lunes, 15 de julio de 2019

Carta sobre un barco a la deriva. De Paolo Luers


Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 16 julio 2019

Si la El Grupo CEL durante 10 años bajo el mando de gobiernos del FMLN fue un barco con rumbo equivocado, ahora en el gobierno de Bukele es un barco a la deriva, sin rumbo ni mando ninguno.

Estamos hablando de la CEL, dueña de los rebalses hidroeléctricos, casa matriz de la Geotérmica que controla una de las tecnologías del futuro, y controladora de ETESAL que controla la red de transmisión eléctrica. Es en la CEL donde se decide la política energética del país, y por tanto, la competitividad de nuestro aparato productivo.

David López, capitán de este barco en los últimos 5 años, tuvo que ir, no solo porque fue hombre de confianza de Medardo González, sino por los fracasos de su gestión. El símbolo de este fracaso es la presa El Chapparral, proyecto hidroeléctrico en el Norte de San Miguel, que según los estudios de factibilidad debiócostar no más de 160 millones de dólares y estar generando energía desde el año 2016. Todavía no estáterminado, pero los costos ya sobrepasaron los 400 millones – y falta 30% de la obra... 

El otro símbolo del fracaso de CEL se llama GEO. Los gobiernos de Saca, Funes y Sánchez Cerén paralizaron y sabotearon el ambicioso plan de inversión y ampliación de la energía geotérmica,con el cual la GEO, junto con su socio estratégico italiano ENEL, iba a abaratar la electricidad para la industria y las residencias y hacer el país independiente de las importaciones de petróleo y gas y de electricidad generada en Guatemala.

Al fin, la CEL tuvo que pagar 300 millones para comprar las acciones de la ENEL en la GEO – y con esto expulsaron el socio que introdujo capital, tecnología y expertica. La CEL quedócomo único accionista de la GEO, pero de una GEO que ya no tiene capacidad de inversión, de crecimiento y ni siquiera de mantener el  mínimo mantenimiento.

Sin la ampliación de la generación de energía, tanto la geotérmica (por el autoboicot a la GEO), como la hidroeléctrico (por es fiasco con el Chaparral), el país queda condenado a tener precios altos de energía y de la dependencia de las importaciones, tanto de petróleo y gas, como de electricidad. 

El gobierno de Bukele no ha dicho ni una palabra sobre esta problemática, que es una de las más importantes para el desarrolla económico del país. En vez de buscar a los mejores profesionales para dirigir la CEL, la GEO, la INE y ETESAL, Bukele dejótodo el sector energético en manos de gente sin ninguna experiencia ni visión sobre el tema de la política energética y la innovación técnica. No han dicho nada sobre qué van a hacer con el Chaparral, ni tampoco una solo palabra sobre cómo piensan desbloquear el desarrollo de la generación de energía geotérmica. Pero,¿qué impulsos podemos esperar para esta tecnología del futuro de un funcionario como Mynor Gil, cuyo record profesional se agota con haber ejercido como director de distrito en la alcaldíade San Salvador de Bukele y como fundador de Nuevas Ideas? 

Por suerte, el presidente de CEL nombrado por Bukele para dirigir la CEL, William Granadillo, ya tiróla toalla. Mauricio Funes lo había puesto a dirigir PROESA, solo para quedar bien con Luis Merino y su entonces poderoso conglomerado ALBA. Todo el mundo se preguntó porqué estaban poniendo a un importador de cerveza cubana para atraer inversiones al país. Igual ahora la gente se preguntó: Si este hombre no supo hacer nada en PROESA, cómo esperar que sepa dar rumbo a CEL y toda la política energética?

Bueno, al renunciar Granadillo a la CEL, seguramente porque se dio cuenta que allásolo podía fracasar estrepitosamente, el presidente Bukele lo vuelve a mandar a PROESA – qué extraño método de reciclaje... 

La CEL la va dirigir el que hasta ayer fue su director ejecutivo, Daniel Álvarez. Nadie sabe nada de sus visiones y capacidades. En el contexto de un presidente, que ni en campaña ni en la transición ni en los primeros 6 semanas de su gestión ha dado pistas sobre su política energética, esto es sumamente preocupante. CEL sigue siendo un barco a la deriva. La corrupción comienza con nombrar funcionarios ineptos.

