lunes, 28 de octubre de 2024

Carta a Rodolfo Delgado: METISTE LA PARA, FISCAL. De Paolo Luers (+ capítulo 2 del libro 'Doble Cara')


"A pesar de todas nuestras diferencias, tengo que celebrar que Landaverde haya tenido el valor y la tenacidad de ganarle a la fiscalía este caso fabricado."

El audio en la voz del autor: LANDAVERDE Y DELGADO.mp3



    Publicado en MAS!  EL DIARIO DE HOY, martes 29 octubre 2024

Ciudadano fiscal general:

La fiscalía, aunque convertida en el largo brazo castigador de Casa Presidencial, no es todopoderosa.  

Acaba de sufrir otra golpiza de cantina en un de sus juicios políticamente emblemáticos: el caso contra Mauricio Ramírez Landaverde, ex ministro de Seguridad del gobierno de Sánchez Cerén y ex director de la PNC. Junto a él estaba acusada toda la cúpula de Seguridad del gobierno del FMLN: el ex viceministro de Seguridad Antonio López y el ex director general de Centros Penales, Marco Tulio Lima.

 

La fiscalía los acusó de haber robado medio millón de dólares provenientes de las tiendas institucionales en los centros penales. Un delito serio. La fiscalía pidió 16 años de cárcel para Landaverde y 4 años para los demás. Pero no había pruebas, así que los fiscales las inventaron, pensando que hoy en día los jueces se terminan tragando cualquier montaje que presente la fiscalía con el aval de Casa Presidencial. 
 

Se equivocaron ustedes. En el juicio se documentó, con toda claridad, que no se desvió ningún dinero. Cero. El tribunal de Sentencia no tuvo otra opción que declarar a los acusados inocentes de la acusación de peculado, o sea de robo. Una bofetada humillante para la fiscalía - y para vos. 

 

El tribunal optó por una condena simbólica, condenando a Landaverde por un delito de hule: ‘actos arbitrarios’. Tres años, de los cuales Landaverde ya sirvió la mayor parte. Los restantes 3 meses, el Tribunal los convirtió en servicios públicos. Otra bofetada a la fiscalía y su titular. Lo que el Tribual quiso decir, sin decirlo en estas palabras: Landaverde y sus subalternos no deberían haber pasado ni un solo día en la cárcel, por un delito que nunca cometieron.

 

El caso Landaverde es la segunda golpiza para la fiscalía – y para vos como su jefe. Una semana antes, el Tribunal de Sentencia de Sensuntepeque sobreseyó definitivamente el caso contra 8 exguerrilleros, entre ellos 5 ambientalistas de Santa Marta y Eduardo Sancho, durante la guerra miembro de la Comandancia General del FMLN y luego firmante de la Paz. Estaban acusados del secuestro y asesinato de una mujer en 1989, pero ustedes no tenían ninguna prueba que vinculara a los acusados a los hechos. Además el delito ya estaba prescrito. Por esta razón, el Tribunal absolvió a todos los acusados. Es obvio que con este caso ustedes querían destruir la organización comunal de Santa Marta, desacreditar la resistencia contra la minería metálica – y de paso manchar la reputación de uno de los máximos líderes de la guerrilla y protagonista de la transición democrática. El tiro se les fue por la culata.

 

Todavía hay algunos jueces en El Salvador. Jueces decentes, profesionales y valientes.

 

Lo que parece que ya no hay son fiscales decentes, profesionales y valientes. Ya no caben en tu fiscalía. Los dos juicios demostraron el estado lamentable y vergonzoso en que está la Fiscalía bajo tu mando. Arma casos sin pruebas y además de manera torpe. Usa la justicia como instrumento de persecución política. En el caso Landaverde fue obvio: Había que deslegitimar todo el equipo de seguridad del gobierno que procedió al de Bukele. Había que preparar el terreno para la llegada de personeros oscuros como Mauricio Arriaza, Osiris Luna y Gustavo Villatoro.

 

Analizar críticamente la política de Seguridad del FMLN en el período 2015-2016, dirigida por Landaverde como director general de la PNC y luego como ministro de Seguridad, hubiera sido sumamente importante para entender los errores en la política de mano dura y militarización, cometidos por el FMLN. Pero Nayib Bukele no tenía ningún interés en que el país conozca este análisis crítico, porque tenía toda la intención de prolongar esta política equivocada y llevarla a excesos sin precedentes. Sustituyeron el análisis crítico con juicios amañados.

 

Bukele nunca atacó de fondo los problemas reales de la política de Seguridad de Landaverde: la militarización de la PNC, los operativos de exterminio, la provocación de enfrentamientos al estilo militar para poder liquidar a delincuentes. Pero Bukele tenía la necesidad de desacreditar al gobierno del FMLN, porque necesitaba robarle su base social y electoral. Asíque se inventaron una serie de acusaciones por corrupción, entre ellos la acusación montada a Landaverde.

 

A pesar de todas nuestras diferencias, tengo que celebrar que Landaverde haya tenido el valor y la tenacidad de ganarle a la fiscalía este caso fabricado. De la misma forma fraudulenta están hechas las acusaciones contra varios dirigentes del FMLN. Esto nos  obliga a defenderlos del uso de la justicia para la persecución política. 

 

Las diferencias políticas se discuten con argumentos, no con acusaciones inventadas.

 

El caso Landaverde se ha convertido en el caso Fiscalía, mejor dicho en el caso Rodolfo Delgado. Con tu torpeza, estás saboteando tu reelección.  

 

Van a buscar a otro, igual de dócil, pero un poco más inteligente.

 

Saludos, 



 * * *


Doble Cara ahora está agotado en las librerías de la  UCA, en el campus y en Cascadas/Soho. Pero será disponible en breve. 

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Capítulo 2:  

El viaje a la minas 

(11 de enero de 1981)




A las 6 de la mañana arrancamos el microbús Volkswagen de los venezolanos, forrado de rótulos de PRENSA INTERNACIONAL. No he dormido ni un minuto. Toda la noche siguió el tiroteo afuera, y siempre cuando pasó un carro pensé que paraba frente a la casa. 

