sábado, 8 de enero de 2011

Carta a los médicos graduados en Cuba

Chicos:

¡Bienvenidos a casa! No se dejen confundir por esta extraña campaña que se está haciendo contra ustedes. Son bienvenidos. Los necesitamos aquí.

No exijan privilegios, sólo porque ahora están en el poder los amigos políticos de Cuba. Pero tampoco acepten que les sigan marginando, sólo porque han sido becados por Cuba.

Me consta que aquí les pusieron cualquier traba a la incorporación profesional en su propio país. Mi hija Kharis vino de Cuba, graduada de médico, con un enorme entusiasmo porque al fin, luego de exilios y estudios, regresaba a su país. Aquí le hicieron imposible trabajar. Se fue para España, con el corazón roto, e inmediatamente le reconocieron el título cubano y le dieron plaza para sacar su especialidad. Ahora está feliz en España, porque se siente reconocida, acogida, y retada como profesional. Pero le queda una herida por el rechazo que sufrió aquí.

En el pasado, a la mayoría de ustedes los han marginado a su regreso, no sólo porque se graduaron en Cuba, sino por pobres. Porque ustedes se fueron a Cuba, no por razones políticas, sino porque aquí no había becas para ustedes.

Les reclaman que sólo han cursado cinco años, que “sólo” son licenciados. Bueno, en Alemania también la mayoría de los médicos son licenciados - sólo los que tienen ambiciones de una carrera de docencia luego sacan el doctorado.

Mejor buenos licenciados que malos doctores. Estoy seguro que entre ustedes hay médico excelentes, médicos mediocres y médicos malos – igual que entre los egresados de las Universidades salvadoreñas. Por esto no puede haber ni preferencias ni marginaciones, sino un trato justo. Que cada uno se gane su puesto, según sus capacidades, conocimientos y disposición de entrega.

Si el gobierno de izquierda ahora da trato preferencial a los graduados en Cuba, hay que parar este abuso. Pero no con difamaciones, ni con argumentos clasistas, ni con criterios políticos. Haber estudiado en Cuba no califica a nadie encima de sus colegas que estudiaron aquí, pero tampoco lo descalifica.

Repito: ¡Bienvenidos en su patria que los necesita!, les dice Paolo Lüers

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jueves, 6 de enero de 2011

Carta al viceministro de transporte

Estimado Nelson García:

Ayer estuve en el programa de Pencho y Aída, y se armó una gran jodedera por las cartas que escribo en el MAS!, sobre todo a los funcionarios públicos. Y sobre todo criticándolos. La gente habló por teléfono a la radio y me pidió cartas. ¿Y sabe a quién? A Usted.

Hasta me dieron los temas para la gran regañada: por la gran trabazón en el Boulevard del Ejército que usted armó con el cuarto carril; por las horas de tortura que pasa la gente cada día dos veces, camino al trabajo y a la casa; por haberlo robado a Norman Quijano su Metrobus, pero para no hacerlo...

Tal vez sea por la hora del programa, cuando todo el mundo está tratando de llegar a su trabajo. Tal vez por esto en la mañana la gente odia al viceministro de transporte. Puede ser que si fuera a un programa radial nocturno, la gente me pidiera cartas al ministro de seguridad, porque a esta hora lo que mas siente es el miedo y la impotencia frente al toque de queda que los pandilleros imponen en la colonia...

Pero la gente tiene razón. El caos de transporte público y del tráfico que vivimos es insoportable. Y usted como responsable no tiene un plan para que esto se solucione. En vez de sacar a los buses del centro histórico, usted quiere convertir Catedral en una terminal de buses. En vez de apoyar la iniciativa de Norman de ordenar la ciudad, usted le pone más obstáculos.

En vez de poner a sus agentes de tránsito a sacar de circulación a los vehículos que no andan sin luz y frenos, los pone a multar a los que se pasan un mes de renovar la licencia o la tarjeta de circulación.

La gente tiene razón, señor viceministro de Transporte: Reprobado.

La gente pide su renuncia, yo sólo se lo transmito, Paolo Lüers

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miércoles, 5 de enero de 2011

“El nuevo contexto político del país”

Exposición del Dr. Pedro Nikken en la ‘Reunión de Análisis del Nuevo Escenario Nacional 2011’, el 4 de enero 2001,
en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas/Venezuela

Agradezco al Rector Virtuoso el honroso y comprometedor encargo de introducir la nueva situación política, surgida como consecuencia de la súbita irrupción de un nuevo marco institucional que violenta la Constitución así como estándares universales de la democracia y del estado de derecho. Después de haber completado mi carrera académica en la Universidad Centra de Venezuela, no puedo ocultarles mi emoción al regresar a la Universidad de donde egresé en 1968 para compartir con la comunidad reflexiones sobre los graves momentos por los que atraviesan la Universidad venezolana y la República misma.

Comienzo con dos puntos aclaratorios de esta introducción. El primero consiste en pedir disculpas anticipadas por un análisis predestinado a ser incompleto. Dada la envergadura de las transformaciones del orden jurídico-político involucradas en el paquete de leyes y medidas decididas por la Asamblea Nacional y el gobierno como un todo, estoy seguro de que esta presentación olvidará o no tendrá presentes algunas de ellas. El segundo, está referido a la naturaleza de esta presentación, que no se referirá de manera particular al contenido concreto de cada ley componente de ese paquete. Se trata entonces de una visión global, que tratará de determinar en qué punto del proceso político de la Revolución Bolivariana nos encontramos.

El nuevo cuadro político, surgido de la asonada parlamentaria de diciembre de 2010, se caracteriza por el abandono desembozado de principios fundamentales de la democracia y del estado de derecho. Esto se manifiesta en dos órdenes concurrentes. Por una parte, tenemos una nueva sobredosis de concentración del poder en cabeza del Presidente Chávez. Por otra parte, se ha tomado medidas que agravan dramáticamente la asfixia de la sociedad y cercenan la disidencia y la crítica

I. Más concentración de poder: autoritarismo

La primera medida que tomó la Asamblea Nacional en diciembre, el día 8, fue la atropellada designación de nuevos Magistrados (9 principales y los 32 suplentes) al Tribunal Supremo de Justicia, sin atenerse a los requisitos prescritos por la Constitución, toda vez que se ha designado a abogados sin la experiencia judicial ni académica exigida, como lo son varios parlamentarios actuales del partido de gobierno, cuyo mandato como tales se extingue el 5 de enero de 2011. Si la politización e instrumentalización del poder judicial eran un hecho notorio, esta última designación agudiza el vicio hasta lo grotesco. Tan grave, que una ex magistrada, no caracterizada precisamente por su posición crítica frente al régimen, como lo es la profesora Hildegard Rondón de Sansó, la resumió diciendo que un sector fundamental del poder del Estado, va a estar en manos de un pequeño grupo de sujetos que no son juristas, sino políticos de profesión, y a quienes corresponderá, entre otras funciones el control de los actos normativos.” Se completa así el anonadamiento de la justicia que ha venido fraguándose desde que se instauró el actual régimen.

Sin menoscabo de la importancia de esas designaciones, lo más grave ha sido lo que no vacilo en calificar como golpe de estado contra el parlamento electo el 26 de septiembre de 2010. Una Asamblea Nacional agónica delegó en el Presidente de la República la potestad de legislar durante un período que excede de su mandato, durante el cual esa potestad correspondía y ciorresponde a quienes eligió el pueblo para ejercerla. Más allá de las formas jurídicas, es obvio que se incurrió en un claro abuso de poder, que defrauda ilegítimamente la voluntad del soberano. La mayoría circunstancial de 2005 encontró un ardid para imponerse sobre el voto de 2010 y extender el efecto de aquel precario mandato hasta 2012. Es una imposición a la vez ilegítima y antidemocrática, que se prevale de la sumisión del poder judicial para garantizar que se la comete impunemente.

Adicionalmente, haciendo abstracción de la justificación invocada para semejante delegación legislativa y de su fundamentación formal en la Constitución venezolana, con ella se ha facultado al Presidente a decretar leyes que, bajo conocidos estándares internacionales de universal aceptación, sólo pueden emanar de los órganos legislativos previstos en la Constitución y democráticamente elegidos, como lo son el establecimiento de nuevos delitos y penas, y las limitaciones a los derechos humanos, incluida la anunciada restricción de la cooperación internacional que reciben las organizaciones de la sociedad civil en Venezuela, que luchan en defensa y promoción de los derechos humanos, tanto civiles y políticos como económicos, sociales y culturales. Este es un aspecto inderogable del principio de legalidad, esencial para la vigencia del estado de derecho y la democracia constitucional.

A esto se agrega que se ha reformado el Reglamento de la Asamblea Nacional, en términos que restringen de manera irrazonable y abusiva las posibilidades reales de que los diputados elegidos el 26 de septiembre de 2010 puedan ejercer efectivamente su mandato. Se reducen las sesiones a una semanal y limita el tiempo que puede usar un parlamentario en los debates a diez minutos máximo y a tres minutos de réplica. Para privar a los 65 diputados que eligió la oposición del ejercicio real de su mandato, se ha procedido a sepultar al parlamento como tal. Se ha configurado así un verdadero golpe de estado contra la Asamblea Nacional elegida el 26 de septiembre de 2010, a la que se pretende condenar a ser un parlamento que no legisla y que no debate.