Saludos,



Políticas de #throwback. De Cristina López


Publicado en EL DIARIO DE HOY, 15 julio 2019

De la vacuidad substantiva de las promesas y programas que durante la campaña política Nuevas Ideas presentó como plan de gobierno, la vertical temática que a muchos nos parecía más importante conocer por resultar un reto prioritario para el país del que muchos de nuestros obstáculos hacia el desarrollo emana, eran las políticas de seguridad. La espera ha terminado y lo que se nos ha presentado es un tributo a la nostalgia. O por emular el estilo de nuestro presidente tuitero, lo que tenemos son políticas de #throwback.
En las redes sociales se le llama #throwback a aquel contenido que emula épocas anteriores, ya sea fotos pasadas, modas no actualizadas, o simplemente, contenido que evoca recuerdos. Y ¿cómo no evocar el recuerdo de las políticas de mano dura de Francisco Flores en 2003 con tanto despliegue publicitario? O, ¿cómo no reconocer en el rol de protagonismo que continúa teniendo la Fuerza Armada en la ejecución del plan de seguridad un atisbo de las medidas extraordinarias de Salvador Sánchez Cerén? Y el problema de este “copy paste” de tantas políticas de seguridad anteriores es que como una película que ya vimos, sabemos de entrada que los efectos no son la reducción de la criminalidad, porque los problemas estructurales permanecen intactos.
Como bien señalara la investigadora salvadoreña Jeannette Aguilar en una columna para la revista digital Factum, muchas de las medidas que Nuevas Ideas está intentado re-empacar como novedosos enfoques a través de publicidad y una agresiva estrategia de comunicaciones líderada por el mandatario online, no son más que acciones que ya se encuentran comprendidas en la ley y que ya se practican como protocolos de seguridad; por ejemplo, el bloqueo de señales telefónicas y las transacciones monetarias electrónicas en centros penales. Que sí, que ya existían estas medidas, pero es que no las estaban ejecutando a su totalidad. Que ahora va a ser diferente, dicen algunos, porque la gente a cargo es diferente.
Pero los incentivos, que son al final lo que mueve a los individuos a ejecutar o dejar de ejecutar una medida, no han cambiado en nada. Y no necesitan ser económicos: uno de los incentivos más poderosos es el afán de supervivencia y evitar ser víctima de la violencia criminal empuja a más de algún custodio a ejecutar a medias la regla, a hacerse el del ojo pacho con aquél celular que entró, o a permitir privilegios entre reclusos. Al final, si algo hemos aprendido de las políticas pasadas es que su aplicación no ha sido consistente, ni sostenible.
La solución, por supuesto, no es ignorar el tema y no hacer nada. Claro que la batalla por preservar el Estado de Derecho a través de la aplicación de leyes y medidas existentes de manera consistente es permanente. Pero, como señala Aguilar en su columna, muchas de las figuras en posiciones de liderazgo dentro de entidades para la seguridad pública como la PNC, continúan siendo las mismas de siempre, pertenecientes a la vieja guardia y sin incentivo alguno de cambiar el enfoque autoritario y represivo de nuestras políticas de seguridad para enfatizar más la prevención y la rehabilitación.
Según Aguilar, abunda la evidencia empírica de que el reduccionismo de las políticas de seguridad al enfoque de combate unilateral a las pandillas, es “una receta al fracaso”, porque las pandillas al final sólo son un elemento más de una estructura de criminalidad mucho más compleja en la que participan todo tipo de actores con diferentes incentivos, incluso muchos desde entidades estatales. Solo un plan de ruta distinto a los anteriores, uno que atienda a la enfermedad (que es social) y no solo a sus síntomas de criminalidad, podrá encaminarnos a un destino diferente.
@crislopezg

domingo, 14 de julio de 2019

No es solo nuestra culpa, presidente Bukele. De Oscar Martínez

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, en una conferencia de prensa en San Salvador el 2 de julio de 2019 CreditJosé Cabezas/Reuters
Oscar Martínez, reportero de El Faro

