Carta al arzobispo de San Salvador

Monseñor:
Siempre cuando el papa Francisco está explicando lo que pretende cambiar en la mentalidad de la jerarquía de la iglesia católica, pienso en usted. Y esto luego de que usted me cayó en gracia cuando decidió quitar las toallas que estaban colgadas en la fachada de catedral...

Francisco dijo, en su primera homilía como papa, que la Iglesia tiene que “aprender a ir al encuentro de los otros, ir a la periferia, ser los primeros en movernos hacia nuestros hermanos, sobre todo hacia los que están más lejos, aquellos que están olvidados, aquellos que necesitan comprensión, consuelo y ayuda" – y usted le negó a su hermano monseñor Fabio Colindres el apoya de la Iglesia en su esfuerzo de ir al encuentro de los presos, los pandilleros, los que viven al margen de la ley.
Francisco mandó mediante su nuncio (embajador) en San Salvador (primera del anterior, luego del nuevo nombrado por él) mensajes de ánimo a los gestores del proceso de paz iniciado con la tregua – y usted se puso a redactar un comunicado oficial que trata de desanimar a los obispos y párrocos a seguir trabajando en esfuerzos de reconciliación y reinserción de pandilleros.


Y ahora usted ordena el cierre de Tutela Legal, la instancia eclesial creada por sus predecesores Oscar Arnulfo Romero y Arturo Rivera y Damas para “ir al encuentro” de los que vieron sus derechos humanos violados en situación de dictadura militar y guerra. Fíjese que coincido con usted que el mandato original (la defensa de los derechos humanos de los pobres contra un Estado represor) se ha vuelto obsoleto, y que Tutela Legal necesitaba urgentemente una redefinición. No podía seguir viviendo en el pasado, tenía que enfrentar los retos del presente y del futuro. Y no lo hizo.
Pero esto no era razón para cerrar Tutela Legal. Era razón para reformar esta institución, para que asuma la defensa de los inmigrantes; para que intervenga en la situación infrahumana en las cárceles y las bartolinas policiales del país; para que ponga sus buenos oficios en el intento de las comunidades marginadas de conseguir su rehabilitación...
Y si para esto usted se hubiera visto obligado a exigir (e imponer) a Tutela Legal otra visión, otro discurso, otros métodos, otras metas de trabajo, o incluso otro personal - muchos lo hubiéramos apoyado.
Pero cerrar Tutela Legal es el mensaje equivocado: Como si ya no hubieran sectores desprotegidos que necesitan apoya legal para rehacer sus vidas y para reconstruir el tejido social en sus comunidades. O como si esto ya no fuera misión de la Iglesia...
Espero que su decisión solamente sea una torpeza suya: Cerrar una institución que ya no responde a las prioridades del presente, por sentirse incapaz de reformarla y de aceptar el reto que formuló Francisco a la Iglesia. Espero que solo sea un problema de falta de liderazgo y de coraje, y no una muestra que la Iglesia salvadoreña está dando la espalda a los problemas de los marginados, a “la periferia”, como la llama Francisco...
Saludos respetuosos de Paolo Lüers
(@paololuers)
(Más!/EDH)