Discutimos si pasamos por el Camino Real para avisar a los corresponsales que íbamos a Morazán, pero decidimos que mejor no, porque todos ya tenían que haber escuchado la noticia que buscaban a Hernán. Salimos por la autopista al aeropuerto. La ciudad está tranquila, poca gente en la calle, casi no hay tráfico. La gente se ha encerrado en sus casas para esperar qué pasa. No se escuchan disparos, en muchas esquinas están apostados soldados. Cerca de la embajada gringa hay dos muertos tirados en la acera. En San Marcos, el primer retén militar. Gustavo maneja. Pregunta a los soldados si la carretera al aeropuerto está libre. No saben nada. “Tengan cuidado, hay terengos por todas partes…” 

Dos retenes más, cerca del aeropuerto. La autopista sola. Noticias en la radio: El Estado Mayor dice que todo está bajo control, el toque de queda se mantiene, siempre de las 6 de la tarde a las 6 de la mañana. Hablan de fuertes combates en Santa Ana, San Miguel, no mencionan el ataque al San Carlos. Repiten la noticia de las capturas de Clelia, Mateo y Nelson Arrieta y mencionan nuevamente el nombre de Hernán.

En la entrada a Zacatecoluca, el siguiente retén. Ya no podemos decir que vamos al aeropuerto. “Vamos a San Miguel, dicen que hay muchos combates…” Piden credenciales, yo les enseño el boleto para probar que llegué ayer y no tuve chance de ir a COPREFA. Nos dejan pasar. “En la salida de la ciudad repórtense con mi capitán…”

Obviamente no tienen ninguna alerta sobre Hernán. Solo revisan papeles y carro, no están buscando a nadie. El capitán resulta un tipo que le encanta salir en fotos. Pone a su gente en posición de combate, posa con su Galil, yo tomando fotos, Hernán grabando. “A estos tipos les encanta el show,” me dice Hernán, y al capitán: “¿No pueden soltar un par de ráfagas, para que se vea como combate?” Comienzan a tirar a la loca y avanzan hacia una loma donde no hay nadie…

Hay como 30 carros y unos cuantos buses y camiones esperando paso. El capitán insiste que no nos puede dejar pasar, que más adelante los guerrilleros tienen tomada la carretera. “No hay manera que pasen.” Gustavo le explica que como prensa internacional no nos va a pasar nada, que ya tenemos experiencia. El hombre habla por radio con otro retén militar más adelante, y al fin nos deja pasar: “Si los terengos los dejan pasar, se reportan con el teniente en el otro retén en Santa Cruz Portillo y le dan parte. Si no, aquí los espero para que me cuenten…”


Retén de la guerrilla / Carretera Litoral (foto de referencia)

Somos los únicos que pasamos. A unos 3 kilómetros vemos de lejos otro montón de carros, buses, camiones. Antes de llegar, nos paran los guerrilleros. Los primeros que veo. No tienen uniformes, sus fusiles se ven viejos, la mayoría parecen niños. No tienen radio. Para avisar al retén más adelante, mandan a un niño corriendo. Gustavo les dice que quiere hablar con el jefe de la unidad, que tienen noticias de San Salvador. Al rato, nos hacen señales que avancemos. Nos recibe un tipo barbudo con cara de estudiante y con el único fusil plantoso. Conoce a Gustavo de la Universidad. Es una unidad de las FPL, que desde anoche mantiene esta posición. Por eso hay tantos camiones y buses aquí. Los han atravesado para bloquear la calle. Han tenido algunos encuentros con el ejército, pero ahora cada uno mantiene su posición. Nos preguntan por el gran tiroteo que escucharon hace poco, y le explicamos que era un show para nuestra cámara. Hacemos algunas tomas con ellos, mientras Gustavo platica con los compas. También posan, pero no sueltan ráfagas. Tienen los tiros contados. 

Gustavo explica que tenemos que llegar a Santa Rosa de Lima, que Hernán tiene que entrar al frente, que en San Salvador ya lo andan buscando. El comandante tiene radio, trata de averiguar cómo está la situación en el trayecto a Usulután. Dice que no logra comunicación con nadie, que sólo sabe que en el puente del Lempa hubo combates, pero no sabe quién controla ahí. Comienzan a poner a los motoristas a mover los buses y camiones, para que podamos pasar. Antes de despedirse, nos da un papelito: “Si se encuentran con gente nuestra, se lo enseñan…”

En el carro reviso el papelito. Es un salvoconducto guerrillero, escrito en una hoja arrancada de un cuaderno escolar: “Estos compas son del ERP. Yo los conozco.” Y una firma. Escondo el salvoconducto en mi calcetín. No vaya ser que el próximo retén militar lo encuentre… En el espejo veo que están volviendo a poner los camiones y buses como barricada…


Retén del ejército, periodistas (foto de referencia)


Sólo veo la cara del teniente en el siguiente retén militar y sé que estamos en problemas. Somos los únicos quienes desde el inicio de los combates han podido pasar por el retén de la guerrilla. Pobladores que llegaron a pie le han informado que este retén es “una barricada gigantesca,” con camiones y buses atravesados. “¿Y ellos cómo han podido pasar? Estos hijos de puta periodistas son terengos,” dice a sus soldados. “¡Revisen bien este vehículo, también a ellos…”

El papelito con el salvoconducto me comienza a quemar en el calcetín. Revisan el carro y los equipos, nuestras maletas… nada. No se les ocurre ordenarnos que reproduzcamos en la cámara de Hernán los videos grabados. Hay una entrevista con el jefe guerrillero del retén vecino que seguramente les encantaría ver. Por suerte no saben que los videos se pueden revisar en el visor de la cámara.

Se detienen mucho con Hernán. Revisan su pasaporte, todos los sellos, pero ahí también Aníbal ha hecho maravillas, igual que en el mío. Según su pasaporte, Maravilla nunca estuvo más de un par de días en la Nicaragua sandinista, sino viajó por todas partes, como lo hacen los corresponsales. 

“¿Y a dónde putas van ustedes en medio de este desmadre, van buscando a los terengos en Morazán?” 

A Gustavo se le ocurre la solución: “No, teniente, nosotros decidimos mejor salir del país hasta que la cosa se calme. Vamos al Amatillo para pasar a Honduras. Hoy mismo tenemos que llegar a Tegus.”

“Ve, están cagados de miedo estos hijos de puta. Se van huyendo…”, dice un sargento. “Que se vayan, unos periodistas menos, mucho chingan.”

El teniente está indeciso. “¿Para quiénes trabajan ustedes? ¿Algún medio que anda mintiendo sobre El Salvador?”


