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lunes, 30 de septiembre de 2019

¿En serio creen que fue un gran discurso? De Salvador Samayoa


Publicado en EL DIARIO DE HOY, 30 septiembre 2019


Los que más aplauden al presidente, sobre todo los que están más cerca y tienen responsabilidades de gobierno, en vez de adularlo debieran aconsejarlo y hasta hacerle alguna crítica cuando corresponda, aunque se moleste, porque no es un semidiós al que los mortales no deben contrariar, sino un político muy joven que puede todavía tomar el camino de crecer como estadista o el de disolverse en su propia banalidad; un líder que todavía debe decidir si quiere representar a su país con cierta altura o entregarse a las veleidades de una celebridad un tanto narcisista e insustancial.
El discurso que pronunció en la sede de Naciones Unidas ha sido aclamado por sus admiradores. Haría falta ser sordo para no escuchar los aplausos que ha recibido una y otra vez. También se han escuchado algunas críticas, casi todas hechas con gran cuidado, como tocándolo pero muy suavemente, con pinzas o con guantes de seda, como con temor a mostrarse en minoría ante los miles de fervientes seguidores del profeta o ante los miles de “likes” y “retuits” orquestados por su costoso aparato de publicidad, como con temor a sufrir un ataque masivo —un linchamiento cibernético— de los ejércitos de troles y de las hordas de fanáticos que no pueden razonar, que solo saben insultar.
En mi opinión, al contrario, el discurso no fue digno de un presidente de gobierno o un jefe de Estado con alguna proyección en el concierto mundial. A partir de este juicio, la única forma que encuentro de mostrar respeto a su investidura y reconocimiento a su inteligencia y a su capacidad personal es plantear sin rodeos que lo puede hacer mucho mejor, por el buen nombre de nuestro país y por su propio prestigio internacional.
Realmente es difícil entender a quién quería impresionar nuestro presidente explicando en el máximo foro de las naciones del mundo, como quien ha descubierto algo hasta ahora desconocido, que las redes sociales han cambiado las comunicaciones y la forma de hacer política y que son ahora muy importantes para ganar elecciones, como quedó demostrado por la forma en que él derrotó en El Salvador a los partidos tradicionales. ¿En serio cree que esa fue una hazaña digna de mención en un foro internacional como el de Naciones Unidas?
¿Qué pueden haber pensado los “americanos”, que sí rompieron el molde de las campañas electorales hace once años en la primera victoria de Obama y más recientemente en la de su amigo Donald Trump? Qué pueden haber pensado los brasileños o los mexicanos, que vivieron antes que El Salvador el uso brutal de las redes sociales en las victorias de Bolsonaro y de López Obrador?
¿Qué puede haber pensado la delegación de Túnez, país en el que una gran convocatoria de redes sociales abrió las jornadas insurreccionales que derrocaron a Ben Alí y detonaron la explosión de la “Primavera Árabe” en enero de 2010?
¿Que habrá pensado la delegación de Egipto, país en el que los estudiantes y sus redes sociales fueron decisivos para el derrocamiento de Hosni Mubarak, que llevaba 30 años en el poder? ¿O la delegación de Libia, o la de Siria o la de Yemen que también derrocaron a sus dictadores en África y en Asia, o la de cualquier país de Europa Occidental? ¿Por qué nos estará explicando este señor que las redes sociales han cambiado la forma de hacer política, si es algo que ya hemos experimentado hasta la saciedad? ¿Por qué pensará el presidente de El Salvador que hablar de “Facebook” y “Twitter” es novedoso y “disruptivo”? ¿Qué clase de provincianismo es ese, carente por completo de sensibilidad y de roce internacional?
La segunda “idea”, de un discurso que solo tuvo dos, fue el señalamiento a la Asamblea General de Naciones Unidas por tener, a juicio de nuestro presidente, un formato obsoleto. En este orden llegó a decir, palabras de más o de menos, que los discursos no los escucha nadie, que su “selfie” tendría muchas más vistas que oyentes su discurso (en eso acertó, porque muy poca gente lo escuchó) y que no debiera hacer falta viajar y gastar tanto dinero para ir a Nueva York.
Aparte de la flagrante incoherencia, porque si eso piensa no debió ir y no debió gastar tanto dinero en viajar, lo cierto es que esas afirmaciones proyectaron una imagen —tal vez injusta, pero merecida— del presidente de El Salvador como alguien que cree que la Asamblea General no es más que una jornada de discursos pronunciados en un gran salón.
La realidad, sin embargo, es que los discursos definidos como “debate general” constituyen una sola actividad, la que da inicio cada año a un nuevo período de sesiones de la Asamblea General.
La Asamblea General incluye este año una cumbre sobre la acción climática, una reunión de alto nivel sobre la cobertura sanitaria universal, un diálogo de alto nivel sobre la financiación para el desarrollo y una reunión para promover la eliminación total de las armas nucleares, para solo citar algunas de las actividades que obviamente no podrían realizarse comunicándose por Twitter, por Facebook, por Skype o por FaceTtime.
La Asamblea General incluye en su estructura orgánica decenas de comisiones, como la Comisión de Naciones Unidas para Palestina (que debiera interesar a nuestro presidente), la Comisión para el Derecho Mercantil Internacional y comités especiales como el de Operaciones de Mantenimiento de la Paz.
La Asamblea produce y divulga anualmente resoluciones e informes del Secretario General de gran importancia y actualidad para lidiar con situaciones y conflictos a nivel internacional. Esos pronunciamientos reflejan consensos y exigen patrocinios de países y mucha negociación multilateral. De esas resoluciones tuvimos muchas en el proceso de paz de El Salvador.
No dudo de que el presidente Bukele conoce al menos algunas de estas cosas, pero su discurso, por una parte lo proyectó como un gobernante que las ignora, y por otra parte lo privó de pronunciarse sobre temas realmente importantes para regiones particulares y para toda la humanidad.
Vuelvo entonces a mi planteamiento inicial: el presidente debe decidir si quiere seguir en la línea de buscar el aplauso fácil de cortesanos y aduladores que no piensan, o quiere proyectarse como estadista y construir un legado para la posteridad.

