Carta a ARENA: Piensen bien con qué fin arrancan con el dialogo

Estimados amigos:
Nuevamente los medios se llenan de llamados al diálogo, a la concertación, a llegar a ‘acuerdos de país’, y a ‘superar la polarización’. Algunos, incluso, hablan de la oportunidad para ‘un acuerdo de paz de segunda generación’. Mucho humo…

Hay una verdad que muchos olvidan: Para que pueda haber acuerdos sostenibles, tiene que estar clara la correlación de fuerzas – porque si no, se negocia sobre ilusiones, pretensiones falsas o apariencias, y no sobre realidades.

Veamos nuestro propia historia: Para que la salida política negociada a la guerra dejara de ser una idea y se convirtiera en un proyecto político viable, primero había que pasar por una medición de fuerzas en noviembre del 1989. La negociación seria comenzó luego de que en noviembre de 1989 se comprobó que ninguno de los dos bandos podía ganar la guerra. El realismo se impuso y abrió el camino a la negociación seria.

Bueno, hoy no estamos en guerra. Pero sí estamos en una polarización tan fuerte que paraliza la política y no permite solucionar los graves problemas del país. Pero esta situación no va a desaparecer con sermones que predican el diálogo.

El FMLN, aunque controla el gobierno, ya no puede gobernar, porque no ha podido (más bien no ha querido) presentar políticas fiscales y rendiciones de cuenta que le permitan obtener el apoyo obligatorio de la mayoría legislativa, mucho menos de la mayoría calificada necesaria para aprobar el endeudamiento que necesitan para cubrir el déficit fiscal. ARENA, con toda razón, no está de acuerdo aprobar el presupuesto y más préstamos, si el FMLN no está dispuesto a cambiar las políticas que generaron la crisis.

Esto no es una polarización irracional. Irracional sería más bien si la oposición se dejara extorsionar y aceptara aprobar préstamos sin que el FMLN esté dispuesto a negociar el cambio de sus políticas.
Lo que el país necesita no es un nuevo acuerdo de paz. El del 1992 era necesario, porque el país no tenía reglas democráticas confiables para dirimir las diferencias. Por esto estalló la guerra, y por esto los Acuerdos de Paz tuvieron que establecer las reglas del juego democrático. Pero hoy tenemos reglas claras, la Constitución reformada en 1992 está aceptada por todos, las elecciones funcionan. Lo que hoy el país necesita es que se defina con claridad la correlación de fuerzas. Sobre esta base se podrá seriamente negociar para llegar a soluciones a las diferentes crisis que padece el país. Antes no tiene sentido, y prometerlo es mentira. Venezuela es otro ejemplo: La única salida que tiene es realizar el referéndum que va a decidir si seguir con el régimen chavista o cambiar radicalmente de rumbo. Mientras el gobierno no acepte este reto, ningún diálogo tiene sentido.

Luego de 7 años de gobiernos del FMLN; luego del colapso del entusiasmo de ‘el cambio’; luego de que el fenómeno Funes haya llegado a su triste final con su fuga a Nicaragua; luego de que ARENA comenzara a salir de la prolongada crisis que le provocaron el populismo y la corrupción de Saca y la pérdida del poder; luego de todo esto no se pueden tomar decisiones políticas de gran trascendencia ni pactar soluciones serias sin antes medir la verdadera correlación de fuerzas entre el FMLN y ARENA – y el respaldo que cualquiera de los dos tiene en la sociedad civil, no sólo en cuanto a votos, sino en cuanto a sinergia que en la sociedad pueda movilizar para recomponer al país, su economía y su convivencia cívica.

Bueno, pero no tenemos elecciones hasta en el 2018 para medir fuerzas. Mientras tanto, FMLN y ARENA van a tener una sola prioridad: ganar en el 2018 y 2019. Y tienen toda la razón: En estas elecciones tiene que definirse el rumbo del país. De estas elecciones tiene que surgir un gobierno fuerte, con un mandato claro.

Pero ojo: Un mandato suficientemente claro sólo va a surgir de un proceso electoral de gran altura, donde la gente realmente podrá optar por propuestas políticas claramente definidos. Generar estas tiene que ser parte de la prioridad de los partidos de aquí al 2019. Por que si no hay claridad sobre las diferentes opciones, tampoco habrá manera que una negociación política tenga éxito.

¿Esto significa que mientras tanto estamos condenados a la paralización y al desastre? No. Nada impide que gobierno y oposición lleguen a acuerdos con el Fondo Monetario para mantener a flote al Estado.

Los diálogos que hoy arrancan entre los dos partidos mayoritarios, para ser realistas y tener sentido, tienen que comenzar a convertirse en la negociación de transición entre el gobierno que ya no puede gobernar y el nuevo gobierno que surja de esta crisis política.

Sólo entendiéndolo así, el di
álogo tendrá sentido. Saludos


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(MAS!/EL DIARIO DE HOY)