Carta a los empleados públicos: La vida de borrego

¿Cómo te sentiste, motorista del Ministerio de Gobernación, parado enfrente de la Asamblea el 1 de junio, aplaudiendo al presidente, cuando dijo que su gobierno estaba ganando las batallas contra el desempleo y el crimen? Cuándo llegaste a la casa, ¿qué le dijiste a tus dos hijas, ambas sin trabajo, y una con su esposo ya tres meses en una bartolina en San Martín, solo porque su hermano es pandillero?

¿Sólo fuiste porque no puedes perder el trabajo, y porque los supervisores pasaron lista o fuiste porque siempre has votado por el FMLN? La última vez que nos reunimos recién había pasado lo de tu yerno, y me dijiste que hasta aquí llegaste con estos h.d.p. del Frente. ¿Qué sentiste ahora cuando Medardo habló de los pobres y los ricos?

¿Cómo te sentiste vos, enfermera en Fosalud, teniendo que aplaudir al presidente cuando habló de las maravillas de la reforma de salud, cuando cada vez que nos vemos, casi estás llorando de rabia hablando de tu trabajo, de la falta de medicamentos y del ogro de tu jefe que en las reuniones habla del “buen vivir”, pero luego no pierde ninguna oportunidad de tocarte las nalgas?

¿Cómo te sentiste vos, excombatiente de las FPL y PPI de un diputado del Frente que nunca levantó un fusil durante la guerra, pero ahora sos su cholero, llevando a sus hijos al colegio o a su señora a arreglarse el pelo? Claro que tuviste que ir a celebrar el segundo año del gobierno del comandante Leonel. Me imagino que cuando viste a Leonel y Milton en la tribuna hablando de justicia social, todo el tiempo estuviste pensando en los dos hermanos tuyos que Mayo Sibrián mandó a fusilar en San Vicente, y estos dos comandantes se hicieron los majes y dejaron que esto pasara por dos años más. Ya me puedo imaginar que este día, al llegar a tu casa, otra vez sentiste la úlcera de tanta cosa que hay que tragarse…

A todos ustedes, el partido les exige lealtad, por el simple hecho que les ha conseguido trabajo en el Estado. Y como miles de otros, van a la calle cuando el partido o los jefes los convocan. Y el presidente, con esta su gran sonrisa, subido en la tarima, viendo la masa de gente en la calle, piensa que este es “el pueblo” y que el hecho que lo acompañan este día es una muestra de “democracia participativa”. Así como cada sábado que le arman el show de “Gobernando con la gente” y del “Festival del Buen Vivir” en algún pueblo, le vemos tan feliz al viejito, porque piensa que es “el pueblo” que lo recibe tan calurosamente, cuando todos los demás saben perfectamente que son las directivas del partido que escogen a la gente y deciden quién va a hablar y qué va a decir.

A cada uno de ustedes ya le ha tocado más de un sábado ir a este show, desde la madrugada, en vez de pasar ese día con sus nietos.

Claro que entre los miles de empleados públicos que este 1 de junio estaban acompañando al presidente, hay muchos que realmente lo hacen por convicción. A estos, por lo menos les debería dar pena asistir a un acto partidario en su tiempo de trabajo. Pero a ustedes, que ni siquiera creen en los discursos que tienen que aplaudir, les tiene que dar doble pena, porque es humillante que les lleven obligados, como si fueran borregos.

Espero que estos, los obligados, algún día, por lo menos en la intimidad de las urnas electorales, les manden al carajo.

Saludos, Paolo Lüers



(Mas!/El Diario de Hoy)