Columna transversal: DON PACO Y LA TRAGEDIA DE LA POSGUERRA

Hace un año murió don Paco. Lo asesinaron con lujo de barbarie, junto a su esposa Juana, en su casa en el barrio La Cruz de Suchitoto. Un domingo 2 de julio. Cuando me lo contaron, no lo pude creer. Francisco Manzanares -o don Paco, como todos lo conocíamos en Suchitoto- era de la gente que uno no se puede imaginar involucrado en un crimen salvaje: ni como victimario, ni como víctima. Era demasiado buena gente para que alguien le quisiera hacer daño. Hablo de él, porque era mi amigo, mientras que a su esposa solamente la vi dos o tres veces detrás del mostrador de su tienda. Niña Juana no era de muchas palabras o sonrisas, por lo menos no conmigo. “No con los amigos míos,” solía decir don Paco.

Todo lo contrario don Paco: un gran platicador. Era imposible cruzar el parque central de Suchitoto sin encontrarse con don Paco. Y era imposible encontrarse con este señor erecto de pelo blanco y ojos sonrientes sin sentarse junto a él en un banco, en la sombra de los árboles (que ya no existen, víctimas de la transformación del parque en plaza) y platicar de lo que había pasado en el mundo, en el país, en el pueblo. Su saludo siempre era algo como: “Don Paolo, ¿qué hay de nuevo? ¿Cómo está esto del cambio climático? ¿Cree que Hugo Chávez realmente es un revolucionario?” Y ahí platicamos, analizando la situación electoral, la guerra en Irak, la situación cada vez más deplorable del Frente, las maniobras de ARENA, la ineficiencia de la alcaldía de Suchitoto... Y siempre, en estas pláticas dominicales, don Paco al final dijo: “Pero, don Paolo, algo tenemos que hacer, si esto no puede seguir así. Pensemos en algo.”

Una vez, a finales del 2002, le hice una propuesta – y don Paco me la agarró con entusiasmo: “Pongamos alcalde, pues.” El Frente iba a lanzar, por tercera vez, a Isaías Sandoval, para no perder la alcaldía. Isaías era amigo de nosotros dos, nada en contra de él. Pero el mismo alcalde –“Ardillo” para sus amigos- en privado estaba diciendo que la ciudad ya necesitaba un cambio, ideas frescas, concertación. Que él era el alcalde de la reconstrucción, pero para lo que viene, la apuesta al desarrollo, se necesitaba otros líderes con otras ideas y capacidades. Entonces, comenzamos a trabajar -don Paco entre los activistas más decididos- en la candidatura de Chamba Acosta, gran amigo de los dos, bajo la bandera de los Renovadores. Don Paco feliz: Al fin había algo que hacer, había una perspectiva: una izquierda ciudadana, una izquierda civil, un equipo plural y dinámico de candidatos al concejo, ex guerrilleros como Dimas junto con personajes honorables del pueblo, como don Tilo Melgar, alcalde duartista muy respetado y recordado...

En esta campaña, don Paco tuvo que enfrentarse a su propia hija, Mariposa, la más ardiente y agresiva activista del FMLN en Suchitoto. Lo hizo con dignidad, con calma, hasta con humor, aunque los insultos por parte de su propia hija le dolieron. “Ella no es mala, don Paolito, ella es producto de la gran crisis de valores del Frente”, me dijo. “No quieren ver la realidad. No logran ser tolerantes. Se aferran a sus dogmas. Pobrecito el Frente, pobrecita mi hija...”