Gustavo y Maravilla

Hernán tira la última carta: “Mire, teniente, le voy a decir la verdad, aunque me puedo meter en un gran huevo, porque esto no se puede saber: Yo trabajo para el COPREFA. Estos dos culeros van a irse a Honduras, yo me reporto en San Miguel. Usted sabe que el gobierno venezolano está apoyando bastante al presidente Duarte, y han mandado a un grupo de gente para ayudar con inteligencia y propaganda. Pero por Dios, esta mierda no se puede saber.” Y saca su carnet de COPREFA, firmado por el coronel Augusto Cotto. Estos son los carnets que el Estado Mayor da a los corresponsales. Todos se tienen que acreditar, y el problema mío es que todavía no he ido. Pero resulta que el teniente no sabe qué significa este carnet. 

Toma a parte a Hernán, y platican en privado un rato, y cuando regresan, todo está arreglado: “Vaya, que pasen, tienen que llegar a San Miguel,” dice a su sargento. Y a su radista: “Avise a todos los retenes que no retrasen a estos señores.”

Ya tenemos doble salvoconducto. Maravilla nos cuenta que le dijo en confianza al teniente que su misión es llegar a San Miguel, y de ser posible, hasta Morazán, meterse hasta donde están los terengos. 

“Este hijueputa se va a asustar cuando escuche el boletín sobre el periodista venezolano que andan buscando,” dice Gustavo. “Pero bueno, cuando se dé cuenta ya estaremos en el monte. Que nos busque en La Guacamaya el pendejo…” 

El salvoconducto radial funciona: Ningún problema en ninguno de los retenes que los militares han montado en el Lempa, en Usulután, en la entrada a San Miguel. Y el salvoconducto guerrillero también funciona: Pasamos dos retenes guerrilleros en el camino, mostramos el papelito, y ningún problema. El tercer retén de los compas, ya cerca de San Miguel, es del ERP. Gustavo les explica nuestro problema, se comunican por radio, y la orden es: Vayan a las minas de San Sebastián, encima de Santa Rosa de Lima. No hay forma de llegar a la zona guerrillera vía Gotera.

San Miguel está militarizado. Patrullas, retenes, trincheras en todas las esquinas. Pasamos por la Tercera Brigada, nadie nos para. Nos parqueamos en frente del cuartel y comemos en el restaurante del Chino Milian. Del cuartel salen camiones con soldados. En el cafetín hay un grupo de soldados tomando gaseosas, nos cuentan de los combates de la noche. “Entraron a la ciudad por todas partes, pero no llegaron al cuartel.” Hasta ahora me doy cuenta que estoy muerto de hambre. 

Salimos por la Ruta Militar hacia Santa Rosa de Lima. Otro retén grande cuida la antena militar del kilómetro 18, en el desvío a Gotera. 

Acercándonos a Santa Rosa de Lima, Gustavo —que es el único que conoce aquí— dice: “El problema es cómo agarrar la calle polvosa que lleva a las minas. Si hay un retén en este desvío estamos cagados. Esta calle sólo lleva a las minas de oro, y ellos saben que ahí están los compas. Si nos ven agarrando esta calle, sabrán adónde vamos.”

Tenemos suerte: No hay retén ni patrulla ni nadie en el desvío. Doblamos y subimos la calle polvosa. Demasiado polvosa. Aunque vamos despacito, estamos levantando una nube de polvo que se puede ver desde lejos. “Hijueputa, si de regreso bajamos por aquí, esta nube será como avisarles que ahí venimos bajando del campamento…” Aunque no lo hemos discutido, hemos llegado a la conclusión de que mejor nadie de nosotros va a regresar a San Salvador. Vamos al frente de Morazán. La Venceremos será nuestro destino.

Llegamos a las minas de oro de San Sebastián. Gustavo cuenta que los trabajadores se han tomado las minas, los dueños se fueron al carajo. Y la guerrilla les da protección a los obreros. 

Son las 2 de la tarde, cuando llegamos a San Sebastián. Nos bajamos, hablamos con algunos hombres. Se muestran desconfiados, pero al rato acceden a mandar a alguien a buscar a ‘los muchachos’. “No están aquí, pero a veces andan cerca.” Gustavo manda una nota.


Las minas de San Sebastián, Santa Rosa de Lima
(foto de referencia)

Una hora más tarde, aparece una patrulla guerrillera. Gustavo pregunta por algunos conocidos e insiste que se comuniquen con Jonás, el jefe del frente de Morazán. Acceden a llevar a Gustavo al lugar donde están acampados. Nosotros nos quedamos. El hielo está roto, nos traen café y pan dulce.

Aparece Gustavo con órdenes claras: Que Maravilla con todo el equipo de televisión se quede con ellos, mañana mismo una escuadra lo va a llevar a La Guacamaya, donde están el puesto de mando y la Venceremos. Nosotros regresaremos a San Salvador. Me cae como un balde de agua fría. Ya me había hecho de la idea de entrar al frente. Me parece una locura regresar a la capital. Gustavo lo toma con calma: “Órdenes son órdenes, vámonos ya, para llegar hasta San Miguel. Yo tengo familia allá, donde podemos dormir.”

Despedida de Maravilla. El único ser conocido, con el cual me siento conectado, que hace los mismos chistes que yo. Tengo solamente un mes de historia con él, pero es historia. No sé si lo voy a volver a ver. “Enano, ya te la vas a arreglar para que te manden a Morazán. Tenemos que hacer películas.”

“¿Y cómo lo voy a arreglar desde San Salvador? No tengo ningún contacto.”

“Quedate un tiempo en San Salvador, pegate con Harry y los demás corresponsales. Hace tus cosas. Los compas te van a contactar. Si no, al rato puedes salir a Managua y desde ahí organizar todo. Dale abrazos a Coco y Candela, si llegas a Managua.” Coco es su mujer y Candela su hija de dos años…

En la vida no me he sentido tan solo y abandonado como en este momento que nos subimos al carro y arrancamos hacia Santa Rosa de Lima. Me va a hacer falta este barbudo con su cara desfigurada de operaciones de tumores. El hombre más feo con el encanto más irresistible. Por el resto de mi vida voy a decir ‘enano’ a la gente que quiero, y ‘maravilla’ a cualquier cosa que me fascine.

Levantando otra nube de polvo bajamos. Cuando llegamos cerca de la ruta militar tengo el corazón en el culo. Pero nada pasa. Ningún retén. Avanzamos hacia San Miguel.

