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lunes, 15 de febrero de 2010

Para epidemias especiales, remedios especiales

Nuestro país atraviesa un nivel desbordado de actividad criminal, que abruma la capacidad del estado y de la sociedad para poder enfrentar el problema, y por tanto, este ha adquirido características especiales, es imperativo que se ejecuten consecuentemente medidas especiales. Está absolutamente comprobado que las pandillas se constituyen como el principal problema para la seguridad pública en nuestro país. La violencia, muertes y zozobra que causa el accionar de las pandillas han llegado a niveles intolerables que no tienen precedentes. Criminólogos de renombre internacional como Peter Lupsha han planteado que el crimen organizado impacta en las sociedades y se desarrolla en fases que denotan su nivel de organización y afectación pública, siendo estas fases La Depredadora, La Parasítica y La Simbiótica. En nuestro país es alarmante ver como las pandillas están alcanzando un nivel de desarrollo y complejidad tal que ya casi alcanzan la fase simbiótica. Lo cual definitivamente podría contribuir a que El Salvador se convierta en un estado fallido donde el estado de derecho, la democracia, el desarrollo y la paz se verían dramática y catastróficamente golpeados. El criminólogo nacional, Carlos Ponce advirtió hace algún tiempo, el proceso evolutivo de las pandillas en nuestro país.

En la fase Depredadora los pandilleros se organizan, cometen delitos y actos de violencia, primordialmente como una forma de identidad o expresión grupal. En la fase Parasítica se prioriza la el delito lucrativo, los pandilleros y sus familiares dependen económicamente del producto de sus actividades criminales, ejercen dominio territorial y presión social. En esta fase el sentimiento de indefensión e impotencia de la población crece, la credibilidad y confianza en las instituciones disminuye, y el sentimiento de impunidad de las pandillas aumenta. En nuestro país la forma de extorsión mal llamada “Renta” se ha generalizado exorbitantemente, de tal modo que en la mayoría de zonas del país ha sobrepasado al robo común, convirtiéndose en el delito de mayor impacto actualmente. Las pandillas operan de manera abierta y comienzan a ser vistos como algo, aunque nefasto, cotidiano. En barrios, colonias, caseríos y mercados se conoce sobre las atrocidades de los pandilleros, es secreto a voces cómo, dónde, cuándo y quién comete los crímenes. En esta fase ya están las pandillas salvadoreñas, se han convertido en verdaderos parásitos de la sociedad que han alcanzado jerarquías supraterritoriales.

Uno de los aspectos más relevantes de la fase Parasítica es la manipulación que ejerce el crimen organizado sobre representantes comunitarios o funcionarios públicos, a través del soborno, el chantaje y la intimidación. Así mismo comienzan a utilizar sus fachadas de empresa y de organizaciones sociales, para buscar representación e influencia política. Aquí hemos ya visto conferencias de prensa y marchas de protesta organizadas por pandilleros, planificación de desordenes y fugas simultáneas en los centros penitenciarios, empresas de transporte que fueron arrebatadas a sus antiguos dueños y que ahora son operadas por clicas, pandilleros negociando participación en consejos municipales y ONGs claramente vinculadas - sino operadas- por pandilleros activos.

En la Fase Simbiótica, que es la más compleja, la interrelación alcanzada por el crimen organizado con los sectores político y económico es interdependiente. El ejemplo más visible de esto fue lo que sucedió en la ex Unión Soviética después de la Perestroika, donde las mafias del contrabando, cabecillas de las pandillas urbanas, narcotraficantes locales, ex militares, funcionarios y burócratas corruptos, y ex agentes de los servicios de inteligencia, dieron vida a la ahora mundialmente conocida Mafia Rusa. Esta última, ha logrado permear a los más altos niveles del mundo financiero, empresarial y político en las nuevas repúblicas ex Soviéticas.

