sábado, 16 de marzo de 2019

Carta a la Fundación Heritage: Seducidos por Bukele

Ustedes orgullosamente reclaman dos cosas: que son el ‘tanque de pensamiento más influyente del mundo’ y que son una ‘bastión del movimiento conservador’.

Los principios ideológicos de Heritage están bien explicados en su pagina WEB y obviamente Nayib Bukele los estudió bien antes de presentarse ante ustedes. Es más, los tomó como guión para su ponencia: libre mercado, libertad de empresa, estado reducido. La agenda de Ronald Reagan, el Tea Party y Mr. Trump.

El abrazo a esta agenda es sorprendente para un político como Bukele, quien comenzó a denunciar a su partido izquierdista FMLN por supuestamente haber abandonado la lucha contra estos principios neoliberales. Así comenzó su campaña presidencial: denunciar al FMN como igual de neoliberal que ARENA y presentarse como heredero de la lucha social supuestamente abandonada por el FMLN…
Y un mes después de su victoria electoral viene a Washington, a la Heritage, y dice: Surprise, surprise! Soy uno de ustedes. Voy a seducir (lure) a los inversionistas, voy a reducir al estado y eliminar la corrupción. ¡Aplauso!

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Y ustedes, los guardianes del conservadurismo reaganiano, están tan impactados que se olvidan que también son guardianes de la reputación académica y ética de un tanque de pensamiento comprometido con el alto estándar de sus investigaciones y análisis. ¿Por qué les digo esto? Porque escuché decir a Nayib Bukele, en el sacrosanto auditorio de la Heritage Foundation, varias afirmaciones que pensaría que iban a provocar por lo menos preguntas críticas. Pero no escuché ninguna pregunta crítica o de algún rigor académico.

Voy a mencionar tres ejemplos.

Bukele les dijo que en El Salvador no hay seguridad porque ARENA se robó todo el dinero para financiarla. En concreto, afirmó que en 20 años de gobierno, ARENA robó 37 mil millones de dólares. O sea, un promedio anual de casi 2 mil millones en un país donde apenas en el año 2000 el presupuesto general de la nación sobrepasaba los 2 mil millones de dólares. Bukele tomó la cifra de los 37 mil millones de dólares de un estudio de su mentor Salvador Arias, un economista marxista y dirigente del FMLN, fallecido en 2018. Bueno, el maestro Arias fue más bien la caricatura de un economista marxista y estoy seguro que jamás le hubieran permitido disertar en la Fundación Heritage. Pues una de sus tesis más populares entre la izquierda salvadoreña sí disertó ante ustedes y nadie pidió a Bukele que justificara estas exorbitantes cifras.

También dejaron pasar, sin pregunta ninguna, cuando anunció que en sus 5 años en Casa Presidencial va a reducir a cero la cantidad de drogas que pasen por El Salvador con destino a Estados Unidos y la migración ilegal desde El Salvador a Estados Unidos. No dijo limitar el narcotráfico y la migración ilegal, dijo erradicarlos 100%. ¿Y ustedes aplaudieron porque están de acuerdo con Trump que narcotráfico y migración son los únicos asuntos que cuentan para la región centroamericana, o porque le creyeron a su invitado que puede llevarlos a cero?

Me extraña que en la Fundación Heritage un expositor puede decir estas tres cosas absurdas sin que ningún analista o investigador se levante para cuestionarlo.

La única manera de medio explicarme esta tolerancia al bullshit es esta: la derecha de Estados Unidos, luego de aguantar por 10 año el discurso antiimperialista de un gobierno salvadoreño que defendió los regímenes de Cuba, Venezuela y Nicaragua, abraza feliz a cualquiera hable mal de Maduro, Ortega y China Popular y le deja pasar cualquier barbaridad, con tal que diga que quiere ser amigo y hacer business con Estados Unidos.

Que el tipo tiene años de arremeter contra los medios de comunicación, ¿cómo va a irritar esto a quienes aceptaron tragarse las mismas actitudes de su propio presidente?