Noticias en la KL: “En el caso de la célula de periodistas, la Policía Nacional comunica que a las 8 de la mañana allanaron una casa en la colonia Layco, propiedad del Doctor Melitón Barba, dirigente del MNR, donde habitaban tres ciudadanos venezolanos, incluyendo Nelson Arrieta, que fue arrestado en la noche del 10 de enero junto con dos comandantes terroristas del ERP. Las autoridades siguen buscando a los venezolanos Hernán Vera y Richard Izarra, que posiblemente se movilizan en un microbús marca Volkswagen, color rojo con francas blancas, placas…”

Gustavo es toda calma: “Estos cerotes tienen otros problemas que andar buscando carros. Tal vez en la capital, pero no en San Miguel. Lleguemos a la casa de mis familiares, y de ahí vemos qué hacer con el carro.”

Llegamos a San Miguel, sin problemas, entramos en una colonia con calles de polvo. Gustavo se baja, alguien abre un portón, entramos el carro, estamos seguros. Cuando me presenta a nuestro anfitrión, resulta que su apellido es Villalobos y es primo de Joaquín… Me doy cuenta que aquí todo es improvisado, incluso la seguridad y la clandestinidad. Comemos, platicamos, nos cuentan todo lo que ha pasado en San Miguel. La ofensiva ya terminó, los compas ya se retiraron. ‘Ofensiva final’ la llamaron. En Santa Ana la guerrilla se tomó el cuartel, y una compañía bajo el mando del capitán Francisco Mena Sandoval se sublevó. Pero a esta altura todos los compas y la compañía rebelde se habían retirado de la ciudad. 

El día siguiente salen los periódicos con sus portadas llenas de guerrilleros muertos. El ejército logró emboscar al contingente compuesto de guerrilleros, sindicalistas, milicianos, estudiantes y soldados rebeldes en Cutumay Camones. De 200 que se habían retirado de Santa Ana, en Cutumay Camones murieron más de 100. El resto logró romper el cerco y llegar a Chalatenango, bajo el mando de Mena Sandoval. La Fuerza Armada y el gobierno gritan victoria, porque nunca antes lograron aniquilar a una columna guerrillera tan numerosa. Gustavo, el inmutable, llora al ver las fotos en los periódicos. No sé cuántos amigos tiene entre los muertos.

 

Para no encontrarnos con los mismos retenes en la Litoral, agarramos la otra carretera, la Panamericana. Anoche decidimos arriesgarnos con el carro y deshacernos de el en San Salvador. Tampoco tenemos alternativa.

El viaje a San Salvador, sin problemas. Muchas patrullas en la carretera, pero ya con tráfico casi normal. Un solo retén, en el puente del río Lempa, nos revisan el carro. Los soldados están mucho más cansados que nosotros. 

Al entrar a la capital por el Bulevar del Ejército, pasando por la Fuerza Aérea con todo el despliegue militar que la cuida, escuchamos nuevas noticias. Ahora buscan, junto a Hernán, ya no a Richard Izarra, sino a un tal ‘Paolo’, apellido desconocido, presuntamente periodista italiano. Porque resulta que Richard Izarra, en la ciudad de México, juntos con intelectuales solidarios, dio una conferencia de prensa responsabilizando al ‘régimen duartista’ de la vida de Nelson Arrieta, arrestado y desaparecido la noche del 10 de enero. También de Hernán Vera y Paolo, de paradero desconocido. Por suerte, Richard nunca supo mi nombre legal.

Parqueamos y abandonamos al carro en el parqueo subterráneo de un edificio en la Colonia Médica, donde funciona una agencia de prensa. 

Cansados, pero felices de habernos desecho del corpus delicti y burlado a los militares, hacemos entrada triunfal al Camino Real, cuartel general de los periodistas, el lugar más seguro del país y donde podemos enterarnos qué ha pasado en la capital durante nuestra travesía. En la cafetería están varios colegas. Harry nos mira como si fuéramos fantasmas: “What the fuck are you doing here? Supuestamente son fugitivos…”

Nos tomamos un cuarto en el hotel y una botella de Jack Daniels. Esta noche, luego de contarnos mutuamente nuestras war stories, adopto a Harry como mi padrino. Tengo mucho que aprender si quiero sobrevivir en esta ciudad. Y ya no me siento tan solo, ni el día siguiente cuando Gustavo me dice que se va a asilar en la embajada de México. Decido quedarme en San Salvador, cuando me cuentan que existe un fotógrafo italiano llamado Paolo Bosio que hace un par de días salió para Managua.


Próxima entrega: Capítulo 3: Chalatenango (13/14 enero 1981)








viernes, 25 de octubre de 2024

Carta a mis lectores: LES INVITO A UN EXPERIMENTO LITERARIO. De Paolo Luers (+ Capítulo 1 del libro Doble Cara).

 

"Si la lectura les gusta y no quieren esperar tanto tiempo para leer todo el libro, cómprenlo en la UCA vuélvanse lectores de la biblioteca digital Kindle de Amazon. Si tienen más paciencia, estén pendientes cada martes, jueves y sábado de mis blogs." 

El audio en la voz del autor: DOBLE CARA ONLINE.mp3




    Publicado en MAS!  EL DIARIO DE HOY, sábado 26 octubre 2024

Estimados amigos lectores:

Les invito a leer mi libro “Doble Cara – Guerra, Paz y Guerra”. De Choto. En tres entregas semanales en mis blogs.


Hace dos años salió publicado mi libro. Es la historia de mis 40 años en El Salvador. El primer capítulo comienza con mi llegada a El Salvador, el 10 de enero de 1981, justo el día que comenzó la guerra. El capítulo final narra mi salida clandestina del país, otro 10 de enero, 41 años después - ‘monteando’ otra vez, por un punto ciego de la frontera, para ir al exilio.

 

Entre estos dos capítulos hay 66 otros, en los cuales narré como un periodista alemán, anteriormente mecánico, sindicalista y estudioso de la lingüística, se convierte en reportero de guerra, luego en guerrillero, en documentalista, y al terminar la guerra otra vez en periodista, editor y columnista, en servidor de tragos - y por, accidente, en mediador entre las pandillas y acusado de haber financiado a las pandillas y atentado contra las libres elecciones...


No es la historia de la guerrilla o de la transición democrática de El Salvador. Tampoco la historia de las pandillas. Escribir esto es tarea pendiente de los historiadores. Sobre todo nos urge que se escriba y explique la historia de la postguerra y como terminó en una nueva dictadura. Yo escribí mi historia personal en la guerra, la paz y la otra guerra.

