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martes, 16 de noviembre de 2010

Carta abierta a los presidentes de Costa Rica y Nicaragua

Estimada Presidente de la República de Costa Rica, Doña Laura Chinchilla

Estimado Presidente de la República de Nicaragua, Comandante Daniel Ortega

Desde la llegada a la presidencia del Comandante Daniel Ortega tomé iniciativas en el año 2007 para el fortalecimiento de las relaciones estratégicas de nuestras naciones hermanas en beneficio de ambas. Primeramente sostuve intercambios directos con el entonces presidente de Costa Rica Don Óscar Arias y su Embajador acá en Managua para ordenar distintos puntos de interés a ser tratados con el Gobierno de Nicaragua, propuesta que entregué por escrito al Presidente Ortega para su consideración. Los intentos por montar la Cumbre presidencial bilateral no tuvieron éxitos, provocando que las relaciones tico-nica se mantuvieran en un nivel frío y con tensiones.

Con la llegada a la presidencia de Doña Laura Chinchilla reinicié mis iniciativas para impulsar la Cumbre mencionada, al observar que Ustedes, estimados Presidentes, habían dado pasos en tal dirección.

El mes pasado el 13 de octubre, en San José, el Canciller de Costa Rica René Castro se reúne con mi persona en mi carácter personal por no ser yo funcionario del Gobierno de mi País. Fue una reunión amistosa en la que recojo la voluntad del Gobierno tico para que en noviembre se pueda concretar la tan necesaria Cumbre presidencial. El contenido íntegro de este encuentro no oficial se lo entregué al Presidente Ortega el día 19 de octubre en una Ayuda Memoria en tres páginas que redacté.

El Presidente Ortega manifestó agrado de reunirse con la Presidente Chinchilla y me dijo que a lo inmediato conformaría una Comisión Técnica para precisar los puntos a tratar con la comisión análoga tica. Ambos Gobiernos coinciden en desterrar la mala costumbre de reunirse las comisiones técnicas un día antes de la Cumbre sin dar lugar a serios análisis y pre-acuerdos para ser discutidos y aprobados por los presidentes.

Todo iba en buen ánimo y fraternidad. Pero sucedieron los hechos ya conocidos que lamentablemente han tensado en extremo muy peligroso las relaciones de ambos Gobiernos, llevando preocupación a nuestros dos pueblos hermanos que recientemente son abatidos por la inclemente naturaleza que provocó luto y sufrimiento.

Estimados Presidentes, en los esfuerzos de Ustedes por reanudar el diálogo y realizar la Cumbre en este mes de noviembre, aporté para que se pudiese efectuar la plática telefónica entre Ustedes por intermediación del Secretario General de la OEA Don José María Insulza, comunicación que valoro fue un paso responsable y alentador.

El Presidente Ortega me expresó su disposición a garantizar la no presencia militar para favorecer un clima amistoso para el diálogo, pero me señaló su honda preocupación de que si se despejaba nuestra muy reducida patrulla militar del pequeño pedazo de nuestro territorio nicaragüense en controversia limítrofe, entonces se corría el riesgo de que las autoridades armadas de Costa Rica lo ocuparan. Ante esta preocupación legítima del Presidente Ortega, le dije que yo no lo veía probable sucediera, porque sería un detonante explosivo, ya que entonces las tropas del ejército nicaragüense podían –sin derramar sangre costarricense ni nicaragüense - introducirse en cualquier punto de la larga frontera y fijarse en lado tico para obligar se retiren las fuerzas ticas de nuestro sagrado territorio nacional. También hice ver al presidente Ortega que despejar ese punto de nuestro territorio no lesiona nuestra soberanía ya que el mismo no es una instalación militar permanente, y que tampoco imposibilitaba el accionar tesonero y heroico del ejército y la policía en combate permanente al narcotráfico en el país y en esa zona en particular.