viernes, 6 de septiembre de 2019

Minority Report. De Salvador Samayoa


Publicado en EL DIARIO DE HOY, 6 septiembre 2019

A punto de cumplirse los primeros 100 días del gobierno de Nayib Bukele, parece que una mayoría muy amplia de salvadoreños le dará cifras bien altas de popularidad y aprobación. Este será un dato duro, que muy pocos se atreverán a ensombrecer o disminuir, pero será también un dato interpretable, que debemos analizar sin temor a disentir.
En tiempos de bonanza o de crisis nacional, la buena imagen de un presidente está determinada por logros de gran importancia económica, política o social, por hacer la paz en tiempos de guerra, por sacar a la economía de una devastadora recesión, por reconstruir el país después de un desastre natural, por restaurar las libertades públicas pisoteadas por un régimen de opresión. Pero en la más plana normalidad, la buena o mala imagen de un presidente, o su aprobación en general, no es sinónimo de buen o mal gobierno, ni es un juicio ético o de legitimidad.
Es algo diferente, más básico, más espontáneo, más emocional. La gente se identifica con un líder político, lo apoya y lo aprueba cuando cree que el líder conoce su estado de ánimo, su manera de pensar, sus esperanzas y frustraciones, sus problemas y aspiraciones, su lenguaje y sus reacciones, tanto en lo trivial y cotidiano como en las más complejas situaciones. En ese sentido, la imagen del líder es resultado de su dominio de los resortes emocionales, de su magnetismo personal y de su fuerza comunicacional más que de su capacidad o de su desempeño real, aunque debe hacer, por supuesto, algunas obras y dar algunos beneficios tangibles a la sociedad.
La opinión pública es sin duda un fenómeno más subjetivo que racional. El costo de la vida, por ejemplo, es un conjunto de precios de productos de consumo popular. Se puede saber si ha subido o bajado la gasolina o el pan. Si hay inflación la gente va a protestar, pero si no pasa nada, igual va a opinar. Sabemos que en El Salvador no ha bajado el índice de precios al consumidor, pero en una encuesta reciente la cantidad de personas que en mayo consideraban mala o muy mala la situación del costo de la vida se redujo de 79% a 63%. Eso no tiene un sustento racional. Es una sensación. Uno no le pide al que viene de comulgar que explique las razones de su gozo espiritual. En ese momento siente que Dios está con él y que todo va a estar bien.
La gente cree lo que quiere creer. A veces acierta y a veces no. Hace diez años creyó que el nuevo presidente sería el adalid de los pobres, el salvador de la patria, el restaurador de la decencia. Y así nos fue. Ahora nuestro joven presidente le ha devuelto el buen ánimo y la esperanza al conglomerado nacional.
Qué bueno entonces que haya ahora un estado de ánimo tan positivo en la gente y en el sector empresarial. Y qué bueno que el 61% de los encuestados, según LPG Datos, “aprueba mucho” al presidente. Seguro lo va a celebrar, pero no estará en esa mayoría fácil su mayor potencial. Tendrá que escuchar al 39% restante, a la minoría que aprueba algunas cosas pero desaprueba muchas otras.
En esa minoría me incluyo. En la que desaprueba que al día siguiente de asumir el poder, el 2 de junio, en su primera disposición gubernamental, como parte de las reformas al Reglamento Interno del Órgano Ejecutivo, el presidente “devolviera a las sombras” el presupuesto del OIE, reproduciendo así el mismo mecanismo que utilizaron Saca y Funes para esconder y desviar grandes cantidades de fondos del Estado.
Me incluyo en la minoría que no le deja pasar sin comentarios el incumplimiento hasta la fecha de su reiterada promesa de suprimir la partida secreta de la Presidencia y acabar con la falta de transparencia.
Soy parte de la minoría que aplaude la reducción de homicidios y le reconoce al presidente su mayor virtud de ponerse realmente al frente de la seguridad pública, pero por pura lógica duda que los números a la baja se deban al plan de control territorial, porque si así fuera, tendríamos 16 o 22 municipios con bajas sensibles y el resto del territorio con la misma actividad delincuencial. Más sentido entonces tiene pensar en una decisión de las pandillas de carácter unilateral, o en un entendimiento o pacto que no quisiéramos ni imaginar. Rechazo también la militarización de la seguridad. No me gustó antes y no me gusta hoy. Es más de lo mismo, y más allá del discurso maravilloso de un comisionado presidencial, no se han visto hasta la fecha planes concretos de obras comunitarias que resalten el componente social.
Soy parte de la minoría decepcionada por el nuevo gabinete. Pocos perfiles sobresalientes y muchos amigos del presidente. En varios nombramientos no se ven los méritos, la formación o la experiencia profesional que hacen a un funcionario competente o eficaz. En entidades como CEL y MOP, que manejan cientos de millones de dólares, la falta de idoneidad puede ser hasta sospechosa y afectar algo más que la eficacia gubernamental.
En otro orden, me incluyo en la minoría que ve con buenos ojos el cambio en las relaciones con Estados Unidos. En ese giro Nayib representa sin duda el sentimiento de la población y el interés general de la nación, pero no podemos ignorar que hasta la fecha nuestra gente sigue siendo tratada con la misma dureza o tal vez peor, y tampoco podemos hacer cuentas alegres con los montos esperados de cooperación y de inversión.
Sobre los despidos mediáticos de las primeras semanas, que aumentaron la popularidad del presidente, respaldamos el desmontaje del nepotismo, pero nos mantenemos en la minoría que no se deslumbra con fuegos artificiales. Creeremos más cuando impulsen la ley de la función pública para que los familiares y amigos de los presidentes no entren sin méritos al Gobierno. De igual manera, creeremos más en la lucha contra la corrupción cuando la persecución a los otros no sea cortina de humo para proteger a los propios.
En la película de Steven Spielberg Minority Report, ambientada en Washington DC, hay una fuerza de Policía denominada “precrimen”, que usa las visiones de futuro de tres mutantes para acusar a los que van a cometer un crimen antes de que lo cometan. Algunos en nuestro país piensan que Bukele cometerá en los próximos años un crimen mayor contra la democracia.
Tal vez sea esta una preocupación excesiva, pero no le haría mal al presidente moderar sus pulsiones autocráticas y desmontar los escuadrones de linchamiento cibernético a sus críticos, porque esa forma de intolerancia es antidemocrática… y es la mancha más fea de una presidencia brillante.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Tres semanas dramáticas que marcaron el viraje de la guerra a la paz

Lo que El Diario de Hoy publica en estas dos entregas, son partes textuales del libro ‘El Salvador, la reforma pactada’, publicado en el año 2002 por Salvador Samayoa, uno de los principales negociadores de los Acuerdos de Paz por parte de la insurgencia salvadoreña. La parte del libro que seleccionamos, sin quitar ni agregar nada al texto original, un protagonista clave de esta historia narra como, en solo tres semanas el conflicto pasa por sus momentos más crudos y peligrosos hacia la apertura de una grieta, en la cual ambas partes -y las potencias mundiales- detectaron que era posible una solución pacífica. El capítulo de reproducimos narra como la ofensiva lleva la guerra al corazón del poder; la crisis internacional a raíz de tres hechos culminantes de la guerra: el asesinato de los jesuitas, los misiles SAM7 en poder de la guerrilla, y toma del Sheraton, que llevó la guerrilla al borde de un enfrentamiento directo con fuerzas militares de Estados Unidos. El capítulo termina con la cumbre de Malta, donde Estados Unidos y la Unión Soviética al fin asumen su responsabilidad como potencias y deciden facilitar una solución negociada al conflicto salvadoreño, antes de que se convirtiera en un peligro para sus esfuerzos de terminar la guerra fría.
En las páginas anteriores al fragmento aquí reproducido, que pensamos es de vital importancia para entender cómo llegamos de la guerra a la paz, Samayoa describió el inicio de a ofensiva: cinco días del intento de provocar la insurrección en los barrios y suburbios pobres de la capital. Al no darse la insurrección y ante la reacción de la Fuerza Armada de bombardear a los barrios bajo control de la insurgencia, los guerrilleros cambian su plan… (Paolo Luers)

La guerra llega a La Escalón

La Comandancia General del FMLN había tenido, en las semanas previas, difíciles discusiones en relación con este diseño de la ofensiva militar, pero al final prevaleció la idea de resistir y mantener el asedio desde los barrios periféricos de las grandes ciudades, con la esperanza de que los levantamientos insurreccionales de la población terminarían por inclinar la balanza en favor del FMLN.
Esto no ocurrió así, pero después de cinco días de intensos combates, la fracción del FMLN que con mayor empecinamiento se aferró al esquema insurreccional y a la guerra de posiciones en los barrios populares, se decidió a replegar las fuerzas del sector de Zacamil, próximo a la Universidad de El Salvador. Este movimiento abrió espacio y forzó el viraje hacia la modalidad de guerra de movimientos, que otras fracciones del FMLN habían sustentado como óptimo en las discusiones previas sobre la táctica por seguir. A partir de ese momento, las unidades militares del FMLN pudieron reagruparse, abastecerse, descansar y organizar una nueva oleada de incursiones militares, esta vez hacia zonas residenciales de la capital, cuyo asedio tendría un impacto político nacional e internacional incomparablemente mayor. Eran las zonas en las que residía la mayor parte de empresarios, gerentes, altos funcionarios del Gobierno, embajadores, periodistas extranjeros y altos empleados de organismos internacionales.


El asesinato de los jesuitas

Casi simultáneamente con este giro en la situación militar, se produjo uno de los acontecimientos que más incidieron para situar a El Salvador como el punto focal de las noticias en el mundo entero. En la madrugada del jueves 16 de noviembre, oficiales y efectivos de la Fuerza Armada asesinaron al rector de la Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas", el sacerdote jesuita Ignacio Ellacuría; al vicerrector académico, Ignacio Martín Baró, también sacerdote jesuita de origen español; a los padres Segundo Montes, Amando López, Juan Ramón Moreno y Joaquín López; a la empleada de la comunidad de religiosos y a su hija.
La noticia dejó en estado de conmoción a los salvadoreños de todas las clases sociales y a toda la comunidad internacional, aunque no se tuvo certeza en el primer momento sobre los responsables del abominable crimen. Como académicos que eran, los padres jesuitas habían formado, en algunos casos desde su infancia, a muchas de las más prominentes personalidades de los círculos de poder económico y político del país. Como universitarios, dirigían una de las instituciones de educación superior más prestigiosas de América Latina. Por su calidad de religiosos, el asesinato estremeció de manera especial a diversos y amplios sectores sociales. Por su origen extranjero, aunque habían adoptado ya la nacionalidad salvadoreña, su muerte conmovió a la comunidad internacional. En el caso del padre Ellacuría, se trataba, además, de uno de los intelectuales más articulados, potentes y productivos del hemisferio occidental en el campo de la filosofía.
Su asesinato contenía el mismo mensaje de terror que, en el fondo, querían enviar, a todos los salvadoreños y a los extranjeros residentes en el país, los que asesinaron a monseñor Romero en 1980: ¡Nadie está a salvo! El mensaje fue registrado, pero esta vez se revirtió en contra de los asesinos. Antes de que el presidente Cristiani reconociera públicamente, el 13 de enero de 1990, la participación de nueve miembros de la Fuerza Armada en el crimen, ya se había producido el repudio internacional que sería decisivo, especialmente en el caso de Estados Unidos, para inclinar la correlación de fuerzas en favor de una solución política que detuviera la matanza y en contra del sostenimiento económico, político y militar al ejército salvadoreño.

