Carta a Josselyn Alabi: El lado positivo

Campeona:
Disculpá que te saco en una carta pública. Casi no nos conocemos. Pero sos persona pública: campeona de surf y embajadora de “marca país”. Pero sobre todo me atrevo por la manera como nos conocimos. Estuve con unos amigos almorzando en el Sunzal, igual que vos con unas amigas, en otra mesa. Me llamó la atención tu sonrisa, cuando se cruzaron nuestras miradas. Así es la vida en la playa. En el stress de la ciudad todos somos extraños, pero en la playa los extraños se pueden regalar sonrisas.

Comenté esto con mis amigos extranjero. Les hablé de la violencia con la cual convivimos, del fatal impacto que tiene sobre el tejido social, pero también de la facilidad con la cual se hace contacto entre salvadoreños, en cuanto nos olvidamos de nuestras angustias. Por ejemplo, en la playa…

Miren la alegría que irradia esta chava, les dije, cuando volviste a dirigir tu sonrisa a nuestra mesa. Fui a saludarte. Resulta que vos me habías reconocido: el señor de las cartas. Y me di cuenta que sos campeona y embajadora. Nos despedimos tomándonos fotos juntos… los dos famosos. Me fui con una sensación de…You made my day!

Luego me saliste en Facebook, y me causó la misma sensación. Es contagioso el optimismo que estás transmitiendo con tus fotos y posts: sobre tu deporte, tu carrera de economista, tu país. De repente entiendo el concepto de los embajadores de marca país, que siempre vi con escepticismo. Entiendo porqué mi amigo Alfredo Atanacio, a pesar de sus diferencias con el gobierno, aceptó este cargo. Tiene sentido que gente con esta fuerza de optimismo y entusiasmo sean la cara del país.

Parecido impacto me hizo otro encuentro fugaz, en el evento extraordinario de los libros humanos. Habíamos como 60 gente invitados a leer cada uno tres libros humanos, o sea sentarnos en una mesita para hablar con personas que representan grupos sociales o culturales con los cuales normalmente no nos comunicamos: ex pandillero, ex combatiente guerrillero, transexual, empresaria exitosa, joven de barrio marginal…

Cada uno escogía tres libros que representaban algo desconocido. Uno estaba anunciado como mujer evangélica – y como nunca había hablado en serio con alguien evangélico, escogí este. Me encontré con S., una mujer que ya conocí socialmente, sin tener idea sobre su religiosidad. Fueron 20 minutos increíblemente interesantes, que me causaron la misma sensación de felicidad que describí arriba. Es la felicidad que te invade cuando de repente se rompe la anonimidad, y conectás sin reserva, sin miedo con una persona. Conectar con una buena persona, aunque sea por un momento fugaz, puede enderezar tu manera de ver nuestra vida, o el país, o el futuro. Recuperás el optimismo que estabas a punto de perder…

Disculpen, Josselyn y S., que comparto esto con los lectores. Pero estoy seguro que sienten lo mismo.

Saludos,
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(MAS! / El Diario de Hoy)

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