martes, 4 de octubre de 2011

Carta a los bancos

Estimados banqueros:
 
La Asamblea (mejor dicho: el FMLN con sus partidos satélite Gana, PP y CD) les metió un golazo: ahora el Estado decide cuánto pueden cobrar de intereses a las tarjetas de crédito.

Mucho gente celebra esta decisión. ¿A quién no le gusta que le cobren menos? Si mañana sacan una ley que baja los alquileres que pagamos para alquiler casas, igual sería muy popular. Sin embargo, lo popular (y mucho menos lo populista) muchas veces no es correcto.

Leopoldo López, uno de los precandidatos a la presidencia por parte de la oposición venezolana, dijo en su discurso de lanzamiento: “A todo lo que el Gobierno nacional le pone la mano termina empeorando”. Tiene razón este joven dirigente de una oposición que se alista a poner fin a un régimen donde el Estado se mete en todo – y arruina todo.

Incluso si la medida de ponerle candado estatal a los intereses que ustedes cobran a los tarjetahabientes fuera bien intencionada (lo que dudo, viendo quiénes la promovieron y cómo lo hicieron de manera express y sin consulta), resulta que va a joder a los que dice proteger. Muchos pueden perder sus tarjetas de crédito, porque al interés que quieren imponer este negocio de dar tarjetas a familias de pocos recursos se vuelve demasiado arriesgado para los bancos.

Ahí estamos en el punto que les quiere plantear a ustedes que dirigen los bancos: No hagan realidad de este temor de 400 mil ciudadanos que pueden perder el acceso al crédito vía su tarjeta.

Les reto que, en vez de resignarse y cancelar las tarjetas con limites bajos de crédito, usen su poder para que no entre en vigencia esta ley. El presidente la puede vetar. La Corte Suprema de Justicia la puede declarar inconstitucional. Depende de ustedes comprobar con cifras el daño que esta ley haría precisamente a los sectores más débiles. Cifras que ni siquiera las han analizado en la Asamblea.

No tomen medidas que afectan a los usuarios, solo porque la Asamblea comete un error. En vez de esto, luchen por revertir esta ley, que parece popular pero es antipopular.

Saludos, Paolo Lüers

(Más!)