miércoles, 7 de enero de 2026

Carta al Grefg: Dos idiotas cibernéticos que se validan mútuamente. De Paolo Luers

 

En esta carta hablaré de lo que pasa si dos de estos idiotas se juntan: vos, un ‘creador de contenido’, que sin redes sociales nunca hubiera llegado a tener influencia sobre una audiencia de millones - y Nayib Bukele, que sin las redes sociales nunca hubiera legado al poder. Los dos se validan mutuamente. 

SIGUIENTE PÁGINA, sábado 3 de enero 2026   

Umberto Eco, el escritor y filósofo italiano (1932-2016) dijo: "Las redes sociales le dan el derecho de hablar a idiotas que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Es la invasión de los idiotas.” Tiene razón. En esta carta hablaré de lo que pasa si dos de estos idiotas se juntan: vos, un ‘creador de contenido’, que sin redes sociales nunca hubiera llegado a tener influencia sobre una audiencia de millones - y Nayib Bukele, que sin las redes sociales nunca hubiera legado al poder. Los dos se validan mutuamente. Se necesitan mutuamente. Uno para su negocico en internet, el otro para legitimar su ejercicio autocrático del poder. No sé si Umberto Eco, quien murió en 2016, pudo prever esta peligrosa fusión de idioteces...

 

Llegaste a El Salvador sin hacer público qué tipo de arreglo habías hecho con el gobierno salvadoreño. Pero ya sabías que ibas a poder visitar la notoria prisión CECOT, privilegio que Bukele jamás concede a un periodista con criterio crítico y con ética profesional. 

 

Hay una disputa sobre lo que significa el CECOT: para unos es el adorado símbolo del éxito del modelo Bukele de Seguridad, que ha dado tranquilidad al país; para otros es el aterrador símbolo del costo que tiene este modelo autoritario: la represión, el abuso de los derechos humanos, la pérdida de humanidad, la inhumana eficiencia carcelaria, el control total. Por un tiempo, el gobierno logró proyectar, con sus videos brutalistas, las imágenes del CECOT como muestra del progreso. Pero esto cambió, cuando a raíz de los testimonios de los migrantes venezolanos que Bukele permitió a Trump esconder en el CECOT, el mundo comenzó a ver esta prisión como lo que es: un infierno, un campo de concentración. 

 

A partir de esto, viene un desfile de ‘influencers’, el último vos, en la búsqueda de historias exclusivas, por invitación del gobierno de Bukele. Vienen a un tour exclusivo por el CECOT, como si fuera un zoológico de nuevo estilo, en el cual no solo se puede ver de cerca, de cara a cara, a los monstruos, sino además se puede apreciar la manera como los carceleros los dominan, los exhiben como monos que a comando de su domador hacen muecas. Incluso pudiste ‘entrevistar’ a un múltiple asesisno, que por órdenes del director del zoológico te confiesa, sin mostrar emociones, sus pecados. En el video que publicaste, se ve que estás fascinado. Te intriga la estética y la lógica de esta versión moderna del campo de concentración. El control total de los carceleros sobre una masa de personas que antes taerrorizaban a todo un país. 

 

Cualquier periodista, si lo hubieran llevado a este tour, habría hecho preguntas incómodas, pero vos en tu locución repetiste como loro todo lo que el carcelero en jefe del CECOT te explicó. Sin distancia. Fascinado con el poder sin límite, con la eficiencia del control total.  

 

La diferencia entre un idiota con un megáfono gigantesto y un periodista con ética profesional y sensibilidad humana y social luego se volvió tema cuando se te cumplió tu sueño mojado: una audiencia privada en Casa Presidencial ante el mero ‘philosopher king’ Nayib Bukele. Luego de decirle cuánta admiración tenés por lo que representa el CECOT como símbolo de la pacificación de un país, Bukele te explica porque jamás concede este tour por el infierno, ni tampoco entrevistas, a medios de comunicación tradicionales, ni nacionales ni internacionales. Para Bukele -y vos no mostraste ninguna señal de desacuerdo- los medios de comunicación tradicionales (periódicos, canales de televisión, radios) son obsoletos, no son confiables, no tienen credibilidad. En cambio, los influencers, youtubers o creadores de contenido son bienvenidos, porque no tienen criterios ni reglas profesionales; no vienen a cuestinar sino a alabar. Vienen a combinar su estrellato con el estrellato del presidente cool.

 

Así se genera una fusión peligrosa del poder autoritario, basado en propaganda y desinformación, con ‘influencers’, que han detectado y aprendido a explotar las posibilidades que se abren al borrar la diferencia entre hechos y mentiras, entre verdad y ficción. 

 

Hannah Arendt, la filósofa alemana de la teoria política, explicó: “El sujeto ideal de un régimen totalitario no es el militante convencido, sino personas para quienes ya no existe la distinción entre hechos y ficción y entre verdad y mentira.” Ustedes dos juntos, Bukele desde el poder absoluto y vos desde tu poder de difusión, están creando este sujeto ideal de la dictadura. Según Hannah Arendt, la mitad de la política autoritaria es la creación de imágenes, la otra mitad es hacer que la gente crean en estas imágenes. Bukele y su aparato de propaganda crearon las imágenes impactantes del CECOT, usando magistralmente una estética del mal. Comunicadores como vos se encargan de hacer que la gente las acepten como símbolos del progreso y no como símbolo del regreso a la barbarie. Dos idotas cibernéticos que se validan mútuamente...

