Columna transversal: Desconfianza, equilibrio, convivencia

Encontré un tuit muy interesante que quiero tomar como punto de partida de esta columna: “Lo seguiré diciendo: la inversión privada depende sobretodo de confianza. Sin confianza no hay verdadero desarrollo.” Lo firma Fernando Poma, uno de los nuevos dirigentes de la empresa privada de nuestro país. Esta frase habla muy bien de Fernando y del sector que representa. Expresa que siguen apostando a la construcción de acuerdos entre el sector privado y el gobierno del FMLN. Pero también expresa cierta ingenuidad. Esta frase tiene por padre el deseo, no la realidad. Deseo de concertación, deseo de llegar a acuerdos nacionales, deseo de echar adelante el país. Mil veces expresado por académicos, rectores universitarios, obispos – y empresarios. 

Contesté a Fernando Poma en twitter: Confianza no habrá con este gobierno. Mas vale construir convivencia basada en desconfianza, contrapesos y acuerdos mínimos.”

El país no debe perder tiempo persiguiendo fantasmas y metas irreales. No los vamos a alcanzar. Solamente nos vamos a desgastar, frustrar y resentir, si seguimos tratando de construir confianza, donde objetivamente existe una mutua y justificada desconfianza entre el FMLN y la oposición, entre el FMLN y el sector privado, entre el FMLN y una sociedad civil que aspira pluralidad, tolerancia, transparencia, derecho de disentir, libertad de expresión.

Es verdad lo que dice Fernando: Sin confianza no hay verdadero desarrollo. Pero esto no significa que sin lograr confianza no sea posible ningún desarrollo. Si en vez de perseguir la ilusión de confianza, nos dedicamos a construir maneras de convivencia basada en mutua desconfianza, pero también basada en contrapesos y controles, el desarrollo y el crecimiento no son del todo imposibles. Estoy hablando de algo parecido como la famosa “coexistencia pacífica”, con la cual se hizo manejable y al fin incluso se superó la guerra fría entre el bloque socialista y el bloque capitalista. Los dos bloques armados de cohetes intercontinentales con cabezas nucleares, desconfiados hasta más no poder – pero cooperando en dar al mundo algunas reglas mínimas…

La búsqueda infructuosa de confianza será más paralizante para la sociedad y la economía que un sistema basado en desconfianza, pero con equilibrio de poder. No es el mejor incentivo para el desarrollo y el crecimiento, pero por lo menos no lo ahoga del todo.

¿Es pesimismo? No, es realismo. ¿Cómo construir confianza con un partido gobernante que, en palabras de su Secretario General Medardo González en la reciente convención, declara: “El Comandante Hugo Chávez es un gran referente de esta unidad latinoamericana, junto a Fidel, el Che, Sandino, monseñor Romero, Schafik y Farabundo Martí. El FMLN es parte de esta visión integradora y emancipadora. A nuestro proceso lo ubiquemos siempre en la corriente progresista, democrática y revolucionaria latinoamericana que va ganando espacios. El Salvador hoy forma parte de esa corriente. Algunos pensaron que era una ola. Los cambios han llegado para quedarse.”

Muy claro: una ola avanza y luego regresa. Una corriente es un movimiento irreversible. El FMLN se autodefina parte de una corriente, según ellos indetenible, al socialismo, a la superación del capitalismo. Es absurdo pensar que hay bases comunes para construir confianza y acuerdos sobre el rumbo del país entre defensores de la libre empresa y un partido que se ve como parte de la corriente que ya arrasó con el capitalismo y las libertades en Cuba y Venezuela.

Esto no significa que no podamos convivir en el mismo país, incluso pacíficamente, y administrar los conflictos de una manera que no paraliza el desarrollo. La manera de administrar esta dialéctica de polarización-convivencia es un sistema de controles y  equilibrios basada en desconfianza y mutuo control. Y esto no se establece negociando, sino creando una correlación de fuerzas equilibrada. Para esto son las elecciones del 1 de marzo del 2015.

Si queremos llegar a una convivencia que permite mínimas reglas y en base de esto un mínimo desarrollo y crecimiento, hay que hacer dos cosas: establecer en las elecciones del 2015 un balance de poder que permita a la oposición ejercer contrapeso desde la Asamblea. Y segundo: defender la independencia de las instituciones encargadas del control del poder, como Fiscalía, Corte Suprema, Sala de lo Constitucional, Corte de Cuentas, Tribunal Electoral.

Si la sociedad civil y la oposición logran estas dos garantías, existen las condiciones para que el equilibro y los controles democráticos funcionen - sin confianza, más bien basado en mutua desconfianza. Sería muy peligroso tratar de llegar a un estatus de convivencia y equilibrio por la otra vía, haciendo concesiones, cediendo terreno al gobierno, con la idea de así construir confianza. Esto lo han hecho en Nicaragua, empeñando la democracia para lograr una convivencia basada en sumisión. 

El Salvador no es Nicaragua. Aquí hay condiciones de detener la corriente. Pero para esto hay que perder el miedo a la confrontación y olvidarse de la tentación de ganar un poquito de crecimiento tratando de construir confianza donde se necesita contrapesos.

(El Diario de Hoy)