciendo que “el partido apoyará al gobierno en lo que considere bueno y no lo hará en lo que no lo considere así”. Eso es bueno pero no es suficiente. La agenda requiere armar una visión entera de país y convencer a los votantes de que es la mejor para El Salvador y de que el partido es el mejor para aplicarla.
¿Cuál es el papel de la oposición en una democracia liberal como la que enmarca el sistema político de El Salvador? Esta pregunta está recibiendo mucha atención en estas últimas semanas, después del triunfo del actual presidente en las elecciones de febrero de este año y mientras los dos partidos hasta esas elecciones mayoritarios están inmersos en un proceso que todavía no sabemos si será de reinvención o de suicidio. Ellos definirán su futuro en la una o la otra dirección si reflexionan sobre un punto que Enrique Ghersi, politólogo peruano, recordó a su audiencia en un seminario realizado hace poco por Atlas Network en República Dominicana sobre la libertad en Latinoamérica.
El Dr. Ghersi notó cómo en la región hemos olvidado la gran diferencia que hay entre la política electoral y la gran política. La primera se enfoca sólo en colocar personas en cargos públicos, mientras que la segunda se enfoca en definir la agenda de país —las políticas que el país debe aplicar para lograr el desarrollo—. Ambas no necesitan coincidir. Así, por ejemplo, hay presidentes que gobiernan con la agenda de su rival en las elecciones, como sucedió con Mario Vargas Llosa, que perdió las elecciones contra Alberto Fujimori pero impuso la exitosa agenda que diversos presidentes han aplicado en los últimos treinta años. Mauricio Macri ganó las últimas elecciones presidenciales en Argentina pero ha gobernado con las políticas que heredó de Cristina Kirchner, por lo que no ha logrado sacar a su país del desorden en que ella lo dejó.
Por supuesto, a veces el que fija la agenda coincide con el que ocupa la presidencia. Pero a la larga, las preguntas surgen: ¿Quién ha sido el político más hábil, el líder más capaz, el que tiene la banda presidencial, o el que marca la agenda del país? ¿Qué partido sirve más al país, el que pone a una persona en la presidencia o el que orienta las políticas nacionales?
Obviamente, los dos temas son importantes, la agenda y la persona del presidente o del alcalde o de los diputados. Pero el objetivo principal de los partidos políticos debería ser poner la agenda nacional, para que sea luego llevada a cabo por algún político propio o de otro partido. Al fin y al cabo, esto y que el proceso sea democrático y enmarcado en el imperio del derecho es lo que le importa al pueblo, no si Perico o Zutano son o no son el presidente, incluso no si el que gobierna es el partido X, Y, o Z. El pueblo salvadoreño ha demostrado que está dispuesto a votar por cualquier partido si es que cree que este va a implementar las políticas y las reformas que desea. De hecho, el proceso de cambio que se está llevando a cabo ahora en el FMLN y ARENA puede ser exitoso si produce agendas atractivas de país, o un suicidio si sólo se trata de pleitos por un poder que ni siquiera tienen.
Si es sólo lo último, los que pierdan el poder del partido del que se trate se van a convertir en los peores enemigos de los que lo ganen, y se asegurarán de que éstos pierdan en las elecciones nacionales para que la gente diga “todo hubiera sido mejor si el que perdió hubiera ganado”. La unidad de estos partidos necesitan para influenciar al país sólo puede lograrse con un consenso en una agenda de país, no con fanatismos personalistas.
Los partidos ahora en reinvención deben estar conscientes de que una agenda nacional no puede armarse diciendo que “el partido apoyará al gobierno en lo que considere bueno y no lo hará en lo que no lo considere así”. Eso es bueno pero no es suficiente. La agenda requiere armar una visión entera de país y convencer a los votantes de que es la mejor para El Salvador y de que el partido es el mejor para aplicarla.
Los partidos ARENA y el FMLN tienen una gran oportunidad en este momento porque poseen un número grande de alcaldías y de curules, a través de las cuales, si hacen bien su trabajo, pueden convencer al país de estas tres cosas. Pero sólo si hacen bien su trabajo, en armar la visión y en aplicarla en donde pueden. Ya deberían de dejar de pelearse y comenzar a hacer algo positivo.