 

Con tu falta de sensibilidad humana y de capacidad crítica te convertiste en el propagandista idóneo de un modelo de gobierno que vende seguridad y tranquilidad a costa de concederle el poder total a un gobernante. Felicidades, Grefg, misión cumplida. 

 

Paolo 















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sábado, 3 de enero de 2026

Trump quiere gobernar Venezuela. Columna Transversal de Paolo Luers

  

Se terminan las vacaciones. En vez de escribir, como previsto, sobre las perspectivas del nuevo año, Trump impone otro tema: el ataque militar "ilegal e imprudente" a Venezuela, como lo califica el New York Times en su editorial de emergencia.

SIGUIENTE PÁGINA, sábado 3 de enero 2026  



Maduro es historia. Nadie lo va a extrañar, ciertamente no en Venezuela, y en el teatro internacional, nadie más que el gobierno cubano. Pero está equivocado quien piensa que con el operativo estadounidense de captura de Maduro está resuelta la crisis venezolana.


Durante todo el asedio marítimo a Venezuela, Estados Unidos siempre definió su operativo como de carácter policial, dirigido contra el narcotráfico y, en caso de detener a Nicolás Maduro, en cumplimiento de una orden de captura. Pero a pocas horas después del operativo en Venezuela, el presidente Trump, como siempre bocón, dijo en su conferencia de prensa que se trata de algo mucho mayor: no usó la mala palabra del “regime change” (cambio del régimen político), pero dijo claramente que Estados Unidos va a tomar control de Venezuela y administrar su gobierno hasta que, en un futuro no determinado, haya condiciones para “una transición segura y legal” a un gobierno venezolano. Como si esto no fuera suficientemente serio, agregó que Estados Unidos va a tomar posesión de la industria petrolera, “recuperando” lo que Venezuela le robó en décadas anteriores. 

 

Con esto, Maduro anunció una invasión de Venezuela para tomar el control total del país. Esto ya no puede disfrazarse de una acción policial; es una intervención militar con la intención de remover el gobierno venezolano e instalar un régimen de ocupación. 

 

Muchos comentaristas inmediatamente evocaron el fantasma de Libia, Irak y Afganistán, donde el cambio de régimen por la intervención militar creó situaciones de caos, conflictos internos e ingobernabilidad. Falsa alarma. En Venezuela no pasará esto. No es un país dividido en tribus, clanes, milicias y sectas, es un país dividido entre una cúpula dictatorial y una inmensa mayoría popular que pide democracia y justicia. Lo que provocará la intervención militar estadounidense no es una guerra civil sin fin, pero tampoco llevará a los venezolanos la libertad. Un régimen de ocupación y, posteriormente, cuando Trump lo decida, un gobierno de transición en total dependencia de Estados Unidos no es lo que el pueblo venezolano ha pedido en largas luchas. Y no es lo que llevará al país lo que realmente necesita: la soberanía de la voluntad popular y la construcción de una nueva unidad nacional que supere las divisiones ideológicas, en favor de una democracia y de un estado de derecho confiable para todos.

 

En su conferencia de prensa del sábado 3 de enero, Donald Trump estaba visiblemente borracho de entusiasmo por la eficiencia de la operación militar contra Venezuela que había presenciado en los monitores de un puesto de mando que le habían instalado en su residencia en el club de golf de Mar-A-Lago. Habló de una fuerza armada estadounidense superior a cualquier otra del mundo. Ya no habló al gobierno de Venezuela; habló a los gobiernos de Irán, de Yemen, de Rusia y de China – o a cualquier país que se interponga en el camino de los intereses geopolíticos estadounidenses. En su delirio llegó a decir lo casi impensable, considerando sus promesas de abstenerse de intervenciones militares: “No tenemos miedo de poner tropas (boots on the ground) si es necesario.”

 

Los dirigentes de la oposición venezolana, Edmundo González y María Corina Machado, deberían ser más inteligentes. Es comprensible que celebren la caída de Maduro, pero no pueden avalar que Estados Unidos quiera tomar el control de Venezuela y gobernarla. El comunicado de Machado, también publicado por González, es una aberración: Estados Unidos no hizo “valer la ley” con su operación en Venezuela, como afirma el comunicado. Por el contrario, violó la ley con su acción militar unilateral sin aval del Congreso y sin mandato de las Naciones Unidas. Y “la hora de la libertad” para los venezolanos, que celebra el comunicado, solo vendrá cuando nadie más que el pueblo, ni una dictadura ni un país extranjero, se arrogue el poder. El New York Times dice en su editorial de hoy: “El ataque de Trump a Venezuela es ilegal e imprudente (…) Venezuela parece ser el primer país sujetado al nuevo imperialismo (diseñado en la nueva doctrina de Seguridad Nacional), y representa una manera peligrosa e ilegal de ver el lugar de Estados Unidos en el mundo.”

 

Solo voy a agregar una frase: Es hora de que el Congreso pare a Trump, antes de que consuma su amenaza de tomar el control total de Venezuela.





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