 

La ayuda militar en peligro

Al día siguiente de la masacre, los presidentes de los comités de apropiaciones del Senado y de la Cámara de Representantes de Estados Unidos amenazaron con recortar la ayuda militar a El Salvador si no se investigaba a fondo el asesinato de los jesuitas. Tres días más tarde, el 20 de noviembre, la Administración de Bush logró detener, por un escaso margen de 215 contra 194 votos, una iniciativa del presidente del Subcomité de Apropiaciones de la Cámara de Representantes, orientada a retener de inmediato un 30 por ciento de la ayuda a El Salvador. Para detener la iniciativa de ley, el propio presidente de Estados Unidos tuvo que asegurar al Congreso que había estado en contacto con el presidente Cristiani en el curso de las últimas cuarenta y ocho horas, para expresarle su más enérgica condena por los asesinatos y urgirlo a llegar hasta el fondo de las cosas. A continuación, Bush indicó que estaba convencido de que Cristiani lo haría.
De todas maneras, el 21 de noviembre, la Cámara aprobó una resolución expresando que, si el Gobierno salvadoreño no procesaba a los asesinos, el Congreso revisaría cuidadosamente el tema de la asistencia a El Salvador. El Senado adoptó una posición similar. De nada sirvieron las irresponsables y cínicas declaraciones del ministro de Relaciones Exteriores, el viceministro de esa misma cartera y el fiscal general de El Salvador acusando al FMLN del asesinato de los padres jesuitas. La mayor parte de la gente dentro y fuera del país sabía la verdad antes de conocerla. Una de las más duras, directas y relevantes expresiones de esta convicción generalizada fue la advertencia del senador Christopher Dodd cuando manifestó, en el curso de los debates del Congreso: "Los militares y aquellos que estén comprometidos en algunas de estas acciones de violencia deben entender que no estamos obligados a firmar un cheque en blanco a perpetuidad; y es de extrema importancia que el presidente Cristiani entienda eso".
A estas alturas, El Salvador era ya noticia de primera plana en todo el mundo, aunque, debido al asesinato de los padres, estaba más destacada la dimensión ética de la preocupación internacional que las implicaciones políticas y diplomáticas de
la evolución del conflicto, en el sentido de su potencial afectación a la paz y a la estabilidad de la región.

La toma del Sheraton

En este contexto, se produjo, el 21 de noviembre, a sólo cinco días del asesinato de los jesuitas, otro acontecimiento de gran impacto internacional: la incursión de la guerrilla a las zonas residenciales más acomodadas y exclusivas de la ciudad, y la ocupación militar del hotel Sheraton en la colonia Escalón. A diferencia del anterior, este último desarrollo de la confrontación política y militar situó la preocupación internacional en un plano diferente al de la conciencia moral y al de la solidaridad con un pueblo que era víctima de indescriptibles y dantescas atrocidades.
Cuando los comandos guerrilleros ocuparon las instalaciones es del hotel Sheraton, se encontraron con sorpresas que produjeron un verdadero drama que, de haber tenido un desenlace diferente, habría cambiado drásticamente la historia de El Salvador. En el hotel estaba hospedado el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Joao Clemente Baena Soares. Pero la caja de Pandora que se abrió tenía sorpresas aún más grandes y peligrosas. También estaban hospedados doce boinas verdes del Séptimo Grupo de Fuerzas Especiales con sede en Fort Bragg, Carolina del Norte. Los militares estadounidenses estaban armados con lanzagranadas, fusiles de asalto M16 y armas cortas de defensa personal. Y eso no era todo. La lista de huéspedes incluía también a cinco asesores militares israelitas, un asesor militar guatemalteco, el capitán y los miembros de la tripulación del avión del presidente mexicano, Carlos Salinas de Gortari, que había transportado al secretario general a San Salvador; funcionarios de la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID) de Estados Unidos y ciudadanos de diversas nacionalidades. El paquete era literalmente explosivo, en términos militares, políticos y diplomáticos.
La situación estaba al rojo vivo. El presidente Bush envió de inmediato a San Salvador una unidad de comandos de la Fuerza Delta de la armada de Estados Unidos, entrenada para realizar operaciones de rescate. En tales condiciones: un solo disparo, certero en su trayectoria pero erróneo en su mira política, habría hecho estallar el polvorín. Los militares estadounidenses atrapados estaban ubicados en dos habitaciones del cuarto piso de la torre VIP del hotel. Los guerrilleros estaban arriba y abajo de ellos, en la tercera y en la quinta planta. El ejército salvadoreño disparaba desde fuera del hotel con armas de grueso calibre, incluyendo -tal vez deliberadamente- en sus. blancos varias habitaciones del piso en que estaban atrincherados los militares estadounidenses.
Un escenario político, militar y diplomático tan complejo no estaba en las previsiones de los altos dirigentes, menos aún de los mandos operativos del FMLN a cargo de la ocupación del Sheraton. Estos ignoraban la presencia en el hotel de asesores militares armados, quienes de hecho habían tenido que cortar abruptamente su misión de entrenamiento al batallón Atlacatl y se habían registrado fortuitamente la noche anterior en el hotel, en espera de retornar al día siguiente a su base de operaciones en Fort Bragg. La estancia de Baena Soares también resulto sorpresiva, puesto que la Dirección del Frente asumía que el secretario general de la OEA se hospedaría en el hotel Presidente por su calidad de invitado oficial del Gobierno de El Salvador.
Cuando se descubrió la gravedad de la situación, se impuso un sentido de sensatez y responsabilidad política en casi todas las partes involucradas. Los militares estadounidenses y los guerrilleros llegaron rápidamente en el terreno a un pacto de no agresión. Uno de los boinas verdes declaró a The Washington Post que los guerrilleros llegaron para tomarse el edificio, pero se encontraron con una sorpresa. Ambas fuerzas estuvieron cara a cara en un momento de decisiones dramáticas, intercambiaron unas cuantas palabras e hicieron un trato de mantenerse a prudencial distancia.
En el cuartel general de la Comisión Diplomática del Frente, en la ciudad de México, Guadalupe Martínez y Salvador Samayoa lograron abrir, a través de sus representantes en Washington, un teléfono rojo para comunicaciones de emergencia con el Departamento de Estado y asumieron, en contactos de radio y teléfono con San Salvador, la coordinación de un plan con el arzobispado salvadoreño y con el Comité Internacional de la Cruz Roja para evacuar al secretario general, a civiles de nacionalidades diversas y a los militares estadounidenses atrapados en el hotel. Para aliviar las tensiones, la Comisión Diplomática del Frente informó también con agilidad a los gobiernos interesados que el propósito de la operación militar no era la captura de rehenes y que se estaban haciendo todos los esfuerzos necesarios para garantizar la seguridad de todas las personas atrapadas y evitar incidentes lamentables.
La Administración del presidente Bush negó que se hubiera negociado un plan de evacuación con el FMLN, pero The Washington Times -de tendencia ultraconservadora- reportó los ofrecimientos del Frente al Departamento de Estado y la existencia de una línea telefónica abierta por funcionarios de la Embajada Americana, en San Salvador, para conversaciones entre las autoridades gubernamentales y los rebeldes.
Después de largas y tensas horas de comunicaciones cruzadas, se llegó a un arreglo entre el FMLN, el Gobierno de El Salvador, la Embajada de Estados Unidos, el CICR y el arzobispado, para darle salida a la crisis del Sheraton. A las 4 de la tarde del martes 21 de noviembre, la Comisión Diplomática del Frente envió, desde México, un fax al Departamento de Estado asumiendo responsabilidad, al más alto nivel, por los procedimientos acordados para la evacuación. A las 6 de la tarde, se realizó la evacuación de los civiles en el marco de la fugaz tregua y de los mecanismos operativos pactados. Los militares estadounidenses permanecieron en sus posiciones hasta la mañana siguiente y los comandos guerrilleros se retiraron misteriosamente del hotel en la noche del martes, en medio de un cerco de tropas de la Fuerza Armada Salvadoreña. El 24 de noviembre, Schafik Handal remitió una carta al secretario de Estado, James Baker, para expresarle que el FMLN mantenía "su decisión de abstenerse de afectar al personal y la infraestructura de Estados Unidos en El Salvador".
El episodio del Sheraton había terminado, pero la posibilidad tan cercana de un enfrentamiento armado entre los comandos especiales de Estados Unidos y las fuerzas rebeldes mantuvo en vilo a los observadores internacionales. Las grandes cadenas de televisión de Estados Unidos dedicaron un importante espacio a la cobertura del acontecimiento. El presidente Bush debió conferenciar en repetidas ocasiones con sus más altos asesores de seguridad y con el secretario de Estado, James Baker. El vocero de prensa de la Casa Blanca, Marlin Fitzwater, declaró que el presidente "creía fuertemente en la responsabilidad de proteger a los ciudadanos de Estados Unidos" y que estaban haciendo los planes necesarios para ello "sin descartar el uso de tropas". La noticia llenó las primeras planas de The Washington Post, The New York Times y todos los rotativos importantes de prensa escrita en Estados Unidos, en América Latina y en otras partes del mundo.

