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viernes, 10 de octubre de 2025

Carta a Donald Trump: Tranquilo, te dedicaron un pedazo de Nobel. De Paolo Luers

 

"Tal vez habrá paz en Gaza, pero guerra en Venezuela, gracias a usted, Donald Trump."


 
SIGUIENTE PAGINA, jueves 10 octubre 2025

Dear President: 

La verdad es que me vale quién se lleva el Premio Nobel de Paz. No me importaría si se lo hubieran dado a usted, con tal de que una sola vez use el inmenso poder que le da la presidencia de Estados Unidos para lograr algo bueno. Si usted logra imponer, con todo el peso de su poder, a Israel y Hamas que abran un camino hacia la paz entre israelíes y palestinos, yo le daría tres premios de Paz - a pesar de que usted es lo contrario a un hombre de paz. Es irónico que el hombre que divide a la sociedad de su propio país al punto de normalizar el odio y la violencia política, sea el único que haya logrado romper el círculo vicioso de la violencia entre palestinos e israelíes...

 

Teóricamente, el Premio Nobel de Paz no fue concebido para gobernantes, sino para personajes de la sociedad civil que se oponen a los poderosos para construir paz. Personajes como el periodista judío-alemán Carl von Ossietzky, a quien el premio fue otorgado en 1936, cuando estaba en un campo de concentración de Hitler, en el cual murió en 1938. Ossietzky fue un opositor valiente, que representaba lo mejor de la resistencia contra la dictadura. Para luchadores de paz como él, como Martin Luther King (premio 1964), como el disidente antiestalinista Andrei Sakharov (1975), y como Adolfo Pérez Esquivel (1980), defensor de derechos humanos bajo la dictadura argentina, fue concebido el Premio Nobel de Paz – y por supuesto para Nelson Mandela. Gestos poderosos para apoyar la sociedad civil cuando ofrece resistencia contra gobiernos dictatoriales y guerreristas.

 

En la práctica, no ha sido así. El Premio Nobel de Paz fue otorgado a líderes políticos y militares como Theodore Roosevelt (1906), Woodrow Wilson (1919), Austin Chamberlain (1925); el general estadounidense George Marshall (1953); Henry Kissinger (1973) junto al dirigente norvietnamita Le Duce Thor (quien como buen revolucionario rechazó un premio compartido con un gringo); el presidente de Egipto Anwar Al-Sadat junto con el israelita Menachem Begin (1978); el líder soviético Mijaíl Gorbachov (1990); el dirigente palestino Yasir Arafat, junto con los dirigentes israelíes Isaac Rabin y Shimon Peres; Jimmy Carter (2002), Barack Obama (2009), Juan Manuel Santos (2016). Figuras del poder, varios de ellos hombres de guerra antes de hacer la paz.

 

Pero parece que en el año 2025 el Comité Nobel Noruego quería retomar la tradición de premiar a luchadores contra las dictaduras y, por tanto, eligió a María Corina Machado, la indiscutible y auténtica líder de la oposición democrática. No cualquiera logra, en un país dictatorial, construir un movimiento plural. fuerte y unido. Obviamente es una persona más idónea que usted que hizo todo lo que está en su poder para agenciarse este premio. Lo irónico fue que Machado dedicara el premio no solo al pueblo venezolano sino también “al presidente Trump por su decisivo apoyo”. Detrás de esta ironía está el hecho de que Machado tiene años de haberse aliado con usted, pensando que en última instancia habría que remover al dictador Nicolás Maduro con una intervención militar gringa. Y ahí está “el decisivo apoyo”: la marina de guerra gringa frente a las costas venezolanas, aniquilando, con todo y tripulación, embarcaciones presuntamente del narcotráfico saliendo de puertos venezolanos.

 

Machado dio su beneplácito a estas acciones militares de Estados Unidos frente a las costas venezolanas - y de un solo a una potencial intervención militar para remover a Maduro. No es precisamente una carta de recomendación para un Premio Nobel de Paz.

 

Aunque la Casa Blanca está protestando contra la decisión de los noruegos de negarle a su jefe el tan ansiado Premio Nobel de Paz, usted de repente podrá decir que por lo menos recibió un pedazo del premio - y que el Comité Noruego ha aprobado sus intenciones intervencionistas contra Venezuela.

 

Tal vez habrá paz en Gaza, pero guerra en Venezuela, gracias a usted, Donald Trump.

