viernes, 2 de agosto de 2013

Carta al alcalde de Ilopango

Estimado Salvador Ruano:
Esto lo llamo lealtad. O podría llamarlo: huevos. El sábado pasado, cuando en su programa “Aló Presidente” Mauricio Funes dejó colgado de la brocha a su ex-viceministro de Seguridad Douglas Moreno, usted hizo lo justo y lo valiente: agarró el teléfono, habló a Moreno, lo invitó a la cena que como alcalde estaba dando esta misma noche a los periodistas para celebrar el día del periodista, y lo sentó en su mesa de honor.
Y cuando yo, que también fui invitado suyo en esta cena, le pregunté porqué había hecho este gesto, usted me dijo: ¡Hay que ser leal, hombre! Este señor nos dio el respaldo que necesitábamos los alcaldes para llegar a los pactos locales contra la violencia y para que las pandillas se plegaran a estos acuerdos. Esta fue su tarea, encomendada por el presidente, y mire cómo se lo agradecen ahora: Lo tratan como delincuente, para que la fiscalía se encargue de él.”

Cuando a usted le tocó sentarse con los pandilleros para amarrar el acuerdo de reducir en Ilopango la violencia y las extorsiones, Moreno no se escondió, sino se sentó a la par suya. Esto fue su pecado. Y luego, cuando tuvo que renunciar a su cargo por una denuncia de violencia doméstica en su contra (que por cierto ya está resuleta por la pareja), el presidente le da el tiro de gracia diciendo que nadie en el gobierno sabía lo que este viceministro hacía... 

Claro que usted, como alcalde que decidió agarrar el problema de las pandillas por los cuernos, en vez de seguir dándose la paja que la policía lo va a resolver, siente que si dejan solo a un viceministro, el próximo que van a fregar es usted – y acusarlo de pactar con criminales.

Así que usted reaccionó rápido aplicando la filosofía que la mejor defensa es la ofensiva: habló a Douglas Moreno, lo invitó, pero más bien mandó un mensaje a todos: al mismo presidente, al ministro, a su propio partido y a los medios: Estamos en esto juntos con Douglas, y si lo quieren fregar no estará solo. 

Así fue que ante los incrédulos ojos del gremio de periodistas, esta cena la presidieron juntos un alcalde de ARENA, que en vez de aplicar las consignas electorales de su candidato cumple el mandato de su comunidad; y Douglas Moreno, un hombre del FMLN recién caído en desgracia en Casa Presidencial. No porque haya hecho algo mal, sino porque el gobierno cambió de discurso y necesitaba un chivo expiatorio. Dos hombres que, a pesar de todas sus diferencias políticas e ideológicas, se juntaron para dar respuesta al problema principal del país: la violencia.

Usted, alcalde, le dio una lección valiente al presidente, a los medios, y a su propio partido. Lo felicito. Felices vacaciones, Paolo Lüers
(Más!/EDH)