Carta a la gente de Las Palmas y sus vecinos: Alfombras para la paz



Estimados amigos:
En Semana Santa, uno va para Sensuntepeque, Sonsonate, Chalchuapa, Texistepeque o Panchimalco para ver las procesiones, las alfombras, el viacrucis. A nadie se le ocurre ir a visitar Las Palmas, aquella colonia en el hoyo entre la San Benito, la Feria y el Estado Mayor de la Fuerza Armada.

Este Viernes Santo nos invitaron a Las Palmas. Y pocas veces hemos sentido de manera tan tangible como las tradiciones cristianas y las costumbres de Semana Santa pueden unir una comunidad. Cientos de adultos, jóvenes y niños se pasaron desde la madrugada haciendo docenas de alfombras, todo el mundo estaba en la calle. A Daniela la invitaron a unirse a dos familias a cargo de la alfombra más grande, en frente del Centro Escolar República de Canadá, en la mera entrada a la colonia.
A las 11 salió el viacrucis, con docenas de jóvenes actuando la pasión y el calvario de Jesús. Este evento no tiene nada que envidiar a las famosas procesiones que atraen turistas y cámaras en otros pueblos. Pero los residentes de San Benito, al otro lado del gran muro que los separa de Las Palmas, ni cuenta se dan que tienen como vecinos una comunidad que vive y cuida sus propias tradiciones, con la misma dignidad y pasión que su parroquia San Benito.
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Las procesiones de Las Palmas no salen del hoyo donde se esconde la colonia, y las procesiones de sus vecinos San Benito y San Juan Bautista, aunque pasen cerca, nunca entran a Las Palmas. Hay quienes llaman esto apartheid. Porque Las Palmas tiene mala fama, es una colonia que los medios solo mencionan en el contexto de pandillas, extorsiones y violencia. Visitantes que entran por primera vez, lo hacen con miedo, hasta que se dan cuenta –muy pronto, por cierto– que ahí lo que menos hay es violencia y miedo.

Pasando el Vienes Santo en Las Palmas, uno confirma que es una comunidad donde hay de todo: profesionales, trabajadores, comerciantes, estudiantes, familias tratando de dar educación y oportunidades a sus hijos, un gran fervor religioso – y un indomable deseo de convivir en paz.
12801578_1023897014316381_7057188706289356107_nComo en todo el país, también en Las Palmas hay pandilleros, pero a diferencia de muchos barrios capitalinos, no hay un régimen de terror. No son los pandilleros que marcan la manera como se vive, trabaja, celebra fiestas en Las Palmas, sino la gente trabajadora. Los pandilleros, para vivir ahí, se han adaptado al deseo de la gente de Las Palmas de superar el estigma que el resto de la sociedad les ha puesto.

Me encantaría ver, en el futuro cercano, que alguna procesión de Las Palmas salga a San Benito; y que otra de San Benito entre a las Palmas; o que las diferentes comunidades católicas, un día de Semana Santa se encuentren en un punto común, que podría ser la Avenida de la Revolución en frente de la Feria. Esta avenida, ahora frontera, podría convertirse en punto de encuentro – todos comparten la misma fe y el mismo deseo de paz.

Los feligreses de San Benito, de San Juan Bautista y de Las Palmas podrían hacer juntos, en la Avenida Revolución, una gigantesca alfombra compartida, símbolo de querer convertirse en buenos vecinos.

Bueno, por lo menos en Semana Santa es permitido soñar.

Saludos,

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