 

Saludos, 

* * *


 


Ya salió publicada Buscando a Lulú, mi primera novela. Trata de política corrupta y crimen organizado en Centroamérica - y del poder de la amistad.

 
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miércoles, 25 de septiembre de 2024

Columna Transversal: La libertad no es lo que piensan que es. De Paolo Luers

 

La libertad es un trabajo nacional. Se necesita una nación cooperativa para crear individuos libres. Esa cooperación se llama gobierno." Timothy Snyder 

      Publicado EL DIARIO DE HOY, jueves 26 septiembre 2024

Robé este título al catedrático de historia de la Universidad Yale, Timothy Snyder. Bajo este título, Snyder publicó un ensayo en The York Times, en el cual cuenta como en su viaje a la zona de guerra en el Oriente de Ucrania encontró a una mujer de 86 años, llamada Mariia. Snyder le preguntó cómo vivió la liberación de su pueblo luego de meses de ocupación rusa, y notó con sorpresa que Mariia “usó la palabra ‘desocupación, en lugar de la esperada ‘liberación’.” Ambos, el historiador y la ucraniana, coincidieron que la libertad es otra cosa que la ausencia de tropas invasoras.

Hablamos mucho de ‘la libertad’, pero poco nos detenemos para preguntarnos qué es. 

Los libertarios, cuando hablan de la libertad, hablan de la libertad del gobierno. Para ellos, el gobierno es el enemigo de la libertad. Los liberales sociales hablan de la libertad individual, sexual, de una vida libre de discriminaciones. Los seguidores del liberalismo económico hablan de la libertad de producir, comerciar, acumular riquezas y pasarlas libremente a sus hijos. Las izquierdas hablan de una sociedad libre de opresión, de desigualdad, de explotación, y de marginación. Las feministas hablan del ideal de ser libres del patriarcado. 

Y cuando hablamos de la geopolítica, todos hablamos de pueblos que luchan por su libertad. Ucrania contra la agresión rusa. Los palestinos contra la ocupación israelí. Los israelíes contra la agresión terrorista. Hablamos de la lucha entre libertad y tiranía en Venezuela, en China, en Nicaragua, en Cuba – y crecientemente en El Salvador.

Coincido con Timothy Snyder, quien no está satisfecho con todas estas definiciones de libertad: “La libertad no es solo la ausencia del mal. La libertad es la presencia del bien. Es el valor de los valores, la condición en la que elegimos y combinamos las cosas buenas, trayéndolas al mundo y dejando nuestra propia huella única. Es positiva.”

Pero, ¿qué puede significar la ‘libertad positiva’? Hay una pista en el ensayo del historiador Snyder: “En las ruinas de los suburbios de Járkov recientemente, y en los escombros de la región de Jersón el año pasado, me acordé de una enfermera que llegó a un campo de concentración nazi en 1945 tras la ‘liberación’. Escribió en su diario que esa no era la palabra correcta. Pensaba que los prisioneros no podían considerarse libres hasta que se hubieran recuperado y se hubiera abordado su trauma.”Siguiendo esta pista, podríamos llegar a una conclusión: No hay que preguntarse solamente de qué queremos ser libres, de qué tipo de opresiones, persecuciones, imposiciones, abusos del poder. Necesitamos saber para qué queremos ser libres.

Esta no es una pregunta nueva. Se la hizo en el Siglo 4 San Agustín; Para él, la libertad no era simplemente actuar sin restricciones, sino la capacidad de elegir entre el bien y el mal. Para él, la verdadera libertad sólo se podía alcanzar a través de la virtud y la moralidad, y que la búsqueda de la verdad y el conocimiento eran fundamentales para ello.

Este planteamiento del primer filósofo cristiano está casi olvidado, pero necesario a recuperar en el tiempo del surgimiento de movimientos libertarios que son lesivos para la coherencia social. No tiene nada que ver con el concepto de libertad que hoy pregonan los libertarios y personajes como Donald Trump, Elon Musk, Javier Milei y Nayib Bukele. 

