Cartas de Alemania (8): Sobre el privilegio de pertenecer a dos paises

Llevo 3 semanas en Alemania. Aunque ya no me dan pasaporte aquí, porque rompí la ley de mi país natal cuando adopté la nacionalidad salvadoreña, sigo sintiéndome muy alemán. Lo siento cuando camino por los bosques de otoño, viendo las diferentes matices de rojo, amarilla y café de las hojas; escuchando el ruido de mis pasos sobre la alfombra multicolor de hojas caídas. Lo siento comiendo salchicha en la calle, acompañada de vino o ron caliente. Lo siento aun más profundo cuando camino por las calles de la ciudad que abandoné huyendo hace décadas, ahora acompañado de mi hijo, quien entre todas las ciudades escogió esta para estudiar y hacerse alemán...

Mi pasado se mezcla con el futuro de mi hijo y forja una identidad nueva de dos generaciones y dos culturas. Compartimos la experiencia de tener dos países y ser parte de dos culturas. Es un lujo y un privilegio poder sacar lo mejor de cada país y cada cultura. Algunos tienen este privilegio por adopción, como yo; y otros por nacimiento, como mi hijo. Pero de todos modos uno tiene que hacer suyo cada uno de sus países, o más bien conseguir que lo adopten y le permiten ser parte de su cultura y su futuro. Esto le tocará ahora a mi hijo, en Alemania. Tiene pasaporte por nacimiento, pero tiene que ganarse que el país y su cultura lo adopten. Ojala lo logre sin perder la conexión con su país natal. Como casi me pasó a mi. Viví intensamente la ruptura de El Salvador con su pasado, y estuve lejos de Alemania durante su transformación luego de la caída del muro de Berlin y de la guerra fría. Durante años me sentí desconectado y pensaba que había perdido algo irrecuperable. 


La gran satisfacción de este viaje es que me doy cuenta que me pudo hacer salvadoreño sin dejar de ser alemán. No importa que haya perdido el pasaporte...

Las leyes de los estados pueden ser irracionales y obligarte a decidir entre tus patrias. Pero la ley natural nunca te obligará a tomar una decisión que va contra la naturaleza.

Llevo 3 semanas en Alemania. Tres semanas felices. Sobre todo porque dejaré aquí una parte mía... mi hijo. Ya me urge regresar a El Salvador. Ya me preocupa lo que me estoy perdiendo. Lo que puede pasar en mi país sin que yo esté...

Saludos de Paolo Lüers
(Más!/EDH)

1 comentario:

Jan Pahl dijo...

mi experiencia como hijo de Aleman que soy, pero Venezolano, es que los hijos de europeos si bien nos sentimos orgullosos de nuestras raices, no somos, nunca seremos, ni nos consideraran Alemanes asi nos mudemos a Alemania, asi lo siento yo, y asi lo sienten mis familiartes que se han mudado alla, desde hermanos a primos