viernes, 4 de junio de 2021

Carta a la CICIES: Descanse en paz. Der Paolo Luers

Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, sábado 5 junio 2021

Hoy es sábado de cartas “literarias”. Bueno, aquí un cuento.

Hubo una vez un joven llamado Bukele, que llegó a presidente de El Salvador, un hombre sediento de poder. Como se propuso ir contra izquierda y derecha, empresarios y magistrados para destruir el sistema de instituciones independientes, necesitaba un palo donde arrimarse. Encontró un palo grande y fuerte: el presidente de Estados Unidos, un tal Donald Trump. Éste detectó en Bukele un alma gemela: Era rico, igual que él; tenía el mismo complejo de inferioridad frente a la “aristocracia” política y económica de su país; siendo un resentido, como él, tenía la misma intuición fina para detectar, manipular y movilizar para sus fines los resentimientos sociales que existentes en las masas; tenía el mismo odio a la prensa independiente.


Entonces, lo adoptó. Lo apoyó incondicionalmente - como un mal padre apoya a un hijo berrinchudo, sin pintarle la raya. Y le mandó un embajador torpe, con la misión de chinear a su ahijado.


Además le encargó al secretario general de la OEA, Luis Almagro, que le cuide las espaldas a su protegido. A saber quéhablaron, pero parece que se entendieron bien Almagro y Bukele. Uno se imagina que siempre cuando el joven presidente hizo algún berrinche, que teóricamente la OEA no podía dejar pasar, Bukele le dijo a Almagro que no se preocupara, que él iba a respetar la Constitución y combatir la corrupción, incluso si la llegara a detectar en su propio gobierno. Almagro, mientras Trump estaba en la Casa Blanca, no viotra opción que darle a Bukele el beneficio de la duda y seguirle apoyando. 


Nace la CICIES. 


Bukele había prometido en su campaña instalar una Comisión Internacional contra la Impunidad para que le ayude a combatir la corrupción. Fue donde Almagro y le pidió apoyo, porque Naciones Unidas ya había dicho que no se metía en una comisión que no tenía plena independencia y bastantes dientes. Almagro no era tan delicado. Armó una CICIES administrada por la OEA, aunque no había un convenio aprobado ni por la Fiscalía General ni por la Asamblea – sólo con el gobierno. Una CICIES sin independencia y sin competencias reales para investigar y acusar. 


Luego el fiscal Melera, bajo presiones de Bukele y sus padrinos en Washington, accedió firmar un convenio de cooperación con la CICIES/OEA, en el cual tampoco se estableció la necesaria independencia. 


Todos contentos: Trump, Almagro y Bukele. Obviamente, este último se envalentonó e hizo cosas como la toma militar de la Asamblea, que causó rechazo a nivel mundial. Todos brincaron, menos Trump y Almagro.


Pero un día todo cambió: Trump salió de la Casa Blanca - y llegó Joe Biden, quien hablaba mucho de derechos humanos, lucha contra la corrupción, respeto al orden democrático – y se lo tomó en serio.


La administración Biden comenzó a mandar mensajes a Bukele (y otros): No vamos a tolerar gobiernos corruptos, y tampoco ataques a la independencia judicial y la libertad de prensa. Poco a poco, Almagro tuvo que acoplarse a los nuevos tiempos. Instruyó a su CICIES que investiguen los casos de corrupción en la administración Bukele, ya denunciados en los medios. La administración Biden presionó al fiscal general a ponerse las pilas – y de repente Bukele vio en peligro la impunidad suya y de sus funcionarios.


Habiendo ganado en las elecciones legislativas el control absoluto de la Asamblea, Bukele dio instrucciones a su bancada parlamentaria de resolver este problema de investigaciones de un sólo. En su primera sesión, decapitaron la justicia independiente, sustituyendo a la Sala de lo Constitucional y al fiscal general, poniendo en su lugar personajes fieles al presidente.