Timothy Snyder no cita a San Agustín, pero retoma la dirección de su pensamiento: “La libertad tiene cinco formas, conectando la filosofía con la política. La primera, la soberanía, significa la capacidad de los niños para entenderse a sí mismos y al mundo. Pensamos en los estados como soberanos, pero una política que comience con la libertad requiere un gobierno que ayude a hacer que las personas lo sean. La segunda, la imprevisibilidad, nos hace indisciplinados y vivaces. La tercera, la movilidad, es la multiplicidad de caminos a través del espacio y el tiempo que se abren ante nosotros. La cuarta, la facticidad, es el conocimiento del mundo que nos permite cambiarlo. Y la quinta, la solidaridad, es el reconocimiento de que la libertad debe ser para todos nosotros.”

¿Cuáles son las conclusiones prácticas que se derivan de esta teoría? O como dice Snyder: “¿cómo pasamos de lo negativo a lo positivo?”

Su primer intento de respuesta concreta es la siguiente: La libertad es un trabajo nacional. Se necesita una nación cooperativa para crear individuos libres. Esa cooperación se llama gobierno. Y la libertad es un trabajo generacional. Para que los niños crezcan libres, las instituciones y políticas necesarias deben estar ya en su lugar. Los bebés no pueden crear las condiciones de su propia crianza. Ningún joven puede construir las carreteras y universidades necesarias para el sueño americano. Siempre tenemos que estar mirando hacia adelante. Es esta perspectiva, este sentido de un futuro mejor habilitado por decisiones presentes, lo que hace una tierra de los libres.”

Su resumen: “Si entendemos correctamente la libertad, si extraemos las lecciones correctas de situaciones extremas, podemos conectar la libertad con el gobierno.”

Coincido plenamente con este enfoque. Es la antítesis de la moda libertaria que contrapone libertad con gobierno, con un Estado que interviene en el orden social para crear las condiciones pare que todos puedan gozar de libertad. No es destruyendo las instituciones del Estado que vamos a ser libres, sino luchando por un gobierno que construya y preserve las condiciones para que todos podamos ser libres. 




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miércoles, 12 de abril de 2023

Carta a quienes no leen las noticias de economía: Más les vale poner atención. De Paolo Luers

 

"La pregunto del millón: ¿Si el gobierno de Bukele en tres años ha aumentado el presupuesto nacional, o sea el gasto público, por un total de $2,476.7, y cuando ha tomado prestado $5,224 millones más, porqué esto no se ha reflejado en menos pobreza de la gente y más crecimiento de la economía salvadoreña?"

EL AUDIO: POBREZA.mp3

Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, jueves 13 abril 2023

Estimados amigos:


Entiendo que da hueva leer las noticias y análisis económicos, con este montón de números y porcentajes – sobre todo cuando, además, son malas noticias. Pero no poner atención a los problemas económicos -y en consecuencia sociales- del país, no los hace desaparecer.


Para no aburrir a nadie, aquí, unos pocos datos que sí es importante conocer.


·      La pobreza subió de un 24.6% de la cantidad total de hogares en 2021 a un 26.6% en 2022. Personas afectadas: 1.7 millones.

Pobreza extrema 8.6%. Personas afectadas: 544 mil

·      El 84.6% de los trabajadores gana menos de $391, el 54% menos de $328.

·      Según el dato más reciente del BCR, o sea datos oficiales, la canasta básica para una familia de 4 personas subió a $250 en el área urbano y está arriba de los $187 en el área rural. 

·      El Banco Mundial señala que el país necesitará ayuda alimentaria en agosto del 2023.

·      El crecimiento en ultimo trimestre del 2022 sólo aumentó en 1.3% - con respecto al 2021, que fue el año de la pandemia.

·      El presupuesto nacional:
2020: $6,426 millones 
2021: 
$7,453 millones, aumento de $1,027 millones

2022: $7,967.7 millones, aumento de $514 millones.

2023:  $8,902.7 millones, aumento de $935 millones

·      Deuda de El Salvador:

2019: $18,878.6 millones
2022: $24,102.7 millones 


No voy a poner más números, para no dar dolor de cabeza a nadie. Pero estos pocos son suficientes para ver que el país está mal – y que va de mal en peor.


La pregunto del millón: ¿Si el gobierno de Bukele en tres años ha aumentado el presupuesto nacional, o sea el gasto público, por un total de $2,476.7, y cuando ha tomado prestado $5,224 millones más, porqué esto no se ha reflejado en menos pobreza de la gente y más crecimiento de la economía salvadoreña?