Los SAM 7 provocan una crisis entre Washington y Moscú

Tres días después de la crisis del Sheraton, en la madrugada del sábado 25 de noviembre, la situación de El Salvador pasó a otro escalón de implicaciones internacionales cuando se estrelló, en el oriente del país, un avión Cessna 310 de dos motores que transportaba 25 misiles antiaéreos, la mayor parte de ellos del tipo SAM 7, de diseño soviético, destinados a las unidades militares del FMLN. El mismo día, altos oficiales de la Fuerza Armada Salvadoreña admitieron que un segundo avión, presumiblemente con el mismo tipo de armas antiaéreas, había logrado aterrizar cerca de la ciudad de Zacatecoluca, a unos 30 kilómetros de San Salvador. Entre los documentos encontrados en el avión accidentado estaba un formato de orden de salida del avión expedido por SETA, una compañía de servicio de taxis aéreos con sede en Managua, Nicaragua.
El incidente tuvo, al menos, dos implicaciones importantes. Por una parte, modificó la correlación de fuerzas militares con la posibilidad de derribar los helicópteros y aviones de combate de cuyo apoyo dependía, en tan alta medida, la efectividad de la Fuerza Armada gubernamental. Así lo reconoció un alto oficial del ejército salvadoreño cuando declaró a The Washington Post: "Esto cambiará el curso de la guerra. Es una escalada tremenda que obligará a todas nuestras unidades a readaptarse". Por otra parte, el descubrimiento se convirtió en sólida prueba del involucramiento de Nicaragua en el aprovisionamiento logístico de los rebeldes salvadoreños. "Esto es lo que habíamos estado esperando -declaró en El Salvador el comandante de la sexta Brigada de Infantería- para mostrar al mundo entero que Nicaragua está ayudando a la insurgencia", mientras un vocero de la Embajada de Estados Unidos alardeaba ante la prensa internacional de tener finalmente el "avión humeante" como prueba de la injerencia de Nicaragua.
The Washington Post le dio espacio de primera plana a la noticia. El editorial del Christian Science Monitor, del 28 de noviembre, destacó que los misiles rebeldes podrían cambiar el balance de la guerra. La revista Newsweek dedicó un reportaje a "las huellas de Nicaragua en la guerra de El Salvador". Una vez más, los noticieros de televisión y las páginas de la gran prensa de Estados Unidos y de otras partes del mundo destacaron los desarrollos, cada vez más complejos y preocupantes, del conflicto en El Salvador.

La ruptura con Nicaragua

Las reaccione s del Gobierno de Estados Unidos y del Gobierno de El Salvador no se hicieron esperar. Al día siguiente, el presidente Cristiani anunció que había tomado la decisión de suspender las relaciones diplomáticas, comerciales y consulares con el Gobierno de Nicaragua y que retiraría de inmediato a toda la misión salvadoreña acreditada en ese país. Así mismo, anunció la decisión de "hacer las denuncias respectivas contra Ortega y su Gobierno" ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y ante el Consejo de Ministros de la Organización de Estados Americanos (OEA). Como consecuencia de esas medidas, quedó en suspenso la sede y la fecha de la reunión de presidentes centroamericanos, que originalmente estaba programada para celebrarse el 8 de diciembre, en Nicaragua.
La suspensión de las relaciones entre El Salvador y Nicaragua ya era una afectación concreta de las relaciones internacionales, con potenciales efectos para la paz y la estabilidad en toda la región centroamericana. Pero la cosa no terminó allí. Las implicaciones del descubrimiento del envío de misiles antiaéreos se convirtieron también en un tema de litigio entre Estados Unidos y la Unión Soviética. El editorial de The Wall Street Journal, del 28 de noviembre, discutió el posible papel de la Unión Soviética en los eventos de El Salvador e instó al presidente Bush a emplazar a su homólogo soviético, Mikhail Gorbachov, en la próxima cumbre que las dos superpotencias celebrarían en Malta. El mismo día, The Washington Post tituló su nota de primera plana: "Bush presionará a Gorbachov sobre Centroamérica", refiriéndose también a la protesta que el presidente de Estados Unidos levantaría en la cumbre de Malta por el envío de "sofisticadas armas soviéticas que llegan a los insurgentes a través de Cuba y Nicaragua".

El Salvador causa tensiones entre Estados Unidos y la Unión Soviética

El secretario de Estado, James Baker, acusó a Moscú de haber roto su promesa de que los rebeldes salvadoreños no dispondrían de armas de fabricación soviética. El mismo día del hallazgo de los misiles, aunque era sábado y tanto el secretario Baker como el embajador soviético estaban fuera de Washington, el subsecretario de Estado para Asuntos Políticos, Robert Kimmit, y el subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, Bernard Aronson, se reunieron con el encargado de Negocios soviético, Guenadi Guerasimov, en horas de la noche para oficializar la protesta estadounidense. El Ministerio de Asuntos Exteriores de la Unión Soviética negó las acusaciones y el Departamento de Estado finalmente tuvo que admitir que, de acuerdo al análisis de la evidencia, los misiles encontrados en el Cessna 31O no eran de fabricación soviética y que probablemente habían sido suministrados "por un régimen con estrechas conexiones de logística militar con la Unión Soviética".
De todas maneras, en los días subsiguientes, el tema siguió palpitando en las páginas de la prensa de Washington, Nueva York, Boston, Chicago, Atlanta, Los Ángeles, Miami y todas las ciudades importantes a lo largo y ancho de Estados Unidos, dando la pauta del impacto que comenzaba a tener en los círculos políticos de ese país el conflicto salvadoreño. La encargada de prensa del Departamento de Estado reiteró, el 27 de noviembre, que la Administración estaba muy preocupada y que esto había creado una muy peligrosa situación. El vocero de la Casa Blanca confirmó que Bush se proponía levantar el asunto como un área prioritaria en las discusiones de la Cumbre de Malta y que diría a Gorbachov que "la introducción de misiles tierra-aire en la guerra de El Salvador era una peligrosa escalada en el conflicto".
Los mensajes de la prensa fueron consistentes: los rebeldes salvadoreños han probado su habilidad para golpear en cualquier parte del país. Tienen ahora armas sofisticadas que podrían cambiar el curso de la guerra. Estados Unidos podría verse involucrado cada vez más directamente en el conflicto. Las relaciones con la Unión Soviética podrían envenenarse por el tema de El Salvador.

La segunda oleada guerrillera en las colonias residenciales

En ese contexto de reacciones internacionales que los más sofisticados dirigentes rebeldes ponderaban a diario con avidez y minuciosidad, se produjo el 28 de noviembre, tres días después del descubrimiento de los misiles antiaéreos, la segunda incursión de unidades guerrilleras a los barrios más lujosos y exclusivos de San Salvador, en el marco de una ofensiva militar sostenida que, a esas alturas, se había prolongado ya, contra todo pronóstico, por más de dos semanas.
La nueva oleada de desplazamientos militares urbanos de la guerrilla dejó atrapadas en sus casas, en medio del fuego cruzado, a una docena de familias estadounidenses y al menos dos funcionarios de la
Embajada de Estados Unidos, incluyendo un alto oficial de inteligencia y el jefe de Seguridad de la Embajada, quienes sufrieron durante varias horas la incursión de efectivos del FMLN a sus propias residencias. La guerrilla no tenía intención de atentar contra la seguridad de funcionarios o ciudadanos estadounidenses, pero el riesgo de afectación fortuita era cada vez mayor y más inevitable, porque casi todos los empleados de la Embajada tenían sus residencias en las colonias Escalón, San Benito y San Francisco, que se habían convertido en teatros de operaciones de la guerra.
El peligro era ya demasiado grande y, a pesar de los reiterados esfuerzos de diversos voceros de la Administración de Bush y del Gobierno salvadoreño para proyectar la ofensiva guerrillera como fracasada, los combates se mantenían con gran intensidad en la mitad de las cabeceras departamentales del país. No había, por tanto, indicación alguna de que la ofensiva pudiera extinguirse o controlarse rápidamente.