Washington reaccionó, con condenas contundentes. Almagro se dio cuenta que Bukele le había dejado como un tonto útil ante la comunidad internacional. Comenzó a amenazar incluso de aplicarle a El Salvador la Carta Democrática. Pero tenía un problema serio: siguió existiendo la CICIES en El Salvador – y con la CICIES como rehén, la OEA no podía proceder contra Bukele. Además, con cada día que seguía existiendo la CICIES/OEA en un país que ya no tenía fiscal independiente del ejecutivo, ni tampoco una Sala que podría servir de árbitro, se iba a hacer más embarazosa la situación, en la cual Almagro se había metido con Bukele.


Pero la OEA no podía ser la instancia que le daría el tiro de gracia a la CICIES. “La OEA mata a su hijo CICIES” no podía ser el titular de la prensa internacional.


Entonces había que provocar a Bukele que se haga cargo de la ejecución de la CICIES. Para esto nombró como su asesor a Neto Muyshondt, en estos días el blanco principal de ataques del oficialismo. El truco funcionó de inmediato: El día siguiente Bukele puso a su nuevo fiscal de facto a suspender el convenio con la OEA y la CICIES. 


Almagro se logró desquitar lo que Bukele le había hecho ante los ojos del mundo: Conseguir su apoyo incondicional, dándole mentiras y compromisos que nunca tuvo intención de cumplir – para luego dar un golpe a la Constitución y dejar a Almagro como un tonto. Pero Almagro se lo desquitó: Indujo a Bukele a remover con la CICIES, que tenía que servirle de pantalla. El rey se quedó al desnudo ante la comunidad internacional. 


Almagro, más listo lo que todos pensábamos, quería deshacerse de la CICIES, pero sin ser quien la desmontara. Ahora, sin la CICIES como rehén de Bukele, puede convocar la Asamblea General de la OEA y poner a El Salvador en el banquillo del acusado.


Moraleja: Aunque muchos lo crean, Bukele no gana todas las batallas. Esta la perdió en grande.

Feliz fin de semana, 









miércoles, 2 de junio de 2021

Carta a los ‘poderes fácticos’: Resistan. Son legítimos.. De Paolo Luers


Publicado en MAS! y EL DAIRIO DE HOY, jueves 3 junio 2021

Estimados ‘poderes fácticos’:

A ustedes estaba dirigido el discurso que el presidente dio en la Asamblea el 1 de junio. O más bien, contra ustedes. Limpiando un poco la retórica del señor Bukele, ustedes no son otra cosa que la sociedad civil - o sea lo que ningún gobernante tiene mandato de controlar, por muy popular que sea y muy fuerte que sea su control sobre los órganos del estado. Él mismo lo dijo en su discurso: Ya controlo al ejecutivo, ya controlo la Asamblea, ya con ella tomé control de la fiscalía y de la Sala de lo Constitucional, ya queda irrelevante la oposición “en aquella esquina” – pero hace falta una “quinta batalla” para vencer ‘los poderes fácticos’ y ‘el aparato ideológico’ del sistema que desplazamos del poder formal. O sea, hay todavía reductos de independencia que hace falta debilitar y controlar.

 

¿Quiénes son estos poderes fácticos que Bukele declaró enemigos a vencer? Habla de ‘la oligarquía’ - aunque todo el mundo sabe que esto no es cierto. A muchos de los apellidos de lo que fue la oligarquía los vemos más cercanos al gobierno que a la oposición. La familia de la canciller reclama que le paguen $255 millones de indemnización por la reforma agraria. Pero arremeter contra ‘la oligarquía’, aunque ya no existe como grupo dominante, siempre suena mejor en un discurso populista. Los ‘poderes fácticos’ que Bukele quiere derrotar o someter a su control son la empresa privada, sus gremiales como ANEP y la  Cámara, las fundaciones empresariales, que promueven educación, salud y libre expresión; la embajada de Estados Unidos... El otro ‘poder fáctico’, la Fuerza Armada, no lo menciona, porque lo controla su cúpula.

 

¿Y quiénes forman el tal “aparato ideológico” que le hace tanto estorbo a Bukele? Los medios de comunicación independientes, tradicionales y emergentes; organizaciones como FUSADES, que producen análisis crítico y proponen políticas públicas, sociales y económicas las universidades y sus contingentes de académicos y pensadores independientes; las iglesias; los profesionales de derecho, etc.

