domingo, 29 de septiembre de 2019

La generación del bloqueo. De MÁRIAM MARTÍNEZ-BASCUÑÁN


Publicado en EL PAIS, 29 septiembre 2019


Dicen los sociólogos que los cambios en el sistema se producen cuando éste es capaz de permear las transformaciones que se originan fuera de él, y algo así sucedió con el 15-M. El movimiento de los indignados ocasionó un corrimiento de tierras tan fuerte en el espacio político español que afectó de lleno al sistema de partidos y al postergado relevo generacional de los líderes políticos. Si hace apenas cinco años el imperfecto bipartidismo estaba encabezado por dos dirigentes que superaban los 50 años, hoy, y a la espera de incorporar posiblemente un partido más, los cabezas de lista del pentapartito apenas rondan los 40. Incluso la Monarquía ha participado de ese relevo generacional. Sin embargo, el descontento de los españoles con los políticos marca hoy un récord histórico, según las estimaciones del último CIS: el 45,3% de los encuestados los sitúa como uno de los tres principales problemas del país. ¿Por qué, cinco años después, sigue en escena esa vieja sensación del “no nos representan”?
El 15-M fue una manifestación más de aquel tiempo, hace ahora una década, en el que nos “atrevimos a soñar peligrosamente”, según la expresión del excéntrico filósofo esloveno Slavoj Zizek. Para muchos, fue el resultado de una brecha generacional, pero también fue la particular revolución digital española sin líderes, una movilización de indignados que recogió el guante de los cruciales acontecimientos políticos que se producían en directo a escala planetaria, desde el estallido de las protestas iniciadas en Túnez en 2010 hasta su viralización por todo el mundo árabe. Había llegado lo que el sociólogo Manuel Castells denominó “la sociedad en red”, una ciberutopía que depositaba en las redes sociales la promesa de una ola democratizadora en la que nuestra #SpanishRevolution actuaría, en palabras del pensador Alba Rico, como un “fantasma antorchado” que se pasearía por el sur de Europa, Turquía y Estados Unidos.
El 15-M planteaba preguntas, y algunas respuestas, a un problema más profundo que el mero recambio generacional: una crisis de representación 
Una década más tarde, ya nos hemos acostumbrado a fantasear distópicamente: de Guy Fawkes a la Rana Pepe, la trayectoria describe una asombrosa mutación de nuestra imaginación colectiva. Hablamos de una senda regresiva que va desde la rebeldía de la máscara de los Anonymous, que ocuparon las plazas de España y el mismísimo corazón del capitalismo financiero en Occupy Wall Street, hasta el icono más famoso de la ultraderechista Alt-Right, la Rana Pepe, el meme del otro lado del péndulo, el icono de un movimiento reac­cionario surgido paradójicamente de las supuestas bondades de aquella misma revolución digital.
Se trata, qué duda cabe, de una transformación social, política y cultural de envergadura, la que va nada menos que de Podemos a Vox, como en Francia transita también la espinosa senda del movimiento #NuitDebout, los insumisos de Mélenchon, hasta la dudosa revuelta de los chalecos amarillos, los que no cuentan nada, los que se niegan a hablar a través de instancia representativa alguna. Nos encontramos, pues, ante un salto de energías movilizadoras que, en apenas 10 años, ha pasado de los anónimos a los invisibles, de los utópicos a los distópicos, de aquellos a los que se niega el futuro a quienes sienten que no existen para nadie en el presente. ¿Cómo se ha producido este salto sin red?
El 15-M y la lectura de Podemos
Podemos no nació en ninguna de las asambleas de los indignados, pero la formación de Pablo Iglesias supo captar como ninguna otra la caja de resonancia emocional del movimiento. La lectura que la formación morada hizo de las protestas del 15-M fue, desde luego, populista: asistíamos a la reac­ción del pueblo, nada menos (o de “la gente”, según su gastada e insistente expresión), una revuelta contra unas élites que, anquilosadas en sus puestos de poder, eran incapaces de oxigenar un sistema social y político viciado por un contexto de recesión económica, por una generación de jóvenes que se imaginaba sin futuro, y una corrupción endémica en buena parte de su clase dirigente. Este cóctel explosivo estaba produciendo una importante crisis de legitimidad en todo el sistema.
Se trata, qué duda cabe, de una transformación social, política y cultural de envergadura, la que va nada menos que de Podemos a Vox