 

El libro fue publicado en Amazon. Cualquiera lo puede pedir, en forma impresa o digital, en casi todo el mundo. El problema es que la distribución de Amazon no funciona bien en El Salvador. Cualquiera podría bajar el libro desde El Salvador, impreso o en Kindle, la biblioteca digital de Amazon. Pero para que Amazon mande a El Salvador un libro impreso, hay que pagar el envío - y el costo es prohibitivo. El libro cuesta $16 y el envío $44. No tiene sentido.

 

Los libros digitales -en Kindle- serían la solución ideal para un país como El Salvador, que tiene muy escaso acceso a los libros publicados por las casas editoriales del mundo. Pero casi todos los libros del mundo se puede bajar en Amazon/Kindle y leerlos en su computadora o tablet. Pero lastimosamente todavía no es una opción que han escogido muchos salvadoreños. Deberían comenzar a hacerlo.

 

Como libro impreso, Doble Cara en El Salvador solamente se puede comprar en las librerías de la UCA, una en el campus universitario, la otra en el Centro Comercial Cascadas/Soho, ambas en Antiguo Cuscatlán. Yo trato de abastecer estos puntos de venta.

 

A pesar del limitado acceso, muchos salvadoreños, tanto en el interior como en el exterior del país, ya han leído el libro. Muchos otros están interesados, pero no han podido comprarlo.

 

Quiero que este libro sea accesible para todos en El Salvador.

 

Es por esto, que he decidido comenzar a publicar el libro en mis dos  blogs. En ellos (Siguiente Página y Columna Transversal) salen reproducidas todas mis cartas, que tres veces a la semana son publicadas en El Diario de Hoy y MAS. También mis columnas y otros artículos de mi pluma. 

 

A partir de hoy, a cada publicación que haga en mis blogs, le voy a agregar un capítulo de mi libro Doble Cara. A continuación de esta carta, leerán el Capítulo 1 entero. Se llama ’10 de enero 1981: Toque de Queda’. De esta forma, cada semana podrán encontrar entre 3 y 4 capítulos. 

 

Si la lectura les gusta y no quieren esperar tanto tiempo para leer todo el libro, cómprenlo en la UCA o vuélvanse lectores de la biblioteca digital Kindle de Amazon. Si tienen más paciencia, estén pendientes cada martes, jueves y sábado de mis blogs. 

 

Les deseo que disfruten la lectura. Cualquier crítica, por favor háganmela saber vía Messenger in Facebook

 

Saludos,


 

Para leer hoy el primer capítulo entero de Doble Cara, 

entre a uno de mis dos blogs:

 Siguiente Página o Columna Transversal



  Doble Cara ahora está agotado en las librerías de la  UCA, en el campus y en Cascadas/Soho. Pero será disponible en breve. 

También lo pueden pedir Amazon.com, o desde México en amazon.com.mx

Ahora puede leer el libro, en tres entregas cada semana, en este blog. Disfrútenlo.





1.  Toque de queda 

(10 de enero de 1981)


 

“Enano, despertate, vamos a la guerra.” Con estas palabras me levanta a las 5 de la mañana Maravilla. Está bolo, pienso, y me doy la vuelta en mi cama. Me había acostado, luego de una de estas grandes fiestas con mucho Flor de Caña, que los venezolanos tenían fama de improvisar, en la Managua de pocas diversiones de 1981.

“Enano, te vas a perder la guerra. Sin nosotros no pueden empezar, alguien tiene que filmar esta vaina.” Y me pone unos boletos de avión bajo las narices. “Nuestro vuelo a San Salvador sale a las 8 de la mañana, y la guerra comienza a las 5 de la tarde. Apurate, chele.”

Agarro el boleto y leo: “Pasajero Richard Lüers, vuelo Aeronica. 8.05 a.m. Llegada 8.50 a.m.”

“Pero yo no tengo pasaporte, Hernán, se lo entregué a Aníbal. ¿Y quién me compró el boleto?” 

“Aquí Aníbal te manda boleto y pasaporte. Revisá bien los sellos, para que no te enchibolés si te preguntan.”

Mi pasaporte alemán, recién estrenado con sellos de Houston, México, Guatemala, El Salvador y Nicaragua, —el viaje de mi llegada a Centroamérica— ahora llevaba sellos de Costa Rica y Panamá, países donde jamás he estado.

“¿Quién me puso estos sellos, Hernán? ¿Son falsos?”

“¿Te parecen falsos, enano? Son perfectos, cortesía de Aníbal, director de migración del ERP. Son originales. Los corresponsales viajan mucho. No se quedan tres semanas en Nicaragua. ¿No sabías?”, me dice Maravilla y me da un tazón de café. “En el avión te explico todo. Voy a recoger mis cosas y te recojo en media hora. Llevate todo lo que necesitás para un mes, o un año, ¿qué sé yo? ¿Tu equipo está listo, cámaras, rollos, credenciales? Vamos a trabajar, al fin...”

Sentado en el avión, le digo: “Está bueno este chiste de que hoy a las 5 de la tarde comienza la guerra. Casi me lo creí. Ahora contame: ¿Qué vamos a hacer?”

“¿Y no te acordás de la reunión con Atilio? ‘Esta guerra será diferente: guerrilla, política y comunicación.’ Bueno, nosotros seremos los que filmamos, escribimos, tomamos fotos, hacemos radio. ¿Y no viniste para esto? ‘This revolution will be televised’—vos mismo les tiraste esta paja y todos quedaron bien impresionados.” Hernán acaricia su cámara Umatic: “Esta belleza necesita ver acción.”

“Esperáte, Hernán, pero estábamos hablando de un plan complicado, con equipos de foto y video en los diferentes frentes de guerra, que hay que prepararlos, entrenarlos. Somos dos pelones…”

“Bienvenido al ERP, enano. Aquí todo se hace sobre la marcha. Si esto te parece muy rápido, hubieras ido mejor con las FPL, ellos andan al ritmo de la ‘guerra popular prolongada’. O con la RN, donde todo se discute durante meses, científicamente… Nosotros somos los pequeños burgueses insurreccionales. Pero te prometo, chele: Nunca te vas a aburrir con el ERP…”

“¿Pero realmente la ofensiva comienza hoy?”

“¿Qué tiene de malo el 10 de enero 1981? ¿No es buen día para iniciar una guerra? Mira qué maravilla este mar verde ahí abajo. Esto a la derecha, al otro lado del río, es Morazán. Ya nos están esperando los compas. Santiago ya está ahí. De paso sea dicho: La Venceremos inicia su primera emisión desde Morazán hoy a las 5 en punto.” 


