Bienvenidos al periodismo-espectáculo

Que un periodista haga una entrevista con un narcotraficante no tiene nada de extraño, al contrario. Que Julio Scherer, el decano del periodismo en México, haga esa entrevista al Mayo Zambada, uno de los narcos que más daño le han hecho a este país, es vergonzoso. Todos los que nos dedicamos a este oficio sabemos que hay veces que el entrevistado nos gana la entrevista, a todos nos ha pasado. El mismo Scherer hizo una de sus peores entrevistas, en aquella ocasión en televisión y en red nacional, al subcomandante Marcos. El sub se comió al maestro: le impuso el ritmo, el tono, la forma y Scherer terminó siendo un agradecido público, un fan más del show de Marcos. Pero el encuentro con El Mayo es más que una entrevista fallida.

Hay una tendencia mundial al periodismo-espectáculo que en México está tomando carta de naturalización a gran velocidad. Lo periodístico de hoy es aquello que genera "tráfico", tiene rating, mueve masas y es tema de conversación en los camiones y los cafés. Se trata igual un asunto de una niña muerta en circunstancias extrañas, como el caso Paulette, la salida del armario de una cantante pop, o un tema de narcotráfico. La historia periodística ya no es aquella que nos revela algo nuevo, distinto o sorprendente, sino la que nos mantiene pegados al televisor, a la pantalla o a la Blackberry. Lo importante no es la veracidad de los hechos, sino la capacidad de sorprendernos más veces en menos tiempo. Lo que trasciende no es lo que dijo el narcotraficante, mucho menos las preguntas que le hizo el entrevistador, sino que está ahí, en la foto de portada, al lado del periodista, banalizando la información. Pero lo más patético y paradójico es la lógica del periodista banalizándose a sí mismo. A la clase política la ha perdido el dulce encanto de su propia voz: escucharse en los medios ha hecho que dejaran de escuchar a los demás. A los periodistas de hoy nos está aniquilando la fascinación por la imagen propia.

El periodismo está siendo víctima de sus propios medios. El medio está imponiendo la lógica al periodismo y hoy el performance se volvió más importante que el contenido. La entrevista de Scherer con el narco Zambada desnudó, de manera por demás impúdica, esta nueva realidad del periodismo. El performance de la Proceso es la puesta en escena, en una sola portada, del periodismo rendido, no ante el narco, que en este caso es circunstancial, sino ante la lógica el espectáculo. Hay quien dice, entre ellos el propio director de la revista, que esta portada será histórica. Será la menos tristemente célebre como icono del periodismo mediatizado. El espectáculo es lo de hoy.

(El País/Madrid)

1 comentario:

Jan ahl dijo...

En democracias la forma como se desvirtúa el periodismo es cuando mantener el rating y no un (estándar + la cuota de pantalla) puede más que la objetividad, el dato relevante y la metodología (línea editorial).

En dictaduras (comunismos, nacional-socialismos, anarquismos, teocracias, populismos, y dictaduras ''ilustradas'' o ''progresistas''), el problema es otro y aún peor, es la automática corrupción del periodismo hacia la propaganda panfletaria, el lavado cerebral, y la distorsión informativa, mientras que el periodismo de oposición pierde objetividad al inevitablemente tener que asumir el papel de resistencia civil que en una situación normal no le tocaría.

En un mundo perfectible, pero jamás perfecto, hay que preguntarse qué es peor opción, si tener que lidiar con periodistas-showman que son el ''mal-más ó -menos-necesario'' del periodismo dentro de sistemas democráticos en donde el periodismo de calidad concide también y entre el periodismo para el consumo de masas, o tener que lidiar día a día con joyas del Nilo como Mario Silva... es decir, eso, o tener que desinformarme en canales amordazados como Venezisión o tener por el contrario que informar entonces encanales de resistencia civil como Globovisión, en donde tener que hacer la limpieza de la información para llegar al centro no ''politizado'' es un esfuerzo mentalmente cansador.

Hay que recordar que el periodismo basura existe gracias al público que lo pide, mientras que el periodísmo panfletario existe tanto gracias a la cuota de público que lo pide, como por sobre los que no lo piden.

Ergo, mi respuesta es clara y simple.... Prefiero tener que combatir el periodismo basura al estilo la vida sexual de Ricky Martin o la entrevista a sociópatas ávidos de publicidad que se concretan gracias a algunos periodistas-tontos-útiles, a tener que combatir el periodismo ideológico pre-fabricado, de línea ideológica más que de línea editorial. Al menos lo que hace Ricky Martin con sus posaderas lo puedo ignorar, el periodismo propagandístico desinformativo al estilo ALBA no tengo esa opción.

Con el periodismo basura hay que tener criterio, y en estos casos ver el vaso medio lleno a verlo medio vacio, ya que cuando uno lo ve de la segunda forma y llega erróneamente a que toda información en democracia es basura o sigue agendas, entonces uno poco a poco y peligrosamente se aproxima a aceptar un peor tipo de periodismo en vez de mejorar el ya existente.

Al igual que la democracia requiere de pueblos cultos y no solamente de pueblos dispuestos a votar, el periodísmo requiere de lo mismo si uno no quiere que todo sea Gaceta hípica y los ''whereabouts'' de las nalgas de Ricky experimentando entre súcubos y íncubos