Carta a los que menosprecian los Acuerdos de Paz

En innumerables cartas y columnas cuestioné la militarización, la impunidad y los abusos de poder que desde hace años estamos observando en la Policía Nacional Civil. Y aunque por esto me caigan reproches y amenazas, lo seguiré haciendo.

Pero me asusta la cantidad de voces que en ocasión del reciente aniversario de los Acuerdos de Paz sostienen que esta refundación de la República del 1992 no haya servido para nada. Me asusta ver a una intelectual (y además amiga) escribir que “las calles siguen militarizadas, los pobres siguen muriendo impunemente en manos del estado, la OIE sigue persiguiendo a periodistas, etc. Lo que hubo fue un Acuerdo Político / Tregua que enquistó la impunidad. Que lo celebren los firmantes.”

A los que durante las décadas de los 70 y 80 estaban demasiado jóvenes -y a los que fingen amnesia- hay que decirles: La militarización de la seguridad pública de ahora no es lo mismo que el Estado dominado por militares que tuvimos antes de los Acuerdos de Paz. La PNC, con todo su abuso de poder, no es lo mismo que la Guardia Nacional o Policía de Hacienda abolidos por los Acuerdos de Paz. El GRP, con todas sus desviaciones y corrupciones, no es lo mismo que el Batallón Atlacatl, que cometió masacres como la de El Mozote y asesinatos políticos como los de los padres jesuitas. La hostilidad del FMLN de hoy a la independencia de la Sala no es lo mismo que los asesinatos y secuestros de los comandos urbanos guerrilleros. El espionaje y las intimidaciones, que hoy sufren políticos, empresarios y periodistas por parte de la OIE y la Inteligencia Policial dirigidas por cuadros del FMLN, no es lo mismo que los asesinatos a periodistas, los atentados a medios de comunicación que cometieron ambos bandos en la guerra, o los secuestros a manos de guerrilleros y las desapariciones a manos de escuadrones que marcaron las décadas de los 70 y 80. Hay que ser muy ignorante o muy ideologizado para no ver las diferencias.

Quisiera que existiera una máquina de tiempo que transportara de regreso a estos tiempos de represión, activar guerrillero y guerra a los que ahora dicen que los Acuerdos de Paz solo fueron un arreglo de cúpulas sin beneficios para los ciudadanos.

Es cierto que no logramos la paz duradera, y esto nos obliga a poner su construcción a la cabeza de nuestras prioridades. Pero no la vamos a lograr nunca si menospreciamos lo que se logró en 1992: la erradicación de la violencia política, es decir: de la violencia organizada por el Estado y partidos políticos para preservar el poder o alcanzarlo; la apertura del sistema político al pluralismo; la irrestricta libertad de expresión y de organización.

Tenemos cualquier tipo de violencia: violencia de pandillas, violencia extralegal de la PNC, violencia intrafamiliar, violencia de género – pero a diferencia de países vecinos como Honduras, México y Guatemala no tenemos violencia política, ni electoral, ni asesinatos de periodistas. Tenemos políticos presos, pero no tenemos presos políticos. Tenemos gobernantes que expresan abiertamente su menosprecio a la libertad de prensa y la independencia del poder judicial, pero desde 1992 tenemos un consenso social muy sólido, que no permite que un gobierno cierre medios de comunicación o sustituya magistrados incómodos.

Estos avances no cayeron del cielo. Son resultados de la solución política consensuada que encontramos para terminar la guerra. Solo preservando, consolidando y defendiendo estos logros históricos podremos avanzar hacia la paz social que falta construir.


Saludos,

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(MAS! / El Diario de Hoy)



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