
(El País/Madrid)
Con la salida de Carlos Castresana de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) se evidenció el estilo ambiguo de Naciones Unidas, cuya política consiste en hacer saltar las alarmas para enseguida satisfacerse con recomendaciones burocráticas y volantazos incoherentes.
Es difícil que, estando contaminada por la realidad guatemalteca y la vaguedad ideológica de Nueva York, la CICIG desbarate los aparatos criminales que defienden sus intereses en el corazón del Estado. Además, los enemigos de la CICIG juegan con las cartas marcadas. Trafican al amparo de una red de infiltrados, asesinos y parásitos. Mantienen boyante un negocio cimentado en la colonización del servicio público.
El empuje de Carlos Castresana para enfrentarse a la mafia decayó al portarse como el boxeador que, ante el inminente choque con un peso pesado, desperdicia su fuerza en nimiedades. El yerro de Naciones Unidas: su debilidad por la prensa, una relación de amor-odio que aleja a sus enviados de la discreción estratégica y hace brotar malquerencias que pasan factura.
El 12 de enero pasado, Castresana afirmó que Rodrigo Rosenberg concibió su propio asesinato para vengarse de Álvaro Colom y sus allegados. Al final, la bomba que el vídeo prometía estallar resultó un globo melodramático. Gracias a la CICIG, el presidente guatemalteco pudo envalentonarse ante la conspiración. Sin embargo, esta ayuda simboliza el haraquiri de su independencia. Porque si la teoría sobre el caso Rosenberg es categórica, chirría un defecto: resolver en tiempo récord el asesinato de Rosenberg, no así el caso Musa (Khalil y Marjorie fueron ametrallados en abril de 2009 a raíz de una disputa que, según el suicida, involucra a la élite política). Hasta hoy, ignoramos quién ordenó sus muertes.
Dos meses después de aquella rueda de prensa, el ministro de Relaciones Exteriores de Guatemala solicitó y obtuvo la prórroga del mandato de la CICIG. Aunque su presupuesto no surge del erario local ni de la ONU, sino de las donaciones de 16 países, sólo el Gobierno Colom puede requerir prolongaciones. Semejante débito condiciona la labor de la CICIG. De ahí que en su hoja de resultados no figure ningún pez gordo. En la captura del ex presidente Alfonso Portillo, es obvio que el reclamo de EE UU fue determinante. Que la CICIG se adjudique el éxito da señales de confusión sobre su objetivo y sus prácticas.
Con la última designación del fiscal general ardió Troya. La Constitución establece que su nombramiento recae en el presidente de la República, quien lo escoge entre seis candidatos calificados por autoridades judiciales, académicas y gremiales. Para Castresana, el grueso de los aspirantes incumplía la idoneidad o representaba al crimen organizado. Peor: sospechó de la propia Comisión de Postulación.
En las circunstancias actuales, ¿a quién iba a elegir Álvaro Colom? Al aliado que pare las embestidas en su contra. Ante esa coyuntura, Castresana dimitió asegurando que era objeto de una campaña negra. ¿Esperaba que los criminales jugaran limpio? "Le estamos mirando la cara al monstruo, y le sostenemos la mirada", dijo. Los capos respondieron con hechos: "Pero no nos puedes sostener el pulso". Aquí reaparece el caso Rosenberg. Precisamente, Mario David García -el periodista radial que recomendó al desesperado grabar su testimonio- ventiló el rumor de que el fiscal español tenía amoríos y favoritismos profesionales con una joven abogada jamaicana. García, de trayectoria golpista, se dio el lujo de entrevistar a un supuesto portavoz de la esposa de Castresana. Esta pedrada, calumniosa o no, es la predilecta para defenestrar incómodos.
Sorprende que la CICIG reproduzca a ratos la conducta de Rosenberg: denunciar sin probar. Mientras el muerto jura que Colom y su entorno asesinaron a los Musa, el jefe de la CICIG acusó al fiscal general electo, Conrado Reyes, de proteger los intereses de organizaciones ilícitas. Esa imputación emplazaba a Castresana, no a las salas de prensa ni al despacho presidencial, sino a los tribunales de justicia.
La Corte de Constitucionalidad revocó el 10 de junio el brevísimo periodo del ahora ex fiscal general Conrado Reyes. Los magistrados mediaron en una situación que empieza a desbordarse para desgracia de un país brutalizado por la violencia.
De ser cierta la adscripción de Reyes, era la ocasión para acreditar in fraganti que el Estado guatemalteco está plagado de mafiosos. En este contexto, las reacciones complotistas son inevitables, incluyendo contestaciones sanguinarias, como esas cuatro cabezas mensajeras que aparecieron en la capital, o el secuestro y descuartizamiento de una funcionaria de presidios.
Carlos Castresana tiró la toalla precipitadamente. El Departamento de Asuntos Políticos no podía barajar, veloz y en frío, una lista de sustitutos. Si ya tenían en mente un reemplazo -Francisco Dall'Anese, el fiscal general de Costa Rica-, el encuentro con el secretario general Ban Ki-moon se trató de una remoción.
Los capos de la mafia apenas mostraron las orejas del lobo a Castresana. Si Francisco Dall'Anese acepta la servidumbre mediática y extralimita los privilegios de su cargo, pregonando más que apretando, también habrá mordido el polvo.
(El País/Madrid. El autor es escritor guatemalteco, autor de El cálculo egoísta: inmigración y racismo en la España del siglo XXI.)
¿Cómo se atreven a invitar El Salvador a Roberto Micheletti? ¿No saben que es el malo de la película hondureña del 2009?
Ahora aténganse a las consecuencias: el regaño del presidente. ¡En su propia casa, en su propia cara, en la inauguración de la Torre Pedregal, tuvieron que aguantar la vergüenza que el excelentísimo señor presidente les escupe una puteada de cantina! Llamándolos golpistas.
Y como nadie de ustedes fue a Casa Presidencial para pedirle disculpas al mandatario y para asegurarle que ustedes no están tramando ninguna de desestabilización a su gobierno, el pobre tuvo que malgastar su discurso de anfitrión en la reciente cumbre centroamericana para volver a regañar a sus empresarios: “Existen todavía sectores políticos, económicos y militares que justifican las prácticas golpistas y que han manifestado públicamente su apoyo a liderazgos que violentaron el sistema democrático.”
Ustedes tienen la culpa que nuestro presidente tuvo que romper el protocolo y hablar, frente a sus colegas presidentes, de sus pleitos internos con unos empresarios tercos que siguen insistiendo que Roberto Micheletti, lejos de ser golpista, salvó Honduras del deslice hacia el socialismo del siglo 21 importado desde Venezuela...
Imagínense la pena para el señor presidente: Tuvo que reconocer frente a los presidentes centroamericanos que no le hacen caso sus empresarios.