Saludos desde San Salvador,
( MAS! y EL DIARIO DE HOY)


jueves, 14 de marzo de 2019

Carta al nuevo Fiscal General: ¿Quién revisa los casos?

Estimado Raul Melara:
Cualquier fiscal que presenta un requerimiento ante un juez, lo hace en nombre del fiscal general. Cualquier fiscal que presenta una prueba y acusa a un ciudadano, lo hace en nombre de su jefe máximo. Siempre es usted, como titular, quien actúa a través de sus auxiliares. De cualquier acusación, justa o abusiva, usted es el responsable. (Disculpe que se lo diga, porque obviamente usted lo sabe – pero tal vez no todos los lectores de esta carta.)

Cada fiscal general tiene sus propios criterios y prioridades – y algunos, por ejemplo los dos últimos que tuvimos, sus obsesiones y mañas. Un fiscal general nuevo no puede personalmente revisar los expedientes de todos los casos en curso o pendientes, para evitar que no vengan contaminados por obsesiones o mañas de sus antecesores, y para asegurar que correspondan a sus propios criterios del Estado de Derecho, a sus exigencias en cuanto a solidez de pruebas y coherencia de argumentos jurídicos. No puede revisar y corregir todos los casos, pero sí puede y debe instalar una instancia para hacerlo.
Sabemos que Luis Martínez tuvo la maña de armar casos para extorsionar. Douglas Meléndez, su sucesor, no tuvo esta maña, pero sí una obsesión enfermiza con los casos mediáticos y populistas. Esto lo hizo cometer el error de sacar de la gaveta de Luis Martínez algunos de estos casos mal armados, sin revisarlos debidamente. Un ejemplo: Luis Martínez estaba obsesionado con con la tregua. Armó un caso novelesco contra el ministro de Defensa, acusándole de toda una conspiración alrededor de la tregua. Pero nunca presentó este caso, porque sabía que su teoría de conspiración no iba a resistir el escrutinio de una vista pública. Lo tuvo en su arsenal para presionar a Munguía Payes y para desacreditar mediática y moralmente la tregua y a los mediadores.

Douglas Meléndez, en vez de revisar exhaustivamente el expediente tregua, solo ordenó que quitaran a Munguía Payes de los imputados – pero sin cambiar toda la narrativa sobre la conspiración encabezada por el ministro. Resultado: el caso se cayó, por la falta de coherencia de su narrativa. En abril habrá que repetir esta vista pública, porque la cámara aceptó la apelación de la fiscalía contra la sentencia absolutoria. Pero me pregunto:

¿Usted mandó a revisar bien el requerimiento fiscal, los argumentos jurídicos, y todo el manejo de pruebas y testigos criteriados? ¿O va a mandar a sus fiscales con la misma teoría de conspiración?

¿Usted formó en su oficina un Grupo de Análisis que somete a revisión a todos los casos heredados de Luis Martínez y Douglas Meléndez? 

¿Se ha revisado de fondo el caso Infocentro contra Nicola Angelucci, que estaba en pleno desarrollo? Lo dudo, porque escuchamos los mismas alegatos que los fiscales han repetido durante años – y que la jueza presidente no los acepta.

¿Revisaron bien el caso de los cheques de Taiwán, antes de imputar a Juan Wright y Gerardo Balzaretti – o viene así como Luis Martínez armó el caso contra Paco Flores? Más bien parece así – y esto sí es preocupante.

Pero no solo urge revisar minuciosamente los casos emblemáticos, con imputados conocidos. Sobre todo hay que revisar los casos que involucran a criminales convertidos en testigos criteriados y los casos que tienen que ver con abusos policiales. No puede ser que sigan saliendo libres los policías responsables de ejecuciones. Por todo esto, su fiscalía necesita una instancia que revise los requerimientos fiscales y unifique criterios, compuesta por profesionales que no han sido parte de las fiscalías anteriores y sus mañas.

