Tercera y última parte del diálogo sobre periodismo

Esta es la tercerea parte del diálogo sobre periodismo entre Lafitte Fernández y Paolo Lüers. Y la última que vamos a documentar aquí en SiguientePagina. Para avanzar, este diálogo tendría que cambiar de formato, tal vez en un foro público o un debate radial o televisivo. Aquí los links para leer las dos primeras partes: primera parte; segunda parte.


Lafitte Fernández: Paolo, te estás quebrando los dientes en la acera de tu casa. Puse el caso de la señora Merkel no por el procedimiento que se sigue en Alemania.

Lo escribí porque, y eso no podrás negarlo jamás, si ella hubiese hecho la denuncia, todos los medios alemanes le darían la portada para al menos dos efectos: 1) o para hundirla, como dices tú 2) para ensalzarla.

No podrás negar que una denuncia que haga un gobernante alemán, sobre todo en temas de corrupción, alzaría vuelo, para bien o para mal. No la callarían los periodistas. Mucho menos silenciarían los hechos denunciados. Tampoco les darían la madera a los acusados y callaría la denuncia.

Ese tema, mi querido Paolo, es una batalla perdida para quienes quieran justificar esa nueva doctrina periodística de la defensa que se quiere aplicar en el país. ¿O crees que me convencerás que si la señora Merkel hace la denuncia, todos callarán y los periodistas le dirán: no publico nada porque usted no siguió los caminos correctos? Ese cuento, mi amigo Paolo, échatelo en otro lado.

Si aplicamos la doctrina periodística que defiendes, ningún gobernante en ningún país del mundo, puede denunciar a nadie públicamente. Debe callarse y, en el mayor de los silencios, entregarle todo al fiscal. Así los ciudadanos nadan en el silencio administrativo más absoluto. ¡Linda democracia sería la que funcione de acuerdo con tus procedimientos y principios, amigo!

Aquí hay una cosa clara, Paolo: o se pelea por tener cada vez más voces públicas, vengan de donde vengan, o se lucha por los silencios. Y, si te entiendo bien, estás de lado del silencio.

El presidente no debe denunciar nada. Todos debemos callarnos para que el Fiscal General trabaje.

¿Así te defino bien?

Si aplicamos tu pensamiento, en Costa Rica no habrían capturado ni condenado al expresidente Miguel Ángel Rodríguez. Te quiero recordar que, en buena parte, fue su compañero de partido y presidente en la época, Abel Pacheco, quien entregó su caso. Y lo hizo públicamente, aunque eso le costara lo que fuera.

En el caso CEL - ENEL hay una realidad, Paolo: Primero ¿de dónde te inventas que es un caso de Asocio Público Privado? Perdiste la memoria: esa ley fue aprobada en este gobierno. Los hechos de CEL - ENEL se dieron en 2002. Hace once años no había ni sombra de tener una ley de Asocio Público Privado.
Quien te puso esa ley como base de las reflexiones, quítale el título. Mándalo al carajo. No sirve para nada.

Lamento que empezaras la reflexión sobre ese tema con una ley que en 2002 no existía.

Precisamente eso es parte de la discusión: ¿Cuál ley autorizó que se le diera acciones o se seleccionara un socio estratégico para La Geo? ¿O es que crees que la geotermia estatal era un bien privado?

Precisamente la discusión arranca con la ausencia de ley. ¡Lamentable que te inventaras la existencia de una ley especial! Te embarcaron y te perdieron tus amigos, Paolo.

Y lamento mucho que, a pesar de la ausencia de alguna ley especial, justifiques que se entregue a un grupo de italianos una empresa que vale, al menos, $1.200 millones a cambio de una inversión no verificada del todo, de apenas poco más de $100 millones. Por lo que veo, Paolo, crees que a los salvadoreños les sobra el dinero para que regalen uno de los bienes más importantes del país.

Como leo que defiendes a tus amigos a morir, pregúntales (y así le haces un enorme favor al país), Por qué nos dijeron que tres empresas de talla mundial querían asociarse con La Geo, cuando la verdad solo una participó. ¿No te parece raro que eso ocurriera? ¿No te parece que por solo eso, algunos deben ir a parar a la cárcel? Si no me crees, examina las colecciones de los periódicos de la época y compáralos con las certificaciones que están en el expediente judicial. Compara esos hechos, Paolo, y dime qué sientes en tu garganta.

O pregúntales por qué, apenas tres horas después de seleccionar a los italianos, cambiaron el pacto social de accionistas para dejar a CEL totalmente indefensa ante ellos.

Me dices que crees en los arbitrajes internacionales. Yo también. Pero si profundizas en esos temas verás, con sobradas pruebas, que en esos actos no se examinó ni la legalidad, ni la constitucionalidad de lo que se firmó con los italianos. ¡No terminas de entender, Paolo, que aquello fue un lindo acto de tigre suelto contra burro amarrado!

