jueves, 21 de febrero de 2019

Carta a los eternos críticos de la Asamblea: Invirtamos en su calidad

La Asamblea Legislativa necesita un edificio funcional, seguro y austero, pero digno. Solo los ignorantes o demagogos puede negarlo.

Espero que la Asamblea resuelva este problema, para poderse dedicar a discutir en serio qué tipo de parlamento necesitamos, cómo representar mejor a todos los sectores y territorios del país, y cómo puede ganarse la confianza y el respeto de la gente…

Hay que pensar en una reforma electoral que consiga que cada ciudadano, sin importar el distrito electoral en el que viva, se sienta repesentado por diputados específicos a los cuales los ciudadanos pueden hacer llegar peticiones, críticas y propuestas. O, para decirlo al revés, que cada diputado se sienta comprometido con un territorio concreto, su población y sus problemas. Estoy hablando de que la ciudad de Santa Ana tenga sus diputados y la zona rural de Santa Ana otros, porque tienen problemas diferentes; que haya unos diputados para Soyapango y otros para Mejicanos…

Solo cuando hayamos diseñado bien estos distritos electorales, y cuando hayamos procurado que la cantidad de diputados por cada distrito no perjudique el pluralismo político-partidario, podremos saber cuántos diputados necesitamos.


Hay quienes lo hacen al revés. Dicen: Muy caros los diputados, y de todas formas no producen nada. Reduzcamos su número a 62, 48 o 42.


Lo importante no es la cantidad de diputados, sino la legitimidad y calidad del parlamento. Por esto, primero hay que crear vínculos directos entre el diputado y su distrito. Segundo, hay que obligar a los partidos a que postulen a mejores candidatos. Para esto, hay que avanzar en la democracia interna de todos los partidos.

Y tercero, hay que sustituir el esquema corrupto de asesores de las fracciones y de los diputados por un aparato institucional, profesional y académico (y no partidario) de investigación, análisis y documentación de la Asamblea. Cada diputado tendría derecho a solo dos plazas: un asesor y un asistente adminsitrativo; igual las fracciones quedarían con un número mínimo de asesores y plazas adminstrativas. Todas las demás plazas van al ‘think tank’ institucional de investigación, que reúne la mejores mentes del país y funciona con independencia de los partidos. Cada diputado, cada fracción y cada comisión tendrá libre acceso a los servicios de este ‘tanque de pensamiento legislativo’.


Y si esto cuesta aún más que el actual sistema corrupto de asesores, así sea, porque será en beneficio de un trabajo legislativo de calidad. Esta inversión seguramente no será popular. Más bien, la ‘vox populi’ pide que tengamos menos diputados, menos asesores y por tanto menos gastos. Se ha vuelto muy popular este discurso antipolítico contra los diputados, pero la democracia y el estado de derecho no pueden funcionar sin un parlamento fuerte. Si no, pregunten a los venezolanos y los nicaragüenses…


La exigencia de que la Asamblea y otras instituciones sean austeras en sus gastos no hay que confundirla con la intención de otros de estrangular financieramente a los órganos de estado que sirven de contrapeso al poder Ejecutivo. Ya lo están haciendo a la Fiscalía, y no faltan quienes lo quieren hacer a la Asamblea y la Corte Suprema de Justicia. Como repito, esto no significa que no hay que pedirles transparencia, austeridad y rendición de cuentas.


En resumen, si queremos una buena Asamblea, invirtamos en ella: instalaciones dignas y funcionales, reforma electoral y renovación de los partidos, y un tanque de pensamiento legislativo independiente y profesional.

Saludos,