Quiero pensar que para esto se decidió cambiar de fiscal general. La mejor respuesta a esta carta sería que usted me dijera: No se preocupe, todo esto ya se está haciendo.

Saludos,


martes, 12 de marzo de 2019

Carta a los sabios: Tomen la reconciliación en sus manos

En 2016, cuando la Sala de lo Constitucional derogó la Ley de Amnistía, escribí en una columna titulada ‘Cállese, señor presidente’ los siguientes párrafos:
“Puede y debe haber una legislación que establezca una instancia temporal de justicia transicional que podrá satisfacer las demandas de verdad y reparación, pero sin necesidad de abrir mandar a nadie a la cárcel. Esta fue la reacción inmediata de las personas sensatas del país a la sentencia de la Sala. En esto coincidimos muchos, independientemente de si estábamos de acuerdo o no con la sentencia. Había que acatarla y había que buscar una forma de cumplirla y que en vez de hacerle daño al país haga más sólido su proceso de paz y reconciliación.”
“El presidente (y todos los demás ‘implicados’ de todos los bandos), por decencia y prudencia, tenían que apartarse de este debate. Si no, la posible solución sería inmediatamente percibida como un nuevo pacto de los protagonistas de la guerra de evadir su responsabilidad”.
Exactamente esta percepción se ha materializado ahora. Hoy existen dos propuestas de ley y ninguna tendrá capacidad de aportar a la reconciliación. Una propuesta es conocida como la Ley Rodolfo Parker, y uno solo tiene que ver la composición de la comisión legislativa que la elaboró para saber que no será aceptada por la sociedad. Son los protagonistas de la guerra (de ambos bandos), y todo el mundo percibe que están redactando una auto-amnistía. La segunda propuesta proviene de otro sector ‘interesado’: de organizaciones que dicen representar a las víctimas de crímenes de guerra. Aunque algunos lo quieran declarar ‘políticamente correcto’, ‘las víctimas’ tampoco son los llamados para diseñar esta legislación, por dos razones: son parte interesada y nadie puede hablar en nombre de todas las víctimas del conflicto.    

Decir que ambas propuestas no proceden de ninguna manera significa que todo lo que se propone en ellas sea malo. Significa que el método no funciona. Lo que hubieran tenido que hacer los poderes del Estado (Presidencia, Asamblea, Corte Suprema) es convocar una ‘Comisión de Sabios’ (compuesta por rectores de universidades, representantes de iglesias, penalistas, constitucionalistas y otras personalidades de prestigio moral e intelectual) para organizar debates, tanto públicos como académicos, y que de ellos surja una propuesta de Ley de Reconciliación que llene el vacío que dejó la derogación de la Amnistía de 1993.

Como no llevamos a cabo este debate, perdimos casi tres años sin cumplir con la sentencia de la Sala. Ojo: esta sentencia no solo derogó la ley del 1993, sino también ordenó consensuar una nueva.

Pero nunca es tarde. En vez de continuar una estéril discusión que se concentra en descalificar las propuestas existentes de Ley de Reconciliación, impulsemos la Comisión de Sabios y aportemos todos a su trabajo, con propuestas, críticas y criterios.

Saludos,


domingo, 10 de marzo de 2019

¿Historia oficial? Columna Transversal

En un noticiero internacional hice un descubrimiento sorprendente: En Polonia existe una “política oficial de historia”. El término que usaron en el noticiero –“Geschichtspolitik” en alemán- y su traducción al español suenan raro. ¿Cómo puede existir una política oficial del Estado (o gobierno) en cuanto a cómo entender y escribir la historia? Con otras palabras, ¿puede existir una “historia oficial”, administrada y reglamentada por una política oficial?