Los mismos que utilizan hoy la palabra “populista” solamente para descalificar, y nunca para entender el surgimiento y éxito de la formación, olvidan que Podemos fue la consecuencia de ciertas patologías del sistema, no su causa. Y que aquellas demandas que planteó el movimiento 15-M generaron la simpatía de la práctica totalidad de la ciudadanía: nada menos que el 81% de la población, según las estimaciones del CIS, daba la razón a los indignados. El hecho de que dos de sus proclamas (“Lo llaman democracia y no lo es” y “No nos representan”) fueran los carteles de cabecera de las reivindicaciones, empujó a los ideólogos de Podemos, con Errejón a la cabeza, a desplazar el eje ideológico de la disputa política hacia uno más transversal: se trataba de confrontar al pueblo contra los dirigentes políticos, un arma de doble filo que no ha tardado en tener su inevitable efecto boomerang.
El impacto en el sistema político
Pero el 15-M planteaba preguntas, y algunas respuestas, a un problema más profundo que el mero recambio generacional: una crisis de representación política impulsada por una clase dirigente encerrada en sí misma, cada vez más desconectada de los problemas reales de la ciudadanía, y con unos dirigentes que ni siquiera asumían responsabilidades ante los casos de corrupción. La formación de Iglesias enarboló la bandera de la cercanía con “la gente”, hasta el punto de asumir la soflama populista de “encarnar” al pueblo bajo la batuta de un hiperliderazgo cesarista de manual, que hoy está haciendo tambalearse al propio partido.
El problema es que ninguno asume o calcula que, si todo el mundo opera con sus legitimidades de parte, se acaba provocando un escenario de parálisis del todo
La versión más moderada de las lecturas extraídas del 15-M fue, curiosamente, Ciudadanos, un partido que quiso abanderar a su manera la demanda de regeneración política. Hoy, la formación de Albert Rivera no solo ha purgado a sus cuadros más moderados, sino que se afana en mantener y apuntalar a los Gobiernos regionales del PP más afectados por la corrupción (en Madrid, Murcia o Castilla y León), y lo hace, además, bajo la forma de acuerdos en diferido con el ultraderechista Vox.
PSOE y PP, los partidos del viejo bipartidismo, también se vieron superados por el vendaval de los indignados. En el caso del PSOE, el mismo proceso de elección de su actual líder fue calificado internamente como su 15-M particular, una revuelta contra el esta­blish­ment de la formación en la desigual lucha del candidato Sánchez contra el aparato. Y así, sin que existiera ningún plan B por parte de los oficialistas (hasta tal punto era inimaginable para ellos perder aquella elección), Sánchez reconstruyó el partido desde una sola de las facciones enfrentadas, con todos los problemas (de pluralidad, pero también de control interno del poder) que a largo plazo esto implica para el actual partido en el Gobierno, pero también para el país en su conjunto.
El resultado, hoy, es que el PSOE vive la misma distorsión democrática que el resto de partidos: exacerbación de los perfiles de los candidatos, donde cada disputa electoral parece un juego de todo o nada, y eliminación de facto de los poderes intermedios de los aparatos con sus corrientes internas, sus barones o sus órganos rectores. Como ha ocurrido también con Casado, la elección plebiscitaria del líder acaba adormeciendo al partido, que en el caso del PP ya no responde siquiera a sus siglas (ahora que también es una “plataforma”, según su secretario general), sino a la persona que lo dirige.
Habrá que ver qué sucede con Ínigo Errejón, pero lo cierto es que el fenómeno no se circunscribe al contexto español. Boris Johnson o el propio Emmanuel Macron también han profundizado en esta distorsión del esquema tradicional de la representación política. Y si algo ha quedado claro a estas alturas es que la personalización radical de la función representativa produce populismo. Por eso surgen líderes que, como en el caso de Trump, han absorbido a sus partidos reproduciendo esta nueva patología. Porque si desaparecen los partidos como organizaciones y los suplimos por personas, se pierden todos los mecanismos internos de control a los líderes.
El juego de la culpa estrecha el campo de análisis, pues damos por hecho que hay un culpable de lo sucedido, movido por un plan coherente
El problema que aqueja hoy a nuestro sistema político, por tanto, no tiene tanto que ver con la atribución de culpas individuales como con una variable más importante que la de los propios líderes y que afecta a la estructura misma de los partidos.
El desengaño
Lo que sin duda cabría destacar de esta nueva generación de líderes es su asombrosa dificultad para interiorizar la cultura parlamentaria consagrada en el artículo 99 de esa Constitución que tanto dicen admirar, y que los obliga, de hecho, a colaborar para la formación de Gobiernos y de políticas públicas. Esto se traduce en una incapacidad manifiesta para hacerse responsables del todo, más allá de la legitimidad de sus posiciones de parte. Se trata de una distorsión de la cultura parlamentaria que casa mal con cualquier explicación que recurra al juego de la culpa, pues si nos detenemos demasiado en factores psicológicos o temperamentos políticos individuales, perdemos de vista los procesos de interacción que se producen con el propio sistema.