Muchos pueden hacer burlas a este ejemplo, pero hay que notar que uno de los cabecillas más temidos de la mafia Rusa, recién capturado en España, comenzó en las calles de Moscú como un maleante de poca monta que se jactaba de sus tatuajes. Por otro lado, si lo vemos objetivamente, el impacto general en el día con día de la población rusa no tiene comparación con lo que soporta un alto porcentaje de nuestra población diariamente. Ya una pandilla, cuyo nombre tristemente evoca nuestro país, fue declarada por el Fiscal General de los Estados Unidos como amenaza a la seguridad nacional de ese país, donde varios de estos han sido incluidos en la lista de los más buscados por la justicia federal. Hemos visto pandilleros salvadoreños convertirse en cabecillas de narcotráfico y de grupos de secuestro a nivel regional; algunos de ellos podrían estar ya en la lista de los asesinos más prolíficos en la Historia Universal. Connotados asesinos en serie que se hicieron famosos inspirando conocidas obras literarias y películas, cometieron homicidios en números que se podían contar con los dedos de las manos. Aquí hemos conocido pandilleros, responsables de manera directa de más de 40 homicidios con lujo de barbarie.

Por otro lado si medimos el efecto relativo de cómo este flagelo afecta a nuestra población, y lo comparamos con el impacto de otros grupos criminales organizados en cualquier otro país democrático, no se me ocurre pensar en otro grupo criminal que se compare a las pandillas que aquí tenemos.
El problema es gravísimo. Los procesos judiciales y el encarcelamiento, lejos de reformarlos y contenerlos, les abona, según ellos mismos pregonan, a su experiencia, organización y prestigio. El accionar de las pandillas incluso involucra cosas tan abominables como los ritos satánicos, desmembramiento de víctimas, el homicidio aleatorio de iniciación, el reclutamiento y utilización sistemática de menores de edad, el fomento de antivalores y subculturas, actos continuos de terrorismo criminal y asesinatos en contra de transportistas, trabajadores y comerciantes; y, el sangriento desafío y burla al que diariamente someten a nuestro querido pueblo. No existe remordimiento ni culpa, el pandillero y en muchos casos hasta sus familias, viven de lo que arrebatan violentamente, y lo peor de todo es que se vanaglorian y se enorgullecen de ello. Retan al Estado y a la sociedad; se da un caso en el que utilizan una granada, y cuando cunde la alarma a nivel mediático, responden con andanadas de casos similares, igual ha sucedido con masacres y con los macabros paquetes que adrede dejan en lugares públicos.

Delitos como la distribución de drogas ilegales, robo de mercadería, secuestro y asaltos a viviendas y negocios, ya no solo involucra a pandilleros, sino que poco a poco se vuelve un monopolio de estos.

Es tiempo que atendamos como nación este grave problema pensando en el derecho a la seguridad de nuestros hijos y de futuras generaciones. Hay que dejar a un lado sesgos políticos e intereses partidarios, es tiempo que se retomen las buenas ideas que se han planteado hasta la saciedad, y que se planteen soluciones innovadoras. En la discusión de este tema ya no deben prevalecer los dogmatismos inflexibles, las imprácticas visiones meramente teóricas, y sobre todo la soberbia, tanto intelectual como ideológica. Si el Gobierno reconoce que carece de un verdadero plan, y junto a los otros Poderes del Estado, la Fiscalía General de la República, hacen lo propio, y se apoyan en los gobiernos municipales, el sector privado y la sociedad en general; se podrá impulsar un verdadero Plan de Nación contra las pandillas y la delincuencia. Un plan que sin reñir con los derechos de las personas, reconozca que se tiene que imponer el bien común y el derecho a la tranquilidad de la mayoría de salvadoreños, sobre el exacerbado derroche de garantías para los pandilleros y los maleantes de todo nivel. Un plan que ejecute medidas contundentes, y drásticas, pero que sean prácticas y aplicables. Es menester reformar las leyes que sea necesario, crear las que se requieran, e impulsar acciones operativas y administrativas efectivas, tanto a nivel policial y penitenciario, como para la FGR y Organo Judicial, combinando lo que ya dio resultado con lo novedoso, y apoyándose en todas las capacidades instaladas del Estado, incluyendo a la Fuerza Armada. Es imperativo que se reconozca que los planes preventivos, si bien necesarios, no lograrán nada por si solos, y que la dimensión real del problema abruma a las instituciones del Estado, tal cual se pretende funcionen hoy por hoy. La realidad exige que se reconozca oficialmente a las pandillas como CRIMEN ORGANIZADO y AMENAZA NACIONAL. Si esto no se hace, serán cada vez más las familias que sufrirán el dolor de ver a un ser querido asesinado, se seguirá frenando el desarrollo, y miles de niños y niñas serán víctimas, y luego…. victimarios, porque ineludiblemente se convertirán en pandilleros. Pero sobre todo, si no se hace lo que toca, no se podrá detener el claro y marcado camino que llevan las pandillas hacia la simbiosis con la sociedad salvadoreña.