jueves, 4 de julio de 2019

Carta a los diputados: No se dejen presionar por nadie


Muchos diputados han recibido llamadas, algunas con amenaza de suspender sus visas, de la Embajada de EE.UU., presionándolos que no voten por una Ley de Reconciliación que permita penas sustitutivas a la cárcel en los casos de crímenes de guerra.
Espero que el nuevo Embajador, un militar quien sí entiende la historia de la guerra salvadoreña y la lógica los comportamientos de sus protagonistas, corrija esta insensata intervención en nuestra legislación y en nuestra forma de enfrentar los conflictos y pecados de nuestra historia.
La otra presión proviene del presidente, quien ya hizo ver que vetará la ley si no incluye penas de cárcel para los acusados de crímenes de guerra durante los años 80. Pero es una presión que funciona más bien en la cabeza de ustedes, una especie de autocensura. Les paraliza el miedo que Bukele va a vetar cualquier versión racional de esta ley, que por una parte cumpla con la sentencia de la Sala sobre la amnistía, y al mismo tiempo con su responsabilidad de no poner en peligro la reconciliación ya lograda en nuestra sociedad.
Tienen razón, diputados, el presidente va a vetar esta ley, a menos que ustedes se acobarden y hagan la ley como él la quiere: una ley que vuelve a profundizar las divisiones y los resentimientos que emanan de la guerra; una ley que le permite a él seguir dividiendo la sociedad, exhibiendo como culpables a los protagonistas de la guerra y de la paz, el Frente y ARENA. Está en su interés político vetar una ley que nos dé los instrumentos de llegar a la verdad, pero sin generar nuevas divisiones.
Lo que no tiene sentido es que ustedes, los diputados, sigan dejándose paralizar por la amenaza del veto presidencial. Ustedes no tienen la tarea de complacer al presidente, sino de cumplir con la sentencia de la Sala –¡y con la historia!
Hagan esta ley como la Sala y la responsabilidad histórica les demandan: sin temor al veto. Si logran una mayoría sólida para una ley que esté en función de establecer la verdad sobre los crímenes de guerra, pero sin revanchismos, el presidente Bukele la va a vetar por inconstitucional, pero no la puede detener. La última palabra la tendrá la Sala de lo Constitucional, que realmente es la cancha donde merece estar esta pelota. Ahí se originó el problema, cuando la Sala anterior tomó la decisión de abrir esta Caja de Pandora, declarando inconstitucional la amnistía del 1993, la cual permitió que funcionara el proceso de paz. Y al haber veto presidencial, ahí regresará el problema para su definitiva solución.
Lo único que tienen que hacer es olvidarse de la presión que reciben de todas partes, superar el miedo al veto y redactar esta ley de manera prudente, sabia y justa.
Saludos, 




martes, 2 de julio de 2019

Carta a mis colegas periodistas: No nos dejemos intimidar

“Los periodistas no queremos que le vaya 
mal al país. No somos el enemigo.”
El hecho de que periodistas sientan que tienen que publicar esta afirmación es alarmante. El hecho que una periodista tan seria como la editora de La Prensa Gráfica y locutora de Morning Club Mariana Belloso se sienta obligada a hacer esta aclaración, aun más.

Mariana Belloso había publicado el día anterior una columna de opinión en su periódico, titulada “O conmigo, o contra mí”. Una columna que yo, en mis redes sociales, clasifiqué como “excelente reflexión”. La gran calidad de esta colega es su capacidad reflexiva, su racionalidad, la mesura y empatía con la cual emite opiniones. Muy contrario al estilo mío que es más confrontativo, polémico y tajante. Por esto entiendo porqué las columnas mías provocan tanta rabia y me atraen, en Facebook y Twitter, gran cantidad de insultos y amenazas.