El juego de la culpa estrecha el campo de análisis, pues damos por hecho que hay un culpable de lo sucedido, movido por un plan coherente (por ejemplo, alguien que quiere elecciones y las provoca). Estas narraciones conspirativas suelen producir una gran autocomplacencia a quien las consume, pero es difícil avalarlas con evidencias. Además, el juego de culpas es, por su propia naturaleza, un juego de exculpación, lo que debería hacer saltar algunas alertas sobre las verdaderas intenciones de quien lo promueve. Por ello, la parálisis de nuestro sistema político debe analizarse sin alarmismos inanes, pues lo que sucede es mucho más complejo que la simple respuesta sobre quién es el culpable.
La cuestión es que en política, como en general en cualquier escenario conflictivo, muchas cosas suceden simplemente por accidente, aunque existan razones estructurales para que se desarrollen consecuencias indeseadas a partir de una canalización. En el caso español, la cuarta convocatoria de elecciones en cuatro años explicita la torpeza de unos líderes que, al menos de momento, no están sabiendo vehicular las demandas generadas por un 15-M que, no obstante, sí ha conseguido mutar sensiblemente el sistema bajo el paradójico marco de la Constitución de 1978. La posibilidad, por ejemplo, de un acuerdo transversal, muy en consonancia con aquel espíritu no partidista que nutrió las plazas de España, fue frustrada por la imposibilidad de un pacto a tres bandas entre PSOE, Podemos y Ciudadanos tras las elecciones generales de diciembre de 2015, una combinación que, por lo demás, no habría sido tan extraña en Europa. Pero tampoco en 2019 ha sido posible la formación de un Gobierno de coalición, ya sea hacia el centro o hacia la izquierda, o siquiera un Gobierno en minoría con apoyos externos. 
En apenas 10 años se ha pasado de los anónimos a los invisibles, de los utópicos a los distópicos, de aquellos a los que se niega el futuro a quienes sienten que no existen para nadie en el presente
Todos los actores pueden esgrimir su posición para negarse al acuerdo: el PSOE quiere un Gobierno moderado y no confía en un Iglesias más pendiente de sus intereses de parte que de facilitar la gobernabilidad; Podemos quiere llevar su propia marca al Gobierno de la nación; Rivera quiere ser el líder de la oposición, y Casado, que pretende confirmar precisamente esa misma posición, no puede por ello facilitar la investidura. Por separado, cada uno de estos argumentos puede ser legítimo, pero el problema es que ninguno de ellos asume o calcula que, si todo el mundo opera con sus legitimidades de parte, se acaba provocando un escenario de parálisis del todo.
¿Cómo llamar liderazgo a una actitud como esa? El liderazgo implica, de hecho, hacerse responsable, pero no únicamente de las propias decisiones, sino de la totalidad del escenario. La política democrática debe basarse en un juicio consecuencialista, y nunca en la propia posición, por honorable que nos parezca. Y en eso consiste el problema fundamental de esta generación de políticos socializados en la experiencia del 15-M: en que rehúyen la responsabilidad de evitar esta esperpéntica y permanente situación de emergencia que se produce por frivolidad, por inconsistencia, por sonambulismo. Puede que cada uno de ellos actúe racionalmente, o defendiendo intereses legítimos, pero la suma de dichos argumentos provoca como resultado la parálisis del todo. Y así, la lógica de la legítima competición termina provocando un resultado colectivo dramáticamente inoperante.
La triste realidad es que, aunque el sistema muestre flexibilidad para vehicular demandas ciudadanas, sus actores principales siguen actuando de forma rígida, algo impropio de un sistema democrático, e imposibilitando así el necesario encaje entre las transformaciones políticas, sociales y culturales que nos trajo el 15-M y el normal funcionamiento de las instituciones. No estamos, así, ante el resultado de un sistema con signos de desgaste, sino que es la parálisis política y legislativa, traducida en la sucesiva convocatoria de elecciones fútiles, la que erosiona el sistema. Si quienes están llamados a ello no activan el trabajo institucional, la ciudadanía no solo les retirará a ellos su confianza: son las instituciones las que empiezan a generar recelos, y es ahí donde nos encontramos como en un recurrente déjà vu.
El sistema en España ha demostrado resiliencia suficiente hasta la fecha, pero la política debe ser capaz no solo de gestionar el conflicto, sino de empujar a la sociedad hacia el futuro. Si los actores protagonistas de esta tragicomedia solo se empujan entre ellos, finalmente, nada se mueve.