Publicado en EL NEW YORK TIMES/ES el 12 de julio 2019

EL SALVADOR — El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, dijo algo acerca de las miles de personas que se van hacia Estados Unidos que ningún presidente de Centroamérica había pronunciado con esa claridad: “Es nuestra culpa”. Lo dijo en referencia a Óscar y Valeria Martínez, padre e hija salvadoreños que se convirtieron en ícono de la tragedia migratoria tras aparecer ahogados en la ribera del río Bravo.
La frase de Bukele es meritoria al haber sido pronunciada en una región de migrantes, donde muchos políticos prefieren decir que todo está bien en sus países, que estos prosperan a ritmo galopante, incluso que no hay desplazamiento forzado. Y también refleja una nueva posición sobre el tema, pero se trata de un discurso conveniente para la clase política antiinmigrante de Estados Unidos.
Habría que corregir al presidente: es nuestra culpa, pero no solo nuestra culpa. No hay ningún líder reciente en Centroamérica que, además de reconocer su culpa, exija con contundencia respeto para sus ciudadanos que migran y ponga su voz en beneficio de sus denuncias y su tragedia humanitaria. Bukele aún tiene una oportunidad de ser el primero en esto.
En el tema migratorio, los gobiernos centroamericanos suelen actuar como paracaidistas en la tragedia. Cuando aparece una foto como la de Óscar y Valeria; cuando ocurre una masacre como la de agosto de 2010, en el estado mexicano de Tamaulipas, donde 72 personas que migraban hacia el norte fueron acribilladas por Los Zetas; cuando una caravana tras otra atraen la atención mundial, los gobernantes de estos países aparecen y dicen algo. Usualmente hacen llamados estériles a que la gente no migre. Les aseguran que en el camino pondrán en riesgo sus vidas, como si estos pueblos forjados en la migración no lo supieran en carne propia.
En realidad, Centroamérica también persigue a sus migrantes. El presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, envió en varias ocasiones a sus policías antimotines a detener el paso de caravanas. El gobierno guatemalteco ha bautizado como Operación Gobernanza a la instalación de retenes militares en la ruta interamericana para capturar migrantes, en su mayoría salvadoreños y hondureños.
Sí, Bukele hizo algo muy poco habitual entre los mandatarios centroamericanos, pero en otro sentido es igual que el resto de los líderes del Triángulo del Norte. Si hay algo que unifica el discurso de todos los presidentes de la región respecto a la migración es la incapacidad de criticar con contundencia las posturas antiinmigrantes de los gobiernos de Estados Unidos y México.
En México, los migrantes centroamericanos son extorsionados por autoridades desde hace décadas. México, actualmente, implementa una política migratoria que obliga a decenas de miles de personas a caminar por montes en el sur del país, expuestos a violaciones y asaltos. El presidente de Estados Unidos nos llamó “países de mierda” y amenazó a la región con cortar toda ayuda si no detiene a más centroamericanos en Centroamérica. Los gobiernos de la región responden, cuando ocurre el extraño caso, con tímidas declaraciones en las que ocupan verbos como “lamentar”, “exhortar”, “sugerir”.