Entiendan el mensaje, señores: en vez de invitar a Micheletti, hubieran invitado a Manuel Zelaya o a Daniel Ortega, para dar conferencias magistrales sobre cómo modificar la constitución para preparar el terreno para la reelección presidencial...
El problema es que ustedes no entienden que nuestro país ha sufrido un cambio: ahora sólo se puede hacer lo ‘políticamente correcto’. Y lo que es ‘políticamente correcto’ se define en consenso entre Casa Presidencial y la UCA.
Claro, todavía es un país libre. Todavía uno puede disentir de lo que ellos declaran ‘políticamente correcto’. Todavía se puede decir que el verdadero golpista en Honduras era Zelaya. Por supuesto, con el peligro de recibir otra puteada de parte del presidente de la República...
Les saluda Paolo Lüers
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The filmmaker Oliver Stone's documentary of Venezuelan President Hugo Chavez has re-energized a long-running debate about the future of Venezuela and what it means for democracy in other countries.
Mr. Stone argues the assault on human rights is of secondary concern, saying: "Why do you seek out the dark side when the guy is doing good things?" After all, "Most peoples' lives in this country have improved under Chavez."
Unfortunately, for the vast majority of Venezuelans, this statement could not be further from the truth. If you are among the millions living in barrios, you no longer trust that you will be protected, that services will be delivered, that your lights will stay on or that you will have access to clean water.
As a mayor for eight years of the commercial district of Caracas, I have seen firsthand how dreams have become more elusive for average Venezuelans, replaced by a dangerous sense of frustration and hopelessness.
Venezuela is now the murder capital of the western hemisphere -- with a 320 increase in homicides and a 1,400 percent increase in kidnappings since 2000. This pervasive state of insecurity affects all Venezuelans, especially those living in poverty.
Shelves are bare, and Venezuela's production capacity has deteriorated so much that we have had to increase food imports by 700 percent -- including goods such as meat and coffee that were once 100 percent locally produced. Prices are 650 percent higher since Chavez first took office. The recent discovery of 81,000 tons of rotting food in a government-controlled storage facility only added to the sense that this is a problem that the president has created.
Access to clean water and electricity is a similar story. Power outages are now a daily fact of life. Many government agencies have to close early in the afternoon because there is not enough electricity.
These worsening conditions have opened the door to more sinister developments, especially in the border regions with Colombia, where people speak of an alarming growth in guerrilla activity, including the FARC. Last week I visited el Alto Apure in this region and heard a mother of four describe the new reality:
"As mothers we fight a silent war against the recruitment of our children by the elenos or the boliches (the ELN and the FBL guerrilla groups)," she told me. "If we say something we risk our lives, walls listen in El Nula."
The government officially denies the presence of these groups in Venezuelan territory. However, those who live here say the groups are so pervasive that they now have absolute control of everything from gasoline distribution to the management of the health centers and the police. A middle aged shop owner who survived a recent kidnapping told me, "If you want something to get done you need to speak with the guerrillos, everything you tell the police or the army they will know, so its better to speak directly with them."
The most shocking testimony was given by a 17 year old boy who said many of his fellow students in school have been recruited as members of the guerrilla groups and go to school as informants. "They don't want to learn, they only go in order to inform the elenos what is happening in our school. [The guerillas] the offer them a salary and a motorcycle, and off they go." I asked him if any had been killed recently. The boy's 16-year-old friend looked him for permission to respond and said, "yes two weeks ago Jose Andres was killed, they said that it was an accident, but we know he died during a conflict between guerrilla groups. That happens all the time."
The difficulties here go beyond insecurity and guerrilla. This region was once one of the most productive meat production territories in Venezuela. More than 50 small, medium and large productive farms in this area alone have been confiscated and are currently controlled by the government. Production has plummeted. Land that had been full of the best cattle is now empty.
The pain has certainly undermined public confidence in Chavez, which is now at an all time low. In 2012, Venezuela will hold its next presidential election, and polls show that a majority of citizens believe it is time for a change. But change is by no means inevitable.
We in the opposition must first take responsibility for our own historical failings, and apply important lessons. It is not enough to be against Chavez. People need to hear how we will make their lives better in basic terms of safety, shelter, and a better chance to achieve dreams.
We must also be a more organized majority. In the past, we in the opposition have been our own worst enemy. Backroom decision-making and political infighting reminds the people of a past they do not want to return to. We need to show them something different: new leaders, transparent processes and ways to engage people directly in our decision-making processes.
Finally, the international community must be more engaged. The approach to Venezuela must not be unilateral but multilateral - led by institutions such as the Organization of American States.
What happens in Venezuela will have profound consequences for Latin America - and for global stability. If the playbook being used today in Venezuela is allowed to succeed without condemnation, it will be replicated not just in Latin America, but also in Africa, Asia and the Middle East.
And for the average citizen, access to dreams would diminish even more.
Leopoldo Lopez was mayor of Chacao from 2000 to 2008. He won Transparency International's Award for the most transparent municipality in Venezuela. In 2009 he founded Voluntad Popular, a social organization with the goal of promoting democracy and human rights.
Usted es parte de un gobierno que se ha comprometido con la transparencia. Además usted se dice alumno y heredero del padre Ignacio Ellacuría, quien siempre ha exigido que los gobernantes rindan cuenta a los gobernados. Por tanto, le pido que nos conteste un par de preguntas.
¿Por qué razón usted se pasa encima del buen nombre y del prestigio profesional de Gregorio Bello Suazo, a quien destituyó de su cargo de director del Museo Nacional de Antropología? Gregorio Bello Suazo goza en el mundo de antropología, historia o museología de gran reconocimiento, mientras el señor que usted nombró en este cargo es un escritor que ni siquiera en su campo goza de respeto de sus colegas. Y cuando a usted le cuestionan esta decisión arbitraria, usted pone en duda su honorabilidad en el manejo de los recursos del museo. Sin pruebas, sin recurrir a la Fiscalía, sin auditoría formal. Y para justificar todo esto, usted utiliza una extensa entrevista que le hace Jacinta Escudos en un matutino. Dos semanas después, usted nombra a la amable entrevistadora directora de la Casa del Escritor. ¿Canje de una entrevista de cortesía contra un cargo en su Secretaría?
Cuando otro de sus directores, nombrado por usted mismo, le informó de irregularidades en la administración anterior de su institución, en vez de ordenar una investigación, usted despidió al denunciante.
¿Nos puede explicar esta contradicción? Por una parte usted utiliza acusaciones de corrupción para justificar un cambio de director que no tiene justificación en el campo de méritos profesionales; y por otra parte, usted despide a un funcionario que le informa de irregularidades. La única manera de explicarme los dos casos es que ambos directores que despidió provienen de una rama de la izquierda diferente a la que actualmente gobierna nuestro país.
