Carta a Enrique Altamirano, editorialista de El Diario de Hoy

Estimado don Enrique:
Su editorial del día lunes 4 de abril (“Cuídese, presidente Santos, de la narcogurrilla roja”) no puede quedar sin respuesta, por el bien del periódico, en el cual tengo el honor de poder escribir libremente mi opinión – periódico que su padre fundó durante la dictadura del general Martínez para abrir espacio de crítica; periódico que usted dirigió durante los años del conflicto armado; y que ahora dirige su hijo Fabricio. Fue Fabricio quien me invitó a mi y otros, que no correspondemos a la línea política tradicional del Diario, a incorporarnos al staff de columnistas y al Consejo Editorial.

Gracias a la visión y el compromiso democrático de sus hijos, el Diario está desarrollando una cultura de tolerancia y debate y un pluralismo tan amplio que perfectamente cabe su voz como editorialista, como la voz de Salvador Samayoa, firmante de los Acuerdos de Paz, y la mía sobre la necesidad de abrir un nuevo diálogo de paz para resolver el problema de las pandillas y la violencia.

Dentro de un pluralismo democrático las diferentes opiniones no simplemente cohabitan, a veces chocan. Bueno, a mi chocó su editorial del día lunes 4 de abril, donde vuelve a dejar claro que usted nunca entendió ni mucho menos aceptó los Acuerdos de Paz como mecanismo, no solo para terminar la guerra, sino para refundar la República, esta vez con todo el espectro político-ideológico incluido.
Los Acuerdos de Paz de El Salvador obviamente tuvieron sus fallas, y es necesario analizarlas y criticarlas. Pero usted los descarta del todo, simplemente porque no le gusta que se haya negociado con los guerrilleros, que usted sigue viendo como terroristas; porque no acepta que los Acuerdos de Paz le abrieron a los guerrilleros la puerta a participar como partido político; y porque mucho menos le gusta que 17 años después el FMLN ganó las elecciones y asumió el gobierno. Y obviamente porque no le gusta como el FMLN gobierna.

Bueno, a mi tampoco me gusta como Funes gobernó y como Salvador Sánchez Cerén gobierna. Pero el FMLN gobierna, no porque los Acuerdos de Paz hayan puesto en peligro el Estado de Derecho, la independencia de los poderes, las libertades ciudadanas.

El FMLN no llegó al poder subvirtiendo el orden republicano, sino por votación popular – o sea porque una mayoría de la ciudadanía dejó de confiar en ARENA.

El FMLN llegó al poder y saldrá del poder, si el soberano así lo decida en el 2019, precisamente porque los Acuerdos de Paz consolidaron la democracia y establecieron el pluralismo político.
Usted dice que “la guerrilla continuó secuestrando a empresarios después de la firma en Chapultepec”. Correcto. Y así la derecha. Por cierto, en ambos bandos las violaciones a los Acuerdos de Paz fueron aislados y ambos los superaron rápido. Nadie dice que el proceso de paz fue perfecto y no tuvo contratiempos.

Toda la crítica que usted hace a la manera como el FMLN gobierna es legítima, pero no es argumento contra los Acuerdos de Paz y su principal y esencial logro: la inclusión de la insurgencia izquierdista en el sistema político y el Estado de Derecho. Su argumento estrella: El FMLN está abusando del gobierno, llenando al Estado con activistas de izquierda. Es un argumento válido para criticar al FMLN, pero no para cuestionar la legitimidad de su inclusión al sistema democrático. No se olvide que esto ha sido práctica también del PCN, del PDC y de ARENA, cuando les ha tocado gobernar. Acuérdese de los miles de activistas de ARENA que el gobierno de Paco Flores tuvo que sacar del reino de Mario Acosta en el Ministerio del Interior. Estamos hablando de un problema de nuestra democracia que quedó sin resolverse. Pero no es culpa de los Acuerdos de Paz, sino del funcionamiento deficiente que todas las fuerzas políticas, de izquierda como de derecha, han dado a la joven democracia y su Estado.

Los Acuerdos de Paz del 1992, aunque usted no lo quiere reconocer, hicieron básicamente dos cosas, y las hicieron bien: Obligaron a la izquierda a dejar las armas, permitiéndole hacer política. Y obligaron a la Fuerza Armada y la policía a dejar la política, dejándole el monopolio de las armas.

El presidente Santos puede aprender mucho de El Salvador. Y si hace bien su misión histórica de construir la paz, nosotros podremos aprender mucho de Colombia para resolver el problema de la violencia y la reinserción de los cientos de miles de salvadoreños que viven al margen de la ley y de la economía.

Saludos,
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(Mas!/El Diario de Hoy)

El editorial en cuestión:
Cuídese, presidente Santos, de la narcoguerrilla roja

La respuesta de don Enrique Altamirano:
Se pacta la desmovilización pero no desobedecer la ley