Carta a Rodrigo Samayoa Rivas

Señor:
A la Asamblea Legislativa no le va a quedar otra que volver a instalarlo como diputado, si usted lo solicita. Y a Usted le va a tocar morir de vergüenza.


Viéndolo como un problema legal, usted tiene derecho de que lo reinstalen, luego de que los tribunales competentes hayan calificado la palaza a su ex-esposa como “delito no grave’. Ley es ley. Ya la palabra de los jueces hay que obedecerla.

Viéndolo como un problema ético y político, usted no tiene ningún derecho de regresar a la Asamblea. El único paso posible para reconstruir su honor sería renunciar. Sin embargo, esto no va a pasar. Por lo contrario, leo en el periódico estas palabras suyas: “Soy inocente. No he hecho nada.”

Esta total ausencia de ética política parece ser denominador común entre ustedes que navegan con esta nueva bandera de Unidad: usted, incapaz de desistir de un recurso legal para cumplir con una obligación moral; Walter Araujo, incapaz de renunciar a su cargo como magistrado electoral, antes de declararle la guerra al partido que supuestamente representa; Andrés Rovira, quien no vio ningún conflicto de interés en ser presidente de un partido y al mismo tiempo magistrado de la Corte de Cuentas...
Así que a usted le va a tocar terminar su mandato como diputado, pero convertido en el símbolo del cinismo anti-ético. Tamaño favor que hará a su partido, a su movimiento Unidad y a su candidato.

Recomiendo a los partidos FMLN y ARENA de poner ninguna traba a su regreso a la bancada de GANA. No hay que manipular la ley para proteger a un sinvergüenza y su partido del suicidio político y moral. Si usted está dispuesto de ser, por dos años más, el hazmerreír y el símbolo de la perversión moral en la tribuna pública de la Asamblea Legislativa, es su pleno derecho.

Sin embargo, si preserva una pizca de honor, renuncie.

Sin malgastar más palabras en una causa perdida, Paolo Lüers
(Más!/EDH)