Columna transversal: Bienvenida al nuevo gobierno

Muchos me hicieron saber que esperan que en esta columna despida al presidente saliente con una evaluación final de su gestión. No lo voy a hacer. Ya dije en público todo lo que tengo que decir sobre el ciudadano Mauricio Funes. Luego de la carta que publiqué el martes pasado, y luego de la evaluación que presentó FUSADES, todo está dicho.

Mejor demos la bienvenida al nuevo gobierno del FMLN. Va a gobernar el FMLN sin las distorsiones que al gobierno trajeron personas como Funes, Alex Segovia, Ricardo Perdomo. Así como Tony Saca fue un accidente en la historia de la derecha, Funes y sus amigos fueron un accidente en la historia de la izquierda salvadoreña. Ni Saca representó una nueva derecha, ni Funes una nueva izquierda. 

Ambos ya son historia, nada tienen que ver con el futuro de sus respectivas corrientes ideológicas.
Sería irreal esperar del gobierno entrante del FMLN que haga lo contrario a su ideología y su programa. Pero podemos exigir que las políticas públicas que adopten, las hagan bien, de manera transparente, con eficiencia. No tiene sentido exigir al FMLN, que abandone las políticas asistencialistas que ofreció a sus votantes. Pero debemos vigilar que las subvenciones y los programas sociales sean ejecutados con probidad, sin tinte partidario, sin corrupción, y con la máxima eficiencia posible. Y podemos proponer y exigir que el gasto social sea focalizado en áreas y proyectos que al mismo tiempo de responder a problemas sociales, correspondan a estrategias a superar la violencia y delincuencia. Espero que un gobierno conducido por el FMLN, y no por sonámbulos como Alex Segovia y Hato Hasbún, tenga la capacidad de planificar y la voluntad política de priorizar. Yo no por nada soy amigo del concepto de un estado omnipotente y de un gobierno que regule y planifique la vida económica y social de un país; pero si ya tenemos el gobierno en manos de un partido de izquierda de corte estatista, lo menos que podemos exigir es que planifiquen bien y tengan el valor de priorizar su gasto social con criterios más allá del populismo y asistencialismo. Lo peor es un enorme gasto social con el principio de la regadera, sin clara prioridad y focalización en los problemas que se quiere resolver.

En este sentido, me dan cierto optimismo las declaraciones que los nuevos gobernantes han dado sobre su estrategia en materia de seguridad pública. Han dicho que su enfoque es integral y que harán importantes inversiones en las comunidades donde se genera y reproduce el círculo vicioso de exclusión social, violencia y delincuencia. Si el gobierno del FMLN sin Funes hace lo que el anterior ni siquiera intentó hacer: definir claras prioridades para su gasto social, aun con el riesgo que tomar decisiones impopulares, y concentrarlos donde más impacto tienen sobre los problemas que el gobierno quiere resolver, entonces el gasto social puede convertirse en inversión social.

Asumo que el nuevo gobierno tendrá más capacidad y voluntad política de tomar este tipo de decisiones. Lo peor es lo que tuvimos: un gobierno con ánimo regulador y estatista, pero que no quiere definir prioridades y no sabe planificar.

Solo pongo un ejemplo: Si el gobierno coordina los esfuerzos de Educación para implementar la escuela de tiempo completo (que no hay capacidad de hacerlo a nivel nacional), con las estrategias de prevención y reinserción de los gobiernos locales, concentrando la inversión en educación en los municipios donde hay oportunidad de insertar al sistema educativo jóvenes en riesgo e incluso miembros menores de pandillas, cada dólar gastado tiene n múltiple impacto.

Otro ejemplo: hay presupuestos grandes para caminos rurales. El gobierno Funes, que como gabinete nunca discutió prioridades y estrategias, nunca ni siquiera tomó en consideración la opción de concentrar estas inversiones en los municipios, donde a raíz de la tregua y los pactos de paz locales se había abierto la oportunidad de construir paz y reducir la delincuencia ofreciendo generando espacios de inserción laboral a los pandilleros que estén dispuestos de dar este paso. En vez de construir caminos rurales de manera dispersa en todo el país, se hubiera sacrificado temporalmente las necesidades en zonas con poco incidencia delincuencial para crear un impacto determinante en unos pocos municipios con alta incidencia delincuencial. Creando infraestructura y empleos.
(El Diario de Hoy)