Carta al presidente que cumple un año en el poder

Estimado Salvador Sánchez Cerén:
La encuesta que publica hoy este Diario sale aún más demoledora que la de La Prensa Gráfica dada a conocer en estos días. Usted va a decir que esto es porque El Diario de Hoy es aún más de derecha: la voz de "la derecha oligárquica", para usar un término que Funes ha vuelto a poner de moda y que voceros de su partido repiten como loras. Irónico que viejos guerrilleros se dejan arrastrar por un don nadie, que nunca entendió ni la guerra ni la paz, a desconocer su mayor victoria histórica. Porque, estimado Leonel: Nosotros, aunque no ganamos la guerra, sí derrotamos al sistema oligárquico, y logramos que esto quede plasmado en los Acuerdos de Paz.

Pero historia aparte, lo que expresa la encuesta que hoy publicamos no son los prejuicios de El Diario de Hoy, sino es el reflejo de lo que siente la sociedad. En un año usted ha logrado decepcionar a trabajadores como empresarios, a veteranos de la guerrilla como del ejército, a la clase media como la clase popular. Usted ha logrado incluso a que tanto policías como pandilleros se sienten defraudados, engañados y encachimbados por el abismo entre discurso y acción real de su gobierno. Esto se refleja en los 20 muertos cada día.

Si lee bien la encuesta del Diario, se da cuenta de que es un enfoque diferente a las clásicas evaluaciones del desempeño de gobiernos. Esta encuesta no establece notas como una escuela o una universidad, sino confronta las expectativas de la gente con su satisfacción (o insatisfacción) luego de un año.

El resultado es demoledor. Usted como presidente y su gobierno defraudaron las expectativas, de una manera casi total. Y esto es lo peor que puede pasar a un gobernante: crear grandes expectativas y esperanzas, la ilusión del cambio -y defraudarlas.

Que a los 58.3% que de todos modos no esperaban nada bueno de su gobierno (los que votaron en contra suyo y los que ni siquiera fueron a votar) hoy se suman 19% que sí esperaban algo bueno y hoy se sienten defraudados, es grave.

Que este patrón se repite, casi idéntico, punto por punto, en cada una de las evaluaciones por temas específicos de la política gubernamental, demuestra que la frustración de la gente es generalizada y consistente. Preguntando por seguridad, combate a la delincuencia, empleo, responsabilidad fiscal, incluso por salud y educación: siempre los adversarios y los defraudados suman un sólido 80%.
Si usted fuera el presidente de una empresa, la asamblea de accionistas le estuviera pidiendo la renuncia inmediata. Pero el Presidente de la República no puede renunciar. De todos modos, de nada serviría, porque los tres personajes en fila que lo sustituirían en la presidencia (Óscar Ortiz, Medardo González y Norma Guevara) son exactamente de la misma manera.


Así que no tiene sentido pedirle la renuncia, pero sí que ponga orden en su gobierno. Usted puede tener a Hato Hasbún como jefe de asesores o como negociador multi-uso, pero no para dirigir políticas de Seguridad Pública. Tanto él como Benito han mostrado total incapacidad de enfrentar el reto de Seguridad, igual que los cuadros políticos que han puesto a dirigir a la PNC y las estructuras de inteligencia (en la policía, el OIE y Centros Penales). Carlos Ponce no es santo de mi devoción, pero haga caso a lo que escribe en su columna de miércoles 27: No pueden seguir conduciendo Seguridad con criterios partidarios-electorales.

Lo mismo en el área económico: Si usted no cambia a los ministros de Hacienda y Economía, así como a los titulares de instituciones claves como CEPA, Proesa, Corsain y CEL, su gobierno va a seguir empeorando la situación económica (y la frustración de la gente). Usted tiene que sacar a la gente de ALBA y del partido de estas instituciones y nombrar a profesionales competentes.
Pregunte a la Chabelita Rodríguez (a la cual ambos amamos) y le va a decir que el Ministerio de Salud necesita cambios radicales.

Sólo si usted asume su liderazgo y reforma radicalmente su gabinete, este gobierno, su partido y el país tendrán capacidad de evitar caer en un hoyo profundo.

Saludos, Paolo Lüers
(Mas!/El Diaro de Hoy)