Ya ve, doctor, cuando los gobernantes no se dignan a explicar bien sus decisiones, cada uno trata de interpretarlas de su manera, y más que uno comienza a sospechar de conspiraciones y maquinaciones.
Saludos, Paolo Lüers
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A los viejos dictadores de la década de los cincuenta, y a los del Cono Sur que en los setenta llevaron a cabo sus guerras genocidas Pinochet, los generales argentinos y brasileños, los caracterizó el denominador común de su persecución contra los periodistas. Nada los perturbaba más que la libertad de expresión, y la combatieron a sangre y fuego.
Germán Arciniegas escribió por aquellos años Entre la libertad y el miedo, un libro ya clásico entre las historias de la época, que retrató personajes como Somoza, Trujillo y Pérez Jiménez. Los primeros integraron la "Internacional de las espadas", eran como una "fratellanza" diabólica que perseguía a sus adversarios donde quiera que estuvieran, mientras paralelamente se conjuraban contra los regímenes democráticos. Fueron los soldados de plomo del imperio, en los confusos tiempos de la Guerra Fría. Exterminaron a sus adversarios, vulneraron los derechos humanos e impusieron la más brutal censura de prensa. Para denunciar sus crímenes y sus desmanes financieros era preciso arriesgar la vida.
Los dictadores de los setenta actuaron en otros contextos, pero emularon a sus predecesores en brutalidad.
Fueron, unos y otros, déspotas conservadores, llamados de "derecha", impusieron el silencio en sus países en nombre de la soberanía. Nadie podía criticarlos porque eran "soberanos", y así aislaron sus países mientras reprimían y acallaban a los pueblos.
O sea, bajo la invocación de Torquemada, los generales restablecieron el Santo Oficio, y sus opositores o simples disidentes corrieron el mismo destino de los herejes españoles del siglo XV. Si no fueron quemados en la hoguera, les dieron el mar por sepultura, porque los lanzaban desde helicópteros sin identificación, como sucedió en Argentina.
El mayor crimen del Santo Oficio de los dictadores militares fueron los "delitos de opinión". Que se difundieran sus políticas de exterminio, sus manejos secretos de los dineros públicos, sus conspiraciones y sus conjuras, sus alianzas inconfesables, equivalía a graves "violaciones de la soberanía nacional". Los tiranos y sus aparatos de represión apelaron a todos los sofismas para acallar a la gente.
Los déspotas latinoamericanos de los cincuenta y los setenta fueron combatidos de frente por la izquierda democrática y por sectores sociales de distinto signo. En Venezuela enfrentamos a los dictadores de otros países y derrotamos la autocracia de Pérez Jiménez, y cuando se restableció la democracia, el país se convirtió en asilo de perseguidos.
La historia registra ahora una tergiversación obscena. Del término "izquierda" se apoderaron los impostores, y, como si fuera poco, partidos a los cuales no podría negárseles esa condición, se han convertido en los nuevos epígonos del Santo Oficio.
Un episodio reciente ilustra esta trágica mueca de la historia. Apenas 24 horas después de presentar su programa de gobierno, la candidata a la Presidencia de Brasil por el Partido de los Trabajadores se vio precisada a retirarlo porque había firmado cada una de sus 50 páginas sin leerlas, los estrategas del PT habían abusado de su confianza e incluyeron en el programa puntos no aptos para la "publicidad". Eran las cartas bajo la manga.
Un punto consagraba la "licencia" para que los Sin Tierra pudieran ocupar zonas privadas, y la otra, una declaración de guerra a los medios independientes. Incluir asuntos tan polémicos en un programa de gobierno más que una temeridad fue un juego sucio que sorprendió a la candidata de Lula. De ahí que Dilma Rousseff no dudó en rectificar el programa, pero la desconfianza de las cartas ocultas oscilará en la campaña. ¿Es que, acaso, no hay otro método de resolver el problema de la tierra que no sea la ocupación violenta, después de ocho años de gestión de Lula y del PT? Y, en cuanto a la libertad de expresión, ¿se afiliará a las corrientes antidemocráticas de los impostores? Vale la pena preguntarnos, ¿también Brasil entre los vicarios del Santo Oficio? Porque algo diferente son los impostores que apelan a la etiqueta de "izquierda" para cohonestar sus proyectos reaccionarios o anacrónicos.
Los países de la Alianza Bolivariana, Venezuela y Ecuador, como la Argentina de los millonarios Kirchner, no cesan en su guerra contra los medios. En la tierra del que dijo que la imprenta era la artillería del pensamiento lo que se pretende es que se elimine el pensamiento y predomine la artillería: la hegemonía comunicacional que ahoga y aniquila la libertad de expresión. El Centro de Estudio Situacional de la Nación es el más reciente intento de regimentar la opinión pública. No importa que la Constitución prohíba la censura, primero están los designios del proyecto que pretende convertir la nación en conejillo de Indias.
Ahogar el espíritu crítico de las sociedades en el mar muerto de la censura fue siempre el denominador común de todas las dictaduras. También las identifica el fracaso.
(El Nacional/Venezuela; el autor es historiador, fue canciller de Venezuela y actualmente es parte del directorio de El Nacional)
Y tienen razón. Aunque Costa Rica, en comparación con las cifras de homicidios, secuestros y extorsiones en Honduras, Guatemala y El Salvador, parece un paraíso, la violencia va en aumento. Cuantitativa y cualitativamente. Las estadísticas del horror que vivimos nosotros no pueden ser parámetro para otros países. Nosotros ya rompimos todos los estándares, sobrepasamos todos los límites.
Costa Rica tiene toda la razón de discutir --ahora y con urgencia-- los mismos temas y las mismas medidas que nosotros estamos discutiendo 10 años tarde: control de armas, leyes anti-mafia, revisión de las leyes para delincuentes menores, previsión y represión, etc. Viendo lo que pasa a sus vecinos en el triángulo norte de Centroamérica, sería una falacia que los costarricenses no trataran de actuar a tiempo, antes de que el crimen sobrepase las posibilidades del Estado a responder.
A veces hay que salir y hablar con los vecinos para entender bien su propia situación. Escuchando cómo la gente en Costa Rica se preocupa porque en un fin de semana ha habido 3 homicidios, uno toma conciencia de lo absurdo que estamos viviendo en El Salvador, donde nos alegramos cuando hay un día con menos de 10 homicidios. En Costa Rica sonaron las campanas de alarma, cuando el número de homicidios hizo un salto de 369 a 512. Pero al año, no al mes... Nosotros tuvimos 404 homicidios en enero de este año.
Pero este aumento de 37% en un año convirtió el tema de la violencia en el número uno de las preocupaciones de los ciudadanos de Costa Rica. Y están viendo con intensa atención hacia El Salvador. Platicando con amigos o extraños en Costa Rica, un salvadoreño inmediatamente confronta interrogantes sobre: la violencia, las pandillas, las extorsiones, la ineficiencia de la policía, el despliegue del ejército...