Adicionalmente, la Asamblea Nacional saliente ha aprobado, sin un debate abierto y participativo en su seno ni en la sociedad, un conjunto de leyes que se apartan del concepto de Estado federal descentralizado pautado en la Constitución de 1999 para sustituirlo por el Estado comunal centralizado, con lo que se culmina un proceso ilegítimo iniciado hace dos años destinado a dar vida, por la vía legislativa, a la reforma constitucional propuesta por el Presidente de la República en 2007 y rechazada por el pueblo en el referéndum que tuvo lugar el 2 de diciembre de esa año. Se consolida una reordenación territorial fundada en las denominadas comunas y la creación de un “Poder Popular”, no previstos en la Constitución; se sustituye al municipio como “unidad política primaria de la organización nacional”, como lo pauta la Constitución, por la comuna y se pretende despojar, en cambio, de sustanciales competencias a órganos constitucionales electos popularmente, como lo son los alcaldes municipales y los gobernadores estadales.

Adicionalmente, a través de una ley especial, se ha concebido una “sistema económico comunal” al margen y en contra de la Constitución, en el cual se impone el llamado modelo productivo socialista, se crea una banca comunal, se ignora la propiedad privada y se la sustituye por una indefinida “propiedad social”, se introduce una “moneda comunal” al margen del Banco Central de Venezuela y establece el trueque como medio institucional de comercio de bienes y sevicios.

Esta estructura, que afecta a todos los estados y municipios, es particularmente nociva en las entidades territoriales donde el partido de gobierno perdió las elecciones, pues se traduce en el desplazamiento de alcaldes y gobernadores electos por el pueblo conforme a la Constitución por funcionarios y entidades no constitucionales, que obedecen las líneas y directrices del Presidente de la República. Este es un punto de inflexión en la asfixia a la sociedad y a la disidencia, característica que no limita el momento político actual a los riesgos de autoritarismo, sino a que el Estado cope todos los espacios del cuerpo social, en un proyecto totalitario.

II. La asfixia de la sociedad: el totalitarismo

Otras leyes vulneran las reglas del juego democrático y evidencian franca contradicción con disposiciones explícitas de la Constitución de 1999, con el inocultable propósito de ahogar y penalizar a quienes disienten del proceso político impulsado por el Presidente Chávez. Entre éstas se encuentran una reforma a la ley que rige los medios de comunicación audiovisuales, que restringe aún más la libertad de expresión y que afecta incluso la libertad de utilización de Internet en Venezuela; una ley con conceptos vagos que permite sancionar a las organizaciones de derechos humanos que reciban financiamiento de la solidaridad internacional, como se autoriza y promueve en cánones aprobados por las Naciones Unidas; y una ley que priva a las universidades del pluralismo y la autonomía que son de su esencia y que les reconoce la Constitución. Se trata de sofocar todo foco de disidencia, con la imposición de un pensamiento único o, lo que es peor, de abolir el pensamiento crítico y abatir el pluralismo democrático.

Adicionalmente, se han agudizado las confiscaciones de la propiedad privada. Se ha burlado la norma constitucional según la cual “sólo por causa de utilidad pública o interés social, mediante sentencia firme y pago oportuno de justa indemnización, podrá ser declarada la expropiación de cualquier clase de bienes.” Con el apoyo de la Fuerza Armada, vale decir, de las armas de la República, se ocupan tierras, inmuebles e instalaciones industriales y comerciales productivas, sin juicio de expropiación ni pago de indemnización. Se avanza así hacia el estado propietario de los bienes de producción, conforme a los reconocidos cánones del llamado socialismo real.

Por último, pero no por ello menos importante, el Consejo Nacional Electoral, con una composición aún más radicalizada de partidarios del gobierno, ha establecido nuevas restricciones a la observación electoral. Se suprimió, en la práctica, la observación internacional, mientras que se ha sometido a la observación nacional a restricciones inadmisibles, como la confidencialidad de sus resultados. Tras una amenaza de cancelar el reconocimiento de Ojo Electoral como observador nacional en las elecciones parlamentarias de septiembre, no se lo acreditó como tal en las elecciones parciales del 5 de diciembre. Las elecciones de 2012 se avizoran así como un evento en el cual el Presidente Chávez no invitará al electorado a reelegirlo sino que le ordenará así hacerlo.

Conclusión: Se traspasó la frontera de la democracia.

Con estas acciones, ejecutadas sorpresivamente en un lapso de pocos días, se han afectado elementos esenciales y componentes fundamentales de la democracia según la Carta Democrática Interamericana, como lo son, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales, el ejercicio del poder con sujeción al Estado de Derecho, la separación e independencia de los poderes públicos, la transparencia de las actividades gubernamentales y la libertad de expresión y de prensa.

Creo que esto se explica porque el gobierno ha constatado que su verdadero proyecto político carece de respaldo popular y ha resuelto imponerlo a como dé lugar.

En el plano político, a partir de su reelección en 2006, el Presidente Chávez ha venido propulsando un mayor radicalismo de su proyecto político y, en paralelo, ha visto disminuir progresivamente su popularidad, su credibilidad y su capacidad de convocatoria. Desde entonces sólo ha ganado claramente una elección, que fue la enmienda para permitir la reelección, en la que tuvo que emplearse a fondo, abusando, como nunca, de los recursos del Estado y presentándola no como un mecanismo para permitir su perpetuación como Presidente vitalicio, sino como una ampliación de los derechos del pueblo elector, e implicando a gobernadores y a alcaldes en la propuesta. Perdió el referéndum constitucional de 2007, sufrió un descalabro en las elecciones locales de 2008 y perdió, en las cifras nacionales de votación, las parlamentarias de 2010, aun cuando, dadas las características de los circuitos electorales, consiguió mayoría parlamentaria, aunque menor a las tres quintas partes de los diputados electos. Estas mermas no son casuales, y pueden encontrar explicación parcial en el rechazo mayoritario a las medidas más radicales del gobierno, en particular cuando se asocia con el modelo cubano, cuando ataca la propiedad privada y cuando vulnera la libertad de expresión.

Adicionalmente, la situación económica ha venido empeorando, como seguramente será explicado por la profesora Patricia Hernández. La devaluación de cerca del 70% del bolívar sobre el dólar, para bienes de primerísima necesidad, tendrá un efecto devastador sobre la economía de los más necesitados y redundará sin duda en un aumento significativo del malestar social. Los avances que, según las estadísticas oficiales, se han producido en el combate a la pobreza crítica, se desvanecerán con esta nueva carga tributaria a los pobres, que se traduce en aumentos de no menos del 50% en alimentos de la cesta básica y en medicamentos.

Ese contexto presagia que la caída de la adhesión al proyecto político del Presidente Chávez se agudizará en lo inmediato. Curiosamente, cuando la mayoría ha mostrado que repudia la radicalización, lejos de seguir democráticamente ese parecer mayoritario, se escoge el camino de transgredir gravemente las reglas de la democracia constitucional, para imponer por la fuerza el proyecto radical. Me atrevo a decir que entre la situación política y la situación económica al proyecto bolivariano se le acabó la gasolina de la democracia y ha optado por recurrir a esquemas conocidos del llamado socialismo real. El pregonado socialismo del siglo XXI muestra entonces su verdadera cara de estalinismo del siglo XX.

El régimen del Presidente Chávez hizo abandono de su legitimidad democrática de origen y la pervirtió en su ejercicio. Entramos en la etapa de la dictadura, una palabra que muchas veces me rehusé a pronunciar cuando pervivían, aunque precarios, los espacios democráticos que se han cerrado abruptamente con la asonada parlamentaria de diciembre último. Se ha orquestado un golpe de estado contra las instituciones democráticas y contra la mayoría que votó contra el gobierno en las elecciones parlamentarias, al abrigo de la sorpresa y en plenas festividades navideñas. Ha sido una estratagema premeditada y bien tramada, propia de un gobierno que utiliza la astucia de los militares que gobiernan para tender emboscadas.

Es natural que el actual estado de cosas despierte la indignación de la sociedad, tanto por las medidas que han configurado un golpe contra la democracia, en los ya reducidos espacios que quedaban, como por las consecuencias sociales de la devaluación de la moneda. Por lo tanto, es previsible también que el porvenir sea de mayor represión y de mayor espionaje, como corresponde a un gobierno que ha decidido abandonar el camino de la democracia. No es concebible que el gobierno haya tramado este sorpresivo escenario en diciembre si no está listo para ahogar brutalmente las protestas en enero, como ya lo han hecho en el pasado los gobiernos impuestos por la extinguida Unión Soviética en Europa del Este.

Sólo la magnitud de la reacción de la sociedad será capaz de inhibir la represión. Ese es un reto para la sociedad. Creo que no tiene otro camino que la protesta masiva, la desobediencia y la resistencia para enfrentar la destrucción de las instituciones democráticas; pero debe prepararse para hacerlo con éxito. La sociedad no está suficientemente organizada para el reto que tiene frente a sí. Corresponde a sus líderes improvisar esa organización y trazar una estrategia eficaz y coherente para obligar al gobierno a retroceder.

Otra dificultad de la reacción contra el nuevo cuadro político es la desmoralización de la sociedad, agotada por luchas fracasadas, atizadas por una alarma que no siempre se justificaba. Es capital que las luchas que se avecinan se encarguen de levantar la autoestima y la confianza en la capacidad del pueblo para imponerse sobre la ilegitimidad que se abate sobre el país. Si la sociedad no se levanta de inmediato, el gobierno aplicará todo el paquete legislativo de diciembre sin dificultad y anonadará a una sociedad pasiva. Pero es necesario que la protesta esté impregnada de optimismo y de la ilusión de construir la grandeza de Venezuela.

