Carta a los firmantes de la paz

Estimados padres de la patria:
Los llamo así, porque hicieron patria cuando negociaron los Acuerdos para poner fin a la guerra, la represión, la violencia política, el militarismo - y para abrir espacio al pluralismo político y la libertad de expresión. Pongo todos estos logros grandes (y cumplidos), para que queden claros el éxito y la magnitud de este evento histórico cuyo aniversario 21 celebraremos en estos días. Lo hicimos entre todos, pero fueron ustedes quienes con el peso de sus nombres y de su autoridad dieron credibilidad y vigencia a lo acordado.

Pero no estoy escribiendo esta carta para echarles flores. Más bien para recordarles que ser padres de la patria significa responsabilidad. Si alguien en este país no se puede zafar de la responsabilidad por nuestra paz y nuestra democracia, son ustedes.

Muchos se quejan que en este país ya no hay autoridad. No me refiero a la autoridad represiva de la Guardia Nacional sino a la autoridad moral, ética e intelectual de personajes que, cuando deciden hablar (sobre todo hablar juntos), consiguen que la nación escuche y reflexione. Ustedes tendrían que ser esta autoridad moral. No solos, pero juntos con otros y resultado de un permanente diálogo...

Algunos de ustedes se han desaparecido del mapa. Otros sí intervienen en el debate público, pero como individuos, no como expresión de una autoridad colectiva pero plural. Uno de ustedes va de entrevista en entrevista hablando de todo y nada; otra va de país en país tomándose fotos con caudillos y comandantes. Y los más visibles, en vez de jugar un papel de autoridad moral, hacen todo para prolongarse como protagonistas. Cosa que no es compatible. Tanto Alfredo Cristiani como presidente de ARENA, como Salvador Sánchez Cerén como candidato presidencial del FMLN, como en cierta manera Ana Guadalupe Martínez como secretaria adjunta del PDC, están devaluando su papel histórico. Están mandando un mensaje fatal: "Con los Acuerdos de Paz no abrimos espacio para el resto de la sociedad y para la siguiente generación, sino para nosotros mismos". ¿Qué pensar de una sociedad que por definición está en una importante transición (de la guerra a la paz; del autoritarismo a la democracia), donde los principales protagonistas de la guerra y de la paz siguen dominando los partidos principales 20 años después? Y para colmo de ironía, otro firmante de la paz, Dagoberto Gutiérrez, ahora se puso a la cabeza de un partido supuestamente de otro tipo...

No necesitamos a ustedes como candidatos y dirigentes partidarios. Pero nos hacen falta, en su conjunto plural, como autoridad moral encima de los intereses partidarios. Por ejemplo: en el conflicto sobre la independencia e integridad de la Sala de lo Constitucional, tuvimos que recurrir a la autoridad moral de quien menos la tiene, el presidente Funes, porque no había otra. Y varios de ustedes, o se quedaban callados, o estaban metidos en el pleito... ¡Qué desperdicio y despilfarro de un capital adquirido!

Ustedes mismos, los que todavía están haciendo esfuerzos de jugar su papel de padres de la patria (como Salvador Samayoa y David Escobar Galindo), deberían sentar a los otros y llamarles la atención. Si fuera necesario, en público. Ustedes deberían de decir a Freddy Cristiani, Sánchez Cerén, Ana Guadalupe Martínez, Oscar Santamaría y Dagoberto Gutiérrez que es tiempo de apartarse del protagonismo directo y dejar espacio a las generaciones de la pos-guerra. A los otros, que se han zafado del debate nacional (Fermán Cienfuegos, Joaquín Villalobos, Francisco Jovel, Mauricio Vargas...), hay que decir que es tiempo que hagan valer sus opiniones, sus consejos, sus valores dentro del debate nacional. Que asuman su papel histórico, pero sin un protagonismo anacrónico.

Ustedes todos, juntos con los principales personajes del mundo académico e intelectual del país, podrían componer -colectiva y pluralmente- la autoridad que necesita el país y la clase política.

Saludos, Paolo Lüers
(Más!/EDH)