Los países son representados por sus grandes marcas. Estados Unidos por Coca Cola y Microsoft; Alemania por BMW y Bayer; España por Real Madrid y Telefónica; Costa Rica por Dos Pinos; México por José Cuervo y los Zetas... y El Salvador por MS y 18, sus marcas de exportación. Nadie en Costa Rica nos dice: "Ahh, usted es de El Salvador, la tierra de Adoc e Hilasal..." Todos dicen: "Ahh, ¡Mara Salvatrucha!"
Que Costa Rica no tiene intención y entusiasmo para integrarse con sus vecinos centroamericanos, es evidente cuando uno traspasa la frontera entre Nicaragua y Costa Rica. Pasar esta frontera en carro es una aventura kafkiana. En sus fronteras y en casi todas sus políticas se manifiesta que los ticos tienen miedo de contagiarse de la pobreza de Nicaragua y de la violencia de El Salvador, Honduras y Guatemala. No quieren integración ni con un presidente de opereta como Daniel Ortega, ni con los conflictos internos de Honduras, ni mucho menos con la Mara Salvatrucha y el Estado fallido de Guatemala.
Es entendible. Pero no es correcto. Así como nosotros tenemos que asumir que la violencia es hecha en casa, made in El Salvador, y no importada de Los Angeles, ni del México de la guerra del narcotráfico, también los ticos estarían equivocados si piensan que el reciente aumento del crimen en su país proviene de sus vecinos violentos en el triángulo norte de Centroamérica.
Cada país tiene su propio caldo de cultivo para su propia violencia. Todos los países del área padecen de la misma enfermedad, pero con síntomas y orígenes diferentes. Hace falta, en cada país y a nivel regional y comparativo, desplegar recursos humanos y económicos para investigar esta enfermedad y proponer soluciones. Es incomprensible que, siendo la violencia el principal problema de la región, ningún país haya puesto a sus mejores investigadores sociales, sicológicos, económicos, jurídicos y criminológicos a analizar las causas y las curas de esta enfermedad.
(El Diario de Hoy)
El socialismo "a lo venezolano" de Hugo Chávez es un claro ejemplo de los regímenes populistas sudamericanos que se inician con el peronismo argentino. El historiador Carlos Malamud estudia este fenómeno en un libro del que publicamos un extracto.
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Dijo el presidente venezolano Hugo Chávez que "la causa esencial de la Revolución Bolivariana es buscar más y mejor nivel de vida para todos, en la lucha por instalar en Venezuela un nuevo sistema social, económico, político: el socialismo criollo, a lo venezolano". La llegada de Chávez al poder en 1999, producto de la implosión del sistema de partidos políticos en su país, impulsó grandes expectativas de cambio. Si bien Chávez se ha mostrado muy eficaz en el desmantelamiento del orden anterior, evidencia serias dificultades para construir un modelo alternativo. Desde el comienzo de su gestión, se propuso llevar adelante una estrategia que le permitiría mantenerse durante largo tiempo al frente del Gobierno, para lo cual era necesario dar la vuelta total y profundamente al sistema político imperante, y para ello impulsó de forma acelerada una profunda reforma constitucional (...).
Hugo Chávez ganó sus primeras elecciones con un amplio apoyo social, que incluía sectores importantes de la Iglesia, medios de comunicación, clases medias, sindicatos de trabajadores y gremios empresariales, Fuerzas Armadas y, por supuesto, de las clases populares. Una vez instalado en el poder y tras impulsar su reforma constitucional, la crispación y la división social se convirtieron en una herramienta de movilización de sus fieles y de quienes se vieron reflejados en la "revolución bolivariana". Sin embargo, la magnitud y el calado de las transformaciones y reformas producidas han llevado a numerosos analistas a cuestionarse la profundidad y la naturaleza de la revolución. Así, cabe preguntarse si efectivamente estamos frente a un verdadero movimiento revolucionario o frente a una reedición del clásico estatismo latinoamericano o del populismo de mediados del siglo XX, de contenidos nacionalistas y antiimperialistas (antinorteamericano), que tuvo en el peronismo su manifestación más clásica y acabada.
Es indudable que el significado profundo del chavismo, tanto dentro como fuera de las fronteras venezolanas, habría sido muy diferente de no haber mediado dos hechos decisivos. Primero, la confluencia y sintonía personal, política e ideológica entre los comandantes Hugo Chávez y Fidel Castro, y segundo, la importante escalada en los precios del petróleo hasta 2008, que han permitido al régimen contar con los recursos necesarios para impulsar y financiar sus proyectos tanto dentro como fuera del país.
Si por revolución entendemos una transformación acelerada y profunda de las estructuras políticas, económicas, sociales y culturales, es evidente que en Venezuela no se ha producido ninguna, más allá de lo que señala la propaganda oficial. Repasando las estadísticas de distribución de la sociedad venezolana a fines de la década de 1990 y en la actualidad, se observa que no se han producido transformaciones sociales dramáticas entre ambas fechas, más allá de ajustes normales, consecuencia de procesos de ascenso y descenso social. En abril de 2008, el Gobierno venezolano lanzó una nueva misión, la "13 de abril", en recuerdo de la fecha en la que Chávez recuperó el poder en 2002, cuyo principal objetivo era luchar contra la pobreza y el atraso, y profundizar en la construcción del socialismo del siglo XXI. Si tras casi nueve años de gobierno sigue siendo necesario movilizar importantes recursos del Estado para combatir la pobreza y el atraso, resulta complicado evaluar el cumplimiento de los principales objetivos de la "revolución bolivariana".
(...) A diferencia de Cuba, donde la revolución barrió literalmente el sistema político, económico y social preexistente, e introdujo una nueva legitimidad basada en el liderazgo indiscutido de Fidel Castro, lo que ocurre en Venezuela es totalmente diferente. Hugo Chávez llegó al poder mediante unas elecciones que ganó clara y limpiamente, por lo que su incuestionable legitimidad de origen hay que verla en el sistema democrático del país y en las elecciones, a las que recurre una y otra vez en búsqueda de legitimidad.
Como la legitimidad de origen de Chávez depende de las urnas, y no de una revolución, a diferencia de la cubana, la redacción de la nueva Constitución venezolana fue producto de una singular interpretación legal que permitió eludir los mecanismos constitucionales de reforma previamente establecidos. (...) Si bien se quiso dotar a la nueva Constitución de un significado revolucionario, introduciendo dos poderes más (el ciudadano y el electoral) junto a los tres clásicos (ejecutivo, legislativo y judicial) y algunos mecanismos para reforzar la participación popular y la democracia participativa, el producto resultante fue un híbrido incapaz de acabar con los mecanismos formales de la democracia o conducir al país a un sistema económico más estatista o colectivista.