 

Queda manifiesta en el discurso de Bukele del 1 de junio que a este gobernante sediento de poder no le alcanza el inmenso poder formal que le otorga la Constitución como presidente. Tampoco le alcanza el control político que, aunque no estáprevisto en nuestra Constitución, ha asumido sobre la Fiscalía, Fuerza Armada y Policía Nacional Civil. Lo que quiere y necesita para su visión de transformar El Salvador de una república democrática y plural en una república autoritaria es el control de la sociedad. 

 

En esto, la visión de Bukele raya en lo fascista. Ya no quiere una sociedad plural, en la cual grupos, personas, empresas, partidos, tendencias ideológicas, clases sociales con intereses distintos y contradictorios conviven porque respetan reglas democráticas para administrar sus diferencias y armonizar intereses.

 

Los fascistas quieren sustituir esta diversidad con un sistema que Bukele describió así: “Yo con Dios y el pueblo”. Esta es la trinidad, de la cual nace la justificación para cualquier tipo de ejercicio de poder, incluyendo el que viola reglas, leyes, o incluso la Constitución. Reglas que nos hacen estorbo, hay que cambiarlas, dijo en su discurso. Y cualquiera que pone obstáculos es declarado enemigo del pueblo y merece castigo.

 

Para que esta visión funcione, hay que adoptar el concepto de ‘el pueblo’, que ya no es la ciudadanía entera, con mayorías y minorías, con intereses diversos y con mecanismos de diálogo, negociación y concertación – sino es el pueblo seguidor del líder, en nombre del cual se ejerce el poder. Ya no caben en esta visión fascista conceptos como independencia, libertad de prensa o diálogo...

 

Manifestando todo esto ante la Asamblea fue un mensaje claro y sumamente agresivo, más agresivo incluso que el 9 de febrero del 2020: Soy el líder al cargo de una transformación histórica del país, y como tal no vengo a rendir cuentas, sino vengo a unificar nuestro movimiento. Ahí cabe la grotesca juramentación que el presidente tomó a los diputados. Ahí se explica que Bukele no vino a hablar como presidente y estadista, sino como dirigente de un movimiento que ya tomócontrol del Estado y quiere tomar control de la sociedad.

 

Él puede decir todas estas cosas, porque tiene los micrófonos grandes y oficiales – pero esto no convierte en realidad la tesis que la sociedad civil independiente es un conjunto de ‘poderes fácticos opuestos al pueblo’. Ni que la oposición sea ilegítima, sólo porque fue vencida en elecciones. Ni tampoco que el periodismo traiciona a los intereses del pueblo cuando es independiente y critica al gobierno. Nosotros no tenemos que aceptar estas tesis como realidades. Son delirios de poder total. 

 

Mantenernos críticos e independientes no sólo es legítimo, sino es necesario y sobre todo es posible. El estado de derecho está debilitado, pero no muerto. La razón y la historia están de nuestro lado, aunque seamos minoría. 

 

Un discurso como el del 1 de junio nos tiene que asustar, pero no desmotivar. Bukele nos llama ‘poderes fácticos’, pero somos la sociedad civil plural, la fuerza intelectual y la fuerza productiva que tiene que defender su independencia para seguir aportando al país. Sin independencia de las fuerzas creativas no hay desarrollo.

 

Saludos y ánimo, 





lunes, 31 de mayo de 2021

Carta a mis compañeros: Dos años de retroceso. De Paolo Luers


Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, martes 1 de junio 2021

Queridos amigos: 

Ustedes arriesgaron sus vidas para alcanzar un país con libertad de expresión y de organización, donde podemos hacer valer nuestros derechos sin tener miedo a persecución. Lo hicieron organizando marchas, sabiendo que la Guardia los iba a reprimir. Lo hicieron organizando huelgas, sabiendo que los escuadrones estaban al acecho. Y lo hicieron tomando las armas, cuando las marchas y las huelgas ya no eran posibles. En esta última etapa, de la guerra civil, tuve el honor de acompañarlos.

