"Quería hablar a los que conozco como rectos, como personas de principios, que parece que están inseguros de cómo en esta jungla en la cual han convertido al país los hermanos Bukele y sus lacayos pueden actuar sin exponerse a ataques a ellos y a sus negocios, pero al mismo tiempo mantenerse fieles a su ética."
SIGUIENTE PÁGINA, viernes 23 enero 2026
Estimado Tin Martínez:
En los videos que registran el Desayuno Presidencial de Oración celebrado por Nayib Bukele vi las caras de algunos que obviamente no se sintieron muy cómodos. Uno fuiste vos, Agustín ‘Tin’ Martínez. O tal vez me equivoqué y fui yo quien se sintió incómodo al ver a un viejo amigo en este acto, compartiendo con el presidente inconstitucional y sus lugartenientes una farsa religiosa-propagandística. Tal vez, por un momento, me había olvidado de que ANEP, el gremio empresarial que vos presidís, ya no es el bastión de defensa de la democracia que solía ser todavía cuando comenzó el desmontaje de las instituciones democráticas bajo el recién llegado presidente Bukele.
Ya que tengo 4 años de haberme visto obligado a salir del país enfrentado con la disyuntiva ante la cual el régimen nos pone a los disidentes: cárcel o exilio, tal vez ya no puedo descifrar bien el silencio de ANEP ante decisiones muy cuestionables del gobierno, más bien del presidente: el saqueo de los fondos de pensiones; el estado de excepción permanente que niega a todos los ciudadanos sus derechos fundamentales; el peligroso grado de endeudamiento del país; la erradicación de la autonomía municipal; la falta de transparencia sobre decisiones, contratos y fondos del gobierno; el desmontaje de los organismos creados para pedir cuentas al gobierno, etc. etc. Pensaba que el silencio de ANEP, igual que el silencio de otros gremios, era producto de prudencia en un país donde disentir puede resultar muy caro. Incluso cuando otros criticaron a ANEP por su silencio ante los abusos de poder, yo defendí a ustedes, diciendo que los empresarios y sus empresas son sujetos de presión, de amenazas y de chantajes por parte del gobierno – y que mantener silencio no necesariamente es complicidad.
Pero una cosa es quedar callado para evitar venganzas del gobierno – y otra es participar en las payasadas que Bukele monta dentro de su esquema de propaganda permanente. Vos podés decir que fuiste al Desayuno de Oración porque sos creyente. Por supuesto,te creo que sos creyente, pero para las cosas de la fe hay iglesias, hay retiros, hay misas, existe la privacidad de la familia. Nadie va a un Desayuno Presidencial de Oración simplemente porque siente la necesidad de orar, sino por una decisión política. Así también se explica el hecho de que en el desayuno hubo tantos personeros pícaros que de devotos no tienen nada. Devotos al poder, tal vez. O al pisto. Los tenés que haber visto tú también, y te habrá dado algo de asco. Igual te habrás dado cuenta de que los verdaderos líderes religiosos del país no se acercaron a este desayuno porque no les gusta convertir la oración en un show, mucho menos un show político.
Disculpe que he escogido a vos para hacer esta reflexión, Agustín. Pero no se trata de hablar a los hipócritas ni a los lamebotas. Quería hablar a los que conozco como rectos, como personas de principios, que parece que están inseguros de cómo en esta jungla en la cual han convertido al país los hermanos Bukele y sus lacayos pueden actuar sin exponerse a ataques a ellos y a sus negocios, pero al mismo tiempo mantenerse fieles a su ética.
Estos son los que vi sentados en el desayuno con caras de «yo no fui» y que visiblemente se sintieron incómodos, como vos. Sos hombre bueno, Pudo verlo cuando trabajaste con el Chino Araujo y luego con Javi Simán, cuando ellos presidían ANEP y me invitaron a reuniones de estrategia. Necesitaremos de estos hombres y estas mujeres buenas cuando se tratará de reconstruir una sociedad dialogante y concertante. No se dejen comprometer por quienes destruyen esta sociedad abierta.
Saludos,
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