Trasladé al Canciller costarricense la preocupación del Presidente Ortega, y Don René Castro me reiteró que no procederían a ocupar tal punto en discrepancia. Y, luego hablé con el Presidente Ortega, haciéndole ver que el Canciller Castro había hecho público en CNN que era obvio que al despejar nuestras tropas el punto mencionado Costa Rica no lo ocuparía. También la Presidenta Laura Chinchilla dijo públicamente que despejaría del sector a las autoridades armadas de su país en el mismo espíritu de Nicaragua para evitar tensiones y facilitar el diálogo.

Estimados Presidentes, esta grave tirantez podría desencadenar situaciones que sólo mucho dolor y llanto acarrearan a nuestros pueblos hermanos.

Soy de la consideración que los puntos fundamentales para la Cumbre presidencial ya se han construido, aunque en un camino muy accidentado y no deseado por ustedes, pero permiten iniciar el dialogo ya, a lo inmediato, en función de la Cumbre presidencial pendiente.

Los pueblos de Costa rica y Nicaragua debemos estar firmemente unidos exigiendo que nuestros gobernantes realicen la Cumbre bilateral, y aprueben en primera instancia que el actual diferendo limítrofe lo resuelvan los propios ticos y nicas en el marco del Tratado Caña Jerez y los Laudos correspondientes, dispensando las fallas que la OEA haya tenido en la difícil labor de facilitar el diálogo entre partes aún muy apasionadas. Y, de no ponerse de acuerdo se apele, hasta entonces, en un ambiente amistoso, en La Haya.

La Cumbre presidencial no debe ser suspendida, es lo único, en el cortísimo plazo, que queda para no precipitarnos al abismo. En esta cumbre hay asuntos de mucha importancia para afianzar un clima de paz y hermandad, el comercio, el turismo, la seguridad nacional ante el narcotráfico y el crimen organizado, para la cooperación entre nuestras naciones y otros de las reuniones binacionales.

Presidentes, en 1891 el 15 de setiembre Rubén Darío estuvo presente en Alajuela cuando se erige la estatua al héroe costarricense y centroamericano, el humilde soldado Juan Santamaría quien muere luchando hombro a hombro con sus hermanos nicaragüenses expulsando al invasor filibustero yanqui Walker. Entonces emocionado expresó Darío: “ ¡Bronce al Soldado Juan!... estos son los buenos, los grandes, los que no mueren en la memoria de las naciones ”.

En 1948 durante la revolución que sienta las bases de la Costa Rica en paz y democracia del presente, decenas de nicaragüenses lucharon en los bandos que se enfrentaron, cayendo contingentes de humildes nicaragüenses en la batalla, entre ellos el general Enrique Tijerino Somarriba quien luchó al lado del general Augusto César Sandino ante la intervención norteamericana. También don José Figueres Ferrer testimonia el apoyo de los nicaragüenses con la causa del pueblo costarricense, el de sus compañeros el profesor Edelberto Torres y el doctor Rosendo Arguello. Escribe don Pepe “…la inestimable ayuda de ustedes que ha constituido la desconocida base de mi victoria…las armas que usted y Chendo me consiguieron son las que me sostienen en el poder..”

Y, en 1978, Don José Figueres nos proporciona el primer lote de armas importante con que cuenta en su historia el FSLN, que empuñan nuestros héroes como nuestro entrañable hermano menor Camilo Ortega quien muere en combate en la insurrección de Monimbó. Y, más adelante todo el pueblo de Costa Rica da su apoyo a nuestro pueblo con columnas guerrilleras de patriotas costarricenses, hombres y mujeres, que se nos suman para botar a Somoza. Recordemos con respeto al Presidente de Costa Rica Don Rodrigo Carazo quien nos brinda apoyo vital para poder introducir de Cuba revolucionaria las armas que el Presidente Fidel Castro nos dona para asegurar la ofensiva insurreccional que pone fin al somocismo.