La admisión de toda la culpa no ha sido la única frase de Bukele que será música para los oídos de algunos de los políticos estadounidenses más conservadores. El 8 de mayo, Bukele dijo en Washington a un grupo de congresistas: “Estamos alineados, ustedes no tienen que comprarnos para que estemos alineados porque pensamos de manera similar”. En esa ocasión, como respuesta al congresista republicano Ted Yoho, quien cuestionó el uso del dinero que Estados Unidos entrega a El Salvador, Bukele comparó a su país con un hijo que está dejando las drogas y a Estados Unidos con un papá que podría darle una oportunidad más y ayudarlo.
Yoho respondió a Bukele: “Tengo tres hijos y es lo que hacemos todo el tiempo: te voy a ayudar una vez más. Y creo que esta nación te ayudará”.
Aquello pareció una teatralización del problema que generan los discursos pusilánimes de los gobernantes centroamericanos ante Estados Unidos. Esa falsa idea de que en Centroamérica somos como hijos desastrosos de un padre magnánimo que por más que nos ayuda no logra componernos. Ese padre, siguiendo con la metáfora absurda, ha sido un déspota y en gran medida el culpable del desastre de hijos que tiene.
En El Salvador, por ejemplo, la violencia actual y la migración están directamente relacionadas con la guerra civil. Las grandes oleadas de salvadoreños en California llegaron huyendo de ese periodo de doce años que dejó más de 75.000 muertos. Las pandillas que ahora provocan que miles de salvadoreños huyan de la región nacieron allá, no muy lejos de Hollywood, con jóvenes que buscaban huir de una guerra patrocinada y sostenida por Estados Unidos. Llegaron, en el caso salvadoreño, en vuelos de deportados a un país destruido por esa guerra.
Miles huyen del norte centroamericano porque la violencia es extrema; miles migran porque la vida es precaria. Y eso es así porque sus gobiernos son corruptos y la mayoría de sus partidos políticos, máquinas de enriquecer a sus dueños. Pero también porque Estados Unidos ha tenido una incidencia directa en las decisiones de múltiples gobiernos centroamericanos. En muchas ocasiones, esa incidencia ha terminado en catástrofe.
Decenas de muertes de migrantes en la actualidad se deben a la decisión de gobernantes estadounidenses que amurallaron grandes tramos de su frontera y presionaron a México para que militarizara la suya. Hay mujeres que son violadas en los montes mexicanos y niños moribundos perdidos en el desierto estadounidense, en buena medida, gracias a que políticos de ambas naciones han decidido dejarles esas rutas peligrosas como única opción.
Sostener que los gobiernos centroamericanos no tienen parte de la culpa y que su corrupción no es factor clave en la migración es de cínicos o mentirosos. Pero decir que Estados Unidos no tiene otra parte de la culpa y de la responsabilidad de mejorar estas sociedades es de miopes o cobardes.
El presidente Bukele realmente hará un cambio de discurso ante el fenómeno de la migración si incluye esta última parte. Ha habido decenas de gobiernos centroamericanos que se disputan el primer lugar como el más genuflexo ante Estados Unidos, y eso no ha generado que el trato hacia los migrantes mejore. Es momento de completar el discurso, presidente, y dejar de contribuir a que Estados Unidos siga creyendo que es solo nuestra culpa.