Salvemos el Océano. De Rodrigo Samayoa Valiente


Publicado en EL DIARIO DE HOY, 29 septiembre 2019


El Objetivo de Desarrollo Sostenible 14 es “conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible”. Esto es algo que la mayoría de las personas concuerda que es importante. Esto es algo que el concierto de las naciones ha dicho que es algo que vale la pena lograr. Ahora la gran pregunta es ¿cómo lo hacemos?
En mayo del 2019 Laffoley y colaboradores publicaron, en la revista Aquatic Conservation, ocho acciones urgentes y simultáneas para la restauración de la salud del océano. Dan Laffoley es un científico líder de la Comisión Mundial de Áreas Protegidas, organización a la cual tengo el orgullo de pertenecer, en temas de conservación de lo océanos. En este artículo se suman investigadores de las universidades más importantes en temas marinos de Reino Unido, Nueva Zelanda, Australia, Alemania, Canadá y Noruega… un compendio de autoridades en la materia.
Creo que magistralmente han dado en los ocho grandes temas que deberíamos trabajo si nos interesa salvador los océanos. En primer lugar, y sobre todas las cosas, necesitamos abordar el tema del cambio climático. Este es, sin lugar a duda, el tema más importante y que mayor afectación tiene sobre los océanos. Esto está produciendo cambios en las corrientes marinas, cambio en la salinidad, acidificación del agua y muchas otras cuestiones más. Cada una de ellas trae cambios sustanciales al ecosistema marino y en muchos casos ya lo ha afectado de manera irreversible. Nunca más tendremos los mismos mares que teníamos hace unos pocos años. Por tanto, es urgente un acuerdo global y una solución práctica como el “cap and trade” o una solución similar que sea pensada desde la economía ambiental y siga reglas de mercado.
En segundo lugar, se necesita un acuerdo global sobre Alta Mar. Sigue siendo un lugar sin dueño, que sigue siendo víctima de la tragedia de los comunes. Una base común o una estructura que potencie la cooperación es la única alternativa viable. Tercero, proteger al menos el 30% de las áreas marinas incluidas grandes áreas de alta mar. Necesitamos seguir redoblando esfuerzos en aumentar las áreas marinas protegidas y su gestión efectiva. Cuarto: Una moratoria a la explotación minera de profundidad. Necesitamos más conocimiento científico para saber el efecto que está trayendo el “Deep sea-mining”. Quinto: Terminar con la sobre pesca y las prácticas ilegales y no reguladas de pesca. La sobrepesca ya ha causado extinciones, algo que se consideraba imposible, pero desde el siglo pasado pesquerías enteras han colapsado. Todavía tenemos mucho trabajo que hacer con la pesca legal, además tenemos un creciente problema de uso de artes de pesca ilegales, una no reportería adecuada de las agencias pesqueras y prácticas no sostenibles de pesca.
Sexto, una radical disminución de la contaminación marina. Esta, según los autores, viene dada primordialmente por los ríos, tenemos cada vea más efectos de eutrofización por exceso de nutrientes, esto significa que mucha materia orgánica es arrastrada por los ríos, tenemos cada vez más problemas por exceso de plaguicidas, fertilizantes, aguas negras y otros tantos factores de contaminación química y bioquímica que están alterando los estuarios, deltas de ríos, manglares y marismas. Estos hábitats son de los más importantes en temas de regulación del clima y fuente productividad primaria.
El océano tiene que dejar de ser nuestro basurero, hay que detener el vertido de materia radiactiva, de residuos sólidos y materiales persistentes. Además, hay que tomar acciones para impedir el ingreso de desechos al océano. Necesitamos encontrar soluciones de producción sostenible de llantas, cosméticos, pinturas, empaques, envases y otros, urge mejorar los sistemas de tratamiento de desechos y limpiar lo ya afectado. Este tema me apasiona y en estos días dedico la mayor parte de mi tiempo, pero como ven solo es una pequeña parte de una de las acciones de las ocho prioritarias y urgentes.
Séptimo, establecer mecanismos financieros que permitan el manejo y conservación de los océanos. Octavo, incrementar la investigación científica y la transferencia de información. En la era del “big data” podemos, mediante las soluciones tecnológicas existentes ofrecer soluciones que permitan entender mejor los océanos.
La solución a los problemas marinos es compleja, ya antes había dedicado un artículo a la solución de problemas complejos, acá un ejemplo de como podemos y debemos enfrentar este problema si lo que queremos es Salvar los Océanos.

Eunucos. De Cristian Villalta


Publicado en LA PRENSA GRAFICA, 29 septiembre 2019


Esa noche, mientras veía arder las bodegas de la Ciudad Prohibida, al emperador chino Puyi ya no le quedó ninguna duda. Los eunucos que le servían eran los verdaderos dueños de la administración del imperio; al verse amenazados por un inventario que revelara sus robos, prefirieron darle fuego a todo.

Los ancestros de Puyi no fueron los inventores de esa horripilante variante de la sumisión que es castrar a un hombre y condenarlo a servir a continuación. Dos mil años antes de Cristo, los sumerios ya comprobaban que un prisionero de guerra sometido a esas condiciones era mucho más anuente a colaborar en las tareas domésticas, competente como para hacerlo en el palacio.
Persas, griegos y bizantinos estuvieron familiarizados con esa ominosa versión del servicio público; algunos eunucos destacaron tanto al servicio de los señores que se volvieron ricos e influyentes. La única aspiración de muchas familias pobres en esos imperios fue castrar a alguno de sus hijos y conseguir que lo admitieran en la corte.
La ausencia de testosterona y sus efectos en la voz, el vello o la pérdida de la masa ósea no superaban en efectividad al principal efecto de la castración: la docilidad. Es que el que gobierna, un rey, un emperador, un autócrata moderno disfrazado de cualquier otra cosa, no puede proceder a sus anchas si no tiene garantizada la obediencia.
Por ser la representación terrenal de la divinidad, muchos de aquellos soberanos gozaban de la devoción fetichista de su camarilla, de la bola de parásitos que suele arremolinarse alrededor del poder para medrar de esa proximidad. Pero como bien lo describiera Winston Churchill hace medio siglo, "un estado tal en el que no pueden expresarse los propios pensamientos, en el que hasta los hijos denuncian a sus padres a la Policía, no puede durar mucho tiempo". Para garantizarlo, había que borrar cualquier atisbo de resistencia del círculo cercano; para el resto, para los súbditos no castrados, estaba el garrote de la milicia.
Puyi fue el último emperador chino; hacia 1945, luego de la II Guerra Mundial, fue puesto a las órdenes del gobierno revolucionario de Mao Tse Tung, tratado como traidor, apresado y reeducado. Murió en la enfermedad y el olvido, convertido en un burócrata de poca monta, en 1967.
Hasta sus últimos días, el emperador en desgracia juró que sus esfuerzos por modernizar un poco la administración imperial fueron auténticos, y que no estuvo en su voluntad que fracasaran rotundamente. Pero no había modo en el que un solo hombre rompiera con el orden de las cosas. El orden es siempre un balance, y en aquella situación los eunucos que formaban parte de él, ejerciéndolo de modo corrupto y defendiéndolo hasta las últimas consecuencias, se volcaron en contra suya.
Por eso entonces como ahora, en cualquier lugar del mundo en el que hay vida política, la pregunta fundamental sobre el orden es qué tan sólidas son sus bases, quiénes lo defienden, quienes atentan contra él, y quienes son sus beneficiarios. Y aún más revelador: ¿en qué consiste ese orden?
Por ejemplo, si el orden al que nos referimos fuese uno en el que el verdadero poder no sufre contrapresos ni da cuentas, con el que gobierna convertido apenas en su mayordomo, su continuidad atentaría contra el bien común y el interés ciudadano. En un caso tal, el orden no sería una aspiración sino una tragedia, y aquellos que lo defienden, unos eunucos inconscientes o de plano unos miserables.
Es que disfrazado de oveja, de cambio, hasta de revolución, más temprano que tarde el poder querrá amputarnos el espíritu, la castración final. ¿Se lo facilitamos bajándonos los pantalones?