Estimados Presidentes, ante el ejemplo de la vibrante historia de nuestros pueblos hermanos, les solicito respetuosamente que decidan reunirse en la Cumbre de Presidentes ya acordada para negociar y firmar acuerdos, asegurando un clima de paz, fervor religioso y alegría navideña a nuestros dos pueblos que lo demandan y desean.

Fraternalmente, General Humberto Ortega Saavedra

Managua, Nicaragua 15 noviembre 2010

(Fuente: Confidencial/Managua; Humberto Ortega es hermano del presidente Daniel Ortega y ha sido el estratega del FSLN, luego jefe del Ejército Sandinista y Ministro de Defensa en el primer gobierno sandinista.)

viernes, 4 de septiembre de 2009

No imponer reelección

Lo peor que podría pasarle a Nicaragua en el futuro inmediato es ir a elecciones presidenciales en 2011, con reformas constitucionales impuestas por medio de la compra de votos legislativos, sin reconocer espacios a la oposición, y con los mismos árbitros electorales cuestionados en las elecciones de noviembre de 2008.

No es criterio del periodista. Es la visión del general retirado Humberto Ortega, en posibles escenarios no lejos de la realidad, que abarcan temas sensibles como la reelección presidencial, las reformas constitucionales buscadas a fondo por el gobierno del presidente Daniel Ortega, la destrozada credibilidad del Consejo Supremo Electoral y la necesidad de un pacto social amplio e incluyente.

Aunque Ortega no señala nombres ni se refiere a partidos o instituciones específicas, habla sobre las propuestas de reformas constitucionales que desde las oficinas estatales hacen asesores y colaboradores cercanos al partido de gobierno.

“Lo fundamental consiste en que como resultando de un análisis profundo, despolitizado, y de cara a fortalecer el proceso democrático, se llegue al consenso entre las partes acerca de la conveniencia o no de la reelección continua o de cualquier otra modalidad”, inicia su análisis ante la pregunta de cómo ve las propuestas de reelección continua.

No sólo legal, sino legítimo

“Una vez logrado este acuerdo político, entonces hay que articularlo debidamente con la Asamblea Nacional para darle vida legal, de acuerdo al marco constitucional que tendría que ser reformado si se acuerda equis modalidad para reelección. En este consenso entre las partes podría también aprobarse un referéndum sobre el particular, para darle legitimidad y no sólo ropaje de legalidad”, propone.

“Entonces, sólo así, se logra la debida legitimidad política para que tal paso fortalezca el rumbo democrático. Debe anotarse que la suma de votos aunque se argumente es legal y que representa el voto ciudadano, no asegura la legitimidad necesaria, dado que la situación política presente es distinta a la de 2007”, observa Ortega, ex Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas por 14 años y ex Ministro de Defensa.

“Quiero recalcar que no me opongo a que cualquier político, de cualquier partido o movimiento, desee ser candidato presidencial, y en el caso del dirigente político y presidente Daniel Ortega, tampoco me opongo a su pretensión en representación de su partido de ser reelecto para la presidencia”, observa, y acota de inmediato que hay quienes piensan que la alternancia en el poder es más sana y ese criterio él también lo apoya.

“Mi reflexión gira alrededor de que debe examinarse seriamente este asunto apelando al pasado, para que no se caiga en los daños que la reelección en otros momentos y circunstancias provocó.

La reelección por sí misma no es el problema, el problema reside en que la misma se utilice como un mecanismo sin consenso político nacional, que se alcanza más para apuntalar el poder que para fortalecer la libertad y la democracia”, expresa el hermano del presidente Ortega.

¡Cambiar a los árbitros!

Otro de los factores claves para que Nicaragua recupere la estabilidad política deteriorada profundamente por las acusaciones de fraude electoral en 2008, es que para los próximos procesos electorales que se acercan irremediablemente, se cambien a los actuales árbitros electorales.