Las características de la última y fracasada reforma constitucional muestran las limitaciones del Gobierno bolivariano y su necesidad de someterse al Parlamento y a la legalidad, por más que tenga una Constitución redactada a imagen y semejanza de Chávez y que de momento no exista ninguna oposición parlamentaria. La aplastante mayoría del oficialismo en la Asamblea Nacional se debe al suicidio político de la oposición, que se abstuvo de participar en las elecciones parlamentarias de 2005. Estas limitaciones explican la sanción de "leyes habilitantes" para aprobar leyes sin la intervención del Congreso, aunque, al igual que en 2007, tuviera una amplia mayoría parlamentaria. De otro modo, su legitimidad de ejercicio habría sido invalidada. (...)
La nueva Constitución decretaba el inicio de la Quinta República, ya "bolivariana". Pese al cambio de nombre, el país seguía siendo "un Estado federal democrático social de derecho y justicia", lo que permite insistir en el carácter no revolucionario del régimen, si bien se cambió el sistema de gobierno de representativo a participativo, y la Constitución reconoció nuevos derechos políticos, económicos, sociales, familiares, educativos, laborales y de la salud. La reforma reforzó el poder del presidente, al que permitía una única reelección inmediata; amplió su mandato de cinco a seis años, eliminó el Senado y convirtió al Parlamento en unicameral (la Asamblea Nacional); además, introdujo el referéndum revocatorio para los cargos de elección popular y reforzó determinados mecanismos para garantizar la participación directa de los sectores populares en la vida pública.
Pese a la profundidad de algunas reformas constitucionales, no se produjeron cambios importantes en el sistema político, las estructuras sociales o las instituciones económicas. La democracia electoral, el capitalismo y el Estado de derecho, con mayor presencia del Estado, continuaron siendo el esqueleto legal y jurídico del país, que seguía girando en torno al petróleo. Por más que Venezuela se redefiniera oficialmente como bolivariana, mantenía sus atributos tradicionales, especialmente notables en el clientelismo y el nepotismo. (...)
La conquista del aparato del Estado fue una de las prioridades de Chávez tras su primera victoria electoral. Militantes del MVR y Patria para Todos (PTT) y militares del MBR200, y otros grupos e independientes aliados coparon los principales puestos de la Administración, mientras comenzaba la limpieza de los cuadros de los partidos tradicionales de la función pública. (...) Pronto quedaron claras las líneas maestras del Gobierno: mejora de la situación de los sectores más desfavorecidos (cancelación de la "deuda histórica"); proyectos cívico-militares en línea con lo definido por Ceresole, como el Plan Bolívar 2000; acercamiento a Cuba y alejamiento de Estados Unidos, y mayor protagonismo en la OPEP para mantener altos los precios del crudo. El Gobierno insistía en las diferencias sociales y el antinorteamericanismo para movilizar a los sectores más afectos. Por un lado, acentuaba las diferencias entre la oligarquía y los desheredados. Por el otro, apelaba a los sentimientos nacionalistas remarcando las diferencias con George W. Bush y la "guerra asimétrica" contra Estados Unidos. Su introducción le permitió justificar el programa de compra de armas, difícil de presentar de no mediar una posible invasión norteamericana, e incidir en la movilización popular a partir del programa de reservistas, lanzado en 2005. En palabras de Chávez, se trataba de movilizar a dos millones de hombres y mujeres en defensa de la patria. (...)
Chávez llegó al poder gracias al desplome del sistema político venezolano y la práctica desaparición de los dos grandes partidos, AD y COPEI. Esta situación facilitó su triunfo y creó las condiciones para mantenerse en el poder. La oposición quedó desarmada frente a un presidente atípico, con un discurso inusual, que apelaba a la relación directa con la gente (su programa televisivo Aló, presidente es un claro ejemplo). Por si esto fuera poco, la agenda social, que le daba acceso a los sectores populares, fue abandonada por una oposición que no supo encontrar un camino, un discurso, una organización y unos líderes que estuvieran a la altura de las circunstancias y supieran llegar a la gente. Es más, algunos de los logros gubernamentales fueron descalificados por la oposición al incluirlos, sin matices, dentro de la estrategia marxista, comunista o castrista del Gobierno. Mientras la oposición siga planteando la vuelta a lo anterior, en vez de presentar propuestas alternativas de cambio, sus opciones seguirán siendo mínimas.
La crispación política inicial sumió en el desconcierto a la oposición, que no sabía si enfrentar a Chávez con métodos democráticos o con mecanismos violentos y golpistas. Algunos incitaban al magnicidio, por un camino que condujo al intento del golpe de 2002 y al paro petrolero. El desconcierto se mantuvo tras el referéndum revocatorio, y por eso se insistió en las denuncias de fraude electoral y manipulación. Es verdad que la Lista Tascón, el listado de firmantes que solicitaban el referéndum, sirvió para perseguir y depurar a funcionarios opositores y para cancelar contratos públicos con empresarios desafectos al régimen, pero el apoyo al régimen era innegable. En lugar de reivindicar como un triunfo las numerosas firmas conseguidas y el 41% de los votos y prepararse para participar en condiciones en las elecciones presidenciales de 2006, la oposición volvió a inclinarse erróneamente por la denuncia y la confrontación. (...)
La derrota en 2007 de la reforma constitucional, vinculada para algunos con el fracaso de las misiones, fue un golpe para el proyecto político de Chávez. La nueva Constitución debía permitir la reelección indefinida del presidente, pero no de los otros cargos electivos, lo que provocó un gran malestar entre los cuadros y dirigentes chavistas, especialmente en los Estados del interior. A la vez, la reforma buscaba consolidar el proyecto socialista. El articulado propuesto avanzaba más en la senda de reforzar la participación estatal en la economía que en crear instituciones de producción colectiva (cooperativas) o nuevas formas de propiedad distintas de la privada. Un argumento central de la oposición fue denunciar la introducción de nuevas formas de propiedad, que creó inquietud y temor en vastos grupos de la población, a la vez que aumentó el clamor sobre el contenido comunista o marxista de la revolución. (...)
(...) La mayor limitación del sistema bolivariano proviene de su dependencia del sistema electoral, que también presenta en las instituciones, la justicia e, incluso, en la propia Constitución que reformó para hacer viable su Gobierno otras claves de por qué la "revolución" no es tal. Las transformaciones del sistema político y económico y las nuevas instituciones impulsadas por estos cambios solo han permitido el ilimitado incremento de la participación del Estado en todos los ámbitos de lo cotidiano y el reforzamiento del poder personal del presidente. Esto no quiere decir que muchos de los dirigentes del PSUV y de los seguidores del proceso no sean marxistas, castristas o comunistas, o no quieran hacer una verdadera revolución socialista, inclusive mediante la lucha armada, pero no son estos, de momento, los hilos conductores del proceso político que está teniendo lugar en Venezuela.