Hicimos una buena campaña, perdimos con dignidad. Isaías, al final, nos dio una horrible paliza – y una gran lección: Ganó y adoptó buena parte de nuestras propuestas. Condujo al Frente en Suchitoto al cambio que necesitaba, contra todas las resistencias, asegurando que en las siguientes elecciones, en 2006, los ortodoxos no lograran caer a “su” alcaldía. Isaías, el líder local de las FPL, hizo alianza con sus adversarios tradicionales de la RN, los dirigentes de la zona baja del Guazapa, los más renovadores en el partido. Produjo el cambio que Suchitoto necesitaba. Y don Paco, feliz. “Al fin triunfamos, Don Paolo”, me dijo - aunque yo no estaba tan seguro. Y con esta sonrisa suya en los ojos: “Otra vez se fregó la Mariposa...” –quien, claro está, era la propagandista más gritona de la campaña frustrada de la candidata ortodoxa en las primarias...

Pero don Paco no sólo andaba en asuntos de política. Era partícipe de cualquier iniciativa de ciudadanos para mejorar el pueblo: agua potable, cultura, fiestas patronales, salud, educación, deportes... Cada iniciativa ciudadana podía contar con el apoyo de este caballero, con su paciencia, con su bondad, con su sentido común y práctico.

Yo conocí a don Paco, cuando hice de Suchitoto mi segunda residencia, en 2001. La primera vez que platicamos fue en casa de Chamba Acosta. Me dijo: “Yo sé quien es usted: Anduvo en la guerra con mi hijo.” Y así nos hicimos amigos: platicando sobre Paquito Cutumay, músico y guerrero. Platicando también sobre cómo murió Paquito. Muerte trágica, muerte polémica. Yo no escondía al padre mi opinión: que Paquito andaba, ya terminada la guerra, en cosas terribles que tenían que ver con policías corruptos, extorsiones, secuestros. Los dos estábamos convencidos que Paquito fue víctima de sus errores políticos: El pensaba que era legítimo y necesario, en el nombre de la revolución, seguir con acciones clandestinas. “¿Usted piensa que mi hijo era un criminal, don Paolo? Dígame, porque usted lo conoció bien.” “No, Paquito actuaba y murió pensando que estaba cumpliendo un deber revolucionario. Muy equivocado, pero no criminal.”

También hablamos de la campaña que su hija Mariposa estaba levantando en todo el mundo por la muerte de su hermano. Para ella, Paquito era víctima de policías actuando como escuadrón de la muerte. Don Paco estaba dispuesto -con tristeza, pero con dignidad- a enfrentar la verdad: Su hijo no era víctima de la represión, sino de los errores e irresponsabilidades de la izquierda. Su muerte refleja la tragedia de la izquierda salvadoreña en los primeros años de paz: Cuando el ex guerrillero Paquito Cutumay muere en un tiroteo con la policía en San Miguel, tanto su acompañante y supuesto cómplice como uno de los policías que intentan detenerlos y terminan matando a Paquito, son policías ex-guerrilleros. Dos de los ex guerrilleros en la escena de la tragedia, Paquito y su amigo policía, bajo investigación por extorsión de una prominente familia de Ahuachapán, lugar donde el policía amigo de Paquito prestaba servicio; el otro, investigando los secuestros. Al final resultaron Paquito muerto y el investigador condenado por su muerte. No sé qué se hizo el tercero...

Y un hombre como don Paco, quien de San Miguel se mudó para Suchitoto, enfrentando esta tragedia. Un hijo muerto por no saber terminar la guerra y aceptar la paz. Una hija -y un FMLN- usando Paquito Cutumay como mártir, como héroe, como víctima de un régimen represivo que sigue manteniendo escuadrones de la muerte...

Lo que más deseaba Francisco Manzanares era que su hijo descansara en paz. Esto lo distanciaba definitivamente del Frente y de su propia hija. Trágica posguerra salvadoreña.

Cuando don Paco y su esposa Juana son asesinados en su casa-tienda en Suchitoto, el impacto en el pueblo es profundo. En todas las conversaciones en el pueblo se escucha dos frases: “¡Esto hay que parar ya! ¡No más violencia en Suchitoto!” El mismo domingo 2 de julio se junta un grupo de ciudadanos para organizar que el pueblo de Suchitoto se manifieste. Dirigentes de barrios, activistas feministas y religiosos, profesores, ciudadanos de Suchitoto convocan una marcha blanca. Nadie saben quienes asesinaron a los esposos Manzanares, pero todos sabemos que esto hay que parar.

