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domingo, 25 de octubre de 2009

Ortega repudiado


Como uno de los miembros fundadores de la Alianza Bolivariana, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, considera que no debe dejar el poder al vencerse su periodo constitucional. En una maniobra que ha enardecido a los nicaragüenses, manipuló a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de su país para que le allanara el camino. La decisión fue tomada entre gallos y medianoche, como suelen hacer quienes optan por los caminos verdes, vulnerando los principios con el mayor cinismo. Sólo fueron convocados a la reunión los magistrados sandinistas. Los jueces que se oponían a la maniobra se enteraron a posteriori. Esto ha generado gran debate en Nicaragua. Ortega y sus magistrados son acusados de lo que se considera una emboscada que quebranta el texto constitucional.

La pretensión del comandante sandinista de perpetuarse en el poder ha suscitado el rechazo de organizaciones políticas, de independientes y de grandes sectores de la sociedad civil. Como respuesta a la maniobra, se ha iniciado la constitución de un frente nacional contra el proyecto reeleccionista. Quienes conocen la historia de Nicaragua recuerdan que el dictador Anastasio Somoza se hacía reelegir cada vez que se le ocurría. Ortega, en pocas palabras, se ha convertido en émulo del antiguo déspota.

Al fin y al cabo llegó al poder en una alianza con viejos adversarios. Bajo la invocación de los más insólitos sofismas, el comandante ha dictaminado que el veredicto es inapelable. Pero se equivoca, porque una cosa es el veredicto de los magistrados y otra el veredicto de la gente.

En esta mascarada ha venido a parar la revolución sandinista.

Ortega no le ofrece nada a su país, es un personaje que no puede disimular la fatiga y el anacronismo, que no significa para Nicaragua sino un gran retraso. Para los nicaragüenses está claro que el comandante ha dado un golpe de Estado. Como miembro de la Alianza Bolivariana tiene la reelección como consigna máxima, igual que en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Ortega pretende quedarse en el poder, sin más ni más, contando desde luego con que los dólares venezolanos le permitan hacer una campaña de promesas y fraudes. Sin embargo, no debe olvidar el comandante que por pretender una maniobra similar fue derrocado su vecino Manuel Zelaya. Contra toda la prédica internacional, y contra todas las adulteraciones del proceso de destitución, fue el intento de perpetuarse lo que marcó su caída. El espejo está lo suficientemente cerca como para que el vecino se mire en él.

La Sala Constitucional del Tribunal Supremo no le hizo ningún favor al comandante. La reacción producida ha sido tan extraordinaria que condena al fracaso sus ambiciones reeleccionistas.

De modo que Ortega, derrotado, se sumará a Zelaya, dos bajas del anacronismo de la Alianza Bolivariana. Dos lecciones para quienes se burlan de las constituciones y para quienes traicionan a sus pueblos. Ortega es un buey cansado, y no tiene ni una palabra que ofrecerle a Nicaragua.

(El Nacional, Venezuela)

martes, 21 de julio de 2009

Democracia en ruinas

No nos cansaremos de decir en este espacio editorial que los sucesos acaecidos en Honduras tienen una significación profunda para la democracia venezolana. El hecho de que las instituciones civiles hondureñas hayan reaccionado con tanta rapidez para hacer respetar su ley electoral, mantener el equilibrio de los poderes y parar a tiempo el plan chavista de instalar una asamblea constituyente para destruir desde adentro el sistema democrático, debe ser analizado objetivamente, más allá de la actuación militar.

Lo que aprendimos los venezolanos y todos los demócratas de América Latina, es que el truco de inventar una Constituyente para destruir las instituciones civiles es una de las jugarretas políticas más perversas que se haya conocido en las últimas décadas en la región. Ni siquiera a la CIA se le ocurrió semejante treta siniestra, aunque debemos reconocer que el comandante Fidel Castro sí supo prever estratégicamente que era un arma de doble filo para los desprevenidos pueblos del sur del Río Grande.

Que la Constituyente fuera en sus comienzos, y todavía, un arma de doble filo, significa que era posible usarla tanto para crear la falsa ilusión de que, a través de ella, la sociedad iba a dotarse de instituciones civiles cada vez más robustas y sinceras, o que también el Estado se convirtiera en un instrumento servil de las ambiciones de un militar orientado a erigirse en el único poder posible.

Esto último queda condensado en el intento de crear una república militar y autoritaria, basada en el incremento diario del odio, de la división social y política entre hermanos y de la entrega a una ideología caduca y extranjera como la cubana. Hoy más que nunca somos una nación frágil, incapaz de defenderse a sí misma ante los peligros del exterior, y sometida a una gran red de corrupción organizada a gran escala.

Ahora los jueces reciben órdenes directas del Poder Ejecutivo para argumentar sus sentencias, la Contraloría sólo investiga a los críticos del régimen y no a los corruptos que mercadean desde los ministerios y la industria petrolera, haciendo negocios entre hermanos, cuñados y suegras. Nada escapa al hambre de dinero de los nuevos ricos del comunismo del siglo XXI.

Aunque el Presidente no se da por enterado, los policías ya no se distinguen de los ladrones, los guardias nacionales son hoy las fuerzas represivas más odiadas, incluso por encima de la Disip y la DIM. Por si fuera poco la Fiscalía, la Defensoría y el Tribunal Supremo son el hazmerreír de los gobiernos serios del continente y de Europa. Venezuela se ha convertido en una nación de payasos, en un país que va por allí de chiste en chiste, de burla en burla y de humillación en humillación.

Por ello, hay que reconocer y darle apoyo total a los líderes de la oposición que, contra viento y marea, han ido a la OEA a colocar en la mesa de discusiones los desatinos de la revolución bolivariana, sus atropellos y las mentiras que su propaganda riega por el continente. En fin, a desenmascarar a Chávez.

(El Nacional, Venezuela)