Carta a los que piden requisitos académicos para diputados y presidentes

Tengo que disentir de ustedes, así como de mi amigo Miguel Lacayo y su columna "Ya no es época para bachilleres". Bueno, no de todo que plantea: Yo tampoco quisiera que entre los tres candidatos que se perfilan para la próxima presidencia salga electo el único que es bachiller: Elías Antonio Saca. Pero no es por bachiller, sino por la maña que mostró durante 5 años de gobernar y 4 años de co-gobernar de sustituir la construcción de consensos por la compra de voluntades.

También me espanta, como a Miguel Lacayo, cómo el otro bachiller electo presidente, Mauricio Funes, atenta contra la eficiencia, racionalidad y transparencia de la administración pública. Pero nuevamente: Su pecado no es la ausencia de una sólida preparación académica para ser presidente (que de todos modos no existe), sino su desconfianza en funcionarios bien preparados; su preferencia por lambiscones en puestos clave; su menosprecio por la institucionalidad de los ministerios y del consejo de ministros; el establecimiento de un gobierno paralelo en Casa Presidencial; y el pecado tal vez peor: poner personajes similares a él como lugartenientes y asesores...

Coincido con ustedes que luego de 10 años de este tipo de gobierno al país le urge un Ejecutivo competente que administre profesionalmente las políticas y los fondos públicos. Pero ojo: El grado de competencia del gobierno depende de mucho más factores que la educación formal del presidente.
Un gobernante que está consciente que el papel de un presidente, independientemente de su formación académica, no es entender y saber manejar todas las problemáticas complejas de la administración pública, se rodea con las mentes más brillantes; pone al frente de los ministerios a los funcionarios más experimentados y que además tengan el valor de contradecirle; y construye un gabinete en el cual cada uno asume la conducción de su ministerio y todos juntos del país.
Tener a presidentes no dispuestos a delegar; que no toleran personas fuertes dentro de su gobierno; que no someten las políticas públicas al examen de su consejo de ministros para enriquecerlas, volverlas prácticas, enderezarlas o incluso vetarlas, es un atentado contra la democracia. Debilitar la institucionalidad de las instituciones (ministerios, autónomas, superintendencias) en favor de una relación directa presidente-pueblo es erosionar la democracia. El hecho que los que han convertido todos estos pecados (conocidos de anteriores gobiernos) en sistema de gobierno sean los dos presidentes bachilleres no nos puede llevar a pensar que el antídoto contra estas aberraciones sea una mejor formación universitaria de los gobernantes. Mucho menos a solicitar que esto sea incluido en la definición constitucional de idoneidad para presidentes y diputados.

Los antídotos son institucionalidad, balance de poderes, transparencia y (lo más importante) vigilancia ciudadana. Son los votantes que tienen que decidir conscientemente sobre la idoneidad de sus presidentes, alcaldes y diputados, no un catálogo de requisitos formales. Tenemos que tener el derecho de elegir a algunos diputados por su profesionalidad y preparación académica... y otros por su representatividad, incluyendo de los sectores que menos acceso tienen a educación superior. ¿Cómo exigir requisitos que impidan a un dirigente campesino o obrero a convertirse en diputado? ¿Cómo exigir un parlamento exclusivamente compuesto por licenciados? Como si la enorme sobrerrepresentación de abogados en la Asamblea Legislativa hubiera sido garantía de buenas leyes... Como si visión política y principios democráticos se adquieren en las universidades...

Para regresar al cargo de presidente: Ser tornero no impidió a Lula ser buen presidente. Por otra parte, sus maestrías de universidades prestigiosas en USA y Europa no protegieron a Rafael Correa de gobernar mal. Evo Morales no es un pésimo presidente porque es indio y carente de formación académica, sino porque fue electo por la única razón de ser indio.

Y si por segunda vez eligen presidente a Elías Antonio Saca, la culpa no tiene la falta de requisitos académicos para presidentes, sino los votantes...

Feliz año les desea Paolo Lüers
(Más!/EDH)