Carta a Margarita Cristiani y Francisco Allwood

Estimados amigos:
Siempre cuando pienso en la historia de los años post-guerra, me viene a la mente un artículo que en septiembre del año 1999 publicaron en la revista mexicana Letras Libres los reporteros Maité Rico y Bertrand de la Grange: “La derrota de los dogmas”. Nadie logró mejor que ellos captar el fascinante ambiente intelectual y cultural en San Salvador en estos años de reconstrucción y reconciliación.


Voy a citar el párrafo que pone a ustedes, los fundadores de Punto Literario, y nosotros, los fundadores de La Ventana, en el contexto de este momento histórico:

“La librería Punto Literario, fundada, entre otras personas, por la esposa de Alfredo Cristiani, se ha convertido en un símbolo de la reconciliación. Una fotografía del fallecido escritor Roberto Armijo preside las reuniones de un grupo de señoronas de la alta burguesía, mientras la poetisa revolucionaria Claribel Alegría organiza en la sala contigua un taller literario. En las estanterías, títulos recientes de los viejos dinosaurios de la izquierda comparten espacio con sus detestados portavoces del neoliberalismo criminal. Hay que darse una vuelta también por el café La Ventana, ejemplo de la aportación de los internacionalistas a la gastronomía local. Su dueño es un alemán llamado Arnd Luers, que durante el conflicto ofreció su apoyo a la guerrilla, y ahora en la paz vende bauernfrühstück y cerveza de su tierra. El restaurante está siempre a rebosar: desde niñas bien hasta aprendices de ejecutivos, pasando por veteranos militantes del FMLN y especímenes diversos de la progresía internacional. Resulta difícil imaginar que para llegar a esta convivencia haya sido necesaria una guerra tan larga y tan cruenta.”

Leer este reportaje escrito hace 13 años, me llena de memoria nostálgica por esta librería-café llamada Punto Literario, que por un par de años nos abrió las puertas hacía el mundo de los libros existente fuera de este país. Era una locura la de ustedes de traer libros con criterios literarios y de lo que pensaban que el país necesitaba leer, y no con criterios de mercado. El mercado -la mínima demanda de buenos libros- se impuso y tuvieron que cerrar su librería. Sólo sobrevivió el café que ahora funciona en el museo Marte. Igual cerramos nosotros la sección librería de La Ventana. Para cerveza hay más demanda que para libros, incluso en tiempos de crisis.

Cómo desearía que ustedes, o algún amante de la literatura como ustedes, volviera a abrir un Punto Literario. Parte del agotamiento que ha sufrido nuestro proceso de renovación democrática iniciado con los Acuerdos de Paz, es la falta de insumos intelectuales. Pero quiero decirles, Margarita y Francisco, que ustedes hicieron lo que pudieron, y crearon un modelo de empresa cultural que alguien retomará.

Saludos, Paolo Lüers

Posdata: Queridos lectores: Pensaba que en vacaciones ustedes merecen leer algo diferente, para descansar de los pleitos partidarios.
(Más!/EDH)

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