Carta de emergencia al presidente

El hombre que iba a asumir el liderazgo en Seguridad
Señor Presidente:
La ola de violencia se hizo insoportable. Hay que pararla. Pandilleros asesinando a policías; (presuntos) policías ejecutando a pandilleros; grupos de exterminio matando a quienes consideran lacra social; la gente aplaudiéndoles y pidiendo el regreso de la Guardia Nacional; masacres casi a diario; nuevamente desplazados buscando refugio… Y usted ausente.

Aunque es cierto que usted como presidente no puede parar esta locura por decreto, también es cierto que sin las medidas adecuadas del Presidente de la República nadie podrá resolver esta crisis.

El Consejo Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana, que se formó por iniciativa suya, ya fracasó. ¿Sabe cuándo dejó de ser una opción de solución y una esperanza? El 26 de marzo, día de su marcha blanca. Para ser más preciso: en la madrugada de este día, cuando comandos especiales de la PNC rodearon una finca en Zaragoza -con un claro propósito: aniquilar a un grupo de pandilleros. La orden que llevaba el comando no era capturar, sino ejecutar. El hecho que el mismo día que usted iba a encabezar su marcha blanca los jefes de la PNC decidieran mandar un mensaje tan contundente de guerra, significa que usted no tiene control de su aparato de seguridad. 

El ministro y el secretario de Seguridad del presidente
Usted tiene un discurso, y los que controlan la policía no tienen discurso, están callados, pero hablan el lenguaje de mano dura, pero sin estrategia. Usted habla de paz, y ellos traspasan la línea que separa la acción policial de la acción militar de aniquilamiento. Usted nombra a su comisionado presidencial de Seguridad, pero los que toman las decisiones estratégicas son los jefes de comandos especiales, los jefes de inteligencia, algunos de ellos con trayectorias impresentables de violencia política.

Esto no puede seguir así, presidente. Algunos ilusos ya piden su renuncia. Pero usted no puede renunciar, usted tiene que asumir su responsabilidad. Usted tiene que trazar una política de Seguridad y ponerla en manos de personas que saben ejecutarla.

Ministro de Seguridad de Funes, secretario privado de Sanchez Cerén
Usted tiene la responsabilidad de la seguridad de los ciudadanos, lo que obviamente incluye los policías. Lo primero que tiene que hacer es parar esta locura de "ojo por ojo", porque si seguimos así, nos lleva a la ceguera, como señaló mi colega Álvaro Cruz en El Mundo. Defender la vida de los
policías requiere eficiencia policial, no acciones de venganza. Hay que parar la espiral de venganza. Hay que garantizar que todos los asesinatos a policías sean investigados y castigados ante la ley; pero al mismo tiempo hay que garantizar que ningún policía tome la justicia en sus manos, porque esto solo profundiza el conflicto. Ya la historia ya demostró: a pura sangre y fuego no desaparece la violencia de las pandillas, sino se recrudece.

Edgar Lizama, el hombre del presidente en la OIE
Usted prometió en su campaña que bajo su mando saliéramos del dilema entre "mano dura" y "mano blanda", ejecutando una política de "mano inteligente". Nada de lo que su policía ha hecho hasta la fecha es inteligente. Y nada de lo que su gobierno ha hecho hasta la fecha es inteligente. Inteligente es ser firme en la aplicación de la ley y audaz en el ataque a las causas de la violencia.

Usted habla del diálogo, pero permite que su Consejo sirva para encubrir el vacío de planes y estrategias de seguridad. En este terrible vacío, y detrás de la cortina de humo de marchas blancas y diálogos, se reproducen en la práctica y en el terreno las recetas fracasadas de una policía sin rumbo, un ministerio de Seguridad sin cabeza, de oscuras estructuras de inteligencia sin inteligencia. Los mismos comisionados desgastados aplicando las mismas recetas de mano dura; los mismos políticos (sus secretarios Manuel Melgar y Hato Hasbún), sin capacidad de integrar, en un solo plan, la aplicación firme de la ley con las intervenciones sociales en los barrios y cantones que se desangran.

Reitero: Presidente, primero tiene que cortar en seco y con mano firme la corrupción y las acciones fuera de la ley en la policía y el sistema carcelario. Para esto tiene que sustituir la cúpula policial, empezando con el director, y reformar de raíz los organismos de inteligencia.

Mauricio Landaverde, el hombre del presidente en la PNC
Con esto usted puede parar la espiral de revancha y violencia. Segundo paso: diseñar planes policiales eficientes, basados en inteligencia certera e intervenciones focalizadas, en vez de las fatales "redadas". Tercer paso paralelo: reformar de raíz el sistema carcelario, siguiendo las recomendaciones de la Cruz Roja Internacional, de la OEA y otros organismos. Cuarto paso: apostar por la labor de prevención y transformación social de las alcaldías, dejando a ellas espacio de emplear el diálogo sincero con las comunidades, sin exclusión de las pandillas y sus bases sociales. Pero apostar no significa discurso, como pensó Funes, sino movilización y focalización de recursos.

Los docenas de alcaldes, hombres de iglesia, empresarios e intelectuales, que desde 2012 hemos sostenido el diálogo y la mediación con las pandillas (con e incluso sin facilitación del gobierno), nos comprometemos que pondremos nuestros buenos oficios para que las pandillas hagan lo suyo para desescalar el conflicto con la policía, y para que retomen su compromiso de reducir la violencia que sufre la población. Aun en estos días de locura, hay señales que están dispuestos a esto y a permitir que los programas de inversión social comiencen a atacar de fondo a los problemas de marginación y las condiciones de gueto que reproducen la violencia.

Tome liderazgo, Presidente. Tome las medidas necesarias. Limpie su equipo de trabajo. Se sorprenderá de la energía que podrá movilizar para construir la paz. Saludos, 

(Mas!/El Diario de Hoy)