martes, 14 de diciembre de 2021

Carta a una hermana lejana: Éxito, muerte, piñata y engaño. De Paolo Luers


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Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, martes 14 diciembre 2021

Estimada amiga:

Sé que todos los días lees en internet La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy para no sentirte desconectada de tu país. Tal vez te sorprende el resultado de la más reciente encuesta de LPG Datos: “Población avala la gestión de la pandemia”, reza el título. Y al aval es contundente: El 93% de los salvadoreños “aprueba la manera cómo el gobierno ha enfrentado la pandemia.”

A mí no me sorprende esta cifra. Era previsible. Primero, porque enfrentar la pandemia ha sido la única política exitosa de los primeros dos años del gobierno de Nayib Bukele. Segundo, porque un gigantesco aparato de propaganda ha difundido, adornado y celebrado este éxito todos los días. En cambio, la crítica se ha concentrado en otro campo, donde el gobierno es más vulnerable: el desmontaje de la democracia y de la independencia judicial; el nuevo militarismo; el endeudamiento que nos lleva a un callejón sin salida.

No me cuesta reconocer que el gobierno Bukele ha tenido éxito en la lucha contra la maldita pandemia y contra sus secuelas sociales y económicas. Hemos tenido más protección, prevención y mitigación de daños que en los países vecinos. La atención hospitalaria a los contagiados de covid-19 ha mejorado considerablemente, luego del arranque desastroso que hemos sufrido, igual que todos los países del mundo. Nadie ha estado preparado para esta pandemia. Todos tuvimos que aprender rápido y sobre la marcha. El Salvador logró aprender rápido y esto explica la aprobación tan alta de la población. La campaña de vacunación ha sido bien organizada y dotada con suficientes recursos, a diferencia de los países vecinos. Fue (y es) excelente el trabajo de miles de médicos, enfermeras, trabajadores de salud. Igual el trabajo en las unidades de cuidados intensivos.

Pero… hay un montón de peros, de los cuales tal vez nos estamos olvidando.

Aunque fue un acierto del gobierno su reacción rápida y con mano firme, incluso antes de que la pandemia entrara al país, no olvidemos los terribles abusos de autoridad. Los centros de cuarentena obligatoria se convirtieron en centros de violación de derechos y campo fértil de contagio por las malas decisiones de las autoridades de Salud. La manera en la que la Policía maltrató a ciudadanos por supuestas violaciones a las reglas de la cuarentena fue espantosa. De todo esto, los directamente afectados nunca se van a olvidar.

Es un acierto que el gobierno mandó a ampliar la infraestructura hospitalaria para atender a los miles de contagiados, y que se crearon cientos de unidades de cuidados intensivos para los casos graves. Pero no podemos olvidar las decisiones arbitrarias, incompetentes e inconsultas que se tomaron en Casa Presidencial. Si bien el Hospital El Salvador, en las instalaciones de la Feria, está funcionando y salvando vidas, sigue siendo cierto que esta inversión se hubiera podido hacer con menos recursos, menos corrupción y más eficiencia. Ni hablar del edificio nuevo. Sirve bien como centro de vacunación, pero fue otra inversión absurda y corrupta.

Es cierto y loable que el gobierno reaccionó relativamente rápido para importar los implementos necesarios de protección para la población y para el personal médico, pero es imposible olvidar la enorme corrupción que acompañó estas adquisiciones. Y también un tiempo de increíble ineficiencia y negligencia, que resultaron en la pérdida de cientos de vidas en el personal de salud.

Obviamente, la aprobación que ahora expresa la población tiene mucho que ver con los programas sociales de emergencia. Era correcto y necesario movilizar millonarios recursos para atender la situación de los salvadoreños que se quedaron sin trabajo e ingreso, y otros para las familias que se quedaron sin comida. Pero qué costo hemos pagado como país por la ineficiencia, la corrupción desmesurada y la total falta de transparencia en estos programas de emergencia. Según la Corte de Cuentas, un mínimo de $30 millones de la distribución de los desembolsos de $300 por familia quedaron sin rendición de cuentas. Estos $30 millones pueden haber terminado en las bolsas de funcionarios o en la compra de voluntades de las pandillas.

Lo mismo pasó -y está documentado, por lo menos parcialmente- con la repartición de los alimentos, comenzando con la manera amañada de las compras y terminando en la sustracción de cientos de miles de paquetes alimenticios para venta en el mercado negro o para las campaña electorales de los partidos del presidente.

Sumemos a todo esto la ausencia de datos confiables sobre el desarrollo de la pandemia en el país (ni siquiera sabemos cuántos muertos hubo) y llegamos a una conclusión:

No sólo fue un éxito la lucha contra la pandemia y sus impactos, también fue piñata y engaño. Como todo lo que este gobierno hace…

Pero esto, así como te conozco, tampoco te sorprende. 

Saludos, Paolo Luers

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