 

En el taxi del aeropuerto a la ciudad, sobre la autopista de Comalapa a San Salvador, todo lo que veo es normal y tranquilo. ¿Cómo va a estallar una guerra un día tan tranquilo? Tengo que haber pensado en voz alta, porque Maravilla me dice: “¿Y qué pensabas? ¿Vallas que digan: Bienvenido a la guerra?”

“¿Pero ni siquiera hay muchos soldados, no están patrullando, todo está tranquilo…”

“Esperáte, enano, mañana vas a ver cuilios por todos lados —y te juro que no van a estar tranquilos…”


 

Entramos a San Salvador. Ya había pasado aquí un día, en el camino de Houston a Managua, con la misma sensación de calma. ¿Calma antes de la tormenta? Hoy igual. Pocos policías y soldados, pero ahora que sé lo que sé, veo que andan con el fusil listo y el dedo en el gatillo. Un retén en el Bulevar de los Héroes; “¿Adónde se dirigen?”

“Aquí nomás, al Camino Real. Somos periodistas.” Hernán saca su carnet de prensa. “¿Cómo va todo? Tengo un mes de no venir, ¿me perdí algo?”

“¿Y este, no tiene carnet?”

“No, él es nuevo. Primera vez aquí. Mañana lo llevo al COPREFA a sacar su carnet. Dale tu pasaporte, Richard.”

Primera vez que alguien ve mi pasaporte, página por página, con desconfianza y con cara de ‘aquí mando yo.’ “Pasen, tengan cuidado, que en la noche puede ser peligroso.”

Entramos al Camino Real. “A saludar a la mara. Aquí están todos los periodistas,” me explica Hernán. “Arriba en el segundo piso están las oficinas de las agencias. Tremendas fiestas que hay aquí en las noches.”

Hernán me presenta a los reporteros: gringos, salvadoreños, mexicanos, franceses, un surafricano. Almorzamos con Harry Mattison, fotógrafo del Times. Hernán me presenta: “Este es Paolo, es nuevo, va a trabajar conmigo. Cualquier cosa, échenle una mano.”

“Bienvenido, man.” Ve mi equipo. “¿Sos fotógrafo?” 

“Yo escribo, pero también hago fotos.”

Me cuenta que anda detrás de una historia con escuadroneros. “Cualquier día me van a invitar a la boda de la hija de uno de los jefes, les ofrecí hacerles las fotos. ¿Quieres ir conmigo?”

Luego en el carro reclamo a Hernán: “Puta, le diste mi seudónimo. Yo aquí tengo que ser Richard, como en mis papeles.”

“No te preocupés. Harry es de confianza. Si andás conmigo, ya sabe que sos del ERP.”



Llegamos a la casa del Dr. Melitón Barba, en la colonia Layco. Queda a dos cuadras del cuartel San Carlos. A Melitón, viejo zorro del MNR del doctor Ungo, lo conocí en Managua: médico prominente, escritor de cuentos, gran conversador. La casa está llena de libros de medicina y literatura. Por lo menos tendré lectura. Dudo si habrá tiempo para leer… 

Nos saluda El Seco Gustavo. En Managua, en el COMIN, ya me han hablado de él: fotógrafo, viejo militante de las LP 28, quien trabaja en San Salvador con cobertura de la agencia AP. El plan es trabajar con él en la capital. Hernán, en cambio, sólo va a cubrir la ofensiva desde San Salvador y luego entrar al frente de Morazán. 

Poco después de nuestra llegada entra Yderín, cineasta venezolano, igual que Hernán. Ambos se unieron al ERP para televisar la revolución. Yderín es el hombre que hospedé en Berlin en mi casa, le hice los contactos con comités de solidaridad, sindicalistas, cineastas alemanes y él a cambio me reclutó. Yo recién había firmado un contrato con el Servicio de Desarrollo alemán para ir por tres años a Ecuador para ayudar a fundar una escuela vocacional para electromecánicos. Vino Yderín y me dijo: “Hermano, ¡qué desperdicio de tiempo! Ya que vas para Latinoamérica, venite a El Salvador. En Ecuador no pasa nada, la historia se hará en El Salvador. Y alguien como vos: periodista, electromecánico, activista político, cabe perfecto en nuestro proyecto de comunicación.”

Yderín, en largas noches en mi apartamento en Berlin- Wilmersdorf, me contó los planes: La Radio Venceremos en Morazán, un equipo de reporteros en la capital, otros en los frentes de guerra; equipos de cine, fotografía, video que acompañan a la guerrilla; revistas internacionales… Mucho de esto me pareció fantasía, pero una fantasía que no pude resistir. “Mandá el mensaje a Managua. Deciles que voy a ir en diciembre. Que me esperen con su ofensiva…”

Fuimos a Kreuzberg, a las oficinas del periódico TAZ, recién fundado por la oposición antiautoritaria alemana, donde yo colaboraba en la redacción internacional. Yderín se sentó en el télex y comenzó a teclear. “¿Y cómo te vas a llamar? Necesitas un seudónimo, un nombre de guerra.” 

Me pareció un poco ridículo, al estilo de John le Carré —pero le dije: “Paolo, Paolo Martin.” Ahí empezó mi nueva vida, aunque aún no lo sabía.

Escribí al Servicio de Desarrollo y renuncié a mi contrato. Agarré los 40 mil marcos que me quedaron del pago que la empresa OSRAM me había dado luego de 7 años de mecánico. Me ofrecieron esta suma para deshacerse de mí. Me fui para Centroamérica, por tres años, según yo. Voy a financiar mi participación en la revolución salvadoreña con una extorsión: la empresa no me podía despedir, porque fui delegado del poderoso sindicato IG Metall en el Consejo de la Empresa (Betriebsrat). Les dije: “O me quedo y me reelijo, esta vez para presidente del Betriebsrat, o me hacen una oferta.” Me ofrecieron 30 mil marcos y terminaron pagándome 60 mil. Con este pisto me voy a la guerra, con el gran privilegio de no tener que depender financieramente de nadie. 

La donación de OSRAM era suficiente para costear mi participación, pero obviamente no la guerra. Nació la idea de la campaña Armas para El Salvador (Waffen für El Salvador).

En la TAZ trabajaba Klaus Dieter Tangermann. Fue uno de sus fundadores. Al sólo salir a la calle el periódico, se fue para Nicaragua, y la TAZ nació con sus reportajes, entrevistas y crónicas de la insurrección sandinista. En esos días ya había tenido largas discusiones con Yderín sobre El Salvador, que iba a ser el próximo escenario de insurrección en Centroamérica. Fui con Yderín a hablar con Klaus Dieter. “¿Qué pasa si en la TAZ publicamos un llamado para recoger dinero para armar la guerrilla salvadoreña? Los gringos están armando al ejército, armemos nosotros a la guerrilla.”