La comunidad internacional debe ser movida a considerar la nueva situación venezolana. Esto no será posible sin una reacción popular adecuada. A la vez, una iniciativa de los foros internacionales de debatir el último giro del gobierno venezolano, puede ser un aliento importante para esa reacción popular. Sin embargo, no deben cifrarse ilusiones en lo internacional. Puede ser un respaldo, pero no es la solución. La solución está en nosotros mismos, llamados hoy por la historia a estar a la altura de un desafío que es de vida o muerte. La supervivencia de la Universidad autónoma, científica y fecunda y de la República democrática, constitucional y pluralista dependerá del éxito de las luchas populares para su salvación. Es nuestra decisión llevarlas adelante con determinación y con brío, contra la represión, el autoritarismo y el totalitarismo de la dictadura que se instaura ante nuestros ojos. Con todos los medios pacíficos legítimos de los demócratas, pero también con la determinación de sostenerla por el tiempo que sea necesario hasta vencer. ¡Nunca nos rendiremos! ¡Nunca!

(Pedro Nikken: Abogado de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, (1968). Diplomado de Estudios Superiores de la Universidad de Derecho, Economía y Ciencias Sociales de París (París II) (1973). Doctor en Derecho de la Universidad de Carabobo, Venezuela (1977). Profesor de la Escuela de Derecho y del Postgrado en Derecho y Política Internacional de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Central de Venezuela. Ex decano de la misma Facultad (1978-1981). Juez (1980-1989) y ex presidente (1983-1985) de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Miembro de la Comisión Andina de Juristas (1986). Vicepresidente del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (1988). Ha sido Relator Especial de Nacionaes Unidas para El Salvador en materia de Derechos Humanos.)

martes, 4 de enero de 2011

Carta a los abuelos que se tomaron catedral


Queridos padres de los caídos en la guerra:

Este es el colmo de los colmos: A ustedes, que han perdido a sus hijos que combatieron en cualquiera de los dos bandos durante la guerra, les concedieron una pensión mínima de $50 al mes. Como ya eran viejitos -y además pobres- los gobernantes pensaban que al final del año 2010 el problema de ustedes ya se habrá resuelto. Pensaban que a esta altura todos ustedes hubieran tenido la decencia de morirse para ahorrar al Estado estas pensiones.

Por esto, al decreto que crea la pensión para los padres de los caídes en la guerra, le pusieron fecha de vencimiento: el 31 de diciembre del 2010.

El problema es que muchos de ustedes (se estima unos 10 mil) se han negado a morirse. ¡Viejitos tercos! Se niegan a morir a tiempo y siguen jodiendo – además a un gobierno ‘de izquierda’, que tiene otras preocupaciones más urgentes, como comprar aviones y nuevas camionetas Prado.

El gobierno de apellido ‘cambio’ (y que por matrimonio con el FMLN se pone ‘de izquierda’) no ve ninguna razón de seguir pagando estas sus pensiones.

Es el colmo. Si ustedes necesitaban la pensión cuando terminó la guerra, ¿cómo no la van a necesitar, con más urgencia, ahora que son más ancianos?

Funes les ofreció un aguinaldo y ustedes tuvieron la decencia de mandarlo al carajo. Comen todos los meses, no sólo en diciembre. Ustedes merecen que no se les corte su pensión. Se tomaron catedral, porque nadie les hizo caso. El FMLN se queda callado, porque ustedes ni militan en su partido. Los padres de los combatientes caídos sólo son militancia histórica, y esto ya no cuenta. Además ustedes andan juntos con los papás de soldados caídos. Sospechoso...

Quédense en Catedral hasta que les hagan caso. Ustedes son la reserva moral de este país. Tienen derecho de morir con dignidad.

Un gran abrazo, Paolo Lüers

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lunes, 3 de enero de 2011

A clear and present danger to Free Speech

THE so-called Shield bill, which was recently introduced in both houses of Congress in response to the WikiLeaks disclosures, would amend the Espionage Act of 1917 to make it a crime for any person knowingly and willfully to disseminate, “in any manner prejudicial to the safety or interest of the United States,” any classified information “concerning the human intelligence activities of the United States.”

Although this proposed law may be constitutional as applied to government employees who unlawfully leak such material to people who are unauthorized to receive it, it would plainly violate the First Amendment to punish anyone who might publish or otherwise circulate the information after it has been leaked. At the very least, the act must be expressly limited to situations in which the spread of the classified information poses a clear and imminent danger of grave harm to the nation.

The clear and present danger standard has been a central element of our First Amendment jurisprudence ever since Justice Oliver Wendell Holmes Jr.’s 1919 opinion in Schenk v. United States. In the 90 years since, the precise meaning of “clear and present danger” has evolved, but the animating principle was stated brilliantly by Justice Louis D. Brandeis in his 1927 concurring opinion in Whitney v. California. The founders “did not exalt order at the cost of liberty,” wrote Brandeis; on the contrary, they understood that “only an emergency can justify repression. Such must be the rule if authority is to be reconciled with freedom. Such ... is the command of the Constitution. It is, therefore, always open to Americans to challenge a law abridging free speech and assembly by showing that there was no emergency justifying it.”

On the other hand, the First Amendment does not compel government transparency. It leaves the government extraordinary autonomy to protect its own secrets. It does not accord anyone the right to have the government disclose information about its actions or policies, and it cedes to the government considerable authority to restrict the speech of its own employees. What it does not do, however, is allow the government to suppress the free speech of others when it has failed to keep its own secrets.

We might think of this like the attorney-client privilege. If a lawyer reveals his client’s confidences to a reporter, he can be punished for violating that privilege — but the newspaper cannot constitutionally be punished for publishing the information.

There are very good reasons why it makes sense to give the government so little authority to punish the circulation of unlawfully leaked information.

First, the mere fact that such information might “prejudice the interests of the United States” does not mean that that harm outweighs the benefit of publication; in many circumstances, it may be extremely valuable to public understanding. Consider, for example, classified information about the absence of weapons of mass destruction in Iraq.

Second, the reasons that government officials want secrecy are many and varied. They range from the truly compelling to the patently illegitimate. As we have learned from our own history, it is often very tempting for government officials to overstate their need for secrecy, especially in times of national anxiety. A strict clear and present danger standard — rather than an unwieldy and unpredictable case-by-case balancing of harm against benefit — establishes a high bar to protect us against this danger.

And finally, a central principle of the First Amendment is that the suppression of free speech must be the government’s last rather than its first resort in addressing a problem. The most obvious way for the government to prevent the danger posed by the circulation of classified material is by ensuring that information that must be kept secret is not leaked in the first place.

Indeed, the Supreme Court made this point quite clearly in its 2001 decision in Bartnicki v. Vopper, which held that when an individual receives information “from a source who obtained it unlawfully,” that individual may not be punished for publicly disseminating the information “absent a need ... of the highest order.”

The court explained that if the sanctions now attached to the underlying criminal act “do not provide sufficient deterrence,” then perhaps they should be “made more severe” — but “it would be quite remarkable to hold” that an individual can constitutionally be punished merely for publishing information because the government failed to “deter conduct by a non-law-abiding third party.” This is a sound solution.

If we grant the government too much power to punish those who disseminate information, then we risk too great a sacrifice of public deliberation; if we grant the government too little power to control confidentiality at the source, then we risk too great a sacrifice of secrecy. The answer is thus to reconcile the irreconcilable values of secrecy and accountability by guaranteeing both a strong authority of the government to prohibit leaks and an expansive right of others to disseminate information to the public.

(The New York Times. Geoffrey R. Stone is a professor of law at the University of Chicago and the chairman of the board of the American Constitution Society)

viernes, 31 de diciembre de 2010

Carta a los lectores de MÁS

Mis queridos lectores:

Quieren una carta de fin de año. Está bien, pero hagámoslo al estilo MÁS. O sea, al grano, sin tanta paja.

Los buenos propósitos para el 2011:

  • de Freddy Cristiani: llevarme a toda la vieja guardia, cuando me vaya del COENA.
  • de Tony Saca: dejar de joder y retirarme de la política.
  • de Mauricio Funes: como yo soy presidente, tengo dos. No pelear con mi esposa y nunca jamás llegar tarde.
  • de la primera dama: entonces, yo tengo tres, aunque más bien son deseos. Un desfile del 15 de septiembre sin chachiporristas; que me invite Michel Obama; ir shopping con Carla Bruni.
  • de Jorge Hernández de TCS: voy a asumir la política editorial de Francisco Valencia del CoLatino: En mi canal nadie criticará al presidente.
  • de La Prensa Gráfica: ¡me uno!
  • de Nacho Castillo del Canal 33: como siempre, quedar bien con todos.
  • de Sigfrido Reyes: prometo que, al sólo llegar a la presidencia de la Asamblea, cambio al asesor de moda.
  • de Enrique Altamirano: Prometo abstenerme a poner apodos a la reina de la basura.
  • de Nikki Salume padre: Ya no voy a cobrarle al presidente los 3 millones, se los voy a cobrar a mi hijo.
  • de Nikki Salume hijo: Voy a renunciar a la CEL antes de que me cobren la cagada del Chapparal.
  • del general David Mungía Payez: Bueno, si me dejan combatir al crimen en serio, dejo de joder con los aviones.
  • de Paolo Lüers: Seguir jodiendo, pero en serio.