La falta de una verdadera revolución y la dependencia electoral de la legitimidad del régimen bolivariano han impedido a Chávez profundizar en el proceso que él mismo encarna con tanta claridad. La prueba más palpable ha sido la derrota en el referéndum para la reforma constitucional de diciembre de 2007, la primera derrota del proceso en las urnas, una derrota que no ha tenido consecuencias mayores dada la gran debilidad de la oposición. Sin embargo, como se ha señalado previamente, es el carácter no revolucionario sino estatista lo que define el día a día del proyecto estratégico del comandante Chávez, que bajo el adjetivo "bolivariano" implica literalmente más nacionalismo y más retórica antinorteamericana.
(El País/Madrid. El autor es historiador)
El no de Turquía del mes pasado (al que se sumó Brasil) a las nuevas sanciones contra Irán aprobadas por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas muestra su grado de distanciamiento de Occidente. ¿Estamos siendo testigos de la llamada política exterior neo-otomana del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) en el gobierno, que supuestamente pretende regresar a las raíces orientales islámicas del país? Pienso que estos temores son exagerados. Si las cosas funcionaran así, ello se debería más a una profecía de Occidente que se cumple a sí misma que a las políticas turcas.
De hecho, la política exterior turca, que tiene como objetivo resolver los conflictos existentes con y dentro de los Estados vecinos, de ningún modo entra en conflicto con los intereses occidentales. Todo lo contrario. Pero Occidente (y Europa en particular) tendría que tratar a Turquía como un socio serio, y dejar de verla como un Estado vasallo.
Turquía es y debe ser un miembro del G-20 porque con su población joven, que crece rápidamente, se convertirá en un Estado económicamente muy fuerte en el siglo XXI.
Cuando el secretario de Defensa de EE UU, Robert Gates, criticó a los europeos por haber contribuido con su conducta hacia Turquía a este distanciamiento, su franqueza causó gran agitación en París y Berlín. Sin embargo, Gates dio en el clavo. Desde que cambiaron los gobiernos, de Jacques Chirac a Nicolas Sarkozy en Francia y de Gerhard Schroder a Angela Merkel en Alemania, la UE ha decepcionado a Turquía.
En el caso de Chipre, la UE ni siquiera se abstuvo de romper compromisos previos asumidos con Turquía o de cambiar unilateralmente reglas acordadas en común. Además, si bien los europeos han cumplido formalmente su decisión de iniciar negociaciones de adhesión con Turquía, han hecho poco para que avancen. Apenas ahora, la UE está dispuesta a abrir un nuevo capítulo en las negociaciones (lo que demuestra que el motivo del estancamiento era de naturaleza política).
Sobra decir que Turquía está situada en una ubicación geopolítica muy sensible, particularmente en lo que se refiere a la seguridad de Europa. El Mediterráneo oriental, el Egeo, los Balcanes occidentales, la región del Caspio y el Cáucaso meridional, Asia central y Oriente Próximo son regiones en las que Occidente no logrará nada, o logrará muy poco, sin el apoyo de Turquía.
Esto se aplica no solo a la política de seguridad, sino también a la energética, si se trata de buscar alternativas a la creciente dependencia de Europa de los suministros rusos.
Occidente, y Europa en particular, no puede darse el lujo de ofender a Turquía. La seguridad de Europa en el siglo XXI se determinará en gran medida en el sureste del continente, exactamente donde Turquía resulta crucial. Pero en lugar de vincular a Turquía lo más estrechamente posible a Europa y Occidente, la política europea está empujándola hacia Rusia e Irán.
Este tipo de política es absurda y miope. Durante siglos, Rusia, Irán y Turquía han sido rivales regionales, nunca aliados. No obstante, la ceguera política de Europa parece ignorar ese hecho.
Por supuesto, también Turquía es muy dependiente de la integración con Occidente. Si no lo logra, ello debilitaría drásticamente su propia posición frente a sus socios (y rivales) regionales potenciales a pesar de su ubicación geopolítica ideal. La negativa de Turquía a imponer nuevas sanciones contra Irán seguramente resultará ser un error importante, a menos que el primer ministro Recep Tayyip Erdogan logre un cambio real en la política nuclear iraní. Ello es muy improbable.
Además, puesto que la confrontación entre Israel y Turquía ha fortalecido a las fuerzas radicales en Oriente Próximo, ¿qué espera la diplomacia europea (tanto en Bruselas como en las capitales nacionales)? Ni Occidente ni los propios Israel y Turquía pueden permitirse de ninguna manera una ruptura permanente entre los dos Estados, a menos que el resultado deseado sea que la región siga su camino hacia una desestabilización duradera. Ya es tiempo de que Europa actúe.
Lo que es aún peor es que, si bien la apatía de Europa resalta más en el caso de Turquía y Oriente Próximo, esta triste situación no se limita a esa región. Lo mismo sucede en el Cáucaso meridional y en Asia central, donde Europa, con la aprobación de los pequeños países proveedores de la zona, debería perseguir firmemente sus intereses energéticos y reafirmarse frente a Rusia, y también frente a Ucrania, donde la participación europea debería ser más activa. La crisis económica global ha puesto en marcha muchos acontecimientos nuevos en toda esa región, y un nuevo actor, China (que planifica a largo plazo), ha entrado en la escena geopolítica.
Europa corre el riesgo de que se le acabe el tiempo, incluso en su propio vecindario, porque en todos esos países no hay una política exterior europea activa ni un compromiso firme de la Unión Europea. Como dijo Mijaíl Gorbachov, ese gran estadista ruso de las últimas décadas del siglo XX: "La vida encuentra la forma de castigar a los que llegan demasiado tarde".
(El País/Madrid)
¡Felicidades! Te nombraron embajador, porque fuiste un fracaso como secretario de comunicaciones de Cancillería. Y porque no hubo otra forma de deshacerte de vos. Demasiado bien conectado en los círculos internos del Partido Comunista.
¿No te da pena, hombre? Mire cómo explican tu nombramiento en la pagina Web oficial del ministerio: “Cuenta con estudios en Ciencias Políticas en Moscú y La Habana. ‘El embajador Figueroa residió por algunos años en Nicaragua por lo que cuenta con un conocimiento preciso de la realidad de dicho país’, manifestó el canciller Martínez.”
“Estudios en Ciencias Políticas en Moscú y La Habana” - ¿esto es la calificación para que uno llega a ser embajador en el gobierno de la meritocracia? No me jodan. ‘Ciencias Políticas’ es una materia basada en análisis, razonamiento, filosofía y ética – a menos que uno lo haya estudiado en la Unión Soviética o en Cuba. Ahí es doctrina y el arte de la dominación...
