La libertad de expresión. Mi aporte a “Great Talks” de la Semana Británica. De Paolo Luers



Frecuentemente me preguntan: ¿No tenés miedo que las opiniones tan críticas y controversiales que publicás te traigan persecución política o ataques violentos?

Mi respuesta es: No. Confío plenamente en la vigencia de los grandes logros de la postguerra: la sanción a la violencia política y la libertad de expresión y de prensa. Ambos están protegidos, no sólo por la Constitución, sino por un amplio y sólido consenso nacional, que tiene sus raíces profundas en la transición de la guerra a la paz.

Tenemos cualquier tipo de violencia, pero la violencia política en nuestro país no encuentra el campo fértil que tiene en el resto de la región, desde México a Colombia y Venezuela.

Igual: en El Salvador se pisotea cualquier tipo de derechos, menos la libertad de expresión y de prensa. No hay censura. No hay asesinatos de periodistas. No hay persecución de periodistas. La sociedad no permite retrocesos en esta materia.

Hay que ver esto en el contexto de los Acuerdos de Paz y de la transición de la postguerra. Hay varios de los logros claves de la paz que hoy sí se encuentran en serio peligro de erosión: La desmilitarización fue el corazón del proceso de paz y democratización. Consiste de dos aspectos: Que la Fuerza Armada quede al margen de la política, subordinándose al poder civil, gobierne quien gobierne. La buena noticia: La Fuerza Armada cumple a cabalidad esta nueva doctrina. Segundo: Que la Fuerza Armada se quede al margen de la seguridad pública. Los Acuerdos de Paz marcaron una clara línea entre seguridad nacional y seguridad pública. En la primera se enmarca la Fuerza Armada, en la segunda la nueva policía con apellido CIVIL.
La mala noticia: Esta nueva doctrina no está siendo cumplida. Y no es la Fuerza Armada que la viola, sino el gobierno, e irónicamente el gobierno del FMLN.


Pero el principal problema de la nueva militarización no reside en el rol de la FA, sino en la militarización de la policía: Hoy la PNC tiene batallones especiales, y opera con armamento y movimientos militares, que tienen como metas no la prevención y la detención, sino buscan provocar enfrentamientos y liquidar. Y lo que más alarma debe causarnos: ejecuciones extralegales y el surgimiento de grupos de extermino con nexos en la policía y en las estructuras del FMLN.

Y aquí, lamentablemente, el periodismo no asume a plenitud su rol de investigación y crítica. No por falta de libertad, sino por falta de vocación – y también por que no se fomenta suficientemente la iniciativa propia y el criterio de independencia de los periodistas en sus medios.

No hay censura, pero hay autocensura. Y opera lo que podemos llamar “populismo mediático”, que no se atreve a ir contra corriente, sino trata de expresar y fomentar las frustraciones y los resentimientos populares.

En otro dilema, no menos grave, se encuentra la justicia. El proceso de paz generó un imperativo nuevo: erradicar el uso político de la justicia y las persecuciones políticas. Pero en los últimos años, está renaciendo este viejo fantasma: Nuevamente, la justicia está siendo usada para persecución política. Los casos de CEL-ENEL y del ex presidente Flores se han manejado con intenciones y métodos políticos, creando pre-condenas mediáticas que impiden juicios penales justos.

En el actual “caso tregua”, lamentablemente la fiscalía general usa el mismo método: fabrica una acusación eminentemente política, dirigida contra una política pública de un gobierno anterior, pero como no las puede calificar como delitos aterriza en imputaciones de delitos concretos de menor escala y con pruebas muy débiles, viciados o inexistentes. Esto da para una impactante acusación mediática y política, da para una precondena – pero no para una  acusación penal sostenible.

Es en este contexto que hay que ver la crucial importancia de la libertad de expresión.

Los peligros que observamos -la nueva militarización, la erosión del carácter civil de la policía, y la politización de la justicia- nos obligan a ejercer con más rigurosidad e independencia la libertad de expresión y de prensa, para poder defender los logros del proceso de paz.

En esta situación es indispensable no sólo defender la libertad de expresión y de prensa contra tentaciones autoritarias, sino hay que profundizar estas libertades, estableciendo y ampliando el derecho ciudadano a la información y la transparencia.

Si queremos enfrentar con éxito las tendencias autoritarias, la labor de la prensa y la presión ciudadana son indispensables. Hace falta que produzcamos más investigación periodística, más debate, más pensamiento crítico en los medios.

Hacer uso ofensivo del derecho a la información y de la libertad de expresión no son privilegios de los comunicadores, son imperativos y deberes ciudadanos.

*Nota: Versión editada de una ponencia en “Great Talks”, el 7 de junio 2016

(El Diario de Hoy-Observadores)