¡Feliz Año! les desea Paolo Lüers

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jueves, 30 de diciembre de 2010

Declaración conjunta de los presidentes de las academias venezolanas

DESCONOCIMIENTO DEL ESTADO DE DERECHO Y LA VIOLACION DE DERECHOS FUNDAMENTALES EN VENEZUELA.

En la presentación de sus Propuestas a la Nación el 10 de noviembre de este año, las Academias Nacionales advirtieron sobre el deterioro de las bases ins­titucionales de la democracia, propia del Estado de Derecho que para nuestro país postula la Constitución vigente, y sobre los efectos negativos de la infla­ción y del deterioro de la salud pública, sobre la pérdida de la enseñanza de la historia, así como sobre los límites de la investigación científica y la falta de planificación y ejecución de un desarrollo sostenible.

Hoy, ante la sanción de leyes que violan derechos constitucionales de natura­leza inalienable e irrenunciable, así como del principio de la separación de los poderes y de la institucionalidad democrática, los presidentes de las Aca­de­mias Nacionales y demás firmantes de este documento, responsablemente denuncian ante la opinión pública nacional y mundial el desconocimiento del Estado de Derecho en Venezuela por la pretensión de imponer un sistema absolutista. Ello en razón del concepto totalitario que priva en la legislación recientemente aprobada, que no sólo confiere ilimitadas facultades al Presi­dente de la República, y altera la distribución del poder público de la organi­zación federal de la Nación, sino que también desconoce la voluntad electo­ral expresada el 26 de septiembre de 2010, que reclamó un poder legislativo mucho más plural y de mayor representatividad de los diversos sectores nacionales en la aprobación de las leyes.

Este sistema absolutista se manifiesta en la grave restricción de las libertades públicas de pensamiento, de expresión y de educación libre, en la imposición de controles y sanciones al derecho de información, y en la eliminación de los fundamentos de autonomía en el funcionamiento de las universidades, que forma parte de su esencia como instituciones de educación superior. El senti­miento absolutista también se exterioriza a través de la sanción de leyes que persiguen imponer un modelo de Estado socialista y comunal, en contra de la voluntad popular que lo rechazó en el referéndum del año 2007, que atentan contra el principio de la soberanía popular como fuente originaria del poder del Estado. Adicionalmente, ese modelo excluye a los que no se identifican con esa ideología, alterando los principios de igualdad y de no discriminación, propias de las democracias constitucionales. Estos desconocimientos colocan a Venezuela fuera de los estándares democráticos de los tratados y conven­cio­nes suscritos por el Estado venezolano.

Consideramos que la actual Asamblea Nacional altera gravemente el orden constitucional del Estado de Derecho, al impedir el pleno funcionamiento de la nueva Asamblea Nacional al restringir sus competencias legislativas por un período de dieciocho (18) meses, cuando delega ampliamente en el Presi­dente de la Republica la mayor parte de su reserva legislativa, y sobre mate­rias totalmente ajenas a la emergencia climática que se argumentó como justi­ficación de tal delegación. Adicionalmente, la modificación del régimen interior de debates busca limitar la discusión y deliberación de los nuevos parlamentarios. Estas decisiones legislativas se toman con la clara intención de evitar que los miembros de la nueva Asamblea Nacional puedan ejercer debidamente la representación de los votantes que los eligieron en las elec­ciones del 26 de septiembre de 2010.

Creemos que las leyes sancionadas por la actual Asamblea Nacional en su último período de sesiones desmejoran las inversiones en materias científicas, tecnológicas y de innovación del conocimiento, y contrarían los valores de la sociedad democrática del pluralismo, del respeto de los derechos fundamen­tales, de la separación y del equilibrio entre los poderes, así como de la parti­cipación ciudadana, de la organización federal del Estado, del sistema económico democrático, de la seguridad jurídica y del respeto de las minorías. Leyes como la de teleco­municaciones y la de responsabilidad e inhabilitación política de los parla­mentarios, afectan la esencia misma de la dignidad de las personas, al impo­ner controles y sanciones al ejercicio del derecho a expresar opiniones y a disentir libremente.

A lo anterior se suma la falta de un Poder Judicial independiente que garantice la imparcialidad de los procesos judiciales, y que asegure que la actuación de los gobernantes se lleve a cabo dentro de los límites del derecho, y en armonía con los valores constitucionales y las leyes que están destinadas a conservar­los. Por otro lado, la actuación sin el debido proceso, arbitraria y despropor­cionada, para privar a los ciudadanos de su libertad y de sus bienes, afectan la estabilidad personal y social de los ciudadanos y su libre desenvol­vimiento. Hoy día en Venezuela, por todo ese conjunto de leyes, y por la falta de pro­tección judicial ante sus violaciones, es cada vez más riesgoso ejercer dere­chos intangibles como el de la libre expresión y de la libre manifestación política.

La utilización de la fuerza militar para ejecutar actividades civiles y adminis­trativas, contradice sus fines institucionales y los tratados que respecto de la seguridad ciudadana ha suscrito Venezuela, que prohíben utilizar cuerpos pro­fesionales armados y armas de guerra en la realización de actuaciones guber­namentales. Por lo expuesto, estimamos que está en riesgo el sistema político democrático basado en el imperio de la Constitución y de la Ley.

Dentro de ese contexto, ratificamos que el carácter ilimitado de la delegación conferida al Presidente de la República mediante autorización de leyes habi­litantes atenta contra el principio de seguridad jurídica y el principio democrático, porque ello conduce a la eliminación de las competencias cons­titucionales de la Asamblea Nacional, y a la desnaturalización de la excepcio­nalidad de la delegación legislativa. Asimismo, rechazamos el uso de facul­tades extraordinarias para afectar derechos económicos y sociales fundamen­tales, como el de propiedad y el de libre iniciativa, sin atenerse a los princi­pios constitucionales que garantizan que tales derechos no se afecten arbitra­riamente, y que tales afectaciones no produzcan daños mayores, como el des­empleo, la escasez de productos esenciales, la ineficiencia de los servicios públicos y la corrupción.

Particular denuncia queremos hacer sobre la gravedad de la lesión al derecho a la libre enseñanza que representa el proyecto de Ley de Educación Universita­ria, recientemente aprobado en primera discusión por la Asamblea Nacional. Este instrumento legal despoja a las universidades de su autonomía adminis­trativa, de autogobierno, de dirección y normativa, al transferirse la mayor parte de sus competencias autónomas a entes dependientes del poder ejecu­tivo, y al someter las universi­dades a un régimen de sumisión en cuanto a sus facultades investigativas y programáticas, imponiéndoles como modelo el de la educación socialista y un sistema de gobierno similar al comunal. Exigimos del poder legislativo que en la nueva legislación se garanticen a las Universi­dades los principios cons­titucionales de su autonomía, es decir: 1) La potestad para orientar sus pla­nes de estudio y de investigación de su sistema de edu­cación. 2) La capaci­dad para darse libremente su propia organización acadé­mica y de concretar su libertad de enseñanza y económica. 3) La reserva legal, en el sentido que sólo por ley puede limitarse la libertad de las univer­sidades, sin que se afecten sus elementos esenciales y únicamente para per­mitir la supervisión de la calidad de la instrucción y la observancia de las grandes directrices de la política educativa. 4) La inviolabilidad del recinto universitario como medio de pro­tección de la autonomía universitaria. 5) El derecho de los profesores y estu­diantes, principalmente, como miembros de la comunidad universitaria, de participar en los órganos de gobierno de las universidades y en sus decisio­nes. Y, 6) La existencia de un sistema verda­deramente democrático y de respeto pleno a las libertades públicas y a los derechos humanos, que garantice efectivamente la autonomía universitaria.

Por todo lo expuesto, advertimos y denunciamos que en la actualidad en Venezuela no están garantizados los principios fundamentales ni el cumpli­miento del Pacto Social del Estado de Derecho y de Justicia de una socie­dad democrática y plural que postula la Constitución.


Caracas, 22 de diciembre de 2010

Blas Bruni Celli, Director de la Academia Venezolana de la Lengua
Elías Pino Iturrieta, Director de la Academia Nacional de la Historia
Claudio Aoün Soulie, Presidente de la Academia Nacional de Medicina
Román Duque Corredor, Presidente de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales
Benjamín Scharifker, Presidente de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales
Pedro A. Palma, Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas
Aníbal R. Martínez, Presidente de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat

La democracia en la pasarela

El socialismo del siglo XXI trae pocas novedades, porque parece más bien un viejo espejo de luna turbia, que repite las imágenes del siglo XIX, que es cuando aparecieron en el escenario latinoamericano los caudillos, derribando a sablazos los telones de la democracia. Y además de un juego de espejos, todo parece una representación teatral donde domina el absurdo que espanta y divierte a la vez, como ocurre en La Cantante Calva de Eugenio Ionesco, o en Dos Viejos Pánicos , de Virgilio Piñera.

