Carta a William Wales

Estimado William:

te felicito. Te estás casando con una mujer hermosa e inteligente. ¿So what? Todos los días se casan jóvenes guapos, algunos ricos y famosos como ustedes, otros terrestres. No big deal.

Me da risa que los medios, incluso medios de grandes tradiciones republicanas como The New York Times, CNN y El Diario de Hoy, tratan tu boda como si fuera algo trascendente.

Aparte de risa (por lo cursi), también me da un poco de tristeza. Pensaba que la gente ya no pedía esta cobertura de la vida y de los amores de la realeza. Pensaba (y sigo pensando) que en las sociedades democráticas y republicanas la gente ya no tiene necesidad de identificarse con príncipes y princesas, porque hay con quienes identificarse por su mérito, por lo que han logrado en deporte, cultura, economía, ciencias, entretenimiento.

Es mil veces más democrático y sano que nuestros ídolos sean Shakira, Messi, Steve Jobs de Apple, Sebastian Vettel o Mario Vargas Llosa – porque ellos sí han trabajado, han sufrido, han luchado para convertirse en lo que son. Me cae mal que los medios andan detrás de cada amorío y cada deslice de Beckham, Nadal o Lady Gaga, pero lo puedo entender. Sus vidas despiertan interés, por lo que han hecho, por sus méritos, por su obra, su rendimiento. ¿Pero la tuya, a título de qué?

Vos, William, ¿qué has hecho para convertirte en ídolo de la juventud? Una carrera militar de piloto de rescate. Okay, vale. Un master en artes. Simpático. Y durante un voluntariado en Chile incluso limpiaste baños, dicen. Todo muy honorable, pero nada que te convierta en héroe o estrella.

Con el riesgo de caer mal a mis lectores, pero yo detesto el concepto de la monarquía. La mera idea de la aristocracia, de la cual te están convirtiendo en símbolo, es aberrante. ¿Qué pasó con la revolución francesa y la americana?

Disculpe que te lo diga el día de tu boda.

Be happy, Mr. Wiliam Wales, te lo desea Paolo Lüers

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3 comentarios:

Gestas Guarnieri dijo...

Comparto su opinión, o casi. Detesto las monarquías, y no solo su concepto. Es cierto, son las ideas y no las personas a las que se debe aborrecer...pero cuesta, a veces. La prometida está bonita, pero no es mi tipo. Pero hablando en serio, esta carta me puso a pensar...pero bajo el peor de los esquemas: el ontológico.

Su análisis del tema está en clave contemporánea y muy concreta, pero también aguanta mi escrutinio 'histórico' y dizque abstracto.

Muchos estudios recientes, Paolo, discuten la autenticidad de los motivos primordiales que guiaron la moralidad de los próceres independentistas a lo largo y ancho del mundo colonizado; pero matizando, obviamente, cada caso. Y para no hablar tanto carburo, lo que esos estudios sugieren es, que los héroes detrás de aquellas gestas añoraban en parte, mantenerse avasallados por las coronas. No obstante, pudo más su avidez y su deseo de conquistar los beneficios superestructurales derivados de cortar amarras. Ahora, una cosa es haberse emancipado en papel y otra muy distinta, que las élites emancipadas (o algunas de ellas) olvidaran el deslumbramiento que les provocaba el abolengo real. Fascinación que de hecho se empecinaron en heredar. Ojo, esto último lo digo yo, no los estudiosos, y aunque me lo han refutado de muchas maneras, igual lo sigo pensando.

No me sorprende que medios de comunicación que aupan las tradiciones republicanas, hagan batahola con este matrimonio. De los que agüevo dirigen estos medios, algunos son herederos de esta visión escindida e irreconciliable que torturó, reconfortó o sublimó la psique de algunos padres de las nuevas patrias. Decir: ¡me consta!, suena trillado, pero así es.

Y espérese, que ahora viene el punto más discutible de mi postura. Hoy por la mañana me topé en página 12 con ésta conocida frase del mitólogo G. Dumezil: 'Los mitos expresan dramáticamente la ideología de que vive la sociedad'. A mi juicio, lo que abreva el orígen del mito monárquico no es algo grandioso, sino algo procaz, y que resume muy bien la máxima famosa de Enrique VIII: 'Lo que es bueno de tomar es bueno de conservar...Lo que me gusta me lo quedo'. Entre Enrique VIII y este heredero al trono inglés, hubieron numerosos reyes y reinas provenientes de casas distintas, hasta hubo dos 'reyes de la república' (el protectorado); uf, ¡qué oxímoron!. O sea, ha llovido mucho. Sin embargo, aquella verdad lumpen y egoista (enraizada al mito monárquico) que defendió enriquito y que se expresa tragicómicante, pero con disimulo, en la ideología que vive la sociedad, aún mantiene su vigor. Desconfío de derechas e izquierdas que, ufanándose de democráticas y republicanas, cuando aparece la oportunidad no dudan en exaltar mitos consustanciales y sus discursos de poder, los cuales, ocultan tanto o más de lo que muestran. La ideología es circo. Bodas como esta son circo, pero del malo.

Pero igual, ojalá que sean felices, ¡para siempre!

Colorín colorado.

PD: Aunque han existido ídolos que fueron a la vez miembros de la alta realeza, para mí, su filiación noble les resta puntos. No me invitaron a la boda. Ese es todo mi ardor.

Anónimo dijo...

Algo extraño es el nombre de ese pais: Reino Unido, todavia viviendo el sistema Monarquico de gobierno, que algunos paises (Australia, New zeland)cada año pagan cada año a su alteza su pago de subditos (500 millones de Libras) y con el pretexto de impulsar la democracia invaden paises mas debiles para robo de petroleo? Su "realeza" se origino matando a los mas debiles.

Anónimo dijo...

Se ve que tienen envidia y les da dolor la felicidad ajena, en lugar de desearles felicidad estás hablando puras tonterias, has algo productivo de tu vida.