Carta a Mauricio Funes

Señor presidente:
No nos lleva a nada bueno armar pleito con todos que expresan dudas, críticas, preguntas y reservas a su decisión (necesaria, digo yo) de focalizar el gasto social de su gobierno para dar sostenibilidad al proceso iniciado con la tregua entre pandillas. La tregua no solo ha producido una sensible reducción de la violencia, sino ha abierto la oportunidad de atacar las raíces del problema. En esto se trata de invertir dinero. No en la tregua o "para apoyar a las pandillas", como algunos lo quieren mal interpretar.
Hace meses, discutiendo con los dirigentes de la MS-13 presos en Ciudad Barrios sobre la necesidad imperativa de convertir la tregua en un proceso de paz con la ciudadanía, les pregunté: "¿Qué esperan ustedes del gobierno? ¿Qué quieren que haga el gobierno?"
La respuesta: "Que haga su trabajo. Que haga lo suyo. Nada más."
"¿Qué significa esto en concreto?"
"¿Y acaso no es responsabilidad del Estado mantener en condiciones mínimas de dignidad humana las cárceles, con programas educativos, atención de salud, facilidades de trabajo? ¿Y acaso no es el deber del gobierno intervenir los barrios abriendo a nuestras familias y comunidades el acceso a salud, educación, deporte, agua, desagüe? Los gobiernos no han hecho su trabajo. Que lo hagan."
"¿Sobre esto quieren negociar con el gobierno?"


"Esto no requiere de negociación. Es su tarea. Que la cumplan. ¿Para qué van a negociar con pandillas lo que por ley y por decencia deberían hacer?"

Usted, presidente, y su gobierno, no tienen porqué apoyar una tregua. La tregua no es con ustedes. Es entre pandilleros que quieren parar la escalada de violencia. Usted como gobierno ni siquiera tiene que tratar de convertirse en protagonista del proceso de paz que se puede derivar de esto. Porque tampoco es con usted: Es un asunto de la sociedad civil con un sector de ella misma, que busca volver a ser parte; que quiere dejar de estar en conflicto con la sociedad.
Si el gobierno entiende la oportunidad que ahí se abre, la puede aprovechar focalizando su inversión social en las comunidades donde se originó y se sigue alimentando esta fatal espiral de miseria, exclusión, descomposición familiar y social, violencia, represión, más violencia, más persecución y más miseria. Digo 'inversión', porque al hacer esto, se resuelve un problema estructural, se construye algo para el futuro.
Esto el gobierno lo hubiera tenido que hacer hace un año, sin ni siquiera hablar de treguas y pandillas. Esto es algo que su gobierno (y el siguiente) tiene que hacer de todas formas, exista tregua o no, digan lo que digan los pandilleros o los mediadores. Hacerlo es la esencia del gobierno.
Me encanta esta definición: Que el gobierno haga lo suyo. Del resto que se encarguen los que realmente les toque: La persecución del delito –la fiscalía y la PNC. La tregua– los pandilleros. La reconciliación –las iglesias, las alcaldías, las escuelas, los ciudadanos. La creación de empleo– los empresarios. Pero urge que el gobierno al fin haga su trabajo: reformar las cárceles, que ahora son una ofensa a la dignidad humana; invertir en los barrios. Y dejar de vender como éxitos gubernamentales lo que han construido los mediadores con los pandilleros, los alcaldes, las iglesias, y algunos ciudadanos.
Cada uno lo suyo, presidente. Resulta que al final tuvo razón su ministro Munguía Payés cuando describió su rol como mero facilitador. Necesitamos un Estado facilitador, ¡pero que cumpla!
De todos modos, le felicito por la decisión de cambiar las prioridades del gasto gubernamental en función de aprovechar la gran oportunidad que se ha abierta al país para superar nuestro problema principal: la violencia. Sólo falta explicarlo bien.
Paolo Lüers
(Más!/EDH)