Que a tu jefe, el canciller, no se le ocurra otra explicación para tu nombramiento que decir “residió por algunos años en Nicaragua”, es suficiente humillante para no aceptar el cargo. Si es así, no sé cómo han escogido al embajador en Washington entre dos millones de compatriotas calificados que “cuentan con un conocimiento preciso de la realidad de dicho país”.
Luego de tu nefasto rol como jefe de comunicaciones en Cancillería; luego de todos los atropellos contra tus colegas y súbditos, los profesionales de comunicación de Cancillería; luego de crear un clima de desconfianza y terror entre los empleados del ministerio... ¡te nombran embajador! Para deshacerse de un dolor de cabeza, están cultivando úlcera.
Salúdame a los chochos, a Daniel y la Chayo, Paolo Lüers
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Estimados amigos:
andan diciendo que hay están conspirando para que Will Salgado y sus compinches entren a ARENA. Espero que sea un mal chiste.
En caso que sea cierto y de repente el caudillo de San Miguel y los otros desertores del PDC aparezcan con las camisetas tricolores, ya no daría ni cinco por la renovación y la recuperación de ARENA. Sería suicidio político.
Ustedes acaban de liberarse del cáncer con la expulsión de Toni Saca y la salida de los diputados que hoy forman GANA. Ya están saliendo de cuidados intensivos, ya están en recuperación.
Dejar entrar a Salgado les atraería la inmediata recaída. Vuelve el cáncer, y esta vez será mortal.
Yo entiendo la lógica: Hay que evitar que todos estos votos en la Asamblea le quedan al FMLN o a Mauricio Funes, o ambos. Con la alianza que tienen con Saca y Gana, y si además compran a los cinco “independientes” que ahora están en el marcado, ya solo les falta comprar dos diputados más para llegar a mayoría calificada.
Pero este problema no se puede resolver entrando al mercado de voluntades tratando de comprar o recomprar diputados y caudillos corruptos. Se resuelve aniquilando a los corruptos en las elecciones legislativas. Esta es la solución. No hay otra.
No jueguen con basura, se van a ensuciar.
Saludos de Paolo Lüers
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entiendo que usted presentó a la Asamblea el fantástico plan operativo contra da delincuencia, que consiste en la lectura obligatoria, en todas las escuelas públicas y privadas del país, de la Biblia. Por siete minutos. No seis, no ocho. El Estado, mediante la honorable Asamblea Legislativa, ha decidido: Siete minutos palabra de Dios es la dosis diaria que necesita un alumno para inmunizarse contra las tentaciones criminales.
Le felicito. Es usted el primer militar que logra convertir en arma la Biblia. Lástima que a usted no se le ocurrió esta cosa durante la guerra, cuando estaba de alta como coronel. Con este arma poderoso, el ejército no hubiera tenido que recurrir a tanta masacre para combatir a los guerrilleros. Hubiera ganado la batalla por la mentes de la población civil, en vez de perderla matando niños en El Mozote o río Sumpul...
Discúlpeme, coronel, tanto sarcasmo. Pero no le creo ni una palabra de su discurso sobre la Biblia. No es más que demagógica barata. ¿Cómo va a pensar que los alumnos, mediante la lectura obligada de la Biblia, van a desistir a meterse en pandillas?
Cambien la legislación obsoleta que no permite sacar a los profesores incapaces. Cambien la legislación absurda que no permite sacar de las escuelas a alumnos con antecedentes criminales. Cambien las legislaciones que no permiten decretar el estado de emergencia en las escuelas en zonas de conflicto y dotarlas de presupuesto especial, de los mejores profesores, de seguridad y de las mejores instalaciones.
¡Pero no me vengan con 7 minutos diarios de lectura obligada de la Biblia! Si quieren hacer a los alumnos inmunes a los valores cristianos, oblíguenlos a escuchar la Biblia todas las mañanas. Pero si quieren aplicar valores cristianos, ¡pónganlas en práctica!
Paolo Lüers
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En muchos films representan con mucha creatividad algunos actos inconsecuentes e incoherentes de funcionarios públicos. Algunas veces queda un sabor cómico por su semejanza con la realidad salvadoreña.
También en las películas de terror cuando la última escena es muy tensa y aparecen sorpresivamente los créditos, decimos “uff! Solo era una película” y damos un respiro.
Hace dos semanas seres humanos incendiaron un bus con personas adentro, mientras cuadras adelante otros asesinaban a pasajeros con armas de fuego. Esto no es una película de terror ni Hollywood, y lejos de darnos un respiro, duele en lo más profundo del alma saber que hay salvadoreños que actúan con tal salvajismo contra personas inocentes que nada tienen que ver con sus propósitos o intereses.
Frente a ese hecho reaccionó nuestra estructura política proponiendo nuevas medidas para combatir la violencia: La Ley Antimaras – que fracasó años atrás y fue declarada inconstitucional-, La Pena de Muerte – más violencia-, la lectura obligatoria de la biblia por 7 minutos diariamente en las escuelas públicas –medida que no contempla la complejidad de Las Escrituras y que para interpretarlas se necesita más que 7 minutos y un docente-.
¿Qué dice “el techo” respecto a todo esto? ¿Estaremos diciendo algo más cuando aparecemos 30 segundos en TV pidiendo la donación a la sociedad? ¿Estaremos tratando de enviar un mensaje cuando miles de voluntarios se organizan y salen a las calles con alcancías invitando a donar a los automovilistas y peatones? ¿Qué más estaremos haciendo cuando nos vamos de nuestras casas por 5 días a construir cientos de viviendas de emergencia en asentamientos precarios?
Es difícil decirlo todo en 30 segundos en TV, o mientras pedimos con alcancías en las calles.
Con el trabajo de miles de jóvenes voluntarios en los asentamientos le gritamos al país entero que si existe una juventud consciente de la realidad que pone al servicio de los más pobres toda su energía, todo su conocimiento, su tiempo y sus capacidades. Demostrando así que no estamos dispuestos a aceptar esta realidad de injusticia y violencia y que exigimos acciones urgentes que ataquen las causas que promueven estas condiciones en el país.
En 30 segundos es difícil demostrar lo transformador que es para los voluntarios universitarios el trabajo junto con los pobladores de las comunidades y el grado de responsabilidad y conciencia que este encuentro genera en los jóvenes al asumir que su educación superior es un privilegio.
Debemos seguir rompiendo las barreras que hay entre las universidades y los asentamientos a través del trabajo directo de estudiantes con pobladores, debemos sumar a más sectores sociales en este proyecto país conquistando de una vez por todas los espacios que los jóvenes merecemos para participar, proponer y ser escuchados. Así, El Salvador será -en el mediano plazo- lo que los jóvenes de ahora queramos que sea.