Pero resulta que también la crítica mesurada de Mariana Belloso provocó un “shit storm” de gran violencia – tal vez incluso peor, por todas las palabrotas que suelen incluir cuando atacan a una mujer. La amenaza más frecuente que me caen a mi es la expatriación. No quiero imaginar cuáles son las amenazas que caen a una mujer…

¿Qué pecado había cometido Mariana para que los troles y los seguidores fanáticos del nuevo gobierno le caigan encima? Lo mejor sería leer su columna, pero la voy a resumir: Es una columna contra la filosofía de «Quien no está con nosotros, está contra nosotros», aplicada desde el poder. Escribe Mariana: “Ese es el clima que ahora vivimos los salvadoreños que utilizamos redes sociales: un comentario puede desatar ataques masivos que ponen a prueba la tolerancia y resistencia de cualquiera (…) Leemos a dirigentes de Nuevas Ideas hacer llamados a la unidad, mientras cualquier opinión que ponga en duda a algún funcionario del Gobierno es sepultada pronto por cientos de voces prestos a defender al actual Ejecutivo. Es, cada vez más evidentemente, el imperio del odio.”

Y se encargaron de mostrarle a Mariana que su predicción era válida – más de lo que ella se pudo haber imaginado.

El de Mariana Belloso no es un caso aislado. El “shit storm” contra Héctor Silva Ávalos fue desatado por el mismo presidente de la República. No soy muy partidario del estilo de periodismo de Héctor Silva y su revista “Factum”, pero todos los medios deberían cerrar filas cuando algún medio y su director están siendo atacados de esta manera desde la cúpula del poder presidencial.

El meollo del problema es exactamente el que Mariana Belloso señaló en su columna: la decisión del presidente, de sus ministros, su partido y sus seguidores de aplicar a todos el esquema “Quien no está con nosotros, está contra nosotros”. Con el agravante que “contra nosotros” significa “contra el pueblo”…

Lo dice el presidente a los periodistas y hasta a los diputados, incluso en la forma más distorsionada, no admitiendo crítica a su plan de seguridad: “O están con la gente honrada o están con los criminales.” Bueno, asumiendo que él es la personificación de la ‘gente honrada”, y el único que representa sus intereses…

Nadie quiere ser percibido como alguien que está con los criminales. No en un país con esta cantidad de emociones, resentimientos y agresiones alrededor del tema de la inseguridad…

Que el presidente ponga a periodistas críticos como Héctor Silva o Mariana Belloso e incluso diputados de oposición en esta posición, es irresponsable. No hay que permitírselo. Hace falta que los periodistas y los diputados defiendan su independencia contra estos chantajes y se pronuncien. Yo lo hago con esta carta.

Saludos,
La columna de Mariana Belloso:
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domingo, 30 de junio de 2019

Carta a la capitana Carola Rackete: El imperativo humanista

[Quiero que antes de leer esta carta, primero vean este artículo sobre el barco “Sea Watch”, que bajo el mando de Carola Rackete rescata a refugiados en el mar mediterráneo. Actualmente tiene a bordo 42 refugiados que de otra manera hubieran naufragado y muerto – y el gobierno en Roma te prohibió desembarcar a los rescatados en un puerto italiano. Para los que leen esta carta en internet, es fácil encontrar esta nota, solo activen este link. Para los que leen esta carta en El Diario de Hoy o MAS, pongan en Google el título de la nota: La capitana que desafía a Salvini. Gracias.]
Estimada Carola:
Tu ejemplo anima a tomar acción. Estás desafiando al gobierno italiano y su alpha macho Matteo Salvini, que considera criminal la operación de los barcos humanitarios de rescate y amenaza con echarte presa y decomisar la “Sea Watch”, si entras al puerto de Lampedusa. Mandaste un mensaje a Savini: “He decidido entrar al puerto. Sé a lo que me arriesgo, pero los 42 náufragos a bordo están al límite. Los llevo a salvo.”
En Estados Unidos han sido arrestados voluntarios humanitarios por el crimen de abastecer de agua a los migrantes que atraviesan el desierto para cruzar la frontera. En México comienza la represión contra organizaciones religiosas y comunitarias que brindan apoyo logístico a las caravanas de migrantes que atraviesan el país.

Mientras el mundo tiene gobernantes como Trump y Savini, se necesita personas como tú, que no aceptan la criminalización de la migración – e incluso de las organizaciones humanitarias que tratan de evitar que esta criminalización resulte en la muerte.

