Carta a los bien intencionados que hacen el mal

Estimados miembros del Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia:
Con contadas excepciones, no dudo de su buena voluntad. Decidieron darle el beneficio de la duda al gobierno. Aceptaron su invitación a formar parte de un Consejo participativo supuestamente encargado a diseñar soluciones integrales al problema de la inseguridad, violencia y delincuencia. Es difícil decir no cuando hablan de diálogo, concertación, participación ciudadana y paz.

Lo criticable no es que se hayan incorporado, aunque este Consejo nació con fallas de origen, la principal su falta de autonomía. Fue desde el principio un Consejo de Casa Presidencial, no de la Sociedad Civil. Otra falla fue que el gobierno lo compuso con el principio de representatividad, no de capacidad. La consigna: Por más sectores representados, mejor. Idóneo es quien me cubre las espaldas. Un Consejo con este diseño sirve para dar oxígeno político al gobierno, no para diseñar soluciones.

Lo que cuesta entender es que luego de tres años y múltiples fracasos todavía forman parte de este Consejo y avalan lo que ya se reveló que es una farsa. Bueno, muchos se han retirado, pero esta carta va a los que todavía ayudan al gobierno a mantener viva y vender como logro esta farsa.

¿Por qué digo farsa? Porque el gobierno nunca tuvo intención de supeditar sus políticas de seguridad pública a los debates, planes, propuestas de este Consejo. De hecho, esto sería imposible. Un gobierno puede crear un Consejo de expertos para que le asesore y evalúe sus políticas, pero jamás le puede delegar responsabilidades – mucho menos a un Consejo que no está compuesto por expertos. La función de este Consejo -y por tanto de sus miembros- es meramente política y de imagen: crear la falsa percepción de que las políticas de seguridad (y sus fracasos), no son responsabilidad del gobierno que las impulsa, sino de la sociedad entera. Lo que es falso. Primero porque es una ficción que ustedes representan la sociedad; y segundo porque el gobierno de todos modos implementa otros planes que nunca puso a discusión en el Consejo – porque son planes inconfesables que nacen del mundo de sus equipos de inteligencia política, no de una concertación. Planes de militarización del conflicto y de la PNC. Planes que ante la incapacidad de aplicar adecuadamente la ley contemplan medidas extralegales, incluyendo ejecuciones extralegales. Todo lo que ustedes discuten: prevención, rehabilitación, reinserción, inclusión, atención a las víctimas… es adorno, porque este gobierno no está dispuesto a cambiar sus prioridades. Para hacer prevención de verdad, el gobierno tendría que abandonar su esquema de gasto social clientelista – y no está dispuesto hacerlo. Para facilitar la reinserción e inclusión, tendría que abandonar sus intenciones de golpear a las bases sociales de las pandillas – hasta que se alineen al Frente, o hasta exterminarlas.

Lo que me provocó escribir esta carta es lo que leí sobre la visita que varios de ustedes hicieron a Los Angeles, para estudiar el modelo que en esta ciudad han desarrollado para enfrentar la violencia de las pandillas. Es un modelo diametralmente contrario al implementado aquí por el FMLN. También a las que practicó ARENA cuando gobernaba. En Los Angeles priorizan el diálogo y la mediación, instrumentos que ustedes han permitido y avalado que el gobierno nuestro haya diabolizado y vetado.
Si ustedes realmente han entendido lo que les enseñaron en Los Angeles, a su regreso deberían disolver este Consejo Presidencial, recuperar su autonomía y crear una iniciativa de la sociedad civil para elaborar conceptos alternativos que debería adoptar el siguiente gobierno.


No dejen al próximo presidente la tarea de dar sepultura a esta farsa. Les toca a ustedes hacerlo. Y así dejarían el camino libre a que el próximo gobierno arranque bien.

Saludos,

(MAS! / El Diario de Hoy)

 

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