CIENTÍFICOS Y SUS TORRES DE MARFIL

Un amigo me dijo hace poco que para escribir bien y comunicar hay que hacerse siempre la pregunta: ¿Y a mi porqué me habría de importar? Justamente hace unos días tuve una discusión con unos amigos biólogos y esa fue la pregunta de fondo. Hablamos acerca del papel de la investigación en la política y cómo los políticos normalmente no toman en cuenta los resultados de las investigaciones. No existe una cultura de la investigación. Pues el error no sólo es de los políticos, sino de los científicos también. El pensar que pueden vivir en una burbuja de cristal, con las reglas de la academia, preocupándose por quién tiene más publicaciones en prestigiosas revistas internacionales o cuántas letras le pueden agregar a sus nombres, este es un grave error que hace que se aleje cada vez más el pensamiento científico de la vida de los ciudadanos.

Leí hace poco un artículo completamente irreverente donde muy sarcásticamente criticaban la literatura científica por ser aburrida e incomprensible para la mayoría de personas. Me pareció muy interesante, y surge como una nueva tendencia en el pensamiento científico tratar de ser más accesible la información, sin perder la rigurosidad necesaria. Por eso me aterra que acá en El Salvador algunas mentes científicas puedan pensar que la labor académica y científica no tiene que ver con la política. Ese pensamiento hace que los científicos construyan sus castillos de marfil, perfectos y con reglas de oro, pero sin sentido real para los ciudadanos y completamente inaplicable para solucionar los problemas de un país, una especie o un ecosistema. Al final el objetivo de la ciencia no puede ser sólo conocer, sino divulgar, para que los tomadores de decisiones y los ciudadanos conozcamos más. Para que podamos poner en practica políticas realistas de conservación de la naturaleza, para que las decisiones no se tomen sólo para sacar ventajas partidarias y electoralistas, sino que se tomen basadas en conocimiento y razón.

Por tanto los científicos tienen la labor de extender puentes hacia los tomadores de decisión. Un congreso científico debería de producir ideas claras para que las personas encargadas de tomar y ejecutar medidas pudieran tener todas las herramientas necesarias para hacerlo bien. Lo que pasa es que en los congresos científicos se habla, por ejemplo, de la diversidad alfa y beta de las comunidades de macro algas del pacífico mexicano, lo cual está muy bien para otros científicos, pero también como comunidad deberían de poder traducir esto a un manual para la aplicación de procesos de pesca para no poner en peligro las algas visibles de esos lugares en México. Esa traducción, esa elaboración es el papel fundamental de un científico, porque solo un científico puede entender la complejidad del tema y poner de una forma clara, sencilla y ejecutable.

Esta labor de traducción es donde la mayoría de científicos se pierde, no le dan importancia y no ven la radical importancia de esta labor. Sin esto carece de sentido cualquier resultado que elaboraren. Por esos mis colegas biólogos la próxima vez que se quieran quejar de los políticos, mejor pregunten: ¿Qué puedo hacer yo para que estos tomadores de decisión puedan entender mejor los problemas? La próxima vez que escriban un artículo científico o vayan a un congreso, piensen cuál es la razón última de porqué se realizan. Porque si no, sencillamente el resultado será la pregunta inicial: ¿Y a mi qué me importa?

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