Parece que sí. La noticia era sobre un incidente en Polonia: El gobierno conservador-nacionalista de Polonia removió al historiador Papel Machcewicz de la dirección del Museo de la Segunda Guerra Mundial en Gdansk. El conflicto detrás de la noticia: Machcewicz inauguró el museo con una exposición sobre el Holocausto cometido por los alemanes contra los judíos polacos durante la ocupación nazi de Polonia – y en esta exposición también documenta el antisemitismo polaco. Esto, según el ministro de cultura, “no corresponde a la ‘política de historia’ del gobierno. Machcewicz tuvo que ir y el museo cerró sus puertas, hasta que adapte la exposición a la historia oficial…


Polonia no es el único país, donde el gobierno y el partido oficial quieren escribir una ‘historia oficial’, aunque creo que no hay muchos gobiernos tan descarados como para inventar el concepto de una ‘política de la historia’, que sirve para censurar exposiciones y otras expresiones culturales o académicas, y para justificar el despido de un director de museo u otros funcionarios académicos.

En otros lados, igual que en Polonia, en este mismo contexto, se habla de la ‘cultura de memoria’ – o de ‘la memoria histórica’, por ejemplo aquí en El Salvador. No hay nada mal de hablar de ‘cultura de memoria’ o ‘memoria histórica’, siempre cuando nadie trate de uniformar y reglamentarlos. La memoria, por definición es subjetiva y depende del punto de vista y la experiencia particular de los individuos y grupos. No puede haber una memoria única o una que reclame representar ‘la verdad’ – y mucho menos puede pasar esto por decreto, desde el estado o gobierno. La memoria o es diversa y plural, o es un constructo de engaño.

La historia parece un asunto más objetivo, no tan subjetivo que la memoria. Pero  tampoco existe ‘la historia’. Para acercarse a la verdad, siempre tienen que existir y estar en comunicación varias maneras de ver la historia. Y la única a la cual no hay que hacer caso es la que viene vestida de ‘historia oficial’.


Nosotros que vivimos en la posguerra (por más que algunos quieren reclamar que esté cerrado este capítulo), nos topamos con este problema todos los días. Por ejemplo en la actual discusión sobre la amnistía. Aparecen quienes hablan a nombre de ‘las víctimas’, pero es obvio que no representan a todas las víctimas. Obviamente en una guerra entre dos partes beligerantes, hay víctimas de ambos bandos y de civiles. Hay víctimas que sufrieron violencia de ambas partes, hay víctimas organizadas que reclaman justicia, hay víctimas que nunca se organizaron y no se sienten representados por nadie y para reclamar nada a nadie. Cada grupo de victimarios tiene sus ‘memorias’ y su historia, igual que cada grupo de víctimas. Hay que escucharlas todas.


La política oficial polaca puede escribir una historia oficial, en la cual el antisemitismo polaco no existe – pero siguen existiendo las víctimas de ataques racistas cometidos por compatriotas, no solo por la fuerza invasora nazi. Y si existen las víctimas, existe su memoria y su historia, tenga espacio en la historia oficial o no.


Igual aquí. Cuando se habla de ‘las víctimas’, uno piensa en los campesinos de El Mozote masacrados por el Atlacatl, o en los padres jesuitas, masacrados por el mismo batallón 8 años más tarde. Pero también existen los familiares de los campesinos de San Vicente, masacrados no por la Fuerza Armada sino por las FPL en su paranoica fiebre de erradicar ‘desviaciones ideológicas’. Y también existen las víctimas de secuestros y atentados de a guerrilla. Hay de todos: víctimas que no quieren amnistía para nadie, y víctimas que no quieren negarle amnistía a nadie. Las historias de todos ellos son parte de la memoria histórica.


Los diputados, al legislar para llenar el vacío legal y la incertidumbre que dejó la suspensión de la amnistía del 1993 por parte de la Sala, tiene que tomar en cuenta a toda la historia y escribir una ley de Reconciliación que haga justicia a todas las víctimas. Y a los que critican con tanto absolutismo el borrador existe para esta ley, les recomiendo que lo lean entero, o por lo menos el artículo 2, donde dice que en la amnistía quedan excluidos los crímenes de lesa humanidad y de gravedad.