El fantasma de Saigón

Ante tal situación, el embajador de Estados Unidos en San Salvador recibió, el 29 de noviembre, la autorización del Departamento de Estado para la salida voluntaria del personal de la embajada y de sus familiares, en los casos en que se pudiera prescindir, temporalmente, de sus servicios. Unos 270 empleados optaron por permanecer toda la noche en las instalaciones de la Embajada. Al día siguiente, a las 12:25 p.m., la vocera de prensa del Departamento de Estado, Margaret Tutweiler, hizo una declaración sobria y factual a los periodistas congregados. La sobriedad no era su estilo habitual cuando abordaba el tema de El Salvador. Tal vez por eso, la declaración produjo un efecto de tensión y dramatismo en la prensa, aunque no fuera esa la intención.
La orden de evacuación
"El 29 de noviembre, como muchos de ustedes saben, el embajador recibió autorización para la salida voluntaria de familiares del personal de la Embajada que quisieran salir. La autorización incluye a empleados de los que se pueda prescindir y que también quieran salir. Ayer en la noche, a las 9:00 p.m., la Embajada en San Salvador comenzó a contactar a todos los americanos que pudo encontrar y les informó que se estaban preparando vuelos especiales rentados para transportar a los americanos que quisieran salir de El Salvador hacia Estados Unidos.
La Embajada tenía una lista de 18 páginas con todos los ciudadanos americanos registrados en la sección consular. Estas personas fueron llamadas. La Embajada contactó a las Cámaras Americana y Salvadoreña de Comercio, para que pasaran la voz a los empresarios estadounidenses. La Embajada contactó a las escuelas internacionales y a los grupos eclesiales para asegurarse de que su gente recibiera también el aviso. Para facilitar la salida y los espacios aéreos comerciales suplementarios, el Departamento de Estado contrató un vuelo charter de Continental, que volará a San Salvador este día, 30 de noviembre. Este vuelo acomodará a unas 252 personas y saldrá hoy de San Salvador hacia Washington D.C.
Vuelos adicionales pueden ser programados también, si la necesidad se presenta. La Embajada ha alquilado buses para ayudar a los americanos a llegar al aeropuerto. No sabemos cuántos residentes particulares van a aprovechar esta oportunidad. Estamos alentando al personal del que podemos prescindir y a sus familiares a salir del país".
Cuando la señora Tutweiler terminó su declaración y dijo que respondería con gusto a cualquier pregunta en la medida de sus capacidades, el punto central surgió de inmediato, desde la primera pregunta: "Estas precauciones parecen sugerir que el Departamento de Estado piensa que la ofensiva está lejos de su último aliento y que los combates van a continuar. ¿Es esta una previsión correcta?". Respuesta: "No sabemos si los enfrentamientos van a continuar o no. Ciertamente –obviamente– esperamos que no continúen".
La imagen en los noticieros de televisión del airbus A 300 de Continental Airlines, aterrizando en la Base Andrews de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, cerca de Washington, con 234 personas a bordo, entre funcionarios y empleados de la Embajada con sus familiares, evacuados de la ciudad capital de El Salvador, en medio del fuego cruzado entre grupos guerrilleros y tropas gubernamentales, fue realmente impactante. Al día siguiente, el 1 de diciembre, The New York Times publicó una foto grande de los empleados de la Embajada y sus familiares abordando los buses que los conducirían al Aeropuerto Internacional de El Salvador. El titular de la noticia fue, también, elocuente y dramático: "Americanos liberados después de estar sitiados en El Salvador".
No faltó quien pretendiera comparar la escena con la retirada de Saigón, que tantas y tan intensas y encontradas emociones había despertado en la población de Estados Unidos. La realidad y las imágenes, que de ella proyectaban los medios de prensa, no podían compararse en modo alguno con ese episodio traumático. Pero era innegable que la guerra de El Salvador estaba causando ya un impacto y derivando unas implicaciones internacionales que no podían seguirse soslayando.

El Salvador en la cumbre de Malta

En ese preciso momento, se producía la reunión cumbre de las dos superpotencias en la isla de Malta. The New York Times reportó que el presidente Bush parecía haber asumido, durante la reunión, un tono más suave que el de otros funcionarios de su Administración en relación con la conducta soviética en los conflictos regionales. En parte, porque no quería abrir espacios a la demanda de un quid pro quo en relación con el armamento que Estados Unidos suministraba a Afganistán, en el patio trasero de la Unión Soviética y, en parte, por la convicción de que la conducta soviética ya había conducido a resultados de alivio de los conflictos regionales en otros lugares, el presidente Bush optó por un enfoque constructivo en el tratamiento del problema centroamericano con su homólogo soviético. En este tema, el resultado de la cumbre fue un entendimiento para impulsar, de manera conjunta, una solución política a los conflictos en Centroamérica.
Así, en sólo tres semanas, desde el inicio de la ofensiva militar del FMLN el 11 de noviembre hasta el desarrollo de la cumbre de Malta, el 2 de diciembre, se produjeron, de manera vertiginosa acontecimientos de gran importancia y de gran impacto público, que situaron el conflicto salvadoreño en un plano de repercusiones internacionales innegables. Este giro abrupto de los acontecimientos constituyó la base política y el principio de validez jurídica para las actuaciones del secretario general de Naciones Unidas, en relación con el caso salvadoreño, aun cuando ese principio de validez no se hubiera traducido todavía, en mandato expreso y formal del Consejo de Seguridad, y aun cuando la viabilidad de la aventura diplomática de Naciones Unidas en El Salvador estuviera todavía por construirse.

Entra en escena Naciones Unidas

En las páginas iniciales de este capítulo, nos preguntamos cuándo, cómo y por qué había decidido involucrarse el secretario general, si no tenía precedentes claros, ni mandato, ni voluntad expresa de las partes en conflicto y la guerra no estaba dando, por añadidura, indicios consistentes de potencial afectación a la paz internacional.
Pues bien, fue este último aspecto el primero en cambiar. Pero era el más importante –en teoría, al menos– desde el punto de vista de la racionalidad jurídica y política en la que podía sustentarse una participación de Naciones Unidas. La ofensiva militar del FMLN, por estremecedora que fuera, seguía dejando el conflicto circunscrito en un plano geográfico y político estrictamente interno. Su implicación internacional habría sido gravísima en una consideración geoestratégica, ciertamente, pero solo si el FMLN hubiera demostrado una posibilidad más inminente de tomar el poder por esa vía. El asesinato de los jesuitas acarreó una conmoción internacional considerable, pero todavía situada en un plano moral y humanitario, aunque generó debates, como el de la suspensión de la ayuda militar a El Salvador, que ya se situaban en el terreno de la política internacional. Ambos hechos produjeron, indudablemente, un incremento cuantitativo y cualitativo en la atención de la comunidad internacional al conflicto salvadoreño, pero no eran todavía base suficiente para la participación de Naciones Unidas en el auspicio de una solución global al conflicto.
En ese sentido, la crisis del Sheraton, el episodio de las armas antiaéreas con su potencial afectación del curso de la guerra, la consecuente ruptura de relaciones entre El Salvador y Nicaragua, con petición expresa de que el problema fuera abordado en el Consejo de Seguridad, las fricciones diplomáticas entre Estados Unidos y la Unión Soviética por razón de ese mismo episodio, y la situación crítica y posterior evacuación de ciudadanos y personal de la Embajada de Estados Unidos fueron los factores que, de manera más evidente y directa, abrieron la ranura histórica por la que se coló la idea de los auspicios de Pérez de Cuéllar para unas negociaciones que pusieran término a la guerra civil en El Salvador.
Fue esta, también, la situación inmediata en la que Estados Unidos y la Unión Soviética, ambos miembros permanentes del Consejo de Seguridad, decidieron, en Malta, realizar esfuerzos conjuntos para buscar una salida al conflicto, aunque no pretendieron delinear el tipo de solución o la modalidad de negociaciones que era necesaria implementar. Y fue ese también el contexto inmediato de la reunión que los representantes del FMLN realizaron el 6 de diciembre, en Montreal, con Álvaro De Soto, en la que surgieron los primeros perfiles generales de lo que sería la operación diplomática más exitosa de Naciones Unidas en un largo periodo.
A partir de este momento, Pérez de Cuéllar pudo contar con una relevancia internacional demostrada por el giro del conflicto salvadoreño y con un cambio de luz roja a luz amarilla intermitente por parte de los miembros más poderosos y decisivos del Consejo de Seguridad.