viernes, 27 de septiembre de 2019

Carta de Nayib Bukele a Donald Trump (Clasificado). De Paolo Luers


Publicado en MAS! y EL DAIRIO DE HOY, 28 septiembre 2019


Dear Donald:
Lástima que no pudiste estar presente para escuchar mi discurso en la Asamblea General. Pero estoy seguro que tan ‘updated and cool’ que estás con las nuevas tecnologías de comunicación, ya lo viste en YouTube. 
Vos ya dijiste un par de verdades a todos estos inútiles que están sentados en esta Asamblea, gente que nunca va a entender por qué van tan mal en las encuestas de popularidad de los presidentes. Yo se los expliqué: No saben comunicarse. Todos ellos tienen los mejores smartphones, pero no saben usarlos. Nosotros dos les hemos enseñado cómo se gana elecciones usando las redes, los ‘fake news’ y los’ trolls’. Nosotros les hemos enseñado cómo gobernar comunicándose directamente con la gente, sin los filtros de los partidos, parlamentos y periódicos. Nosotros dos les hemos enseñado cómo usar estas nuevas formas de comunicación para movilizar a la gente contra la oposición, contra los congresos, contra los periódicos arrogantes. Todo lo que se necesita es hombres con verdadero liderazgo en la presidencia y maquinarias de comunicación que sepan usar las redes.
Traté de explicarle todo esto a la Asamblea General de Naciones Unidas, pero creo que no me entendieron. Pero con tal que vos y gente como Boris Johnson, Jair Bolsonaro y Manuel López Obrador lo entienden, ya es ganancia. Hay tantas cosas que podemos hacer juntos y que Naciones Unidas nunca logró hacer.
Por ejemplo, bajo tu liderazgo y un poco de presión por parte mía, hemos construido el verdadero muro contra la migración ilegal. No en la frontera entre Estados Unidos y México, sino en Centroamérica. Ya ninguna maldita caravana de migrantes puede atravesar Centroamérica y México para llegar a tu frontera. Hasta el tonto de Juan Orlando firmó. Primero no se atrevió, pero cuando vio que nosotros firmamos con los ojos cerrados este convenio sobre migración y asilo, fue corriendo para no quedar afuera…
Te confirmo que nuestra nueva ‘Border Patrol’ ya está funcionando. Me han brincado unos pocos puristas con su sermón sobre la militarización de la seguridad pública, pero son los mismos de siempre que piensan que todo lo que pusieron en sus Acuerdos de Paz es sacrosanto. Van a tener que acostumbrarse a que este nuevo gobierno no está comprometido con las reglas que ellos inventaron…
Habiendo cumplido todo lo que vos me pediste, te voy a pedir lo que no quise mencionar en nuestra reunión en Nueva York, porque siempre estaba presente en la prensa: hoy necesito que me arreglés este problema con el TPS para nuestra gente. Una sola firma tuya y asunto arreglado, y al fin yo puedo callarle de una vez por todas a la oposición que ahora está todavía neutralizada por la tremenda derrota electoral que le causé, pero solamente esperando la oportunidad de levantarse. Con el TPS arreglado entre nosotros dos, nadie parará bola a la oposición.
Bueno, bajo este entendido firmamos lo del ‘tercer país seguro’, armamos el ‘Border Patrol’ y te acompañamos en cualquier medida contra Maduro. Es hora de que nuestras concesiones unilaterales sean respondidas con medidas concretas. No pudimos hablar así de claro en Nueva York, pero así es el entendimiento de mutuo interés.
Viendo los problemas en que te están metiendo con tu comunicación con nuestro colega de Ucrania, procurá que esta carta no salga de repente en los ‘fake news’ o que algún ‘whistleblower’ la entregue a algún comité parlamentario. 
Sincerely yours, tu amigo 