Lea también la columna de Paolo Luers: ¿Mea Culpa?

El efecto Bachelet. De Alberto Barrera Tyszka

Michelle Bachelet, la alta comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, 
saluda a Nicolás Maduro, el presidente de Venezuela, en el Palacio de Miraflores 
el 21 de junio de 2019. Foto: Yuri Cortez/AFP
Alberto Barrera Tyszka,
escritor, guionista y
columnista venezolano

Publicado en EL NEW YORK TIMES/ES el 14 de julio 2019

CIUDAD DE MÉXICO — De todas las reacciones que el madurismo —nacional e internacional— lanzó en contra del informe de Michelle Bachelet, la más desconcertante fue la del gurú. Dos días después de que la alta comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas presentara un demoledor reporte sobre la crítica situación de los derechos humanos en Venezuela, Nicolás Maduro apareció con Sri Sri Ravi Shankar en el Palacio de Miraflores, anunciando gozoso: “Estuvimos hablando sobre la necesidad de una nueva humanidad. […] Me habló de la necesidad de construir la unión nacional”. ¿Lo dice en serio o se está burlando? ¿En realidad piensa que algo así puede contrarrestar la investigación de la ONU? ¿En qué cree Nicolás Maduro?
Una de las consecuencias más contundentes del informe de Bachelet tiene que ver con el problema de la verdad en Venezuela. Con lo que —más a allá de la fe o de las especulaciones— ocurre en temas como la salud, la alimentación o la violencia en el país. El documento destaca cómo el gobierno ha impuesto una hegemonía comunicacional para aniquilar el periodismo independiente y esconder la realidad. Con información precisa, deja sin sustento a la narrativa oficial. Frente a la investigación de la ONU, la retórica chavista queda al desnudo. Se reduce a un balbuceo infantil, predecible. La mayoría de las reacciones oficiales se han centrado en señalar que se trata un informe “manipulado”, “falso”, “sesgado”, “cargado de mentiras”, “descontextualizado” sin aportar ningún dato concreto que pueda refutar lo que señala la investigación. Siguen un método viejo y conocido: no cuestionan lo que se dice, solo lo descalifican. Es más fácil decir que Bachelet es una marioneta del imperio que enfrentar la responsabilidad del Estado en más de 6 800 ejecuciones extrajudiciales.
Dos argumentos se repiten de manera insistente en casi todas las críticas. El primero es de carácter metodológico. Se trata de desautorizar el informe denunciando que, en gran parte, está basado en entrevistas realizadas fuera de Venezuela. Esto es cierto. Pero no desacredita ni deslegitima la investigación. Responde a una realidad específica y a las formas con que los organismos internacionales indagan y monitorean la realidad de los llamados “países cerrados”. Hasta marzo de 2019 el Estado venezolano no permitió la entrada de representantes de la ONU al país. No puede ahora, ese mismo Estado, denunciar la poca presencia de esa organización en su territorio. Este argumento, por otro lado, también ignora la enorme diáspora de venezolanos en el exterior. Hay un país real —más de 4 millones de personas— expulsado del mapa, con todo el derecho a dar testimonio de sus propios procesos.
El segundo argumento fundamental no ataca tampoco las denuncias concretas del informe. Se centra en tratar de establecer responsabilidades. El chavismo niega que todo lo que ocurre sea real pero, al mismo tiempo, denuncia que todo lo que ocurre es culpa la “guerra económica” en contra de “la revolución”. Es otra forma de mudar el debate, de esquivar la verdadera confrontación. La élite que domina Venezuela necesita desesperadamente que la palabra “bloqueo” aparezca en cualquier análisis. De eso depende su relato. Pero, por desgracia para ellos, la historia económica, las cifras y las estadísticas, ya no pueden sostener esa ficción. Como bien lo señala el informe, las sanciones de Estados Unidos agravan la ya terrible situación social venezolana, pero no son la causa fundamental de la crisis. Los responsables de la tragedia no son los enemigos externos. Están adentro y siguen gobernando al país.
En el año 2009, cuando era presidenta de Chile, Michelle Bachelet visitó a Fidel Castro y criticó el bloqueo estadounidense a Cuba. La polémica, en ese entonces, fue grande. Esa anécdota, y su propia historia personal, también influyó para que el sector más radical de la oposición venezolana la acusara —antes del informe— de ser cómplice del oficialismo, una camuflada agente de Maduro. Ahora, desde el otro bando, se ponen a la par y repiten la misma simpleza: la acusan de ser cómplice de los gringos, una camuflada agente de la CIA. No es un detalle menor del efecto Bachelet: ha evidenciado el absurdo de la narrativa chavista.
Dice Nicolás Maduro que los aportes de Sri Sri Ravi Shankar “vienen a fortalecer el proceso de diálogo y paz” en Venezuela. No importa mucho si él cree o no en eso. Importa que cada vez más gente, dentro y fuera del país, entienda que ese encuentro religioso solo es un disparate, una ceremonia que se desinfla hasta el ridículo. El informe Bachelet es un paso fundamental por restituir la noción de verdad con respecto a lo que sucede en Venezuela. Más de 6 800 ejecuciones extrajudiciales destruyen cualquier espejismo discursivo. Deja claro que la violencia, más que una amenaza extranjera, ahora es una cruda acción interna. El chavismo debe asumir que su relato ya no es verosímil, que su versión de lo real es insostenible. Debe entender que la comunidad internacional no va a cesar su vigilancia ni su presión. Debe aceptar que la negociación no es una forma de distracción. Que el diálogo no se da de manera aislada, en una comisión o en una isla. Que se trata más bien de un proceso permanente que toca todos los ámbitos, que exige cambios concretos. Que la fantasía de la revolución se agotó.

sábado, 13 de julio de 2019

¿Mea culpa? Columna Transversal de Paolo Luers


Publicado en EL DIARIO DE HOY el 14 JULIO 2019

Los ejercicios de mea culpa’ son sanos. Siempre es bueno primero buscar la culpa propia, antes de buscarla en otros. Pero tampoco hay que exagerar este ejercicio autocrítico y convertirlo en auto flagelación o sumisión.

