Columna transversal: Big Brother existe

Twitter de vez en cuando manda a sus usuarios mensajes sorprendentes: Te recomiendan ‘seguir’ a ciertas personas que, según el software de twitter, son parecidas a alguien que recién ‘seguiste’. Por ejemplo, ayer ‘seguí’ en twitter al poeta Miguel Huezo Mixco, y el día siguiente recibí las recomendaciones: “Paolo Luers, aquí twitter te manda cuentas similares a Miguel Huezo-Mixco.” Y me ponen a los siguiente nombres: Carlos Dada, Elmer Menjivar, Héctor Silva Ávalos y José Benítez. A todos los conozco, y me imagino que Miguel los conoce a todos. La verdad es que no les veo mucho parecido al Choco Huezo - para mi criterio me tendrían que haber salido escritores más serios... Pero aquí lo que vale no es mi criterio, sino el criterio de los logaritmos, y me imagino que lo que hacen es simplemente comparar cuáles son los contactos que tenemos en común Miguel y yo, y luego buscar quienes otros de los usuarios de twitter tienen los mismos contactos. Y así me pueden elaborar una lista de personas que todos podrían perfectamente ser contactos míos, por que tenemos varias cosas en común. En la lógica de twitter, que no tienen nada que ver con amistades personales sino con ‘profiling’, son recomendaciones válidas.

Algo parecido pasa en Amazon, la gigantesca tienda online. Yo recibo, con cierta frecuencia, emails de Amazon con recomendaciones de libros o CDs – y casi siempre corresponden a mis gustos. Conocen mis gustos mejor que mi esposa. Bueno, los literarios. Al principio no podía entender cómo logran adivinar mis gustos, ya que son muy pocos libros y CDs que he comprado en Amazon. No seas ingenuo, me dijo un amigo, ellos registran todas las veces que has navegado en su sitio, no importa si comprando o solo curioseando, entonces saben perfectamente cuáles obras te interesan. Y además, ¿quién quita que Amazon tenga un intercambio de datos con Google, donde tu haces tus búsquedas, y con Facebook, donde hablas todos los días de política, cultura o de tu vida?

Claro, si es así, y tomando en cuenta que tienen el software y el hardware para procesar todo esto, Amazon, Google y Facebook pueden saber perfectamente los gustos literarios, musicales, políticos, estéticos y hasta sexuales de cada uno de nosotros.

Bueno, y ahora nos informa Edward Snowden, uno de estos magos de la computación que trabajó durante años para la NSA (Nacional Security Agency) de Estados Unidos, que todas estas compañías cibernétias que usamos diariamente (paja, cada minuto: Amazon, Google, Facebook, Microsoft, Yahoo, Apple...) entregan todos los registros de TODOS nuestros movimientos a la NSA: nuestras búsquedas, nuestros correos en gmail o hotmail o yahoo, nuestros posts en facebook o twitter, nuestras navegaciones via Netscape o Chrome. Además nos confirman que con el apoyo de las agencias de otros países y de las multinacionales de telecomunicación la NSA almacena los datos de conexión (no necesariamente los contenidos) de nuestras llamadas telefónicas. Así que en alguna mega-computadora de la NSA están almacenadas todos los datos de nuestra comunicación personal y profesional: llamadas, navegaciones en Internet, emails, búsquedas en Google, investigaciones, conversaciones en redes sociales...

Es un almacenamiento preventivo. Para que, si alguna agencia de inteligencia o policial de Estados Unidos (CIA, FBI, Migración, etc.) pide a la NSA los datos específicos de Paolo Luers, la NSA sólo abre su gran almacén, filtra toda esta información bruta, y produzca un ‘profiling’ completo: ¿A quiénes he hablado a qué hora y desde adónde? ¿Quiénes me han hablado a qué hora y de qué lugar? ¿Adonde se encontraban los celulares en durante las llamadas? Además todos mis mensajes de email, mis movimientos en internet, en las redes sociales. Mis gustos, mis marcas perferidas, mis antipatías, mis preferencias política... Y por supuesto, el mismo ‘profiling’ lo pueden hacer con todas las personas que me han llamado o me han mandado emails.

No es que la NSA sepa todo esto de cada uno de nosotros. Pero lo pueden saber, en el momento que, por las razones que sea, aparezcamos en su radar. O en el radar de alguna agencia policial. Y entonces, activando los filtros y comparaciones y logaritmos, en cuestión de horas algún funcionario va a saber mucho más de mi persona que mi mamá, mi esposa y mis amigos juntos. Y todo esto sin que nunca nos enteremos, y sin que nunca un juez firme una orden o revise el uso de este perfil.

Esto viola la legislación en casi todos los países, por lo menos los democráticos. Esto es el contexto del caso Snowden. Siempre sospechamos que ‘big brother’ existía; gracias a Snowden lo sabemos.
(El Diario de Hoy)