(San Salvador, 2009)

miércoles, 18 de marzo de 2009

Discurso postelectoral de Rodrigo Ávila,

Hermanos y hermanas, areneros todos, en primer lugar, y aquí acompañado de nuestro presidente de la república, de nuestra vicepresidenta, de nuestros, de nuestros presidentes Cristiani, Calderón Sol, Flores, de nuestro Coena, de nuestro alcalde electo, doctor Quijano, de nuestros diputados, diputadas, alcaldes, alcaldesas, estimados directores de sectores, directores municipales, directores departamentales, y en fin, toda la familia arenera, que aquí estamos, porque eso somos, una familia, y por supuesto, de mi querida esposa y de mis hijas, quisiera a todos ustedes, hermanos y hermanas, antes que nada, agradecerles por este gran esfuerzo.

Hemos hecho, verdaderamente, un gran trabajo, un gran trabajo que se ha motivado por esa vocación democrática, por esa vocación institucional, por esa vocación que siempre ha defendido la libertad.

Y yo quiero darle las gracias al Señor por habernos permitido trabajar juntos. Cuando dije que nosotros íbamos a aceptar cualquier resultado que se diera, lo dijimos en serio, lo dijimos en serio porque siempre nos ha movido esa profunda vocación democrática, esa profunda fe en que Dios tiene un propósito para todos.

Hermanos y hermanas, durante este año hemos trabajado arduamente, hemos trabajado arduamente por ofrecerle al país, hemos trabajado arduamente por ofrecerle al país, por ofrecerle al país seguir luchando por esas libertades y por la libertad, por la paz y el progreso.

Hermanos y hermanas, hermanos y hermanas, una gran satisfacción tenemos todos los areneros, primero, que hicimos el mejor esfuerzo; segundo, que en el proceso de ese gran esfuerzo, que ha durado más de un año, no solamente hemos propuesto sino que hemos ayudado a miles de personas.

Hemos trabajado con las comunidades, hemos desarrollado un esfuerzo en el que hemos atendido las necesidades, hemos escuchado a los salvadoreños.

Uno de los aspectos que en una democracia tenemos que reconocer todos es que a veces se logra el objetivo y a veces no, sin embargo, sin embargo, hay una cosa importante que destacar este día, ha sido más de un millón de salvadoreños y salvadoreñas que nos han dado su voto de confianza.

Y precisamente, hermanos y hermanas, hoy, en este momento, es cuando los areneros, los areneros de todos los tiempos, los areneros de todas las épocas, los areneros de todos los rincones del país hemos dado un ejemplo de lo que es, justamente, aceptar la voluntad del pueblo, pese a que ha sido, como digo, una elección muy reñida, muy ajustada, y eso denota ese espíritu democrático, denota ese respeto por la libertad, esa fortaleza institucional que nuestro partido ha venido adquiriendo.

Yo quiero, hermanos, agradecerles a todos ustedes, agradecerles a los hermanos areneros, los hermanos de los partidos que también se unieron a esta gesta democrática, que se han fajado durante todo este tiempo, que se han fajado durante este día, algunos que todavía están allá en los municipios contando algunas actas que no han llegado, la mayoría ya llegaron, quiero agradecerles a todos y cada uno de ustedes y quiero patentizar que nuestro partido es un partido fuerte, un partido unido, y en estos momentos es cuando más nos tenemos que unir.

Aquí tenemos, hermanos y hermanas, aquí tenemos esa figura de bronce de nuestro máximo líder, que dio el ejemplo, que dio el ejemplo de ese espíritu democrático, en momentos también difíciles y duros.

Hoy me toca a mí, como presidente y candidato del partido, replicar ese ejemplo de una manera estoica, respetuosa, democrática, transparente, responsable y madura.

