Carta a Karla Hernández: O censura o libertad de expresión

Estimada diputada:
No es justa toda la burla que te han hecho por tu idea de posar ante cámaras de TV para comprobar que la melaza no es tóxica. Tampoco toda la jodedera porque llegaste a la Asamblea armada de un megáfono. Es válido que los diputados busquen nuevas formas de comunicación. De la mayoría de tus colegas nunca nos burlamos, simplemente porque nunca dicen, proponen ni critican nada…

También encuentro válido que tuviste el valor de lanzar, a título personal y de acuerdo a tus convicciones personales, una “ley Digicel” para implementar en El Salvador la censura. Está bien que los diputados propongan y voten por conciencia, y está muy bien que tu partido lo permita – aunque algunas veces le cuesta, como en el caso del voto disidente de Johnny Wright Sol en la elección del fiscal general. De paso sea dicho: ya sabemos que tenía razón Johnny de expresar dudas.

Como te puedes imaginar, estoy en absoluto desacuerdo con tu propuesta. La censura es una práctica del pasado. No te puede gustar la campaña de Digicel, y puedes usar tu megáfono o cualquier otro medio a tu alcance para criticarla. Tú puedes decir que expresás el sentimiento de rechazo de la mayoría, aunque lo dudo seriamente. La mayoría, sobre todo la generación más joven, ya asume la diversidad y la tolerancia como algo normal.  Pero incluso si fuera cierto, no constituye ningún argumento a favor de la censura. Precisamente de esto se trata en la democracia, en la libertad de expresión y en la erradicación de la censura: proteger las expresiones de las minorías.

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No voy a entrar en una discusión sobre el contenido de la campaña de Digicel. Es irrelevante. A mi me gusta y a vos no. Punto, y ¿cuál es el problema? Igual habrá otras expresiones de arte, literatura o publicidad que te gustan a vos y a mi me caen mal. Lo que no podemos hacer es darle al Estado, mediante leyes, el rol arbitrario para decidir qué es de mal gusto y qué otra cosa es “edificante”.

Nadie tiene que justificar sus gustos. Mucho menos frente al Estado. Si es publicidad, como en el caso de Digicel y su manifiesto, el cliente va a decidir. Si esta campaña le resta mercado a la empresa, porque la gente la rechaza y se indigna, la van a cambiar o suspender. Así de simple. ¿Y no sos defensora de la libertad del mercado, para no hablar solamente de la libertad de expresión?

Las libertades no permiten medias tintas. Uno es a favor de la libertad de expresión y de la empresa – o a favor de leyes que permitan al Estado a censurar.

DIGICEL

Vas a decir que las libertades tienen límites cuando chocan con otros derechos o con leyes. De acuerdo. La libertad de expresión no incluye el derecho de difamar. Hay leyes que regulan este conflicto de derechos. Pero no podemos suspender la libertad de expresión por el solo hecho que una obra, un libro, una película o una campaña publicitaria choque con el gusto diferente de una persona, o incluso de una mayoría de personas. Si comenzamos con censura, ¿hasta dónde vamos a llegar? ¿Cómo luego garantizamos que la censura no se aplique contra disidencia o crítica política?

Tu propuesta de censura no va a proceder. Ya no cabe en nuestra cultura política. Ni siquiera tu propio partido te va a apoyar. Y me imagino que vos lo sabés, y que esta iniciativa es tu forma de usar los instrumentos parlamentarios para hacerte oír, para expresar tu crítica a esta campaña. Bueno, es tu derecho, aunque la Asamblea no es para la proyección de los egos ni de los gustos o disgustos personales de los diputados.

Te recomiendo que uses tu curul para perfilarte en otros temas más importantes que aquejan al país.
Saludos,
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(MAS!/El Diario de Hoy)