Carta a la embajadora de Estados Unidos

Estimada Mari Carmen Aponte:
¡Welcome back! Su regreso al cargo de embajadora en El Salvador es un acto de justicia. Tuvo que abandonar su cargo por un pleito pendejo entre poderes en Washington (para que vean: también pasa en Estados Unidos...), que nada tuvo que ver con usted ni con su trabajo como embajadora. Al fin Senado y Casa Blanca se pusieron de acuerdo y usted pudo retomar su cargo. Enhorabuena.



Aparte de todos sus credenciales hay una que al fin se impuso: Todos los sectores políticos salvadoreños (gobierno y oposición; empresa privada y FMLN) pidieron su confirmación como embajadora. Es muy inusual que alguien se gane el respeto de todos, sin excepción, en un país tan polarizado.

Y esto la pone a usted en una situación privilegiada. En la fiesta del 4 de julio en la embajada, todo el mundo (de Sigfrido Reyes a Belarmino Jaime, de Tony Saca a Norman Quijano y Ana Vilma de Escobar; de la gente de ANEP a la gente del FMLN) le dio la bienvenida. Era como decir: Que bueno que al fin regresó, embajadora, a ver si usted puede mediar en este conflicto que amenaza a destruir nuestro Estado de Derecho...

Yo comparto esto. No porque creo que la potencia Estados Unidos debe intervenir y poner orden en El Salvador. ¡Dios guarde! Siempre he estado en contra de esta actitud de presidentes, senadores, diputados o embajadores estadounidenses que se comportan como si fueran gobernadores en nuestra tierra. Hasta a la guerra fui por esta razón.


No, Mari Carmen, quienes pensamos que usted puede mediar exitosamente para que los presidentes de la Asamblea y del Ejecutivo regresen a la razón y acepten a respetar la independencia de la Corte Suprema y a cumplir las sentencias de la Sala de lo Constitucional, no apelamos a la potencia imperial. Apelamos a su capacidad humana como persona, como mujer latina que entiende los problemas que en estas latitudes tenemos para ponernos de acuerdo y para hacer valer el Estado de Derecho.

No apelamos a la representante del presidente Obama, sino a Mari Carmen Aponte. A la mujer que, a pesar de tener el conflictivo cargo de embajadora de los Estados Unidos de América, se ha ganado el cariño y respeto de todos los salvadoreños, no importando nuestros intereses y nuestras ideologías.

Bienvenida y suerte, Mari Carmen Aponte! Paolo Lüers
(Más!/EDH)

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