Tu desafío valiente funciona. Los gobiernos municipales de Amsterdam y Berlin han ofrecido recibir a los refugiados a bordo de la “Sea Watch”. Organizaciones religiosas de Italia se han comprometido a recibir a los náufragos, de la manera que su alimentación, tratamiento médico, ropa y el transporte a su destina final no le costaría ni un solo Euro al gobierno italiano. El multitudinario Congreso de los lutheranos de Alemania sacó una resolución que autoriza a su Iglesia a formar parte activa en las operaciones humanitarias en el mediterráneo en apoyo a los refugiados. El presidente de la Iglesia dijo: “Ayudar al prójimo es un deber cristiano, y ningún gobierno puede prohibirlo.”

“Il capitano”, como los seguidores de “La Lega” (el partido de derecha racista de Salvini) llaman a su líder, al fin ha encontrado a su capitana. Mejor díganle de un solo “il duce”, como a Mussolini…

Tu posición frente el poder cínico no tiene nada de berrinche, ni de búsqueda de protagonismo (ni siquiera usas las redes sociales). Tienes tanta fuerza, porque la tuya nada más es una posición de principios profesionales y humanitarios, sin confrontación, sin agitación propagandística. Pero es contagiosa y marca una tendencia, que puede ser peligrosa para los Trump y Salvini, que insisten en cerrar sus fronteras – incluso a costa de muertos.

Gracias, paisana. Saludos desde El Salvador, de 



jueves, 27 de junio de 2019

Carta sobre la foto de Valeria

La agencia de Aduana y Protección de Fronteras CBP es la encargada de arrestar y mantener detenidos a los migrantes que cruzan la frontera sin permiso, incluyendo los miles de menores de edad que tienen en campos de concentración.


Para hacer más eficiente el trabajo de esta agencia, el presidente Trump nombró como su nuevo jefe a un señor llamado Mark Morgan, quien se calificó para este cargo hablando de los niños detenidos en la frontera, en una entrevista con FOX NEWS, en los siguientes términos:

“I’ve looked at their eyes and I’ve said that is a soon-to-be MS-13 gang member. It’s unequivocal.”

“Les he mirado a los ojos y he dicho: este es un futuro miembro de la MS-13. No hay dónde equivocarse”.

Este hombre, con estos criterios, es ahora el responsable de la suerte, de la salud, de la vida y del futuro de miles de niños arrestados en la frontera.

Mira a un niño centroamericano y ve a un futuro pandillero. 

¿Qué hubiera visto este hombre al encontrarse con Valeria Ramírez, si ella no hubiera muerto en el intento de cruzar el río Bravo, sino hubiera llegado a uno de los centros de detención? Hubiera visto en la niña salvadoreña de 23 meses una futura pandillera, ladrona o prostituta. Como él mismo dijo: “It’s unequivocal,” sin lugar a equivocarse…


La foto de Valeria recorrió el mundo, salió en la portada del New York Times, y todos la asociamos con aquella otra foto, tomada en una playa de Grecia, de Aylan, el niño kurdo.


No voy a publicar las fotos otra vez. Ya todos las conocemos. A todos nos impactaron.


Existe una diferencia que hay que hacer: la familia de Aylan huyó de su país Siria porque está en guerra. La familia de Valeria no huyó de su país, sino buscó otro país para encontrar trabajo, oportunidades y seguridad. Pero ambas, violencia y falta de oportunidades, son razones válidas para migrar. Lo han sido en toda la historia de la humanidad…


Muchos critican que se está convirtiendo la foto de Valeria en un símbolo y que la usan para criticar a Trump y su política de convertir a los gobiernos de México y Centroamérica en cómplices del intento de bloquear y criminalizar la migración.


Pero esta foto ES un símbolo e igual que la de Aylan, cambiará el debate sobre migración. La foto de Aylan vino a dar fuerza a Angela Merkel y su política de abrir las fronteras de Alemania a los refugiados. La foto de Valeria va a dar fuerza a los millones de ciudadanos en Estados Unidos que van a exigir que se abran la frontera a los migrantes centroamericanos. Ambas fotos son símbolos y poderosos instrumentos políticos.