Ya hemos asumido nuestra parte de responsabilidad del drama migratorio. Hasta el presidente de El Salvador lo ha hecho. En una entrevista con Sky News incluso asumi
ó que El Salvador tiene la culpa de los niños que se ahogan en el rio fronterizo que tratan de cruzar para llegar a Estados Unidos. Esto se reflejó en el siguiente titular de La Prensa Gráfica: Bukele sobre migrantes ahogados: Es nuestra culpa”. Es una exageración que da cólera, porque aquí el “mea culpa” ya no es un sano gesto de autocrítica sino el intento oportunista de quedar bien con el gobierno de Estados Unidos – y al mismo tiempo desmarcarse de todos los gobiernos anteriores y sus políticas.

También hay voces más serias que insisten, con razón, que algo estamos haciendo mal en de nuestro país, cuando miles de compatriotas asumen los mortales peligros de la migración ‘ilegal’ para buscar seguridad y empleo en Estados Unidos. Por tanto tenemos que asumir parte de la responsabilidad. Cristian Villalta terminó su última columna con palabras muy duras: 
Lo que pasó, Valeria, se llama El Salvador." Y Cristina López, otra de mis columnistas preferidas, escribe: “La solución (a la crisis humanitaria de migración) debe encontrarse en casa, empezando con cumplir lo que la constitución declara como fines del Estado.”

De acuerdo. Pero ya basta. Está bien que seamos humildes. Pero también es cierto, y hay que decirlo, que no somos nosotros los que hemos creado en las fronteras que hay que cruzar para llegar de Centroamérica a Estados Unidos condiciones que propician que migrantes, incluyendo sus hijos, mueran de sed en los desiertos o se ahoguen en los ríos. Nosotros podemos ser culpables que en nuestros barrios no haya suficiente seguridad ni oportunidades, y que por estas razones la gente se arriesga - pero nosotros no hemos militarizado la frontera Sur de Estados Unidos para cerrarles el paso; ni estamos nosotros criminalizando a la gente que socorra a los migrantes en su travesía. Nosotros no hemos forzado al gobierno de México a militarizar su frontera Sur para obligar a los migrantes centroamericanos a tomar rutas aun más peligrosas. Es el gobierno de Trump que está promoviendo esto, y es el gobierno de López Obrador que se dejó doblar el brazo para evitar una guerra comercial con Estados Unidos.

Entonces, a Valeria no solo “le pasó El Salvador”, con sus barrios inseguros y su exclusión social, como formuló tan magistralmente Villalta. A Valeria (y a un montón de otros niños centroamericanos) “les pasó” la frontera militarizada entre México y Estados Unidos. Les pasó el cinismo de Donald Trump y sus seguidores que construyeron campos de concentración para menores de edad. “Les pasó” la Guardia Nacional mexicana. “Les pasó” el lamentable hecho que México, que también es país de origen de la migración, abandonó sus políticas de derechos humanos y adoptó las políticas que le dicta Trump. “Les pasó” incluso que los gobiernos centroamericanos, para mantener la ayuda financiera y militar de Estados Unidos, aceptan subordinar sus políticas de seguridad y desarrollo al objetivo central de Washington: detener la migración.

Nosotros tenemos que generar seguridad y oportunidades para todos los salvadoreños, atendiendo los derechos de nuestros ciudadanos a un desarrollo digno, no atendiendo el interés de Estados Unidos de no recibir más migrantes. Nuestras políticas de desarrollo social y seguridad ciudadana no están en función de contener la migración. La raíz de la migración es mucho más profunda que las crisis de seguridad, guerras o pobreza que sufren los países. Estos son factores que aceleran la migración y provocan migración de emergencia. Pero la migración (tanto la interna de lo rural a lo urbana, como la externa del Sur al Norte) es inherente al desarrollo de la humanidad. Es a la vez causa activa y resultado del desarrollo económico y social. Sin migración no hay desarrollo. 