El país y quien sea, puede y debe investigar todo lo que se relacione con CEL. Cuando quieras te firmo una solicitud en ese sentido. Pero, primero informen, Paolo, todo lo que pasó con la inversión italiana. No oculten nada. No apliquen ese chanchullo periodístico: callamos las acusaciones, pero le damos las páginas que sea a los acusados. Ese ejercicio no solo es inmoral.

En un mundo de lectores cada vez más juiciosos, se miran mal, muy mal. Lean, al menos, el expediente judicial. Recomiendo que lo leas tú, y no me vengas con ese cuento de asesorías, Paolo. Eso no sirve para nada ni me hace avergonzarme de nada.


Paolo Lüers: Es tiempo que cerremos este diálogo, antes de que aburramos a nuestros lectores. Los argumentos no adquieren más validez al repetirlos. Por lo contrario, pierden validez.
Sólo para resumir: Nadie está inventando una nueva doctrina de periodismo. Estoy defendiendo una muy vieja: No permitir que los políticos y gobiernos nos instrumentalicen. Tampoco bajo el manto causas supuestamente nobles, como el combate a la corrupción.
Mi instinto me dice: Si un gobernante me filtra documentos que supuestamente comprueban corrupción de sus adversarios, lo más probable es que quiera esconder sus propios pecados...
Yo no digo que como periodistas no podemos recibir y usar este tipo de acusaciones provenientes del centro del poder, pero hay que usarlas para iniciar una investigación, no para servir de caja de resonancia de la parte interesada...
Tú lo que hiciste en diario1 es precisamente esto. El presidente Funes sale en TV mostrando algunos documentos, y el día siguiente salen reproducidos en tu medio. Sin cuestionamiento, sin información adicional, sin otras fuentes. De esta forma tu medio se convierte en instrumento de la presidencia de la República.

Sobre CEL, LaGeo y ENEL ya hemos escrito mucho, tanto vos como yo. No vale la pena repetirlo aquí todo. Solo una aclaración: los asocios públicos privados no nacen a partir de la existencia de una ley. Claro que la sociedad que se hizo entre CEL y ENEL para conjuntamente manejar, mediante LaGeo, la generación de energía geotérmica en El Salvador, es un ejemplo clásico de una asocio público privado. Es el más importante existente en el país, una especie de laboratorio. Bueno, con la decisión de Saca y Salume de no cumplir el convenio, y la otra de Funes de tampoco cumplir las dos sentencias de arbitraje internacional, este ensayo de APP está fracasado. Y esto en el preciso momento en que el gobierno salvadoreño firmó un convenio con Estados Unidos para desarrollar juntos este concepto de los Asocios Públicos-Privados como principal estrategia de desarrollo.
A menos que el siguiente gobierno cambie radicalmente la posición oficial en el caso ENEL y busque un entendimiento con los socios italianos, no habrá asocios ni para el Aeropuerto, ni para el Puerto La Unión, ni para nada. Saludos, colega.

1 comentario:

Paolo Luers dijo...

Don Herman Bruch nos mandó el siguiente texto por email, ya que por razones técnicas que nadie entiende, no lo pudo subir al blog como comentario de lector. Ciertamente no fue nuestra intención no publicarlo.

----

Amigos Paolo y Lafitte. He leído con mucha atención sus interesantes debates por este medio. Muy buen intento, pero debo decir que me han decepcionado ambos. En un debate uno espera que haya al menos un intento por conceder algo al opositor, pero en el caso de ustedes ninguno ha cedido ni un ápice de sus obstinadas posiciones. Una cosa es tener convicciones y otra es la obstinación. Si en verdad tenemos interés en la "conversación" debemos conceder que al contrincante algo bueno tiene que decir, pero en el caso de ustedes dos, ambos han permanecido incólumes. Eso provoca esterilidad en la discusión. No hay enriquecimiento, no hay espacio para el crecimiento.

Lo más decepcionante es que ambos han hirco en torno a un tema en el que ambos son referentes, el tema del periodismo, pero aún así no he visto aparecer ningún atisbo de coincidencia.

A manera de reflexión y para que se entienda la intención de mi comentario, quiero traer a colación un interesante intercambio epistolar entre Umberto Eco y el Cardenal Carlo María Martini, tituladas "En qué creen los que no creen". Por Dios, hasta estos dos gigantes tenían puntos de coincidencia, siendo uno un declarado ateo y el otro, pues, cardenal de la iglesia.

Los dejo con esta inquietud pues a mi modo de ver, están en deuda con nosotros. Tiene que haber una recapitulación de su debate".

Co el afecto que le tengo a ambos me despido,
Un abrazo
Hermann