Veamos, por ejemplo, las más recientes ocurrencias en Venezuela. La oposición al presidente Chávez gana por más de la mitad de los votos las elecciones para renovar la Asamblea Nacional, pero de antemano existe ya una ley que manda que el que pierde, gana, y así la mayoría de los asientos son adjudicados a los derrotados. Y antes de instalarse la nueva legislatura, con la mayoría convertida en minoría, la Asamblea saliente, que pertenece por unanimidad al presidente Chávez, emite una ley que habilita al Líder Supremo de la Patria a legislar por decreto en todas las materias de su gusto y antojo por espacio de año y medio, con lo que de un plumazo, o mejor, de un zarpazo, se arrebata a la Asamblea, que aún no se ha instalado, todas sus facultades. La cantante calva, se queda sin peluca.

He hablado de un juego de espejos, que copia las imágenes arcaicas del caudillo del siglo XIX paseándose orondo sobre el tablado, sable en mano para desgarrar todos los decorados constitucionales, pero quizás me equivoque. El espejo lo que devuelve son imágenes mejoradas, porque aquellos viejos caudillos no tenían tanta imaginación para pasar las leyes por los filtros y redomas que las vuelven dúctiles y maleables, de modo que pueden asumir cualquier figura que el taumaturgo en el poder quiera darles, y aún deslizarse debajo de los resquicios de las puertas como el Hombre de Goma , el superhéroe de las historietas cómicas de mi niñez, que hacía de su cuerpo lo que mejor le convenía.

El presidente Chávez ha anunciado que ya tiene un buen manojo de decretos listos, que una vez firmados de su puño y letra se convertirán en leyes de la República bolivariana, capaces de afrontar con ellos cualquier clase de emergencia, desde asonadas hasta huracanes. Una voluntad única sobre un conjunto de voluntades concertadas, que es lo que las cámaras legislativas se supone representan, lo cual no es sino una clausura virtual del recinto legislativo, las sillas de los diputados vacías, u ocupadas por sus propios fantasmas.

Volvamos otra vez al teatro del absurdo, e invoquemos Las sillas de Ionesco. En el escenario hay cada vez más sillas, todas vacías, tantas que ya no caben más. Entonces aparece el Gran Orador para decir su discurso, un discurso capaz de redimir a la humanidad entera. Comienza a hablar frente a las sillas vacías, pero de su boca no salen sino estertores y sonidos guturales, porque es sordomudo. ¿Estamos en el siglo XXI ante la democracia de las sillas vacías, o vaciadas, y de los redentores sordomudos?

Redentores sordomudos que firman decretos frente a las sillas vacías, una nueva técnica del golpe de Estado, arte éste que conoce infinitas variantes, tantas como la viciada imaginación del poder absoluto quiera. Ya lo habíamos visto antes, cuando fue electo alcalde de Caracas alguien que al Gran Orador no le gustaba. Lo despojó de sus funciones, también de un plumazo, o de un sablazo, y nombró por encima de él a un funcionario de facto que las asumió todas.

Ahora veamos a la democracia, desvestida y vuelta a vestir de falsos ropajes, recorrer la pasarela que termina frente al estrado del mago. El mago prestidigitador que en lugar de vaciar las sillas transforma a sus ocupantes con actos de ilusionismo, cambiándolos de sustancia. Para presenciar un acto semejante tenemos que cambiar de teatro, y de escenario. Al instalarse la Asamblea Nacional de Nicaragua en enero de 2007, el partido del presidente Daniel Ortega tenía 38 asientos de un total de 90, de acuerdo con los resultados electorales, muy lejos de la mayoría absoluta; hoy, sus artes de prestidigitación han elevado ese número a 52, al menos.

A la luz de los reflectores que lo siguen con su luz blanca, el mago va hasta los curules de la oposición, toma de las orejas a los conejos vociferantes e intransigentes, algunos de ellos verdaderamente rabiosos, regresa al escenario, los introduce dentro de la chistera, y cuando vuelve a meter la mano lo que saca son conejos risueños y complacientes, dóciles a más no poder, tanto que en lugar de conejos podríamos hablar más de bien de palomas. Pero dejémoslos mejor en su naturaleza de conejos, que son los que mejor se prestan a los experimentos científicos.

Porque aunque se trata aparentemente de un acto de magia, ya sabemos que los magos dependen de la ciencia con que manejan sus trucos, y las conversiones políticas de esta naturaleza siempre tienen trasfondos, resortes, palancas, y recovecos. ¿Cómo personas de cerrada reputación de derecha, que juraban hasta hace poco enemistad eterna al sandinismo en el poder, que fueron dirigentes de la contrarrevolución en los años ochenta, confiscados unos, exiliados otros, hoy se muestran convencidos de que el comandante Ortega, desde su estatura de líder preclaro, es el faro que ilumina con sus rayos potentes el destino de la nación?

Para alivianar el misterio, quizás sea mejor recurrir a la sabiduría siempre presente de don Quijote, que en su célebre discurso sobre las Armas y las Letras declara: “los hemos visto mandar y gobernar el mundo desde una silla, trocada su hambre en hartura, su frío en refrigerio, su desnudez en galas, y su dormir en una estera, en reposar en holandas y damascos...”. ¿De dónde tela, si no hay araña?, preguntaría algún chusco.

Y allí estaría el buen Sancho Panza para responderle: “que no falte ungüento para untar a todos… porque si no están untados gruñen más que carretas de bueyes”.

(La Prensa/Nicaragua; el autor es escritor y fue vicepresidente del primer gobierno sandinista)

Carlos Andrés

En octubre de 1977 preparábamos la primera de las ofensivas guerrilleras para derrocar a Somoza y creíamos que Carlos Andrés Pérez, Presidente de Venezuela, era clave en aquellos planes. Pero no sabíamos cómo llegar a él, hasta que se nos ocurrió que la mejor puerta de entrada al Palacio de Miraflores era Gabriel García Márquez, y me fui a buscarlo a Bogotá.

Jamás antes nos habíamos visto. Le conté todo el plan, sin omitir los mil doscientos hombres sobre las armas que asaltarían las fortalezas de Somoza y que en verdad no existían sino en un redujo número, y él me escuchó sin perder palabra. Luego tomó el teléfono y preguntó a qué horas salía un avión hacia Caracas.

El resultado de su entrevista con Carlos Andrés colmó nuestras esperanzas. Apenas liberáramos la primera ciudad, Venezuela reconocería al gobierno revolucionario. Cuando poco después me tocó tratarlo, me di cuenta de que era un conspirador de agallas, dispuesto a correr los riesgos que nacen de un buen complot, y a dejarse seducir por sus atractivos. Quizás una de las cosas que más lo perjudicó en la vida, siendo un político bien curtido, fue precisamente su entusiasmo y su generosidad para ayudar a otros a ganar causas con futuro, o de antemano perdidas, sin llevar cuentas.

Desde entonces nos hicimos amigos, le visité muchas veces en el despacho presidencial de Miraflores, y no hay duda de que sin su respaldo no hubiera sido posible botar a Somoza. Fue un respaldo generoso, sin condiciones, y cuando vino el triunfo de la revolución, ese respaldo fue siempre generoso, pero crítico. Su preocupación por Nicaragua siempre fue angustiosa, ya la revolución disuelta en humo, y lo siguió siendo hasta su muerte. En abril de este año, cuando lo visité la última vez en su exilio de Miami, las palabras con que me saludó fueron precisamente las de siempre: “¿Cómo está Nicaragua?” Y Nicaragua estaba ya entonces, por desgracia, bajo los rigores de un nuevo autoritarismo, el autoritarismo del siglo veintiuno encarnado en Daniel Ortega.

Cuando lo juzgaron y derrocaron bajo múltiples acusaciones de malversación de dineros públicos y prevaricato, entre esas acusaciones faltó que de los fondos secretos que como presidente manejaba, nos entregó, por más de un año, hasta el fin de su mandato, cien mil dólares mensuales para la causa de la revolución. Lo digo ahora que ya está muerto, porque ya no pueden sumar ese delito libertario suyo a la causa todavía abierta contra él en Venezuela para pedir su extradición, en la que insistió el gobierno de Chávez hasta el último momento.

Su apoyo político y material fue esencial para que Somoza cayera y la revolución triunfara. Yo, al menos, nunca dejé de agradecérselo, y aún en medio de su desgracia, cuando tenía la casa por cárcel, y no pocos le daban la espalda, lo visité en Caracas, hablamos siempre de Nicaragua, preocupado por Nicaragua aunque tenía otras cosas graves de qué preocuparse, acosado por quienes pedían su cabeza.

Ahora aquí en Nicaragua, el silencio oficial sobre su muerte ha sido un espeso manto. Claro, los vínculos de Ortega con Chávez imponen el silencio. Ni una palabra para agradecer a este hombre que ha muerto en el exilio todo lo que hizo por ayudarnos a librarnos de una tiranía familiar obscena, sanguinaria y corrupta.

(La Prensa/Nicaragua; el autor es escritor y fue vicepresidente del primer gobierno sandinista de Nicaragua)

Lea también: Nicaragua y Carlos Andrés P.

Carta a la ex-jefa del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer

Estimada Julia Evelyn Martínez:

No puedo decir que lamento que la hayan despedido. Para mi, usted representaba una pésima política.

Leí una columna de su amigo Álvaro Rivera Larios, quien compara su caso con el despido de Brenny Cuenca. Pero Brenny fue despedida como secretaria de Cultura, porque no era suficiente sumisa a las órdenes de la primera dama. En el caso suyo, tengo la sospecha que la cosa es al revés: Usted cumplió e incluso defendió las ideas mas insensatas de la primera dama, como la prohibición de los desfiles de cachiporras en las escuelas.