Epílogo

Decidimos reproducir estas páginas, para que el lector contemporáneo, incluyendo la nueva generación que no vivió estos capítulos de nuestra historia, también pueda entender cómo la guerra, precisamente en el momento de su máxima expresión, produjo una ventana de oportunidad para la paz. Consideramos importante que los salvadoreños tengan acceso a este capítulo
del libro de Salvador Samayoa, que narra el camino de la guerra a la paz.

Ya sabemos cómo terminó esta historia: Naciones Unidas asume la mediación, y en tres años de complejas negociaciones, llegan a Acuerdos, que permiten que el 31 de diciembre del año 1991, el gobierno del presidente Alfredo Cristiani y la Comandancia del insurgente firman un cese al fuego definitivo; que el 16 de enero del 1992 si firma la paz en el castillo de Chapultepec en la capital mexicana; y que a partir de esta fecha estamos construyendo un país sin militarismo, sin represión, sin violencia política, con libertad de expresión y organización y con un sistema de pluralismo político.  Falta mucho por hacer en esta construcción, pero será más fácil si todos entendemos cómo llegamos a este nuevo capítulo. (Paolo Lüers)
(El Diario de Hoy)

martes, 4 de febrero de 2014

Un nuevo compromiso para El Salvador. Una propuesta a ARENA que no ha sido aprovechada

El siguiente es un documento que por razones fuera del control de sus autores ha sido manejado con mucha secretividad. Fue elaborado, entre enero y marzo del 2010, por un grupo de intelectuales convocados por Roberto Murray Meza: Luis Mario Rodríguez, Federico Hernández Aguilar, Salvador Samayoa, Claudia Cristiani y Paolo Luers. Ninguno de los seis integrantes estaba ejerciendo militancia activa en ARENA en este momento, tres de ellos jamás la habían tenido; dos más bien previenen de militancia en la izquierda.
Los seis integrantes acordaron aceptar un reto político e intelectual difícil, pero fascinante: hacer al partido ARENA, en profunda crisis luego de la derrota electoral del 2009 y la subsiguiente separación de muchos de sus cuadros de dirección, una propuesta coherente de renovación de su ideario.
En largas sesiones de trabajo, con discusiones muy complejas y extremadamente enriquecedoras, se llegó a escribir, editar y consensuar un documento que fue entregado a Alfredo Cristiani, con el propósito de servir como punto de arranque e instrumento catalizador (obviamente no como resultado) para el necesario debate que tenía que impulsar ARENA entre sus militantes y con la sociedad salvadoreña.
Hasta la fecha, todos los autores del documento hemos respetado la confidencialidad del documento que entregamos a ARENA. Sin embargo, a la luz de la imperiosa necesidad que el debate interno de ARENA no se siga postergando, yo personalmente he tomado la decisión de publicar este documento. Este esfuerzo intelectual y político no puede cumplir su función si sigue en secreto y sin debate.
Muchos de los conceptos plasmados en este documento necesitarán actualización o corrección a la luz de los últimos 5 años. Pero en el fondo, mantiene vigencia. Que sirva para el debate, para la renovación, para el relevo y para la apertura de ARENA. Cualquier partido  que se renueva y se democratice es un aporte a la consolidación de la democracia del país. (Paolo Luers)

Un nuevo compromiso para El Salvador

ARENA vivirá y será un Partido fuerte mientras mantenga su audacia, su capacidad de renovarse, su compromiso con el bienestar de los salvadoreños y su decisión de impulsar las reformas económicas y políticas que el país necesita.

Muchos piensan que la audacia más grande de ARENA fue haber asumido, en medio de la guerra, la defensa de la libertad pero el logro más audaz de ARENA fue otro: escuchar el clamor popular por la paz, terminar la guerra y encabezar la más profunda y democrática reforma de nuestro sistema político.

Esta es la audacia que ARENA debe recuperar ahora. Y debe hacerlo reconociendo que después de encabezar durante más de 20 años la defensa de las libertades democráticas, la reconstrucción nacional y las reformas que posibilitaron un progreso sin precedentes en la calidad de vida de millones de salvadoreños, ARENA ha perdido en los últimos años mucho de la audacia  de la capacidad de renovación que la convirtieron en la primera fuerza política del país.

Es la hora de recuperar el orgullo de los areneros por todo lo que han aportado a la Patria, a la paz, a la democracia, a las libertades y al crecimiento económico del país, pero también es hora de mostrar la capacidad autocrítica necesaria para reconocer y superar los errores del pasado.

Ante los peligros para la democracia, ARENA propone más democracia. Ante la crítica que el FMLN hace a la democracia representativa, proponiendo modelos autoritarios como los de Cuba y Venezuela, ARENA se compromete a reformar las instituciones democráticas para preservarlas y fortalecerlas.

La reforma es la mejor defensa que podemos hacer de nuestro sistema de libertades y contra las amenazas autoritarias de la ‘derecha populista’ y del ‘Socialismo del Siglo XXI’. Por eso, ARENA se declara como el Partido que defiende las libertades públicas y promueve las reformas democráticas.

DEMOCRACIA Y REFORMA POLÍTICA

Poco más de 20 años han pasado ya, desde que ARENA alcanzó por primera vez el poder ejecutivo, mediante un proceso electoral que, si bien se dio con la guerra como telón de fondo, fue reconocido como un proceso limpio y ejemplar.

Para El Salvador era de suma importancia que la guerrilla depusiera las armas y se integrara al sistema político fundamentado en la democracia representativa. Pero estábamos conscientes que nuestro modelo político necesitaba una reforma y un verdadero proceso de democratización, porque se había convertido en un modelo excluyente, fundamentado por décadas en la fuerza de las armas y en la restricción de las libertades públicas, una de las principales causas que originaron el enfrentamiento armado.

Si bien es cierto que ya en 1983 habíamos iniciado nuestra participación en ese proceso de reforma, a través de la nueva Constitución Política, y que, producto de las elecciones de 1984, un civil había sido electo presidente, esta reforma no era completa y, aunado a la corrupción imperante en aquel primer gobierno civil, de facto, continuaba el predominio del poder militar.

Para lograr la paz, había que profundizar el proceso de reforma de nuestro sistema político. Ese fue el objetivo del proceso de negociación auspiciado por las Naciones Unidas: lograr la paz, mediante el inicio de la más profunda reforma política que haya ocurrido en nuestra historia. Se trataba de re fundar la nación, en base al consenso, sobre el reconocimiento del derecho de todos a participar en la construcción de la misma. ARENA asumió este reto con audacia, a pesar de grandes riesgos, empecinadas resistencias  muy arraigadas desconfianzas.

El segundo gran desafío para ARENA era el cumplimiento de los Acuerdos de Paz: la creación de nuevas instituciones, la reducción de la Fuerza Armada y subordinación al poder civil, la reforma de las instituciones de seguridad pública, y la reconstrucción y recuperación de la economía.

Pusimos fin a la guerra y creamos un sistema plural, al cual la izquierda se pudo insertar sin restricciones. Desde entonces, ARENA y el FMLN han venido librando una batalla política, en la cual dos visiones del mundo totalmente diferentes se han sometido al escrutinio de la voluntad popular. En cuatro ocasiones los salvadoreños votaron mayoritariamente por ARENA, lo cual produjo el más largo período de estabilidad democrática, paz y progreso de la historia del país.

DESARROLLO ECONÓMICO Y DETERIORO INSTITUCIONAL

En este período de estabilidad, bajo la responsabilidad de ARENA y, a pesar del boicot permanente del FMLN, se produjo una ampliación sin precedentes de las capas medias urbanas; se redujo la pobreza; se ordenaron las finanzas públicas; se mejoró significativamente la infraestructura; aumentó la oferta y mejoró la calidad de los servicios públicos, sobre todo las carreteras y caminos, y los servicios de salud y educación; hasta el punto de traducir su impacto en un considerable incremento del índice de desarrollo humano.

