Carta al profe Ernesto Mancía

Hace una semana te fuiste. Un infarto inesperado. El día siguiente los estudiantes de la Concha Viuda de Escalón se dieron cuenta que se habían quedado sin director.
 

La escuela, que principalmente sirve a las comunidades incrustadas en La Escalón, había perdido a un hombre que se resistía a aceptar que sus alumnos, por su condición social y su lugar de vivienda, estaban condenados a vivir en miseria y violencia.

La Concha Viuda de Escalón, como muchas escuelas en nuestro país, es asediada por la violencia con la cual las pandillas tratan de institucionalizar su control las comunidades y su población, sobre todo la población joven. Pero gracias a la labor de docenas de profesores como vos, Ernesto, sólo una muy reducida minoría de alumnos de la Concha Viuda comparten los antivalores y la vida loca de los pandilleros.

Igual como, gracias al esfuerzo de cientos de madres y padres responsables y trabajadores, las comunidades de La Escalón son casi libres del cáncer de la violencia de las pandillas. 

Esto es así también gracias a que estas comunidades no se encuentran en Mexicanos o Soyapango, sino en medio de La Escalón, de alguna manera favorecidos del desarrollo económico y de la armonía social de esta colonia.

Con vos, profe Ernesto, se ha ido un educador que llevó el trabajo por el futuro de sus alumnos más allá de la escuela: cuando empresarios y residentes de La Escalón lanzaron una iniciativa ciudadana para promover el desarrollo y la armonía social de su colonia, vos inmediatamente te incorporaste, para asegurar que tus alumnos fueran partícipes de estos logros.

Te fuiste, Ernesto, pero otros vamos a seguir construyendo este tu sueño que los jóvenes pueden crecer en un contorno sano, seguro y lleno. Los empresarios y residentes de La Escalón comparten este sueño, Ernesto, porque sabemos que donde no hay futuro para tus alumnos, tampoco lo habrá para nosotros.

Adiós, Ernesto, te dice Paolo Lüers

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