“Producto de la percepción de la mayoría ciudadana, que califica muy negativamente la actuación del CSE en las elecciones municipales recientes, considero no viable que con los actuales magistrados del CSE se puedan montar las elecciones presidenciales futuras”, dice claramente Ortega.

“No estoy descalificando en lo personal a ninguno de sus integrantes, al contrario, creo que merecen el reconocimiento debido por los diferentes procesos electorales que han garantizado en años anteriores”.

“Pero estas elecciones municipales han restado la credibilidad en el CSE, y pienso que aferrarse a que continúen de árbitros no es lo prudente, y seguramente ninguno de sus integrantes se opondría a su retiro si la patria así lo requiere”, plantea el general retirado sobre la institución que aún preside el magistrado Roberto Rivas.

Ortega plantea, tal como lo recogen otros sectores de la sociedad civil, donantes y empresa privada, la implementación de un nuevo CSE, producto de un consenso político entre todas las partes políticas y sociales del país.

“Nos unimos o nos hundimos”

“De tal modo que sus integrantes tengan la credibilidad necesaria ante la ciudadanía votante, aún más urgente si se acuerda la reelección, ya que sin este prerrequisito creo sería muy difícil que se acuerde la reelección”, opina.

“El consenso patriótico que adquiera el liderazgo nacional político, económico, social y espiritual sobre la reelección y el CSE, es necesario y beneficioso para la estabilidad nacional, que nos permita fortalecer el rumbo de la economía, para vencer la pobreza en un sólido Estado de Derecho, fortaleciendo la libertad y la institucionalidad del país”.

“Y en este marco respeto a todos los candidatos presidenciales que se escojan por las diferentes fuerzas políticas, incluyendo al líder político y mi único familiar Ortega Saavedra viviente, mi hermano, Daniel”, dice pausado Humberto Ortega.

Entre la reelección, el árbitro electoral y la estabilidad política, el general Ortega plantea la idea de un gran pacto social, amplio e incluyente, que se discute y apruebe antes de ir a reformas o elecciones nacionales.

“En Nicaragua debemos, primero, integrarnos como ciudadanos, como familia, como comunidad, como pueblo, como nación, si realmente queremos ser parte activa y ejemplar de los complejos procesos de integración regional. Polarizados y en desconexión como en el presente está nuestra sociedad, es imposible integrarnos como nación”, señala el ex hombre de hierro en los 80.

En ese sentido, resaltó la importancia que tiene el nombramiento de nuevos magistrados judiciales, electorales y contralores, que está próxima, pues se trata de una oportunidad de las fuerzas políticas de escoger a las personas idóneas.

No obstante, hizo énfasis en la necesidad de que esa escogencia sea el producto de un acuerdo no sólo entre el Frente Sandinista, el Partido Liberal Constitucionalista y de los seguidores de Eduardo Montealegre, sino de todos aquellos que tienen algo que aportar al país desde la arena política, la económica y la social, y destacó la relevancia de no jugar a las zancadillas para tener los mejores resultados.

“Aquí no se trata de ser vivaracho, se trata de ser político con un sentido humano muy profundo de la tragedia que estamos viviendo como país, hay que actuar con un sentido ético de una enorme responsabilidad, y no simplemente de que soy más vivo y le di vuelta al otro (en las negociaciones y pactos), vayamos de ahora en adelante, no sigamos funcionando así, lo que hace falta es una confianza social en general”, recomienda el ex militar.

Por una verdadera reconciliación

“Solamente como hicimos para alcanzar la paz, cuando quienes nos matábamos nos sentamos a dialogar y a buscar entendimientos y acuerdos, podremos alcanzar la conexión para integrarnos como nación”.

“Y debemos buscar en el corazón del adversario lo bueno de cada quien, para acercarnos y dar respuesta a la inmensa mayoría del pueblo que exigen a sus líderes esta verdadera reconciliación”, dice Ortega, insistiendo a cada momento con el tema de la cohesión social.