Nayib Bukele



Un tiempo para cambiar. De Manuel Hinds


Publicado en EL DIARIO DE HOY, 28 septiembre 2019


De una manera misteriosa, las dos primeras décadas de este siglo nos están mostrando que este siglo será tan diferente del siglo XX como ese fue del XIX, y digo misteriosa porque esta diferencia de siglos se ha mostrado en los dos casos en las primeras dos décadas, como si el mundo esperara el cambio de siglos para iniciar las transformaciones más profundas. En estas décadas ha habido no solo un cambio drástico en el orden de las potencias —con China sustituyendo a la Unión Soviética como la segunda potencia mundial cuando hace un siglo Inglaterra estaba cediendo el puesto a Estados Unidos— sino también un cambio igualmente drástico en la estructura de las relaciones internacionales —de la estabilidad internacional que había en cada lado de la Guerra Fría al desorden cercano al caos en el que estamos viviendo ahora—. Los países que marcaron la estabilidad en el siglo XX, como Inglaterra y Estados Unidos, están ahora en graves crisis políticas tan grandes como las que tuvieron los países de Europa hace cien años.
No por casualidad estas crisis políticas coinciden con una revolución tecnológica muy profunda que está cambiando la manera de vivir del mundo entero. Igualmente la segunda etapa de la Revolución Industrial transformó el mundo de las primeras décadas del siglo pasado con la invención de los motores de combustión interna, de los aparatos eléctricos, de la radio y los tocadiscos, de los aviones y los vehículos motorizados. Los grandes conflictos del siglo XX surgieron porque estos avances tecnológicos, al transformar las sociedades, destruyeron las monarquías absolutistas que habían encajonado las vidas de sus ciudadanos, dejando abierta la posibilidad de sustituirlas con nuevas instituciones, pero abriendo también la posibilidad de que ellas fueran negativas o positivas, creativas o destructivas. Fue en ese momento en el que nacieron las némesis del siglo XX —el comunismo y el nazi-fascismo—. Fue en ese momento en el que también nació la democracia liberal moderna. El siglo entero se fue en la lucha por el poder entre estos tres sistemas, lucha que la democracia liberal ganó en 1945 con la derrota de la Alemania nazi y en los primeros Noventas con el colapso de la Unión Soviética.
Aunque esos dos sistemas destructivos se pintaran a ellos mismos como progresistas, en realidad ambos representaban la resistencia más rabiosa a la transformación más importante que la Revolución Industrial trajo consigo: el cambio de la autocracia a la democracia basada en el imperio de la ley. Todos los regímenes que vivieron bajo el fascismo y el comunismo fueron tiránicos, autócratas, destructivos, en la misma línea pero peores que lo que habían sido los regímenes autocráticos de los reyes absolutistas. Los países que cayeron en esas maldiciones lo hicieron porque no pudieron dar ese salto, de ser esclavos de un autócrata a ser libres, y prefirieron lo que ellos pensaron que era la seguridad de tener como gobernante a un tirano. Sólo cambiaron de tirano. Al escoger la tiranía, escogieron la rigidez que luego destruyó a la Alemania Nazi en lucha contra el resto del mundo y al comunismo en lucha contra sus propios ciudadanos.
La gente escoge las tiranías porque cree que son más efectivas porque dependen de una sola persona. Pero eso es lo que les da la rigidez fatal que luego las lleva al colapso porque, al depender de una sola persona, eliminan la diversidad de opiniones y acciones que es lo que da flexibilidad a las sociedades y evita los errores más terribles porque la diversidad es el mejor mecanismo para corregirlos.
Por la mayor parte de su historia, El Salvador ha escogido las tiranías de los caudillos y eso nos ha llevado a los peores fracasos y a la falta de desarrollo. Hoy, el mundo nos dice que debemos adaptarnos a la nueva revolución tecnológica y evitar los conflictos de la resistencia al cambio. Pero esa adaptación no es estar más tiempo en las redes sociales, sino aceptar la responsabilidad por nuestro destino y construir las instituciones democráticas y así tomar el camino que hace un siglo tomaron las sociedades que ahora son libres y desarrolladas. La democracia sigue siendo el sistema más flexible y conveniente para enfrentar un tiempo de cambios.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Carta a los críticos de Greta: Ella no nos está dando lecciones científicas sino éticas. De Paolo Luers


Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 26 septiembre 2019


Estimados:
Una niña de 16 años tomó el micrófono en Nueva York, y el mundo escuchó, porque su discurso no fue nice, no lo dijo con una sonrisa, lo dijo con rabia, espetando sus advertencias, regañándonos.
Y como era de esperar, el día siguiente el internet, los periódicos y las redes retumbaron de voces de rechazo. A nadie le gusta que una niña le regaña. Y el tema, el cambio climático, de todos modos provoca mucha negación.
Como yo, en mi última carta, reproduje el discurso completo de Greta Thunberg, me cayó mi parte del rechazo.
La gente se burla de esta niña que se atreve a dar lecciones científicas a los líderes del mundo, reunidos en Naciones Unidas. ¿Cómo se atreve ella, que ni siquiera terminó el bachillerato, a hablar de procesos que ni siquiera nosotros los adultos entienden? Pues, la respuesta es simple, amigos: Ella no da lecciones científicas, simplemente exige a los gobernantes que hagan caso a lo que los científicos del mundo, en su abrumadora mayoría, tienen años de decir: el cambio climático está en pleno avance; conocemos sus causas y sus efectos; sabemos cómo detenerlo o por lo menos suavizarlo. ¡Háganlo!
Claro que una niña de 16 años no está facultada para dar lecciones científicas, pero los científicos ya hablaron y ella tomó la palabra para darnos una lección ética. Y, estimados amigos, los niños sí tienen capacidad y derecho de confrontarnos con imperativos éticos, sobre todo cuando se trata del mundo en el cual ellos tendrán que vivir.
Nosotros los adultos hemos bombardeado a los niños durante años con sermones sobre lo bueno, lo correcto y lo moral. Lo escucharon de sus padres, sus abuelos, sus profesores, sus curas. ¿Cómo negarles el derecho de devolvernos estos sermones, cuando tan contundentemente fallamos a cumplir con nuestros propios discursos?
Esto es lo que Greta Thunberg está haciendo. En esto reside el tremendo impacto que provoca, incluyendo el rechazo. Ella no necesita tener razón en todo lo que dice sobre el cambio climático y cómo hay que enfrentarlo. Tiene derecho de equivocarse, porque en la esencia tiene razón: le estamos fallando a los niños que van a heredar el mundo de nosotros. Este es su mensaje, y duele.
Sus detractores dicen que es una loca. No ocultó su rabia. Y no está entrenada para hablar ante las personas más poderosas de la economía y la política, de egresados de las mejores universidades, de los supuestos dueños de la verdad. ¿Esperaban ustedes que iba a expresar el mensaje con una sonrisa?
De todos modos, ya pasaron los tiempos cuando encerramos en manicomios a quienes se atrevieron decir verdades incómodas. Pasaron supuestamente los tiempos cuando todo comportamiento que no se adaptaba a los buenos modales y desafiaba las verdades acordadas fue declarado locura, porque las locuras no se tenía que tomar en cuenta…
Dicen que Greta Thunberg es una pobre niña que está siendo manipulada por intereses oscuros, sean por comunistas que luego del fracaso de la lucha de clases quieren provocar luchas contra el cambio climático; o sean grupos empresariales con intereses en energías renovables. No tengo ninguna duda de que luego del tremendo impacto que ha logrado tener con su huelga escolar por el futuro, ella es perseguida por oportunistas que quieren instrumentalizarla. No sé cómo lidia ella con esto, pero en el fondo no importa: su mensaje sigue siendo el mismo, y porque es auténtico conecta con toda su generación, más allá de ideologías, razas, religiones.
La critican incluso porque viene de una familia y un país con privilegios. Qué raro, todos los que leí diciendo esto vienen de países y sectores privilegiados, ¿y qué?
Dicen que no le creen nada, porque cometió el error de viajar de Europa a Nueva York en un velero de carrera que cuesta millones. Vaya, cometió un error. Tal vez ha sido engañada en este punto. ¿Y qué? Un error de una niña significa que su mensaje pierda validez? No jodan, entonces el mundo quedaría sin mensajes y sin mensajeros creíbles.
Simplemente acepten que esta niña Greta nos confrontó con nuestra propia ética y racionalidad. ¿Y cuánta gente logra el impacto que ella nos causó, sea aplauso, reflexión o debate?
Saludos,


lunes, 23 de septiembre de 2019

A los gobernantes del mundo: ¿Cómo se atreven?, de Greta Thunberg



Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 24 septiembre 2019


Estimados lectores:
[Hoy presto el espacio de mi columna a Greta Thunberg, la adolescente sueca que hace un año inició, ella sola, una huelga escolar cada viernes para exigir que los gobiernos tomen medidas contra el cambio climático. Un año después, Friday for Future‘ es un movimiento mundial que moviliza a millones de jóvenes, tanto así que su fundadora fue invitada a hablar en la Asamblea General de Naciones Unidas. Aquí su discurso, que es una advertencia de una generación a la otra. No comparto todas sus tesis, pero tenemos la obligación de escucharlas.]

Mi mensaje es que los estaremos vigilando. Todo esto está mal. Yo no debería estar aquí arriba. Debería estar de vuelta en la escuela, al otro lado del océano. Sin embargo, ¿ustedes vienen a nosotros, los jóvenes, en busca de esperanza? ¿Cómo se atreven? Me han robado mis sueños y mi infancia con sus palabras vacías. Y sin embargo, soy de los afortunados. La gente está sufriendo. La gente se está muriendo. Ecosistemas enteros están colapsando. Estamos en el comienzo de una extinción masiva. Y de lo único que pueden hablar es de dinero y cuentos de hadas de crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven?
Por más de 30 años, la ciencia ha sido clarísima. ¿Cómo se atreven a seguir mirando hacia otro lado y venir aquí diciendo que están haciendo lo suficiente, cuando la política y las soluciones necesarias aún no están a la vista?
Dicen que nos “escuchan” y que entienden la urgencia, pero no importa cuán triste y enojada esté, no quiero creer eso. Porque si realmente entendieran la situación y de todas formas no actuaran, entonces serían malvados. Y eso me niego a creerlo.
La idea popular de reducir nuestras emisiones a la mitad en 10 años solo nos da un 50% de posibilidades de mantenernos por debajo de los 1,5 grados y el riesgo de desencadenar reacciones irreversibles en cadena más allá del control humano. 
Quizá 50% sea aceptable para ustedes. Pero esos números no incluyen puntos de inflexión, la mayoría de los círculos de retroalimentación, calentamiento adicional oculto por la polución tóxica del aire o aspectos de equidad y justicia climática. También se basan en que mi generación absorba cientos de miles de millones de toneladas de su CO2 del aire con tecnologías que apenas existen.
Así que un riesgo del 50% simplemente no es aceptable para nosotros, los que tenemos que vivir con las consecuencias.
Para tener un 67% de posibilidades de mantenernos por debajo de un aumento de la temperatura global de 1,5 grados, las mejores probabilidades dadas por el IPCC (el Panel Intergubernamental de Cambio Climático), el mundo tenía 420 giga toneladas de CO2 disponibles para emitir el 1º de enero de 2018.
Hoy esa cifra ya se ha reducido a menos de 350 giga toneladas. ¿Cómo se atreven a fingir que esto se pueda resolver actuando como de costumbre y con algunas soluciones técnicas?
Con los niveles de emisiones actuales, ese presupuesto restante de CO2 desaparecerá por completo en menos de 8 años y medio.
Hoy no se presentarán soluciones o planes en consonancia con estas cifras. Porque estos números son demasiado incómodos. Y todavía no son suficientemente maduros como para decir las cosas como son.
Nos están fallando. Pero los jóvenes están empezando a entender su traición. Los ojos de todas las generaciones futuras están sobre ustedes. Y si eligen fallarnos, nunca los perdonaremos.
No dejaremos que sigan con esto. Justo aquí y ahora es donde trazamos la línea. El mundo se está despertando. Y se viene el cambio, les guste o no.
Gracias, Greta Thunberg

