sábado, 11 de diciembre de 2021

Carta a los que no quieren ver: Es la corrupción, ingenuos. De Paolo Luers


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Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, sábado 11 diciembre 2021

Estimados amigos:

A veces una sola frase puede cambiar las conversaciones de todo un país. Esto pasó cuando Bill Clinton, quien corría por la presidencia de Estados Unidos contra George W. Bush, dijo: “It’s the economy, stupid! (No seas estúpido, ¡es la economía!)”

Antes, Bush llevaba amplia ventaja sobre el demócrata, porque los republicanos tuvieron a todo el país hablando de los éxitos de la política exterior del presidente Bush: la apertura con China, la (supuestamente) exitosa guerra del Golfo Pérsico, el desmoronamiento de la Unión Soviética…

Vino Clinton y dijo a los estadounidenses: El problema es la economía, vamos mal. Toda la conversación y toda la carrera por la presidencia cambiaron. Clinton ganó.

En El Salvador, Bukele nos tiene a todos hablando de la pérdida de la institucionalidad democrática, de la separación de poderes, de la independencia judicial. Y son correctas estas preocupaciones. Pero hablando todos los días de ellas, no vemos el fondo del problema: la corrupción.

Viene el gobierno de Estados Unidos y nos dice: En el gobierno de El Salvador hay una trama sistémica de corrupción, que involucra a casi todos los ministerios y la coordina la jefa del gabinete de Bukele, Carolina Recinos. Lo dice el Departamento de Tesoro de los Estados Unidos, la instancia que controla al Secret Service e investiga crímenes financieros en todo el mundo.

Básicamente, el gobierno de Estados Unidos nos dice: Despiértense y tomen conciencia de lo qué está pasando en su país. Detrás de todo afán de Nayib Bukele, su familia y sus aliados de asumir, cueste lo que cueste políticamente, el control total del Estado, de poner en función de sus intereses la PNC, la Fiscalía, las cortes y el ejército, hay un esquema de corrupción sistémico. Detrás de toda la retórica política de soberanía nacional, de la ‘Nueva República’ con su ‘Nueva Constitución’, de devolver el Estado al pueblo, e incluso detrás del discurso anticorrupción que ha servido a Bukele para destruir a ARENA y el FMLN, detrás de toda esta cortina de humo y luces Led, opera la corrupción organizada.

De repente nos damos cuenta que el desmontaje de la democracia, el renovado militarismo, los ataques a las libertades de expresión y organización en el fondo no tienen fines políticos, mucho menos ideológicos, sino un propósito escondido: establecer y proteger un esquema gigantesco de corrupción. Es un salto de calidad y al mismo tiempo de dimensión: Siempre hemos tenido corrupción, y personas como Tony Saca y Mauricio Funes la han perfeccionado, pero lo nuevo es que ahora todo el Estado es un instrumento de generar negocios ilícitos y enriquecimiento de funcionarios. Incluso si constatamos esta triste realidad, nos quedamos cortos. El propósito real va más allá: poner el Estado entero en función del surgimiento de una nueva clase empresarial corrupta y adquirir la capacidad de desplazar, neutralizar o comerse al resto de actores económicos.

Entonces, cambiemos de conversación: Es la corrupción, es el asalto a la economía nacional de un grupo corrupto. Para dar este salto, primero tienen que asaltar al Estado.

Si esto es el fin, se explica por qué Nayib Bukele ha creado todo un sistema de operadores políticos que quedan detrás de las bambalinas: la gente de Tony Saca, incluyendo a su primo Herbert; la gente de José Luis Merino, incluyendo toda la red de Carolina Recinos; los venezolanos y detrás de ellos posiblemente otros peores, que aún no hemos detectado.

Con estos ‘poderes fácticos’ detrás del poder, las instancias formales se llenan de oportunistas que siempre se agrupan donde está el poder y el pisto. También con algunos ilusos que todavía creen que se trata de una revolución política o de la defensa de la soberanía nacional, o del sueño libertario de los apóstoles del bitcoin de una moneda que nos libere de las regulaciones del Estado y del poder de los bancos… No pienso que todos estos que llenan las planillas del estado, incluyendo la bancada legislativa cyan, son corruptos. Pero si no son corruptos, son oportunistas ingenuos y se hacen los majes.

Enfoquemos bien la conversación política: El problema de fondo, el fin de todo este afán de centralizar el control estatal, es una trama de corrupción, patrocinada por los nuevos poderes fácticos, operada por figuras como Carolina Recinos y los ‘asesores’ venezolanos, presidida por Nayib Bukele.

Siempre me gustó la frase “Estamos siendo gobernados por una gran agencia de publicidad”, porque describe la forma en que hacen política y propaganda. Pero para describir el fin de su política, la frase es: “Estamos siendo gobernados por un esquema de corrupción”.

Para derrotar un mal gobierno, primero hay que entender de fondo sus características y sus fines. No seamos ingenuos, no estamos enfrentados a un proyecto político susceptible a argumentos, debates, diálogos. Es un proyecto de poder y corrupción que corrompe al Estado.

Saludos, Paolo Luers


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