“Sin cohesión social no podremos sobreponernos a las exigencias de la cruda realidad de la crisis económica mundial, acentuada en nuestro país, y mucho menos si continuamos siendo excluyentes y polarizados en el campo político en particular”.

¿Qué cree el general retirado que se debe hacer en el país en medio de un clima tenso y polarizado entre fuerzas históricamente antagónicas?
“Debemos afianzar una economía humanista social de mercado, que hace suya en primer lugar la libertad, la solidaridad, la justicia, la responsabilidad en el ejercicio del Poder y el Gobierno, y así seremos verdaderamente competitivos y modernos, más allá de la oferta y la demanda, para alcanzar los éxitos económicos y sociales que urge nuestro pueblo”, plantea.

Lo idóneo, según la visión de Ortega, sería que desde los medios y cada partido político se aporte en la fórmula para alcanzar el desarrollo, y hacerle un llamado no sólo al gobierno, sino a la clase política en general, a sus bases, a que ética y moralmente, y ante la ley, y por las libertades, que ellos obliguen a sus partidarios, y sancionen a su militancia y los lleven y los manden a la justicia y ante la Policía, si incluso están comprometiendo a ese partido en las calles con acciones que no son consecuentes con lo que este país necesita.

“Si aquí un partido, de cualquier color de su bandera, impulsa o tolera violencia, y no sanciona, que salgan unos cuatro o cinco a querer impedir lo que justamente y en el marco de la libertad tenemos derecho a hacer, salgo yo solo o con diez mil, entonces el primer llamado debe ser al compromiso cívico”, considera el ex hombre fuerte del Ejército.

A ello agrega que “la idea no triunfa imponiéndose con intolerancia, las ideas triunfan imponiéndose con paciencia y tolerancia”.

Considera que “mientras no negociemos con responsabilidad, y no le demos continuidad a los proyectos consensuados que buscan una mejoría en la existencia de las fuerzas, mientras un partido no crea en esos procesos y diga que hay que cambiar todos los esfuerzos que se han hecho en los otros gobiernos, es peligroso, porque es cambiar lo actuado; en todo caso, si se quiere hacer reformas, que se hagan reformas en función de mejorar ese marco, pero no tener temor a la reforma si se ha consensuado.

En ese entendido, lo que más daño nos está haciendo es la intolerancia y una enorme ausencia de vida democrática real más profunda en cada movimiento o partido político, que obliga a repartir el poder más que a buscar un equilibrio de poder, y un verdadero funcionamiento de la justicia más despartidizada”.

Las guerras y Herodoto

Antes de cerrar la entrevista, casi tres horas después de preguntas y respuestas, de reflexiones y de discusiones sobre los conceptos, el general retirado hace público su deseo de que alguna vez en el mundo desaparezcan los ejércitos, porque su razón de ser, en esencia, es la guerra, y de las guerras los que sufren son los pueblos y los que gana son los grandes vendedores de armas.

Ortega plantea que está consciente de que hay muchas personas a quienes no les gustará lo que ha dicho, a uno y a otro lado de las fuerzas políticas.

“Y pido a esas personas que comprendan. Yo no trato de ofender ni de herir a nadie, sino de llamar a la reflexión, ya no por nosotros los actores, sino por los jóvenes y los niños que nos siguen. No podemos condenarlos otra vez”, dice, y recurre a una frase del pensador griego Herodoto.

“A 30 años del 19 de julio del 79 y del Ejército de Nicaragua, apreciemos el inmenso valor de la paz alcanzada, recordando el pensamiento de Herodoto, 400 años antes de Cristo, que reflexiona en la diferencia entre la guerra y la paz, señalando que en la guerra los padres entierran a sus hijos, y en la paz los hijos entierran a sus padres”.

(El Nuevo Diario, Nicaragua)