Procurador a la medida. De Erika Saldaña


Publicado en EL DIARIO DE HOY, 23 septiembre 2019


Los diputados de la Asamblea Legislativa se niegan a cumplir con sus obligaciones. La última afectada es la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH), entidad encargada de velar por el respeto de los derechos humanos, investigar denuncias en caso de violaciones a estos y asistir a las presuntas víctimas. El 21 de septiembre finalizó el periodo de Raquel de Guevara como titular de la entidad. Otra vez, una institución estatal tan importante queda acéfala y la Asamblea Legislativa incumple con su deber de elegir funcionarios en tiempo.
Y algo que resulta preocupante es que los diputados quieran elegir un procurador a la medida de sus intereses, creencias o prejuicios. El pasado jueves, el presidente de la Asamblea Legislativa manifestó —según lo reportó LPG— que “buscan a alguien que respete la vida, que esté en contra de los matrimonios entre personas del mismo sexo y que no quiera encarcelar a los involucrados en hechos de la guerra”. Luego aclaró su postura y manifestó que buscan un funcionario que cumpla con la Constitución y las leyes. Sin embargo, las dudas que dejó con su pronunciamiento inicial aún siguen vivas.
Después de tantas ocasiones que se ha mandado a los diputados a repetir la plana en este tipo de procesos, cuando se han declarado inconstitucionales las elecciones de funcionarios, y después de los ríos de tinta que se han escrito por parte de medios de comunicación, organizaciones de la sociedad civil nacionales y organismos internacionales, la Asamblea Legislativa sigue sin entender.
La Sala de lo Constitucional ha emitido más de una docena de sentencias en las que se establece la importancia de las instituciones que crea la Constitución, como la Corte Suprema de Justicia, la Corte de Cuentas, Tribunal Supremo Electoral, la Fiscalía General y la PDDH, entre otras; además, los requisitos que deben reunir las personas que optan a dirigir estas instituciones y el procedimiento que debe cumplirse para la elección. Resulta increíble que la Asamblea Legislativa se niegue a cumplir sus funciones conforme a lo establecido por la jurisprudencia constitucional, pues se resisten a realizar procesos de elección de funcionarios transparentes y objetivos.
Por otro lado, está el tipo de procurador que quieren elegir. La Sala de lo Constitucional, en la sentencia referencia 8-97, expuso que ningún funcionario tiene potestades para impedir el ejercicio de derechos fundamentales a partir de su particular visión de la “moralidad”. Cada quien tiene derecho a tener su propia visión del mundo. Pero los valores, creencias y prejuicios pertenecen al fuero interno de cada persona y no pueden ser extrapolados a la función pública cuyo fin primordial es la defensa de la Constitución y de los derechos de todos los ciudadanos. La Asamblea debe tener claro que su obligación es elegir a funcionarios competentes y probos, no activistas en ningún tema. Debe elegir un procurador que defienda los derechos humanos de todos, no a la medida de sus intereses.
En una república hay una base de valores constitucionales que todos debemos cumplir y respetar: justicia, libertad, igualdad, dignidad humana, bien común y seguridad jurídica. Las apreciaciones o preferencias subjetivas no pueden ser impuestas a toda la población, pues se cae en el riesgo de cometer arbitrariedades y violentar la pluralidad de pensamiento, uno de los principios fundamentales en una democracia.
Los diputados en la Asamblea Legislativa ya deberían tomarse en serio la elección de funcionarios que se encuentra a su cargo. El detalle de requisitos que deben cumplir y los procedimientos que deben desarrollarse ya está escrito. Solo falta voluntad política de cumplir con la Constitución, eligiendo funcionarios competentes y probos para desempeñar los cargos. No ocupen el tema de elección de funcionarios solo para promesas en la campaña electoral.