Para no interferir con el entierro que está siendo planificado por la hija Mariposa en coordinación con el FMLN, la marcha blanca de la ciudadanía de Suchitoto contra la violencia se programa para el martes 5 de julio. El lunes -ya han llegado a Suchitoto miembros de la dirección del FMLN- la familia pospone el entierro. La nueva fecha coincide con la marcha ciudadana. El día 5 de julio, en el barrio La Cruz, cerca de la casa de Don Paco y Niña Juana, se forma la marcha blanca. Cientos de mujeres y hombres, más los alumnos de las escuelas con sus profesores, todos vestidos de blanco, comienzan su marcha silenciosa hacia el centro de la ciudad. Pero a medio camino hay un obstáculo que detiene la marcha: Frente al mercado municipal está parado un camión grande, adornado de enormes banderas del FMLN, con parlantes que a todo volumen llenan la ciudad con música “revolucionaria”, con consignas contra los escuadrones de la muerte, contra los “arenazis”, culpándolos de la muerte de don Paco y niña Juana. Detrás va el carro que lleva los dos ataúdes, también cubiertos de banderas del FMLN.

El muy pequeño, pero muy colorido, muy bullicioso, y muy “revolucionario” bloque alrededor del camión del FMLN no se mueve. Quieren agarrar la marcha blanca –los ciudadanos- como cola. La marcha blanca no quiere ser cola de nadie. El mismo Isaías, ex alcalde, caudillo del Frente, pero de su parte no ortodoxa, quien acompaña la marcha blanca, trata de negociar una solución. Imposible. El bloque del FMLN con los ataúdes no se mueve.

Resultado: los profesores mandan a los niños a sus casas o a las escuelas, la marcha blanca se dispersa. La marcha roja llega sola a la plaza, a la iglesia, a la misa. El pueblo, nuevamente ausente.

Desde entonces, un fantasma más recorre el mundo: La muerte de Don Paco y su esposa Juana como crímenes políticos, cometidos por los escuadrones de la muerte para detener al movimiento revolucionario. Este fantasma aparece en los comunicados del Frente, vuelve a aparecer en actos políticos en Venezuela, Alemania, Cuba...

Pobre don Paco. Así como a su hijo, no lo dejan en paz, ni después de su muerte. Lo vistieron de rojo, cuando él no era ni militante, ni simpatizante, sino un crítico del FMLN de la posguerra. Pidió paz para su hijo y ahora está obligado a recorrer el mundo, junto a su hijo Paquito, como fantasma, testigo de los miedos, las incapacidades, las obsesiones de un movimiento que trata de sobrevivir manteniendo vivas las leyendas y los mitos de los años de guerra.

Hoy, un año después, todavía no sabemos quiénes asesinaron a don Paco y su esposa. Los amigos de Don Paco en Suchitoto desean que su muerte se investigue hasta encontrar y castigar a los culpables, sean quienes sean. Que la verdad termine con las leyendas. Y que así don Paco, niña Juana y Paquito Cutumay pueden descansar en paz.

PD: El mismo día de la frustrada marcha blanca contra la violencia en Suchitoto, en San Salvador, frente a la Universidad de El Salvador, la Brigada Limón, reserva paramilitar de un sector del FMLN, asesina a dos policías. Uno de ellos hijo de una familia vinculada al movimiento guerrillero de los ochenta. Tragedia de la posguerra. En Suchitoto, el mismo día histórico 5 de julio, uno de los participantes del entierro de don Paco y niña Juana, uniformado de rojo, informó a gritos a sus correligionarios: “¡Compañeros, en estos momentos, fuera de la U la policía está reprimiendo una marcha! ¡Muerte a los Escuadrones de la Muerte!” Tragicomedia de la izquierda de la posguerra.

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