La relación entre gasto público del Estado y desarrollo económico y social es complicada, pero hay una respuesta simple a este pregunta: Bajo el gobierno de Bukele, el gasto público y el endeudamiento no se hacen en función del crecimiento económico y de la lucha contra la pobreza, sino obedecen a otros intereses. El aumento grande en la planilla del gobierno, las inversiones en los mega proyectos que tanto le gustan a Bukele, están en función de función de su plan der concentrar el poder; en función de su aparato propagandístico – y ciertamente en función de la corrupción. 


El resultado, en resumen: un país más endeudado, pero más pobre. Piénsenlo, y de vez en cuando lean las noticias sobre economía, crisis fiscal y pobreza.


Saludo, 





 

 

lunes, 14 de marzo de 2022

Carta sobre el transporte público: El desmadre de siempre. De Paolo Luers


Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, martes 15 marzo 2022

Estimados lectores:

Esta carta no sé a quiénes dirigirla. ¿Al presidente, quien ordenó la expropiación de unos 300 buses, sin ninguna ley que lo respalde? No tiene sentido, nunca escucha, nunca reflexiona, nunca recapacita. ¿A los millones de usuarios? Tal vez, aunque sé que están hartos de gente hablando de la crisis de transporte sin que nadie se preocupe por resolverla. ¿A los buseros? Supongo que algunas cosas que voy a decir les gustarán, pero por otras se van a encachimbar…

No voy a hablar de las falencias jurídicas que está cometiendo el gobierno. Enfrenta problemas administrativos que no sabe cómo resolver con represión: la captura ilegal del empresario de transporte Catalino Miranda; la confiscación de buses; la militarización del transporte público. Estas aberraciones ya han sido ampliamente señaladas por expertos en materia de legalidad e ilegalidad.

Pero este nuevo exabrupto del presidente tiene un trasfondo político. Él ha decidido, una vez más, no enfrentar la crisis social con un plan de austeridad de su gobierno, sino sólo con algunas medidas paliativas. Por más que este presidente improvise y tome decisiones con el hígado, sabe que esto puede erosionar su amplio apoyo popular y meterlo en problemas de convulsión social – incluso de una oposición popular a su régimen. Por tanto, tiene que hacer algo para evitarlo…

Demonizar a los transportistas es casi un deporte nacional. El sistema de transporte público es obsoleto, deficiente y abusivo. Los motoristas están mal pagados, mal entrenados, mal supervisados y no sorprende que algunos traten mal a los usuarios y manejen como cafres. Con todo esto, no hay grupo social más odiado en El Salvador que los trabajadores y empresarios del transporte. Me atrevo a decir que la mayoría es gente decente, que trata de sobrevivir, pero algunos son pícaros o incluso mafiosos. Pero, ¿tienen ellos la culpa de que nuestro país no tenga un sistema moderno, eficiente y ecológicamente sostenible de transporte público? No. Los empresarios son parte del problema, pero los únicos que lo pueden resolver son los gobiernos. Sin una política pública coherente y la disposición de invertir en ella, nunca habrá solución.

Para el gobierno siempre tiene rédito político culpar a los transportistas de una crisis permanente que no está interesado en resolver. Todos los gobiernos -de ARENA, del Frente, y ahora de Bukele- han armado pleitos con los empresarios de transporte, aprovechando el hartazgo de la gente con el mal servicio que reciben, pero sin ofrecer nunca soluciones. En todos los casos, al rato se pusieron de acuerdo con los transportistas, básicamente para que todo siga igual, incluyendo la corrupción, en la cual son socios los empresarios y los funcionarios. Y no es diferente ahora…

Así, nunca vamos a salir del desmadre que es el transporte público. Así, siempre los usuarios van a sufrir de un servicio deficiente. Así, el transporte público siempre va a ser el monstruo que amenaza el medio ambiente y la sostenibilidad de nuestras ciudades, cuando en otros lados ya lo han convertido en la solución, haciendo más vivibles las ciudades y reduciendo el tráfico de vehículos.

Lo que más ha obstaculizado cualquier solución del problema de transporte masivo es el manejo populista que le dan los gobiernos. Lo que ahora está pasando, con el nuevo desmadre que el gobierno está armando con su improvisación, su arrogancia y su desprecio a los debidos procesos administrativos y jurídicos, es la mejor muestra de que este régimen representa lo peor de los mismo de siempre: incapacidad, demagogia, represión. Peor que antes, porque hoy de paso se llevan de encuentro el Estado de derecho.