Saludos,




martes, 25 de junio de 2019

Carta a una amiga que ama al país: No nos hagamos ilusiones

Muy estimada amiga: 
“Todos queremos lo mejor para este pueblo. Eso es lo que necesita el país: un sentido de unidad, un sentido de inclusión, un respeto por nuestras instituciones, nuestro modo de vida, el estado de derecho y el respeto mutuo”. Estas fueron las palabras que citaste del expresidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, después de la elección de Donald Trump en 2016. Fue un llamado bien intencionado que honra al expresidente Obama, pero lastimosamente no fue realista.

Lea también:
Uniendo esfuerzos. De Erika Saldaña

Porque resulta que Trump no quiere lo mejor para su pueblo, sino que busca promover las causas de la xenofobia, el racismo – y que su lema ‘Make America Great Again’ se traduce a ‘Make White America Great Again’. Resulta que Trump no promueve ‘un sentido de unidad e inclusión’, sino la división y exclusión. Resulta que Trump no  entiende lo que significan la palabra respeto…

Hoy, en el tercer año de la presidencia de Trump, Obama ya no diría lo mismo. Tuvo que reconocer que ante un gobierno de este tipo resulta ilusorio apelar a la unidad, al respeto a las instituciones y a cualquier tipo de respeto. Lo que hay que hacer es fortalecer la institucionalidad y los contrapesos, incluyendo la oposición, para evitar que pueda avanzar su agenda antidemocrática – y para asegurar que en las próximas elecciones se produzca un cambio.


Entonces, la noble frase de Obama sobre ‘el sentido de unidad’ no nos sirve de punto de partida para una reflexión sobre la situación actual de nuestro país – y sobre cómo relacionarse con el gobierno de Bukele los que no somos parte de su proyecto de poder. Vale la pena estudiar Estados Unidos y Trump, pero para aprender cómo hacer oposición y contención a un presidente que ha logrado movilizar una porción tal vez no mayoritaria, pero sí grande y sólida de la población alrededor de consignas simplistas, populistas y divisionistas.


¿Cómo atreverse a ejercer crítica, oposición y contención a un gobierno que tiene ventaja de popularidad, porque no tiene ningún asco a lo simple, lo falso y lo demagógico – mientras que la oposición no sabe cómo comunicar verdades más complejas y mensajes contra la corriente?


¿Cómo lograr esto cuando todos los instrumentos necesarios para hacerlo se encuentran en crisis de identidad y liderazgo: los partidos políticos, la academia, los organizaciones de la sociedad civil, el parlamento, los medios de comunicación? Todos. Y cuando muchos de estos instrumentos de contrapeso son tan fáciles de extorsionar por la presión popular que el recién electo presidente sabe movilizar contra cualquier intento de someter su poder a reglas institucionales y legales.


Sólo cuando estos instrumentos se hayan logrado liberar de su actual parálisis y recuperen su capacidad de jugar su papel en el sistema de pesos y contrapesos, puede convertirse en oposición propositiva y constructiva. Para ser oposición constructiva, primero hay que establecerse como oposición. Esto es válido para partidos como para intelectuales o líderes de la sociedad civil. Si no, veremos más del espectáculo embarazoso que ya comienza a presentarse diariamente: que cada uno por separado y debajo de la mesa, desde su debilidad y su miedo de perder importancia, busca arreglarse con el nuevo poder.


Concertación digna sólo será posible desde posiciones de fuerza y unidad. Es imposible imaginarse una unidad nacional sin antes haber llegado a una claridad de criterios, prioridades y propósitos, tanto en el campo gubernamental como en el campo opositor. Sólo entonces se podrá concertar a favor del país. Sin dar este paso, sin transparencia sobre los propósitos de los diferentes actores (gubernamentales, opositores, ciudadanas y gremiales) no puede haber concertación, solo pactos oscuros y sumisiones.


Entiendo tu interés manifiesto de que el país avance. Está bien decir: ‘Unamos esfuerzos por el país’ – pero antes de unir esfuerzos hay que tener fuerza. No es un gobierno ni un presidente que nos van a unir. Vamos a unirnos para tener la fuerza de concertar con el gobierno por el bien del país. Y para ejercer oposición donde no hay intento de imposición y chantaje.


Saludos,