 

Luego pasamos 10 años trabajando para reconstruir el país de la destrucción física y económica de la guerra. Esto lo hicimos bastante bien, entre todos, independientemente de los bandos que escogimos durante la guerra – mucho mejor que la otra gran tarea histórica: reparar los daños en el tejido social y moral de décadas de dictadura, exclusión social y de una polarización que nos había llevado a la guerra. Pero también en este campo se logró avances. Poco por poco la justicia y el parlamento lograron superar la dependencia del poder ejecutivo. Poco por poco la idea de la democracia cobró vida con una sociedad que exigía transparencia y rendición de cuentas. Poco a poco, los gobernantes corruptos perdieron la impunidad que históricamente los protegía. Vimos la justicia actuar, con deficiencias, errores y contratiempos, pero al fin actuar contra los expresidentes Saca y Funes y contra un fiscal corrupto como Luis Martínez...

 

¿Y hoy vamos a permitir que un hijo de papi, a quien le heredaron los resentimientos, los complejos y las ansias de revanchismo y poder, nos hace retroceder en casi todo lo que una generación de luchadores ha logrado? No puede ser. 

 

El fin de semana nos reunimos unos compañeros de aquellos tiempos – para desayunar juntos y para hablar de lo que nos pasa. Uno decía: ¿De veras aquí hablando de que lo mejor que pueden hacer nuestros hijos es salir del país, porque aquí la historia camina para atrás? 

Otra decía: Yo después de todo lo que hemos luchado no voy a salir corriendo, pero estoy contento que mis hijos estén haciendo su vida afuera? 

Y otro: Camilo, el que nunca se ahuevó durante la guerra, se fue con toda su familia, porque sentía en la PNC, que ayudóa fundar, ya había persecución para gente no afín al gobierno de Bukele y la militarización de la policía. 

Otra opinión: Tenía razón de irse. Luego del 1 de mayo ya no se puede tener esta confianza en el sistema de justicia, que teníamos cuando existía, como máximo árbitro, una Sala independiente. 

 

Al final una amiga dijo: No puedo creer que a esta altura de la historia tengamos esta discusión. Nosotros, quienes hicimos la historia – y ahora estamos discutiendo si no es mejor salir del país, en vez de retomar la iniciativa y sacar a estos farsantes del poder.

 

Es cierto. Hemos permitido que en dos años que están gobernando, han hecho retroceder al país. Está rota la independencia judicial. La Asamblea es un coro de aplauso para el presidente. Pusieron un fiscal general que cortó todas las investigaciones pendientes de malversación y robo de cientos de millones de dólares de fondos aprobados para enfrentar la crisis sanitaria y el hambre – y que además se presta a usar la fiscalía para perseguir a opositores, empresarios, ONG y periodistas. Impusieron una Sala que va a encargarse a concluir el trabajo que comenzó el 1 de mayo la Asamblea de “limpiar” las demás instituciones – limpiarlas de funcionarios independientes. 

 

Luego de 10 años, en los cuales la sociedad civil logró evitar que el FMLN, desde el gobierno, atentara contra la libertad de expresión, contra la independencia judicial y contra los lazos de amistad con Estados Unidos, vino Bukele e hizo todo esto en dos años – y no tuvimos capacidad de pararlo en las elecciones del 2021. Por lo contrario, permitimos que consolidaran el poder y avanzaran hacía una dictadura de nuevo tipo – una dictadura ejercida por una mega agencia de publicidad y mercadeo, pero por cualquier eventualidad con la Fuerza Armada y la PNC bajo su control político...

 

Tiene razón la compañera: No puede ser que a esta altura y luego de tantas luchas, dejemos que nos roben los frutos y nos tengan con miedo. Vean lo que pasó en dos años de gobierno de Bukele, saquen sus conclusiones y tomen sus decisiones. Y los compañeros que en su frustración con el Frente apoyaron a Nuevas Ideas, que recapaciten. Nos están robando, nos están endeudando, y nos están dejando con más pobreza y menos empleo.

Saludos,