Usted fue el fiel instrumento de su jefa, hasta que cometieron el error de firmar un documento sobre el aborto que el presidente no había autorizado. En este momento le pasó lo que pasa a muchos fieles colaboradores: se convirtió en chivo expiatorio. El presidente no quería asumir el costo político, su esposa mucho - menos, así que le tocó a usted.

Me temo que su despido no resuelve nada. No habrá corrección de nada en las políticas erróneas del ISDEMU. Por la simple razón que allí sigue mandando la misma: la primera dama.

El ISDEMU, con o sin usted, va a seguir haciendo campañas que meten al Estado en la esfera privada de la gente. Cualquiera me puede decir, con toda razón, que los hombres deben asumir las tareas de la casa. Cualquiera, menos el Estado. El Estado crea condiciones favorables y seguridad jurídica a las mujeres, pero no sermonea, ni moraliza.

El ISDEMU va a seguir trabajando con la Secretaría de Cultura para promover ‘el cambio de la cultura’, porque esta es la idea de la primera dama que sigue siendo presidenta del ISDEMU, y ahora con más poderes y controles directos.

Es a nombre de este ‘cambio de cultura’ que la pareja presidencial se siente con el derecho de meterse en asuntos donde el Estado y sus instituciones nunca deberían tener derecho de intrometerse. Cualquiera tiene derecho de promover la ‘transformación cultural’ que quiera... menos el gobierno. En agosto de este año le escribí en una primera carta: “Si no paramos esto en seco, terminamos con una dictadura de los guardianes de lo ‘políticamente correcto’ “.

Ahora resulta que la pararon a usted, pero no la política autoritaria disfrazada de feminista. Pobrecita. Que mal le pagaron su fidelidad...

Paolo Lüers

(Más!)

Columna transversal: Macho sin dueño

Se supone que la última columna del año será un balance del 2010. Me niego. Tengo que cuidar mi reputación de no escribir lo que se supone que escriba. Voy a dedicar la última "columna transversal" a mi amigo Horacio Castellanos Moya. Ya le dediqué una de mis cartas en Más!, pero también tengo que pensar en los lectores que no leen Más! No hay que discriminar a nadie, ni siquiera a los que se sienten superiores a la gente de la calle que compra este periódico de la calle.

Horacio Castellanos Moya, autor de las únicas novelas salvadoreñas de la postguerra que valen la pena, es chero mío. Digo esto para que sea claro que lo que escribo sobre él no es ni imparcial ni incoloro. Hemos compartido, aparte de innumerables botellas de diferentes bebidas embriagantes, la aventura de dirigir un proyecto mediático (llamado "Primera Plana"), que según nosotros iba a modernizar, profesionalizar y elevar éticamente al periodismo salvadoreño. Lo suspendimos cuando nos dimos cuenta, un año más tarde, que los periódicos, para que además de buenos sean exitosos, no pueden ser concebidos como un regalo que algunos iluminados quieren dar al pueblo, sino que tienen que surgir de una demanda real. Una demanda tan sentida y urgente para que lectores, periodistas, anunciantes, e inversionistas estén dispuestos a compartir el riesgo de construir un periódico tan independiente que lo odiaba el FMLN igual que ARENA.

Para explicar quién es este escritor salvadoreño que tiene décadas de andar ganándose la vida en Canadá, México, Guatemala, Alemania, Japón, Estados Unidos, pero nunca dejó de escribir sobre El Salvador, mejor reproduzco aquí la carta que le mandé vía Más!:

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Horacio:

En este país, en especial entre la gente que se considera de izquierda, hay una tendencia rara: Hay tantos que reclaman haber sido héroes y protagonistas en tiempos de la guerra, que uno se pregunta: ¿Si han sido tantos los insurrectos, los rebeldes, los que en secreto apoyaron la causa, cómo es que no ganamos?

Pero lo perverso es que los que no logran presentarse como héroes, se presentan como víctimas. El nuestro parece un país habitado de luchadores y mártires. Pareciera que lo que menos hubo son ciudadanos comunes y corrientes que han vivido la historia observando y sobreviviendo...

No estoy diciendo que no hubo héroes. Los hubo de sobra. Mucho menos estoy diciendo que no hubo víctimas: hubo decenas de miles.

Lo que quiero decir es: También hay que reivindicar a los ciudadanos comunes que simplemente lucharon para sobrevivir.

Y ahí entrás vos, Horacio, que tuviste el valor de romper esta perversa percepción que en la historia nuestra uno o fue héroe o fue víctima. En medio de esta moda insoportable de la "memoria histórica" que sólo conoce luchas y sufrimientos, vos publicás un librito con el título: "Breves palabras impúdicas". Y sin pudor escribís: "A finales de 1978, no me cabía la menor duda de que mis compañeros de generación, poetas o no, iban con ritmo precipitado hacia la militancia revolucionaria; comprendí también que no había más opciones: tomar partido o largarse. Yo decidí largarme".

Esto es lo más honesto y lo más valiente que he leído en años sobre nuestra historia, donde todos quieren asumir los papeles clásicos: o héroe o víctima. Los izquierdosos románticos sólo pueden verse en estos papeles. Como el cupo para héroes es limitado, crean toda una cultura espantosa de víctimas. Gracias por poner en duda esta cultura, Horacio. Sos de los pocos escritores que entendieron que su oficio no es crear mitos y leyendas, sino romperlos.

Hasta el próximo whisky, Paolo Lüers.

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Un macho sin dueño como Horacio Castellanos Moya obviamente no estaba hecho para dirigir un periódico exitoso en El Salvador. Tampoco yo. Por eso, luego de cerrar Primera Plana en 1995, mejor me dediqué a vivir de otro medio de comunicación: la barra de La Ventana. Y Horacio volvió a salir del país para escribir libros que a la mayoría de los salvadoreños no les gustan porque no los retratan como quieren verse, sino como los ve Horacio: atrapados en traumas, fobias y violencias.

Pero como Horacio Castellanos Moya es disciplinado y obstinado, sigue rebuscándose para sobrevivir y para seguir escribiendo. Poco a poco está construyendo una obra que de repente lo convertirá en una voz que representa a América Latina. No tiene país que se siente representado por él, este es su problema. Pero también es su virtud que lo convierte en escritor universal.

(El Diario de Hoy)

miércoles, 29 de diciembre de 2010

A PROPÓSITO DEL FRÍO

Mucho se habla de que el clima de la tierra está cambiando drásticamente induciendo a la forma de vida conocida a su pronta y total extinción. El efecto de los gases invernaderos es calificado como el primer agente de destrucción. En nuestro medio se han instalado mesas de trabajo para analizar los efectos de este fenómeno y han salido Ministros y funcionarios diciendo que esa es la razón de deterioro de toda nuestra infraestructura. Bonito argumento el que se han encontrado y que desde ya esgrimen para justificar su operancia o su inoperancia. El ciudadano común, acostumbrado al bombardeo permanente de dogmas y mitos absurdos, escucha y sin conocer sobre el tema, asume que lo dicen es algo verdadero escrito sobre piedra.

Lamento defraudarlos pero la cosa no es así. Existen innumerables teorías científicas al respecto pero todas coinciden en que es difícil establecer relaciones de causalidad como la afirmación en boga. El nivel de gases de efecto invernadero es alterado a la baja y a la alza por muchos factores tales como el vulcanismo, el movimiento de los continentes, el albedo de la Tierra – capacidad de reflejar la luz solar--, la variación orbital del planeta, el impacto de meteoritos de medianas dimensiones, los cambios en la actividad solar, cambios en las corrientes marítimas, etc. Factores que han estado siempre presentes en la historia natural y que han llevado a la conformación de patrones cíclicos en las variaciones del clima en nuestro globo terráqueo.

La última glaciación sufrida por la humanidad se conoce como “la pequeña edad del hielo” y fue hace poco tiempo, fue un período frío que abarcó desde comienzos del siglo XIV hasta mediados del siglo XIX. Puso fin a una era extraordinariamente calurosa llamada “óptimo climático medieval”. Durante el período en cuestión se ha podido determinar que la actividad solar determinada en las “manchas solares” era sumamente baja y se desató una elevada actividad volcánica que aumento el efecto “albedo” evitando la libre filtración de la radiación solar por lo que el clima bajó llegando a su máximo en el año de 1815, que hizo que el siguiente año se conociera como el “año sin verano”, debido a la erupción del volcán de Tambora en Indonesia que cubrió la atmósfera de cenizas generando nieve y hielo en junio y julio en Nueva Inglaterra y el norte de Europa. Sumado a eso la introducción de una gran cantidad de agua fría proveniente del atlántico Norte hizo que la “corriente del golfo” dejara de ser operativa, sumándose al anterior efecto, provocando así las bajas en la temperatura. A partir de 1850 el clima comenzó a cambiar hacia temperaturas más cálidas. Algunos escépticos,--como el que escribe—arguyen que los cambios actuales se deben a la recuperación climática de este último evento glacial, y que por ello, la actividad humana no es la causante de este cambio y como existe la contraparte que dice que la emisión de dióxido de carbono a la atmósfera por las actividades del hombre genera el cambio climático es que estamos en esta discusión. Sana polémica científica, sin mitos ni dogmas absurdos, con la disciplina y el estudio se podrá determinar las causas y los efectos de las variaciones climáticas. Es difícil el estudio de este “caprichoso” planeta. En la medida que el hombre se adentra en su estudio surgen nuevos retos y nuevas incógnitas a resolver, allí entra la Matemática y la Física Cuántica, el razonamiento ordenado de seres curiosos que buscan desenredar el hilo de la creación.