Esos logros son innegables.  Están a la vista de todos. Pero también se cometieron muchos errores. Hubo aspectos sociales del crecimiento económico a los que no se les dio la debida importancia. Uno de estos aspectos fue la desprotección del ciudadano ante instituciones y conglomerados empresariales que abusaron del régimen de libertades, castigando sistemáticamente a las familias de menores ingresos con injustos contratos de servicios, comisiones voraces y cobros indebidos.

Además de la tolerancia del gobierno a los abusos empresariales, también contribuyó al sentimiento de frustración e indignación ciudadana el descuido de las instituciones del Estado y su evidente utilización al servicio de los que detentaban el poder. Este comportamiento, muy pronunciado en los últimos años, afectó gravemente la cultura de la legalidad hasta situar al país ante el riesgo de infiltración del crimen organizado en sectores decisivos de los tres Órganos del Estado.

Ante tal situación, mucha gente comenzó a creer que ya era hora de un cambio en el gobierno, y este fue, sin duda, uno de los factores determinantes de nuestra derrota electoral.

DERROTA ELECTORAL

Una derrota electoral no es una tragedia. No es, por sí misma, factor de división, motivo de vergüenza o desmoralización. Todos los partidos ganan y pierden elecciones. De eso se trata, precisamente, el juego político democrático. Los partidos pueden perder la confianza o la preferencia de los electores por razones de índole diversa.

Las derrotas preocupantes, vergonzosas o desmoralizantes son las que se producen por cualquier forma o modalidad de autoritarismo o de corrupción, tanto en la dirección interna del Partido como en el ejercicio del poder gubernamental. ARENA no perdió ante el planteamiento del adversario. Perdió por el desempeño de sus propios dirigentes y por la desmotivación que ellos produjeron en amplios sectores de su base social.

En ese sentido, la derrota electoral sufrida por ARENA debe motivar una profunda reflexión porque conlleva un juicio popular sobre el desempeño del Partido en el poder, pero también porque el partido ganador, el FMLN, aún y cuando llevó a un candidato fuera de sus filas, sigue siendo un partido marxista y simpatizante del antidemocrático proyecto bolivariano que impulsa desde Caracas Hugo Chávez.

LA CRISIS QUE ESTAMOS SUPERANDO

La crisis de ARENA no comenzó con la derrota electoral, sino con la derrota de la democracia interna en años anteriores. Tampoco la crisis se agudizó con la salida del Partido del grupo que antes dominaba. Por el contrario, ahí empezó el proceso de superación de la crisis.

Hay dos axiomas en política: el poder desgasta y el poder corrompe. Precisamente por ello es que existen pesos y contrapesos en un sistema democrático. Por ello es necesaria la rendición de cuentas. Durante el largo ejercicio del poder ARENA perdió mucho de su mística y ética de los primeros años, no combatió con suficiente fuerza escandalosos hechos de corrupción, y no hizo lo suficiente en otros temas importantes, como la profundización de la reforma política iniciada en 1992 y el fortalecimiento de la institucionalidad.

La mancha en la conducción del Partido

En el último quinquenio, ARENA llegó a un importante punto de inflexión: los dirigentes pasaron por encima de los mecanismos básicos de democracia interna en los que se asentaba la cohesión y la renovación permanente del partido.  Este desvío de la tradición y de las buenas costumbres marcó una etapa de decadencia y de posterior derrota electoral. En ese período, la gestión del Partido y del gobierno se saturó de lemas publicitarios orientados a promocionar la falsa imagen de una ‘derecha popular’ para favorecer el continuismo de los dirigentes y justificar la total exclusión de sectores sociales y cuadros históricos del Partido.

El desastroso manejo del proceso interno para seleccionar al candidato a la presidencia de la República terminó siendo el detonante final del proceso de desmoralización y descomposición que las estructuras del Partido ya venían sufriendo.

El grupo que manejó ARENA lo entregó quebrado, con deudas millonarias, desmoralizado y con quintas columnas encargadas de minar el poder territorial del Partido con el cáncer de las intrigas y la compra de voluntades. La primera gran acción política de ese grupo, que por cinco años tomó el Partido, fue intentar dividir a la derecha, argumentando una falsa dicotomía entre ‘derecha popular’ y ‘derecha elitista’, mientras el verdadero conflicto se desarrollaba entre una derecha con ética y una derecha corrupta, entre sectores históricos genuinamente democráticos y sectores oportunistas.

Sin embargo, debemos reconocer que todos los areneros tuvimos la responsabilidad de lo ocurrido en los últimos cinco años. Porque todos permitimos que un individuo y su grupo manejaran a su antojo el Partido y el Estado. Cometimos el error de caer en el chantaje frecuentemente utilizado por populistas de derecha cuando se ven amenazados por sus antípodas de izquierda: “los comunistas o yo, ustedes eligen”. Por temor de perder aceptamos tolerar toda clase de violaciones a los estatutos del Partido, la corrupción, el caudillismo. Al final, de todas formas perdimos las elecciones y además estuvimos a punto de perder el alma del Partido.

La mancha en la conducción del gobierno

El último gobierno de ARENA fue dominado por un grupo de amigos y compadres, que no rendían cuentas a nadie y que manejaron a su antojo las cuestiones de estado y del Partido. ARENA tiene que reconocer la escandalosa corrupción ocurrida en los últimos cinco años y el envilecimiento de las instituciones del país mediante la compra de voluntades.

Y a pesar de todo, hicimos cosas buenas

No todo fue malo en el último gobierno de ARENA. Hubo gestiones importantes como la obtención de fondos de la “Cuenta del Milenio” para el desarrollo de la zona norte, el inicio del programa “Red Solidaria”, la creación de la Defensoría del Consumidor y de la Superintendencia de Competencia, el impulso de políticas sectoriales, particularmente en el rubro agropecuario, además de algún nivel de mejoría en servicios como FOSALUD.

En este mismo plano general de beneficios a la población puede situarse la política de subsidios del último gobierno. Aunque tuvo errores importantes de focalización y puso en riesgo la estabilidad macroeconómica, fue una expresión de la sensibilidad social característica en los gobiernos de ARENA, ya que el subsidio a servicios esenciales como el agua, la energía eléctrica, el transporte y el gas propano, alivió en gran medida la situación de las familias más pobres. Pero eso era lo menos que se podía esperar de un cuarto gobierno de ARENA, que ya no tenía que lidiar con la guerra, la reconstrucción y la recuperación económica.

MIRAR HACIA DELANTE

No es suficiente reconocer los errores. Hay que crear los mecanismos necesarios para que no se repitan. Debemos construir y fortalecer la democracia interna de nuestro Partido. Debemos fortalecernos como derecha democrática frente a la derecha populista y debemos fortalecernos como derecha con ética frente a la derecha corrupta. Este es el verdadero contenido de la renovación actual de ARENA.

ARENA debe salir lo más rápido posible de la situación negativa en la que se vio inmerso el Partido en los últimos meses. El primer paso es entender que los problemas no comenzaron con la derrota electoral, sino con el deterioro de la democracia interna años antes. Por tanto, para salir adelante, ARENA tiene que regresar a sus raíces y principios de alianza, republicanismo y pluralidad interna.

Debemos mirar hacia delante. Los que siempre han querido destruir el sistema democrático están envalentonados y hablan ya de cambiar los artículos pétreos de la Constitución y promueven la ‘democracia directa’ y plebiscitaria, siguiendo fielmente el guión escrito en Venezuela.

Hay mucho trabajo por hacer. El Partido no puede perder un solo día más en un debate estéril con los oportunistas. Hay que echar mano ya a la renovación y el fortalecimiento, no sólo del Partido, sino de la oposición democrática en su conjunto.

ARENA debe renovar su forma de relacionarse con la gente, modernizar su estilo de trabajo, recuperar la mística, y abrir las puertas a todos aquellos patriotas identificados con la democracia representativa como único sistema que garantiza las libertades y el desarrollo económico.

ARENA, UN PARTIDO LIBERAL

ARENA es un partido liberal en el sentido más clásico de la palabra, no como una ideología cerrada, sino como una forma de ver y vivir la vida. Confiamos en la libertad. Ponemos por encima de todo a la persona humana y su dignidad. Ponemos al Estado en función de las personas y no las personas en función de un todopoderoso Estado.