Y en tiempo de la globalización de la economía, la migración es el factor laboral reclamando la misma libertad de movimiento sin fronteras que las inversiones y las mercancías.

Lea también la columna de Oscar Martínez en EL NEW YORK TIMES/ES: 

No es solo nuestra culpa, presidente Bukele




viernes, 12 de julio de 2019

Carta a CAPRES: La política de bloqueo en Twitter. De Paolo Luers


Estimado señor Oficial de Información: Considero que para lo que solicito no hay un formato establecido, porque cuando se hizo la Ley de Acceso a la Información Pública a nadie se le ocurrióprever el caso que un presidente de la República podía negar a un ciudadano, además periodista, el acceso a sus cuentas de Twitter, tanto la personal (@nayibbukele) como la institucional (@presidencia_sv). Sin embargo, esto pasó. La cuenta de twitter bloqueada (@paololuers) es un instrumento de mi trabajo periodístico.


Tampoco los legisladores pudieron prever que varios de sus ministros y otros altos funcionarios pod
ían seguir el ejemplo (o la orden) del presidente y también bloquear al mismo ciudadano, algunos solo sus cuentas personales, otros también las institucionales, algunos ambos. Sin embargo, esto también pasó. Desconozco si estas decisiones las tomó cada uno de los titulares por separado, o si alguien desde Casa Presidencial dio las instrucciones. Llama la atención que hay ministros, secretario de la presidencia  y otros funcionarios que no tomaron esta decisión y dejaron libre el acceso a su cuentas personales e institucionales.

Tampoco los legisladores, a la hora de redactar la Ley de Acceso a Información Pública podían imaginarse que algún día el país iba a tener un presidente quien gobernara mediante Twitter y comunicara órdenes a sus ministros mediante su cuenta personal de Twitter, incluyendo ordenes de despido, ordenes de operativos policiales – y que recibiera por la misma vía los informes de sus subalternos. Con todo esto, las cuentas de Twitter, tanto personales de los funcionarios como las institucionales, se convierten en fuente importante de información.

Las cuentas personales adquieren también un carácter oficial, y es a través de ellas que los funcionarios, pero también los ciudadanos y los periodistas tienen acceso a información vital para la vida nacional y las políticas públicas.

Como nada de esto está previsto en la ley, no encontré cómo canalizar mi reclamo por las decisión del presidente y varios de sus ministros y otros altos funcionarios a vetarme el acceso a la información que ellos difunden mediante sus cuentas de Twitter. Consulté con uno de los Comisionados del Instituto de Acceso a la Información Pública IAIP, y me recomendó hacer uso del presente mecanismos de acceso a información pública, en este caso dirigido al oficial de información de Casa Presidencial.

Solicito entonces, por esta vía, a Casa Presidencial lo siguiente:


1.  Que me informen quién ha tomado la decisión de vetarme el acceso a la información que el gobierno difunde a través de las siguientes cuentas:
- @presidencia_sv y @nayibbukele  (Casa Presidencial y su titular)
- @centrospenales y @OsirisLunaMeza  (DGCP y su titular)
- @gobernacion_sv y @marioduran1 (Ministerio de Gobernación y su titular)
- @CEPA_SV y @anliker1980  (CEPA y su presidente)
- @SeguridadSV_y @rogeliorivasSS (Justicia/Seguridad y su ministro)
- @magelsalvador  y @anlikerinfante (Ministerio de Agricultura y su titular)
- @GobSv_Comunica y @sofiamedi (Secretaría de Comunicación y su titular)
- @MARN_SV y @lopezfernando (Ministerio de Medio Ambiente y su titular)

- Además está bloqueado mi acceso a la cuenta @alertasMOP (Ministerio Obras Públicas) y las cuentas personales de @AnaOrellana (ministra de Educación); @mynorjGil (presidente de LaGeo).


    2. Que me faciliten los documentos (memorándum, reglamento, o formato similar) en los cuales esté formulada la política de comunicación vigente para esta administración presidencial que determina el uso selectivo del bloqueo de cuentas de Twitter para ciudadanos y/o periodistas. 

    3. Que desde Casa Presidencial se emitan instrucciones a las arriba mencionadas instituciones del gobierno de levantar el bloque que afecta a la cuenta @paololuers del suscrito ciudadano. 