Dios le dio al hombre inteligencia, ocupémosla para honrar su creación, da risa escuchar declaraciones de que el final está tan cerca o de que las carreteras y los puentes se dañan por el cambio climático. No son parte de la creación estas posiciones, más bien parecieran análisis de “eunucos” incapaces de fertilizar nada y ansiosos por destruir todo. La obra creadora debe seguir su camino y abrirse paso ante las adversidades, Einstein decía que: “No se puede concebir a un hombre de ciencia sin esta profunda fe. La situación puede ser explicada por una imagen…La ciencia sin religión es coja, la religión sin ciencia es ciega”.

La próxima vez que tengamos frío, sonriamos; los casquetes polares se están fortaleciendo evitando que los mares cubran este amado terruño, y pensemos que la sabia obra producto de la creación, está haciendo su trabajo.

Venezuela no va al socialismo, va a un régimen militar

Cuando vi la cara que puso Hugo Chávez luego de enterarse (y tener que aceptar) que la mayoría de los venezolanos había votado contra él en las elecciones parlamentarias de septiembre, supe que no iba a aceptar esta derrota así no más.

Era la misma cara que le vi al teniente coronel luego del referéndum popular de 2008, en el cual los venezolanos rechazaron mayoritariamente la reforma constitucional propuesta por él, o sea el paso de Venezuela al socialismo. Una cara de papá decepcionado de sus hijos, una cara de "ya verán"...

El día siguiente mandó a colocar en todo el país vallas gigantescas con una sola frase: "¡Por ahora!".

Y en cadena nacional de televisión dijo a la oposición: "Sepan administrar su victoria. ¡Es una victoria de mierda!".

Y se dedicó a pasar por la Asamblea Nacional, en la cual controlaba el 95% de los votos, ley por ley, decreto por decreto todos los contenidos socialistas de la reforma constitucional no aprobada en la votación popular.

Esta vez, en su segunda derrota en las urnas, Chávez no mandó a colocar vallas. Simple y silenciosamente hizo lo necesario para seguir adelante con sus planes de "transformación socialista", a pesar de la pérdida del apoyo mayoritario de su pueblo y de una Asamblea a sus órdenes.

Para lograr esto, hizo funcionar al máximo a la Asamblea Nacional saliente y obediente, y la hizo aprobar, sin mayor discusión todas las leyes que jamás pasarían en la nueva Asamblea, en la cual la oposición tiene suficiente fuerza para bloquear legislaciones que requieren de mayoría calificada.

De esta manera, la Asamblea Nacional saliente, en los últimos días de su mandato que expira el 5 de enero 2011, suspendió las vacaciones de Navidad y fin de año para aprobar leyes de comunicación que limitan aún más la libertad de expresión, incluso en Internet; una ley que limita la autonomía universitaria y permite al gobierno a imponer sus "contenidos socialistas" en los currícula; leyes que establecen, bajo el nombre "poder popular", estructuras paralelas a los gobiernos municipales y regionales, directamente controladas por el partido y el gobierno central; leyes que penalizan a ONG y partidos que reciben fondos del exterior; leyes que simplifican los procedimientos de nacionalización de empresas y tierras...

Y, como premio mayor, la Asamblea saliente, dos semanas antes de terminar su mandato, regala al presidente la madre de las leyes: la llamada "ley habilitante" que otorga al teniente coronel, por un período de 18 meses, la facultad de legislar por decreto presidencial.

Esto tuvo en mente Chávez cuando perdió el referéndum y dijo "Por ahora". Esto tuvo en mente Chávez cuando perdió el apoyo popular mayoritario, hasta en los barrios pobres, y dijo: "Ya verán".

La democracia venezolana, una de las más tradicionales de América Latina, ha dejado de existir. Bajo el mando del militar golpista Hugo Chávez y "asesorado" en cada paso por los cubanos, Venezuela transitó a un Estado que no es de Derecho, que ya no tiene división de poderes, donde ya no funcionan los contrapesos, y donde las elecciones ya no definen la distribución del poder.

El comandante Chávez ahora comanda un Estado que ya no depende de mayorías electorales, de reglas parlamentarias, ni siquiera de la Constitución. Le es suficiente el control absoluto del sistema judicial, incluyendo el Tribunal Supremo de Justicia y su Sala de lo Constitucional que no va poner ningún freno a la inconstitucionalidad manifiesta de las Leyes Habilitantes que facultan a Chávez a seguir gobernando por decreto y sin control parlamentario.

Todos los constitucionalistas serios coinciden que un parlamento no puede delegar sus facultados al presidente más allá de su propio mandato. Lo que la Asamblea saliente, bajo control total chavista, está haciendo es delegar las facultades de la siguiente Asamblea.

Esto a todas luces es inconstitucional. Tan obviamente inconstitucional como la decisión de la Corte Suprema de Nicaragua de que el artículo de la Constitución que prohíbe la reelección presidencial no aplica a Daniel Ortega. Una vez que un gobierno tenga este tipo de control sobre el sistema judicial, las inconstitucionalidades ya no importan.

En Alemania, la dictadura de Adolf Hitler y su partido nazi se instaló con la aprobación de las famosas Leyes Habilitantes (Ermächtigunsgesetze) de 1933. El siguiente paso fue la suspensión de las garantías constitucionales, de las libertades de expresión y la organización...

Enrique ter Horst, el jurista venezolano que fungió como jefe de ONUSAL en nuestro país, dice al respecto: "En julio del 2012, cuando la Ley Habilitante de Chávez expira, Venezuela se habrá convertido en un estado totalitario al estilo cubano, siempre y cuando el régimen logre reprimir la fuerte oposición que este golpe a la democracia provocará en la población...".


Entonces, todo depende de esto: la capacidad de Chávez de reprimir, y de la oposición de cobrarle al gobierno el costo político de sus medidas antidemocráticas. En este contexto hay que entender las declaraciones del general Henry Rangel Silva, jefe del Comando Estratégico Operacional: "La Fuerza Armada Nacional no tiene lealtades a medias sino completas hacia un pueblo, un proyecto de vida y un comandante en jefe…

Nos casamos con este proyecto de país… Es difícil que la oposición a Chávez llegue al poder, sería vender el país, eso no lo va a aceptar la FAN". Inmediatamente el presidente lo ascendió a "general en jefe" de la Fuerza Armada, comentando sus declaraciones como "el sentimiento de un soldado revolucionario y bolivariano" que ha mostrado "su claridad estratégica".

Venezuela ha sido transformada en un régimen militar. La cuestión es si los venezolanos lo toleran. ¿Y la comunidad internacional?

(El Diario de Hoy)

martes, 28 de diciembre de 2010

Carta a los ministros que van a renunciar

Estimados dirigentes partidarios que ocupan cargos de gobierno:

Con satisfacción he recibido la buena noticia que ustedes van a renunciar de sus cargos en el gobierno. Desde los tiempos de ARENA, sobre todo de Tony Saca, me ha chocado la manera como en El Salvador usan al Estado para las campañas partidarias.

Ahora habló el presidente: “No voy a permitir que quienes deben ocuparse de trabajar para la gente, se dediquen a trabajar para un partido político.”

Perfecto. Lo aplaudo. Pero que sea consecuente.

Usted, excelentísimo señor vice-presidente de la República Salvador Sánchez Cerén, como miembro de la Comisión Política del FMLN estará a cargo de dirigir la campaña electoral y toda la estrategia del partido. Para que el anuncio del presidente no sea pura retórica, usted debe renunciar. Lo mismo aplica a usted, vice-ministra de Salud Violeta Menjívar, porque fue electa Secretaria General Adjunta del FMLN; a usted, Oscar Kattán, porque es director del Seguro Social y al mismo tiempo Secretario General del partido CD; y a vos, Jorge Meléndez, que sos director de Protección Civil, pero también dirigente de un partido en formación.

Todos ustedes pueden y deben renunciar del gobierno para dedicarse a su tareas partidarias. Punto. El caso de usted, señor vicepresidente, es un poco más complicado: Puede renunciar de su cargo de ministro de Educación, pero no a la vice-presidencia. Lo que puede hacer es renunciar a la Comisión Política del FMLN. O simplemente asumir el rol decorativo de vicepresidente sin meterse en nada importante. Como su amigo Francisco Merino en tiempos de Cristiani...

Pero yo tengo una pregunta: Incluso si todos ustedes renuncian a sus cargos, ¿realmente resuelve el problema del conflicto de interés? Lo dudo. A menos que con la renuncia del ministro de Educación se suspendan también todas las políticas del ministerio que tienen fines electorales. Incluyendo el programa de los uniformes y zapatos. Y así en todos los ministerios. Esto sería la verdadera prueba de que el presidente va en serio con su anuncio que no permitirá que su gobierno se ponga en función de fines partidarios y electorales...

La renuncia de todos ustedes es sólo un primer paso. No significa mucho. Sobre todo tomando en cuenta que algunos de ustedes de todos modos deberían ser sustituidos al hacer una evaluación seria de su desempeño.