Hermanos, nuestro partido ya ha estado en el pasado en la oposición, hemos sido y seremos una oposición constructiva, una oposición vigilante, una oposición vigilante de que en nuestro país no se pierda el sistema de libertades.

Hermanos, ese, esa es una gran misión que nos queda, seguir cumpliendo. Yo quiero expresar que en la democracia y en este esfuerzo en, que pusimos, y lo dijimos siempre, con sinceridad, pusimos este esfuerzo en manos del Señor, le pedimos al Señor que nos diera fortaleza, y con esa misma fortaleza que nos dio para desarrollar esta campaña, sentimos hoy esa fortaleza del Señor para seguir adelante como partido
y como buenos salvadoreños.

A Dios, a Dios le pedimos sabiduría, y yo quiero a Mauricio Funes, del FMLN, reconocerle, reconocerle que en esta lucha cerrada el margen de diferencia le ha dado la ventaja, y le pido a Dios, le pedí a Dios que así como le diera sabiduría al pueblo salvadoreño, se la dé a él también y a su partido, que se la dé a él y a su partido porque nosotros los areneros, todos los que estamos aquí, no estamos porque hemos buscado fama ni gloria, no hemos buscado riquezas ni poder para nosotros mismos porque reconocemos que los partidos no son un fin en sí mismos, sino que un mecanismo para llevarle el bienestar al pueblo y para generar y mantener la democracia.

Por eso, así como le pedí a Dios sabiduría para todos nosotros y para el pueblo, le pido que le dé sabiduría, que le dé entendimiento, que le dé entendimiento, y por supuesto, que también le haga reconocer que seremos una oposición vigilante y garante de que se respeten las libertades de nuestro pueblo salvadoreño.

Para finalizar, para finalizar, hermanos y hermanas, quiero decirles que estos son los vaivenes de la democracia de la política.

Quiero reconocer de una manera especial a mi compañero de fórmula, al ingeniero Arturo Zablah, que se ha fajado y que ha abonado, y que ha abonado para que nuestro partido, en este tiempo histórico, en este momento crucial, se vea también fortalecido por la incorporación de distintos sectores ciudadanos que hoy, ciertamente, hemos enfrentado la elección más dura.

El pueblo sabe que esta elección no se ha definido por grandes números, tenemos, los salvadoreños, que reconocer que al final de cuentas la mitad de la población ha cotado por una opción y la otra mitad nos ha dado el apoyo.

Y eso nos obliga aún más, hermanos y hermanas, para que unidos, unidos nosotros como partido, unidos nosotros con sectores ciudadanos como el que Arturo representa, unidos, unidos nosotros, los areneros, con los partidos que tienen una vocación democrática y que de una manera especial nos respaldaron dándonos su apoyo, como el PCN, como el PDC, como el FDR, sigamos trabajando en esa gran misión que nos toca seguir, la misión de unir a esas dos mitades del pueblo salvadoreño, para que verdaderamente nos veamos, nos sintamos como lo que realmente somos, hermanos salvadoreños, hermanos hijos de Dios, y que logremos juntos, todos y cada uno de los salvadoreños, en esa sinergia y en ese esfuerzo, construir un país más justo.

Hermanos y hermanas, el legado, el legado de ARENA es impermutable, el legado de ARENA está aquí en nuestro país, se mira, se siente. Y ese legado, ese legado precisamente es el que ha permitido que hoy, después de cuatro presidencias exitosas de ARENA, a través de esa vocación democrática, esa institucionalidad de nuestro partido, hoy El Salvador tenga un gobierno distinto, distinto, pero como digo, al que le estaremos exigiendo y pidiendo que no se aparte jamás de esa vocación democrática, de esa vocación en la que todos los salvadoreños queremos seguir manteniéndonos como un país libre, un país soberano.

Y por eso mismo, hermanos, hoy los salvadoreños y los areneros, y los hermanos que se nos han unido, tenemos que seguir con esa gran misión de trabajar para unir a El Salvador.

Que Dios los bendiga y presente por la patria.

(Discurso pronunciado en la noche del 15 de marzo 2009, en la sede del partido ARENA)