Yderín, con quien no había hablado de esa idea, me fue viendo como si hubiera perdido la razón: “Por Dios, ahora sos vos el que anda fantaseando. Esto es ilegal. Nos van a arrestar a todos. Jamás se ha hecho semejante locura. No es así como se recogen fondos, se piden para ayuda humanitaria, para medicina, para refugiados, para sindicatos, y después los canalizamos a la guerra. Pero esto no se dice. Estás loco.”


Berlin, 1980: Yderín (Nelson Arrieta) y Paolo Luers, en la
Universidad Técnica, presentando la campa
ña Armas para El Salvador

A Klaus Dieter no le pareció tan loco. “Dejame hablar con el colectivo de redacción, y con nuestro abogado. Mientras tanto, vos ponete a escribir el borrador del llamado.”

Ya lo tenía. Lo discutimos, lo pulimos, y lo presentamos. El abogado era Hans—Christian Ströbele, ex defensor de los presos de la RAF, cofundador de la TAZ. Ströbele inmediatamente entendió mi idea: “Esto va a ser una bomba, que va a poner al periódico en el debate nacional —y también la intervención gringa y la represión en El Salvador. Nunca se ha hecho, pero ilegal no es. Hagámoslo.”

Un mes después salió, en la portada de la TAZ, el llamado: “Armas para El Salvador.” Toda la portada. Imprimimos doble tiraje. Llevamos al periódico a todo el país, aun donde todavía no tuvo distribución establecida. Invitamos a Ana Guadalupe Martínez, dirigente del ERP, famosa por el libro sobre su captura y tortura. Estaba escéptica, tuvimos que convencerla de que no era un riesgo para ella. Habló en el Auditorio Máximo de mi alma mater, la Universidad Técnica de Berlin, que estaba repleta como nunca, después del movimiento del 68. Presentamos la campaña y le dimos una cara, la de la ‘comandante María’. El éxito fue total. Y aparte de que a Yderín, sentado con nosotros en el podio, se le cayó la barba postiza con la cual se disfrazaba, todo fue bien. Nadie fue arrestado y la campaña alzó vuelo. 

En la TAZ y en los comités de solidaridad había muchos que no creían que esa campaña pudiera tener éxito. O iba a intervenir la justicia, o nadie iba a mandar pisto. Pero antes de concluir el primer mes, la cuenta sobrepasó el millón de marcos, más de medio millón de dólares. Al final, la campaña llegó a casi 4 millones de marcos (2.35 millón de dólares). Donaron sindicatos, iglesias, directivas locales de los socialdemócratas, y miles de personas. Médicos, abogados, ingenieros, profesores, que en los 60 y 70 habían participado en el movimiento estudiantil contra la guerra en Vietnam, que ahora tenían buenos trabajos y estaban desactivados políticamente, de repente vieron la oportunidad de apoyar un movimiento insurgente. Nunca hubiéramos recaudado estas cantidades con campañas humanitarias. La gente tenía sed de revolución. 



Un día llegó una señora, de unos 60 años, a mi oficina en la TAZ. Quería que le explicara para qué se iban a usar estos fondos. “¿Usted me puede garantizar que este dinero realmente es para la guerrilla?” 

“Sí, señora, yo personalmente con Klaus Dieter lo vamos a entregar.”

“Lo voy a pensar, tal vez puedo aportar algo. Adiós y suerte.” Y se fue. Luego encontré detrás de mi escritorio una bolsa del supermercado con 40 mil marcos. Nunca supe quién era esa señora. Me invitaron a un asilo de ancianas en Berlin-Spandau. Eran unas 20 señoras entre 70 y 80 años. Viudas todas. Me dieron café y Strudel de manzana —yo les di una charla sobre El Salvador y la campaña. Salí con una bolsa con más de 10 mil marcos.

Poco después, en diciembre de 1980, me fui a Centroamérica. Con credenciales de la TAZ y de varios otros periódicos, a nombre de Arnd Richard Lüers. Y con otro nombre postizo, con el cual iba a relacionarme con los guerrilleros. 

En Managua me alcanzó Klaus Dieter, quien vía Berlin Oriental, Moscú y La Habana había transportado en una maleta el primer millón de dólares. Entregamos el maletín a unos señores, algunos bastante mal encarados, que se presentaron como la Comandancia General del FMLN. Ahí conocí a Marcial, el Ho Chi Min de El Salvador y líder de las FPL, un tipo que nos encaró a Klaus Dieter y a mí con suma desconfianza, la que tampoco modificó cuando abrimos el maletín con el dinero. También conocí a un joven de 30 años con cara de 20, Joaquín Villalobos, comandante Atilio y jefe del ERP. 

Le dije a Tangermann: “Si me tocara trabajar con este viejito, mañana me voy con vos de regreso a Berlin. Me la voy a jugar con el baby face...”

Al día siguiente conocí a Luisa, la mujer de Villalobos y responsable de todo el trabajo que íbamos a hacer de comunicaciones. Todas las dudas se me fueron al solo verla… 


Luisa, Mercedes del Carmen Letona


En la casa de Melitón Barba, a dos cuadras del principal cuartel de la capital salvadoreña, se acerca el reloj a la mágica cifra 5. Yderín ha salido: “Voy a una reunión con Mateo y Clelia. Si me agarra la noche o decretan toque de queda, me quedo con ellos y nos vemos mañana temprano. Traigo desayuno.”

Mateo y Clelia, la hermana de Luisa, me explica El Seco Gustavo, son los máximos jefes de la guerrilla urbana del ERP. Ellos van a coordinar las acciones de la ofensiva en la capital, que supuestamente comenzarán a las 5 de esta tarde.

Salimos un rato y hacemos un par de tomas del vecindario. “Ya sabés,” dice Hernán, “tomas de relleno.” Son las 4. Para hacer algo, preparo café. Luego reviso mis cámaras. Las limpio. Alisto mi maletín de cámaras. Me cuelgo el carnet que dice: PRESS. Gustavo hace lo mismo. Hernán prueba los cables y la grabadora, que a mí me va a tocar cargar cuando filmemos. Por tercera vez me explica todo. “Hay que cubrir un gran desmadre, enano. Todo tiene que funcionar...”