El Estado necesita una política coherente y audaz de transporte público, y en ella serán indispensables los empresarios, los gobiernos locales, y un gobierno central capaz y dispuesto de concertar. El gobierno solo no puede resolver el problema, la muestra de esta verdad la tenemos hoy a la vista en las calles de nuestra ciudad.

Mientras no superemos el populismo, no saldremos de esta crisis.

Saludos, Paolo Luers



viernes, 11 de junio de 2021

Carta a los amantes de series: El hippie bolo contra los poderosos. De Paolo Luers


Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, sábado 12 junio 2021

Estimados amigos:
Para quienes amamos las tramas clásicas de Hollywood --el bueno contra el malo; el pequeño contra el grande; y el outsider contra los conformistas--, aquí hay una variación simpática que reúne los tres temas, y no es casualidad que se llame “Goliath”. Estas historias se hicieron populares en los cines western, pero han trascendido este género. Y un género donde ha creado muchas películas magistrales es el cine que cuenta historias de crimen, muchas de ellas en Los Angeles.


Lo que cuenta “Goliath” no son historias policíacas. Su héroe que lucha contra los males y poderosos no es un policía, sino un abogado. Se llama Billy McBride. Pero no es el abogado típico en traje elegante, sino un genio, que una vez fue abogado estrella, pero hoy es un misfit (inadaptado, marginado) y bolo, que vive en un hotel de tercera, cerca de la playa de Venice, la hermana hippie de las playas de los ricos y famosos en Santa Monica y Malibú. 


Billy McBride es protagonizado por el genial cantante, escritor y actor Billy Bob Thornton – solo por ver su actuación vale la pena ver los 24 episodios de “Goliath”. Billy es Billy, así de simple. Sólo toma casos perdidos, y sólo cuando alguien encuentra la forma de convencerlo. Y cuando toma un caso, continúa escarbando, jodiendo, insistiendo - hasta que los adversarios, los goliath poderosos y corruptos, pierdan los estribos y cometen errores.


Billy Bob Thornton y Nina Arianda


Al fin gana sus casos. Pero, más que un héroe, Billy es un anti-héroe. Es lejos de perfecto. Agarra zumba, se deja caer en depresiones. Pero, siempre se levanta. O lo levantan sus amigos, con los cuales se rodea: marginados como él. Mejor ejemplo: la bella Tania Raymonde como Brittany Gold, una prostituta que hace las veces de asistente legal y confidente de Billy. Los débiles y marginados uniendose contra los poderosos y corruptos. Suena panfletario, pero en “Goliath” no lo es, por el humor, el sarcasmo que nunca raya con cinismo. Por los excelentes diálogos, que tienen una gran virtud: dejan espacio para momentos de silencio donde nadie habla. Y por Billy Bob Thornton, su sonrisa de sabio, su capacidad de personificar a un hombre que lucha contra sus demonios... 


Tania Raymonde 

Una serie muy americana, muy de Los Angeles, muy de Venice. Tan cerca de Hollywood y tan fuera del montón. Recomiendo a todos disfrutar de esta serie. Está en Amazon Prime.


También recomiendo dos series, pero que sólo voy a mencionar de paso: “Secret City”, una historia situada en el mundo de la inteligencia australiana y sus operaciones secretas. 

“Rebellion”, una serie que narra el nacimiento del rebelde Ejército Republicano de Irlanda sin fanatismo y sectarismo, de manera muy humana. Ambos en Netflix.

Disfruten,





sábado, 27 de junio de 2020

Columna Transversal: El fracaso de la política sanitaria. De Paolo Luers


Publicado en EL DIARIO DE HOY, domingo 28 junio 2020

Un lector me mandó una crítica valiosa: “Si solo escribís sobre que lo que el gobierno está haciendo contra la epidemia no es constitucional, no vas a convencer a muchos. A la gente le interesa si las políticas sanitarias son eficientes, si funcionan o fallan. Escriban sobre esto”.

Tiene mucha razón. Aunque sí es importante señalar que las políticas sanitarias del gobierno Bukele violan la Constitución y los derechos humanos, no es esta la preocupación principal de la gente. Los ciudadanos están preocupados —y muchos incluso aterrorizados— por dos cosas: por la amenazas del virus y, por lo tanto, exigen que el gobierno tome las medidas sanitarias correctas y eficientes, pero igualmente están preocupados de cómo alimentar su familia, y, por lo tanto,  exigen que paralelamente a las medidas sanitarias necesarias haya medidas de reactivación económica.

