Carta a ARENA

Estimados:

¡¿Así que quieren un nuevo acuerdo de paz?! ¿Este es su gran aporte a la solución del problema de la violencia y delincuencia? No lo puedo creer.

¿Acuerdos de paz, entre quiénes? Entre ARENA y el FMLN, dice don Hugo Barrera. La última vez que revisé, desde el 16 de enero del 1992 no están en guerra.

¿O proponen que haya negociaciones de paz con las pandillas? Imagínenese, en una sola mesa de diálogo: la comandancia general del FMLN, revivida para este propósito; el COENA de ARENA, y los estados mayores de la MS 13 y de la Mara 18, con Monseñor Gregorio Rosa Chávez como mediador...

No, dice don Hugo, se trata de ponerse acuerdo entre FMLN y ARENA para que juntos derrotemos con la delincuencia.

Vaya, si de derrotar a la delincuencia y sus organizaciones se trata, estamos todos de acuerdo. Pero para esto no hay que hablar de un nuevo acuerdo de paz. Para esto necesitamos precisamente lo contrario: un acuerdo de guerra.

Un acuerdo de declararle la guerra a las pandillas, y sobre las medidas de guerra necesarias para derrotarlas: un estado de excepción (temporal y tal vez limitado a ciertas zonas) que permite suspender temporalmente ciertas garantías; un mandato claro y inequívoco para que la Fuerza Armada intervenga, pero que intervenga militarmente, no como ahora en tareas de apoyo a la policía.

No sean hipócritas: No hablen de acuerdo de paz cuando de guerra se trata.

Si ustedes quieren exigir al gobierno estas medidas extraordinarias, que lo digan claramente y ofrezcan asumir parte del costo político.

De nada sirve un partido de oposición que sermonea de paz cuando se trata de declararle la guerra a la delincuencia. Sólo sirve para aumentar la confusión que reina en el país y que es el principal obstáculo de la política de seguridad, sobre cómo enfrentarse a la delincuencia y sus organizaciones armadas y violentas.

Salieron a la luz pública para evaluar los dos años del gobierno Funes-FMLN en materia de seguridad, y para proponer alternativas viables a las políticas equivocadas. Pero el tiro les salió por la culata.

Saludos, Paolo Lüers

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