Me imagino que ustedes tienen un montón de argumentos, contratos, cláusulas para justificar porque estamos condenados a ver el mundial exclusivamente en canal 4.
El problema no es que sea canal 4. El problema es que hay canales internacionales que gastan millones de dólares para mandar a Sudáfrica a los reporteros y analistas de deporte más calificados – pero nosotros tenemos que escuchar a unos comentadores que ni siquiera están cerca de los estadios. Y además, permítame la ofensa, no son los mejores. Más bien, son mediocres, se les cae la baba por ciertos equipos, están llenos de prejuicios con otros. No saben pronunciar los nombres de los jugadores que no sean argentinos, brasileños y otros de
Está bien que usted compre la exclusividad para el mundial. Pero entonces tiene la responsabilidad de contratar a narradores excelentes – ¡y mandarlos al mundial!
Nosotros pagamos mensualmente para tener en cable canales internacionales con gran capacidad para cubrir mundiales. Pero gracias a usted, no podemos ver sus transmisiones. Están bloqueados los canales que lleven el mundial directamente desde Sudáfrica. Y nosotros tenemos que ver transmisiones en vivo desde las instalaciones de Canal 4...
La mala calidad de la cobertura de TCS tiene una explicación lógica: falta de competencia.
Saludos, Paolo Lüers
(Siguiente Página)No uso estas cartas públicas para resolver problemas personales. Sin embargo, mis problemas con Claro no son personales, los comparten millones de salvadoreños.
Además, realmente no me queda otra opción. He hablado cantidad de veces por teléfono al “Servicio al Cliente”, y jamás me han comunicado con un supervisor. He visitado su central en Olímpica para que alguien me recibiera y resolviera mi reclamo. Sólo para darme cuenta que no existe ninguna ventanilla para recibir quejas de clientes. Tuvo que esperar 84 minutos en la fila de clientes que piden “modificaciones”. Al final me atendió una señora muy amable y me dijo que no había ningún problema en resolver mi problema. Ella lo iba a resolver en este momento. En dos horas se reestablecería mi servicio. Casi le doy besos. Sólo que era paja. Dos horas más tarde, en vez de recibir nota que ya estaba reestablecido mi servicio, recibí nota que tenía que pagar 204 dólares de adelanto a la próxima factura.
Tengo días sin servicio, porque, según Claro, he “sobrepasado el límite de consumo”. Tengo un contrato post pago. Me niego a pagar por adelantado una factura ni siquiera emitida, sin saber en qué consiste el alto consumo.
Me dicen que lo hacen para protegerme. Que galán. Cortándome el servicio de celular cuando estoy en carretera, realmente me protege...
Ya no voy a hacer llamadas inútiles y visitas a un “servicio al cliente” que no atiende al cliente. Que le miente. Que lo deje sin solución. No voy a seguir con una compañía que, en vez de premiar al cliente por alto consumo, la castiga.
Quiero suspender el contrato, porque Claro no lo cumple. Resuélvanme por lo menos esto.
Y pensando que yo los he defendido en público, cuando la Asamblea quería interferir sus tarifas. Esto le pasa a uno cuando defiende principios...
Paolo Lüers
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Espero te encuentres bien en San Petersburgo, ciudad joya de Rusia. Para un cuadro comunista nostálgico como vos, me imagino, sigue siendo Leningrado, la cuna de la revolución roja...
Lastima que vos y tus compañeros de viaje, por estar arduamente trabajando por el bien de El Salvador, día y noche, casi no tendrán tiempo de gozar del vodka, del champán negro de la península Crimea, del caviar y de otros deleites excitantes que los rusos saben ofrecer a sus distinguidos huéspedes.
“Es una visita histórica de los diputados de El Salvador a sus homólogos de la Federación Rusa”, reza un comunicado de la agencia de viaje llamada Asamblea Legislativa. Lastima que el comunicado es tan escueto y no revela lo que realmente quisiéramos saber: ¿Qué diablos están haciendo visitando un parlamento ruso que es aun menos democrático y menos productivo que el nuestro? Y el otro detallito: ¿Cuánto nos cuesta este chiste?
Na zdorovje, tovarich! (¡a tu salud, camarada!), te desea Paolo Lüers
PS: Por favor haga mis saludos y todos los conceptos vertidos en esta carta extensivos a sus compañeros de viaje de la derecha: Mario Marroquín de ARENA, Francisco Merino del PCN y Rafael Paz de GANA. ¡Que disfruten!, nosotros pagamos...
¡Hagan una ley anti-pandillas que sirva! Y si la propuesta del gobierno queda floja, depende de ustedes redactarla como dios (o más bien, el pueblo) manda.
Ustedes son el primer órgano del estado. Ustedes tienen el poder (y el deber) de dictar una ley eficiente que permita desmontar las estructuras de las pandillas. Una ley que permita meter en la cárcel a cualquiera, adulto o menor, que pertenece a una pandilla o la apoya en sus actividades criminales, en el levado de sus ingresos ilegales, en su logística, en sus sistemas de comunicación.
Si esto choca con tratados internacionales, necesitamos que nuestra Asamblea, con unanimidad, declare que El Salvador no va a aplicar tratados internacionales que nos impiden un combate eficiente a las pandillas. Si para esto hay que declarar un estado de emergencia, ¡declárenlo!
Díganle al presidente que lo van a apoyar en todas estas medidas. Que cuando lo critiquen los fariseos de ciertas organizaciones religiosas o de derechos humanos, que ustedes lo van a defender. Que deje de tener tanto miedo que alguien le va a decir que no está en lo “políticamente correcto”.
Parece que hoy, por primera vez, tanto la derecha como el Frente están de acuerdo que hay que hacer una ley anti pandillas con dientes fuertes, no una versión miedosa. Hoy es cuando la Asamblea puede obligar al presidente Funes a actuar como hombre.
No dejen pasar esta oportunidad. Podría ser la última.
Paolo Lüers
PS: Y preparen ya una ley especial para depurar al órgano judicial. Lo vamos a necesitar.
(Más!)
Immigration reform is no exception. In recent days, the issue of immigration has become once more a source of fresh contention in our country, with the passage of a controversial law in Arizona and the heated reactions we've seen across America. Some have rallied behind this new policy. Others have protested and launched boycotts of the state. And everywhere, people have expressed frustration with a system that seems fundamentally broken.
Of course, the tensions around immigration are not new. On the one hand, we've always defined ourselves as a nation of immigrants -- a nation that welcomes those willing to embrace America's precepts. Indeed, it is this constant flow of immigrants that helped to make America what it is. The scientific breakthroughs of Albert Einstein, the inventions of Nikola Tesla, the great ventures of Andrew Carnegie's U.S. Steel and Sergey Brin's Google, Inc. -– all this was possible because of immigrants...
Ver el discurso completo en The New York Times