Resulta obvio que instituciones y funcionarios públicos no tienen derecho de excluir a nadie del acceso a las informaciones que difunden al público por los distintos canales, incluyendo redes sociales. Art. 4ªde la Ley de Acceso a la Información Pública dice: Máxima publicidad: la información en poder de los entes obligados es pública y su difusión irrestricta, salvo las excepciones expresamente establecidas por la ley.

Le informo de antemano que dependiendo de sus respuestas a la presente solicitud consideraré demandas judiciales para aclarar si el bloqueo cuentas de Twitter de ciudadanos y periodistas es legal.  

Atentamente,


PD: Esta carta fue mandada el 11 de julio al oficial de información de 
CAPRES como solicitud de acceso a información pública.





miércoles, 10 de julio de 2019

Carta al Frente: Hoy o nunca. De Paolo Luers



Estimados amigos:  ¿Tiene futuro el FMLN? Muchos se hacen esta pregunta ahora que la vieja guardia ortodoxa al fin entregó la dirección del partido. Algunos se hacen esta pregunta con escepticismo, pensando que la actual avalancha populista ya no deja espacio para el resurgimiento de una izquierda racional. Otros nos hacemos la misma pregunta con angustia, porque sabemos que sin una izquierda democrática vibrante será difícil mantener con vida el pluralismo democrático que hemos construido a partir de los Acuerdos de Paz.
El resurgimiento del Frente como izquierda democrática no será automático, solo porque hay una dirección nueva. Lo que se puede esperar de Óscar Ortiz y su nueva Comisión Política no es que desde la cúpula que han alcanzado decreten la renovación y la nueva definición ideológica del partido. La mayoría de los nuevos dirigentes, empezando con Óscar Ortiz, no están para esto y dudo que tengan claridad sobre el rumbo que tendrá que agarrar el Frente para volver a convertirse en opción de poder y de futuro. Y de todos modos estos procesos de redefinición no funcionan por decreto.
Lo que sí se puede esperar de la nueva dirección del Frente, y de Óscar como su punta de lanza, es que abran, promuevan y protejan el proceso de debate interno que es indispensable para que salgan nuevos liderazgos, nuevas formas de hacer partido y nuevas y audaces definiciones ideológicas, que podrán hacer contrapeso a la historia de dogmatismo que ha llevado al fracaso al FMLN. Será un proceso largo, complejo, con resistencias, obstáculos y equivocaciones. Pero indispensable. No habrá atajos oportunistas. No vengan con discurso renovador para sustituir cambios reales y sustanciales. La única salida es construir una izquierda verdaderamente democrática, internamente plural y que sea inmune al populismo que está de moda. Nada de concesiones al populismo gobernante.
La gran ventaja de los renovadores y socialdemócratas es que son los únicos que pueden responder a la urgente necesidad de que desde la izquierda se contraponga alternativas intelectuales a la oleada de populismo encaramado en el poder del Estado, usándolo como una inmensa maquinaria de propaganda y activismo político. El FMLN tiene que marcar una alternativa a Bukele, frente a su gobierno, frente a su alianza con las élites de la derecha mafiosa y frente a su partido-movimiento Nuevas Ideas; una alternativa ideológica, una alternativa de liderazgo y una alternativa democrática interna frente al nuevo autoritarismo.
Y obviamente estas alternativas no surgirán de la vieja guardia ortodoxa alrededor de Sánchez Cerén y Medardo González, ni tampoco de la izquierda corporativa de ALBA. Y tampoco lo puede lograr solo el nuevo secretario general Óscar Ortiz. Tiene que abrir el espacio, pero por su participación en los gobiernos y los negocios de la anterior cúpula no tendrá suficiente fuerza para personificar el cambio. El nuevo Frente solo puede surgir de la iniciativa de los renovadores y socialdemócratas, quienes de repente tienen dentro del partido abiertos los espacios que se les había negado en los últimos 20 años.
La nueva dirección del Frente tiene que entenderse como transitoria, pero con la inmensa responsabilidad de abrir el espacio para el verdadero relevo.
Saludos y suerte,