Feliz año, Paolo Lüers

(Más!)

jueves, 23 de diciembre de 2010

Carta a Santa

Querido Santa:

no te voy a robar mucho tiempo, ni muchos regalos. Te pido una sola cosa para nuestro paisito: ¡un gobierno que gobierne!

No nos regalés nada: ni empleos, ni carreteras sin baches, ni hospitales que tengan medicamentos, ni barrios seguros, ni escuelas saludables. Todo esto lo podemos crear nosotros mismos, con tal que nos quités la traba que es un gobierno que sermonea pero no actúa. Te pedimos un gobierno sin apellido, que simplemente haga su trabajo. El ejecutivo que ejecuta. El legislativo que haga leyes. El poder judicial que haga justicia. Sin tanta paja. Y, de paso sea dicho, la oposición que haga oposición en vez de darse paja hablando de gobernabilidad, pactos fiscales y planes de nación.

¿Muy simple esta visión? Sí. Prefiero que las cosas y los papeles sean simples y claros.

Estamos cansados de los gobiernos que se ponen apellidos, etiquetas y consignas. Primero el ‘gobierno con sentido humano’ – pero actuando sin sentido común, regando dinero des Estado para comprar votos y voluntades. Ahora el ‘gobierno del cambio’, que día y noche habla de ‘unidad nacional’ e ‘inclusión’, pero de hecho divide la sociedad en su permanente búsqueda de culpables para los males del país que no sabe enrentar...

Estamos cansados de dos gobiernos consecutivos que confunden la administración pública con campañas publicitarias. Que en vez de arreglar los baches hacen una campaña diciendo que están arreglando las calles. Que en vez de abastecer al sistema de salud con medicamentos, hablan de reformas de salud. Que en vez de cambiar las pésimas condiciones que encuentran los inversionistas en el país, sermonean de ‘el cambio’...

Así que, querido Santa, si querés hacer algo por nuestro paisito, no nos des nada regalado. Sólo pónganos un gobierno que gobierne, un ejecutivo que ejecute. El resto lo hacemos nosotros solitos. Con gusto.

¡Feliz navidad!

Paolo Lüers

(Más!)

martes, 21 de diciembre de 2010

Left out

The answer to the question “Is America a plutocracy?” might seem either trivial or obvious depending on how one defines the term. Plutocracy, says the dictionary, simply means “rule by the rich.” If the query is taken literally to mean that the non-rich—the vast majority of American citizens—have no influence in American democracy, or that the country is self-consciously ruled by some hidden collusive elite, the answer is obviously “no.” On the other hand, if the question is taken to mean, “Do the wealthy have disproportionate political influence in the United States?” then the answer is obviously “yes”, and that answer would qualify as one of the most unsurprising imaginable. Wealthy people have had disproportionate influence in most polities at most times in history.

Lea el artículo completo en The American Interest

Y las candidaturas independientes para alcaldes, ¿cuándo?

Todo el debate sobre los candidatos independientes (o sea que no dependen de un partido) se concentra en las candidaturas para diputados. O sea, donde menos importancia y alcance puede tener. Nadie habla de las alcaldías, donde abrir espacio para independientes realmente tendría mucha razón.

El tenso debate sobre las candidaturas independientes para la Asamblea Legislativa es una tormenta en un vaso de agua. Es muy poco probable que ciudadanos independientes lleguen a la Asamblea, a menos que sean lanzados por grupos de fachada del FMLN para meter de contrabando a unos diputados más. Es más un problema de potencial fraude, pero de ninguna manera pone en peligro el papel protagónico de los partidos, el sistema de la democracia representativa, como algunos lo quieren pintar. Y si algún día realmente llegue a la Asamblea un ciudadano independiente, ¿qué impacto puede tener? Ninguno. Ni el catastrófico para el sistema de partidos que algunos temen. Ni el positivo de hacer la democracia representativa más participativa que otros buscan. Por esto digo: Es una tormenta en un vaso de agua.

Sin embargo, para los gobiernos municipales tendría todo el sentido del mundo abrir la posibilidad que grupos y liderazgos locales puedan acceder al poder. No es nada inusual que en un municipio existan líderes natos que representan, de manera directa, intereses de su comunidad que no tienen nada que ver con las agendas e ideologías de los partidos políticos. Ahora estos líderes, para convertirse en concejales o alcaldes, tienen que supeditarse a la ideología, la agenda nacional, la disciplina de un partido que opera a nivel nacional. Los que no están dispuestos a hacer esto, o los que no son considerados manejables por las direcciones partidarias, no pueden acceder al gobierno municipal, aunque tal vez son precisamente ellos que tienen más arraigo en la comunidad y que ofrecen respuestas a los problemas específicos de su municipio.

En muchos países existen incluso partidos regionales o locales, que juegan un papel importante para la democracia y la resolución de problemas a nivel local, sin tener ambiciones de acceder al gobierno central o al parlamento nacional. En otros países los intereses comunitarios no llegan a traducirse en partidos locales, pero sí en iniciativas comunales sólidas con capacidad de organización, de elaborar propuestas e incluso de asumir el gobierno local. Muchas de estas iniciativas son fuertes precisamente porque logran trascender las divisiones ideológicas y partidarias en función de un interés común a nivel del municipio. Tendrían más capacidad de unir al municipio que los partidos.

Es por esto que a los partidos políticos tradicionales no les gustan estas iniciativas y no quieren que se les abre la posibilidad de asumir los gobiernos locales. Los ven como competencia. No deberían verlos así. Los partidos políticos tienen una función importante e indispensable para articular visiones integrales para resolver los problemas nacionales, pero a nivel local puede ser que sean más eficientes los liderazgos no partidarios que representan un consenso de la población alrededor de intereses muy específicos.

Obligar a todos los liderazgos locales a supeditarse a intereses partidarios -y en consecuencia, a las divisiones ideológicas que no necesariamente aplican a la problemática comunal- ni es democrático ni es garantiza buen gobierno y resolución de los problemas locales.

El fallo de la Sala de lo Constitucional sobre las candidaturas independientes no toca las candidaturas locales, por una simple razón: No eran sujeto de la demanda presentada. Pero esto no es ningún impedimento para la Asamblea Legislativa de discutir y aprobar una reforma electoral que incluya las candidaturas independientes para concejos municipales y alcaldes.

¿Por qué ningún partido promueve esta reforma? Muy sencillo. No quieren perder el control sobre los municipios. Quieren seguir usando sus liderazgos locales para llevar votos a sus campañas para diputados o presidentes. Cada partido debe tener en la cabeza una lista de gobiernos municipales que corren riesgo de perder, una vez que se abra el camino para que iniciativas locales no partidarias aspiren a las alcaldías. Y sabe que tienen muchos líderes locales que sólo están afiliados a su partido porque es la única manera de participar en política y gobierno a nivel comunal.

A nivel comunal las candidaturas independientes sí podrán marcar una diferencia y un salto de calidad para el desarrollo de nuestra democracia. No sólo generarían más democracia, sino también más gobernabilidad y mejor administración en muchos municipios. No así a nivel nacional. Por esto insisto: el debate que ahora llevan los partidos políticos sobre las candidaturas no partidarias es pura paja para distraer la atención de las verdaderas reformas que no quieren tocar.

(El Diario de Hoy)

Carta a Horacio Castellanos Moya

Horacio:

En este país, en especial entre la gente que se considera de izquierda, hay una tendencia rara: Hay tantos que reclaman haber sido héroes y protagonistas en tiempos de la guerra, que uno se pregunta: ¿si han sido tantos los insurrectos, los rebeldes, los que en secreto apoyaron la causa, cómo es que no ganamos?

Pero lo perverso es que los que no logran presentarse como héroes, se presentan como víctimas. El nuestro parece un país habitado de luchadores y mártires. Pareciera que lo que menos hubo son ciudadanos comunes y corrientes que han vivido la historia observando y sobreviviendo...

No estoy diciendo que no hubo héroes. Los hubo de sobra. Mucho menos estoy diciendo que no hubo víctimas: hubo decenas de miles.

Lo que quiero decir es: También hay que reivindicar a los ciudadanos comunes que simplemente lucharon para sobrevivir.

Y ahí entrás vos, Horacio, que tuviste el valor de romper esta perversa percepción que en la historia nuestra uno o fue héroe o fue víctima. En medio de esta moda insoportable de la ‘memoria histórica’ que solo conoce luchas y sufrimientos, vos publicás un librito con el título ‘Breves Palabras Impúdicas’. Y sin pudor escribís: “A finales de 1978, no me cabía la menor duda de que mis compañeros de generación, poetas o no, iban con ritmo precipitado hacia la militancia revolucionaria; comprendí también que no había más opciones: tomar partido o largarse. Yo decidí largarme.”

Esto es lo más honesto y lo más valiente que he leído en años sobre nuestra historia, donde todos quieren asumir los papeles clásicos: o héroe o víctima. Los izquierdosos románticos sólo pueden verse en estos papeles. Como el cupo para héroes es limitado, crean toda una cultura espantosa de víctimas. Gracias por poner en duda esta cultura, Horacio. Sos de los pocos escritores que entendieron que su oficio no es crear mitos y leyendas, sino romperlos.

Hasta el próximo whisky, Paolo Lüers

(Posdata: El librito se puede conseguir en el Centro Cultural de España o bajar en Internet en: http://www.ccespanasv.org/publicaciones-revuelta.php)

(Mas!)