Salgo otra vez a la calle. Ahora ya no veo tan normal el ambiente. No hay gente en la calle, ningún niño jugando. Aun así, no creo que hoy comienza la guerra. Yderín no ha regresado.

La guerra comienza a las 5 con 2 minutos. Primero unos grandes bombazos. La casa tiembla. “El cuartel San Carlos,” dice El Seco. Salimos a la calle y caminamos a la esquina, desde la cual se tiene vista al cuartel. No llegamos lejos. Una patrulla de soldados está apostada en la esquina, nos gritan “¡Váyanse!” 

Gustavo contesta: “Prensa Internacional.” 

Ellos: “¡Váyanse a la mierda, pendejos! ¿Quieren morir?” Nos apuntan. Regresamos a la casa, con una sola toma grabada. Yo logré hacer 3 fotos. Gustavo se queda atrás disparando su cámara en ráfaga.

En la casa encendemos la tele. Pasan una película mexicana. La interrumpen para dar la noticia. No pasan imágenes, solo repiten un comunicado del Estado Mayor: “Hay ataques terroristas en algunos puntos de la ciudad. Todo bajo control, la gloriosa Fuerza Armada defiende a la ciudadanía...”

Gustavo batalla con el radio para buscar la frecuencia de la Venceremos, pero no la encuentra. “Tienen que estar saliendo a las 5 en punto, así estaba planificado.” De repente, tipo 5 y media, sale la voz de Santiago, con una señal muy débil, pero la compensa con su locución a gritos: “Desde las montañas del heroico departamento de Morazán transmite Radio Venceremos. Hoy a las 5 de la tarde comenzó la ofensiva final de las fuerzas del pueblo, nuestras unidades están combatiendo en Santa Ana, San Salvador, Usulután San Miguel, San Francisco Gotera – y al mismo tiempo nace Radio Venceremos. Búsquenos en esta frecuencia todos los días a las 6 p.m.” Maravilla baila de emoción: La Venceremos está al aire, el primer punto del plan de comunicación está cumplido. “Acordate lo que prometimos a Atilio y Luisa: Nunca vamos a aburrir al pueblo…”

En la tele, un segundo comunicado: Se decreta toque de queda hasta las 6 de la mañana. Nadie puede circular ni caminar en la calle. La Fuerza Armada disparará a quienes no acaten esta orden. 

Estamos encerrados en la casa. Ya no hay explosiones, pero se oyen ráfagas por todas partes. A veces más lejos, a veces muy cerca. Sigue la película de Cantinflas, a cada rato interrumpida por los comunicados de la Fuerza Armada. Hernán se instala en un sillón frente al televisor: “Echémonos esta película, enano, nada podemos hacer ahora. Deja de afligirte. Si vas a la guerra, tenés que aprender una lección: No hacerte loco por cosas que no puedes influir. Así que deja de andar como león en jaula…”

Parece que soy el único que está afligido. El Seco está llamando a todos sus contactos para ver qué está pasando y dónde. Hernán viendo tele, y yo asustándome con cada ráfaga que escucho. Gustavo realmente es el más cuerdo en esta situación, se nota que tiene larga trayectoria de batallas callejeras, acciones semiclandestinas, enfrentamientos con la policía o el ejército. Para distraerme, me cuenta de las tomas de iglesias, del local del PDC, de manifestaciones que terminan con muertos. Siempre muerto de risa, lleno de anécdotas. Es el único de los tres que no parece tener miedo, Hernán sólo lo disimula mejor que yo, el novato.

De repente se interrumpe nuevamente la película. Un comunicado nuevo: Fuerzas militares han neutralizado el puesto de mando de los comandos urbanos terroristas, en una casa en San Salvador. Y salen las fotos de los capturados: Clelia, Mateo y —ahora sí brincan Gustavo y Maravilla— nuestro amigo Yderín. “El tercer capturado es el periodista venezolano Nelson Arrieta, encargado de propaganda de la organización terrorista ERP. Hay dos venezolanos más implicados, que aún no han podido ser capturados: Richard Izarra y Hernán Vera.” Richard Izarra está en México, fuera de peligro, pero Hernán Vera está sentado con nosotros en una casa a dos cuadras del cuartel San Carlos.


Clelia, Lilian Mercedes Letona

La primera reacción de Gustavo: “Puta, Yderín ya cantó.” Pero ahora muestra más control de nervios Maravilla: “Esperáte. Todo el mundo sabe que nosotros tres trabajamos juntos. Si agarran a uno, pueden deducir que los otros dos están implicados. Hasta en el COPREFA nos conocen como equipo. Si hubiera cantado, estuvieran también mencionando a Paolo. No se preocupen, Yderín no va a hablar, él va a jugar la carta de prensa internacional y venezolano, y en tres días lo saca nuestra embajada. Él sabe esto.”

Hubo un silencio. Todos pensando y calculando los riesgos. En este silencio digo: “Pero entonces también conocen esta casa…”

Discutimos nuestras opciones: Con todo y toque de queda, ir al Camino Real. No está lejos, pero el riesgo es incalculable, debe haber retenes por todas partes. O quedarnos en la casa, confiando que nosotros, en esta noche, somos el menor de todos los miles de problemas que tienen la policía y los militares. Ya nos enteramos que se mantenían combates fuertes en varios barrios de San Salvador, Mejicanos y Soyapango. Algo grave había pasado en el cuartel de Santa Ana. Y Gustavo había confirmado que San Miguel está bajo ataque.

Okay, nos quedamos. Saldremos a las 6 de la mañana en punto para Morazán. Hay que sacar a Maravilla de la ciudad, tiene que adelantar su entrada al frente. Hay que hablar a Izarra en México, él tiene que activar la alerta por la captura de Yderín.” Gustavo, el más experimentado, ha tomado el mando. Nosotros dos felices que alguien toma decisiones.

Hernán habla a Richard. Gustavo intenta contactar a saber a quiénes. Pero hemos perdido nuestro canal para comunicarnos con la organización. Richard va a avisar a Managua, pero aquí, en San Salvador, el primer día de la ofensiva, estamos solos. Y de repente, deja de funcionar el teléfono.

Lo único que nos queda es la tele, con la tercera película de Cantinflas y los comunicados de los militares, y el radio para monitorear noticias internacionales. El Salvador en todos los noticieros: Ofensiva guerrillera, toma del cuartel de Santa Ana, combates en San Miguel, Usulután y la capital, carreteras bloqueadas por militares y guerrilleros.


Lea el martes, 29 octubre, el capítulo 2: 

Viaje a las minas (11 de enero 1981)