El mal diseño y el fracaso de la respuesta del gobierno a la epidemia se dejan ejemplificar con el proyecto del hospital en la Feria Internacional. El proyecto nació en el momento correcto y con el enfoque correcto: nuestro sistema hospitalario no está en condiciones de atender a los enfermos críticos (unos 20% de los infectados), una vez que el contagio sea masivo. Por lo tanto, hay que hacer dos cosas al mismo tiempo: ganar tiempo con el cierre de fronteras y de las actividades económicas no esenciales, y con la cuarentena domiciliar; y al mismo tiempo, dar prioridad absoluta de crear las condiciones para poder atender a los enfermos críticos del COVID19, ya en la fase del contagio masivo, sin que todo el sistema hospitalario colapse y se contamine.

La conclusión lógica: el eje principal y prioritario de la política sanitaria tenía que ser crear hospitales especiales para atender la epidemia. Y como esto tenía que pasar muy rápido (en un máximo de 2 meses, para estar lista cuando la epidemia se vuelva masiva), había que concentrarse en instalaciones temporales, no en hospitales permanentes. Así nació el concepto de agarrar los pabellones de la Feria e instalar un hospital temporal, exclusivamente para responder a la epidemia.

El problema trágico es que en el camino este proyecto se transformó —y con consecuencias fatales para cientos de enfermos y para todo el sistema de hospitales públicos y del Seguro Social. De repente, el eje rector ya no era la necesidad de tener, lo más tarde en abril/mayo listo un hospital de emergencia capaz de absorber los casos graves de COVID19, sino se impuso otro eje rector prioritario: la megalomanía de Nayib Bukele, quien empezó a hablar del “hospital más grande de América Latina”, con tecnología del Primer Mundo. Para sorpresa de todos, en vez de usar todos los fondos disponibles para avanzar rápido en los pabellones, comenzaron a escarbar en el parqueo en frente de la Feria para construir ahí un hospital de tres pisos. Y de repente, como el mago sacando palomas del sombrero, Bukele nos presentó el Hospital El Salvador, ya no como hospital de emergencia, sino como su sueño hecho realidad de heredar al país un hospital general e integral que en el futuro ocuparía todos los edificios y terrenos de la Feria.

Persiguiendo esta ambición, desencadenando una decisión improvisada tras otra, dispersando la inversión en varias construcciones al mismo tiempo, todo el proyecto se retrasó. Las primeras 400 camas se inauguraron hace una semana, pero a la fecha solo han podido recibir y atender una decena de pacientes. Sin embargo, a estas alturas ya necesitábamos urgentemente unos 300 cupos de UCI y otras 700 camas. El sentido original  (y correcto) del proyecto CIFCO no era tener el “hospital más cool de América Latina”, sino poder descongestionar y descontaminar a los hospitales generales del país, que ya no pueden dar atención a los enfermos graves de otras enfermedades, y que se han convertido en focos de contagio. El Rosales y los hospitales del Seguro Social jamás deberían haberse convertido en centros de atención del COVID. Para esto teníamos que tener listos los hospitales de emergencia, plenamente equipados pero temporales. No tener estos hospitales listos luego de tres meses de cuarentena que hizo más lenta la propagación de la epidemia, es el principal pecado de la política sanitaria del gobierno.

El otro es querer resolver todo con cuarentenas interminables. Lo que desde hace ratos necesitamos no son cuarentenas generales que encierran a todos y causan pérdidas económicas innecesarias, sino cuarentenas focalizadas, regionales, locales o sectoriales. Pero para implementarlas eficientemente, se requiere de un enfoque científico sólido, basado en el uso inteligente de los tests de COVID. Pero el gobierno no ha creado las bases para una política sanitaria basada en inteligencia y ciencia. Las estadísticas oficiales no son transparentes y no reflejan la realidad y complejidad de la epidemia. No arrojan la información necesaria para pasar a una fase inteligente de la intervención sanitaria.

La conclusión: la política sanitaria del gobierno Bukele está contaminada por mala conducción, por ambiciones personales de un presidente megalómano y por falta de inteligencia sanitaria. El alto grado de contagio actual y la incapacidad del sistema de salud de atenderlo no es culpa de una población indisciplinada que requiere más cuarentena obligatoria y medidas de coerción, sino de un gobierno incapaz que no supo definir correctamente las prioridades para poder enfrentar la epidemia.