Apostamos por el imperio de la ley y por la libertad económica. La historia ha demostrado que donde más dinámica y libre es la economía, es donde hay menos pobres. Sólo los individuos libres son capaces de desarrollar plenamente sus facultades creativas y esforzarse por alcanzar su propio bienestar. En ese esfuerzo toda la sociedad sale beneficiada. El Estado debe garantizar la equiparación de oportunidades y debe ocuparse de aquellos que no pueden valerse por si mismos.

Si los que estamos dispuestos a defender y desarrollar el sistema democrático y la economía social de mercado nos unimos, construyendo un Partido con auténtica democracia y pluralidad interna, podemos llevar nuevamente a El Salvador al sendero de la sensatez, el crecimiento y el desarrollo humano.

Declarar ARENA un partido liberal no significa que abandonamos nuestras raíces históricas. El liberalismo siempre ha sido la motivación que sustenta su lucha por las libertades y en contra del autoritarismo en cualquiera de sus manifestaciones. ARENA seguirá siendo Republicano, porque seguirá dispuesto a defender el sistema de democracia representativa. ARENA seguirá siendo Nacionalista, porque siempre pondrá el interés de la nación y de la Patria encima de cualquier forma de interés particular. Y ARENA sigue siendo Alianza porque está constituida por diversos sectores que son expresión de todos los componentes de la sociedad y que tienen participación y representación orgánica en las estructuras del Partido. Esto hará funcionar a plenitud el pluralismo interno y aspira a la unidad basada en el respeto a nuestra diversidad y el interés común de la nación.

ARENA no es un Partido conservador, porque está comprometido con la reforma como instrumento mediante el cual las sociedades se adaptan a nuevas realidades y necesidades. ARENA es el Partido que promoverá la reforma política, institucional y social como mecanismo para oponerse a los que quieren obviar nuestro legítimo derecho a la libertad, cambiar el sistema democrático representativo que es nuestra garantía para la defensa de la pluralidad y sustituir nuestra economía social de mercado por cualquier alternativa que lleve a más pobreza y miseria.

TAREAS Y COMPROMISOS

RECUPERAR LA VITALIDAD Y LA MÍSTICA

La primera exigencia del momento actual es sacudirnos la modorra, recuperar la vitalidad, el entusiasmo, la mística, el compromiso y, sobre todo, la disponibilidad para trabajar por el fortalecimiento del Partido en todos los niveles, en todos los sectores, en todo el territorio nacional. Si los cuadros y los militantes no ofrecen su tiempo, su capacidad y su esfuerzo, no podremos salir adelante. A los dirigentes les corresponde incentivar la participación y canalizar la energía, pero la energía debe desatarse en las bases, especialmente entre los jóvenes, para volver a ser un Partido rebosante de vitalidad.

Ya pasó la hora de los lamentos. Ya pasó el momento en que algunos se sentaron a esperar, a ver cómo se resolvía  la pugna interna del Partido. Es hora de trabajar. El que tenga críticas que las haga, pero con ánimo constructivo, con lealtad y ganando con su trabajo el derecho de hacerlas.

RECUPERAR LA UNIDAD DEL PARTIDO

Debemos recuperar la vida partidaria institucionalizando internamente la democracia y el pluralismo. Sólo así podemos poner fin al divisionismo en nuestras filas y a la escandalosa compra de voluntades en las estructuras territoriales. Por eso decimos: El antídoto a la erosión de la democracia es más democracia. El antídoto al divisionismo es regresar al principio de nuestros fundadores: la alianza de sectores que no es más ni menos que el pluralismo interno.

DEFENDER LA DEMOCRACIA Y EL SISTEMA DE LIBERTADES

Nuestro Partido debe construir una alianza nacional para defender la Constitución de la República como garante de la democracia representativa y el sistema de libertades. Para esto, ARENA debe abrirse hacia todas las fuerzas democráticas, incluyendo las del centro y las de la izquierda democrática, como democratacristianos, socialcristianos, y socialdemócratas.

ARENA debe luchar y lograr que todos los partidos políticos y fuerzas vivas de la nación se comprometan de una vez por todas a respetar el sistema de libertades, la Constitución, el sistema democrático y el Estado de Derecho. Sobre estas bases firmes e innegociables, los partidos debemos continuar profundizando la reforma política que iniciamos en 1992 con los Acuerdos de Paz para hacer de nuestro país una nación cada vez más justa, más libre y más próspera.

Nuestro Partido está llamado a impulsar y liderar ese esfuerzo. Para ello es clave que un bloque democrático liderado por ARENA logre la victoria electoral en las elecciones parlamentarias del 2012 y en las presidenciales del 2014. Sólo de esa manera se abrirá la posibilidad de que nuestros adversarios, hoy en el poder, pasen a la oposición nuevamente y se vean obligados a revisar a fondo sus dogmas marxistas y renunciar a sus ilusiones totalitarias.

REGRESAR A LA CONTIENDA ELECTORAL

ARENA debe afinar las estrategias para las próximas batallas electorales, lo que implica dos tareas paralelas: comenzar de inmediato un trabajo territorial intenso para fortalecer a nuestro Partido y, al mismo tiempo, sentar las bases para alianzas amplias y fuertes con todas las fuerzas dispuestas a defender nuestro sistema republicano de democracia representativa y nuestra sistema de economía social de mercado.

Para ambas tareas debemos abrir los espacios a los nuevos liderazgos que garantizarán que nuestro Partido sea unido, plural y capaz de asumir su rol de motor de las reformas políticas y sociales que necesita el país.

En política, los grandes retos y el trabajo concreto constituyen el verdadero crisol en el que se depuran las ideas y se forja el carácter y el valor de los dirigentes y de los militantes. ARENA debe plantearse desde ahora, sin vacilación, el reto de ganar las  elecciones de 2012. Este desafío será determinante para recuperar la vitalidad y la unidad del partido.

FORTALECER LAS  CAPACIDADES DE LOS MUNICIPIOS

Debemos fortalecer las municipalidades en su institucionalidad y en su capacidad de responder a las necesidades de la población. Sólo así podremos contrarrestar la estrategia del FMLN de establecer desde los diferentes ministerios gubernamentales ‘comités populares’ o ‘comités de barrio o cantón’ controlados por el partido comunista, que solo sirven de base para la llamada ‘democracia directa’. Esta no es otra cosa que un aparato territorial de control político a través del cual se sostendrá la represión política que indudablemente impondrán si completan su asalto al poder.

DETENER EL SECUESTRO DE LAS INSTITUCIONES DEL ESTADO

Debemos ejercer un papel vigilante ante la estrategia del FMLN de tomar control de las instituciones del Estado –como la Policía Nacional Civil, los sistemas de salud y educación, el Ministerio de Gobernación, la Dirección de Protección Civil y otras entidades públicas– con el fin de establecer un poder partidario paralelo al del gobierno actual y al de cualquier futuro gobierno que no sirva incondicionalmente a sus intereses.

RECUPERAR LA CONFIANZA EN EL SISTEMA DEMOCRÁTICO

Las constantes amenazas y los falsos análisis que hace el FMLN en contra del sistema democrático para desprestigiarlo y justificar la construcción de un Estado totalitario y represivo, encuentran eco en todos los que no perciben mejoras en su calidad de vida. Sin embargo, si bien es cierto que existen carencias importantes que no han sido resueltas, debemos afirmar con mucha convicción que la dificultad para superarlas no es atribuible al sistema democrático, sino a nuestra falta de voluntad para mejorarlo y utilizarlo adecuadamente.

En ese sentido, debemos tener la claridad política necesaria para reconocer que, a pesar de ser todavía imperfecto y susceptible de manipulación, no nos hemos equivocado de sistema y que este ha dado frutos innegables a nuestro país. La tarea pendiente no es sustituirlo por otro, sino retomar el camino de su construcción y fortalecimiento a través de la reforma política permanente y visionaria, para hacerlo cada vez más efectivo y más justo. Así podremos validar nuestro compromiso de ser el Partido que defiende las libertades públicas y promueve las reformas democráticas.

Habiendo aprendido las lecciones de su paso por el gobierno y por la oposición, ARENA deberá centrar su mensaje a la nación en la erradicación de la delincuencia criminal; la erradicación de los factores económicos y sociales que producen inseguridad; el combate frontal y ejemplar contra la corrupción en las estructuras del Estado; el repudio a los  pactos oscuros que permiten que grupos de interés se apoderen de instituciones del Estado; la prohibición del uso de fondos discrecionales sin su debida rendición de cuentas por parte de la presidencia de la República; la transparencia sin excusas de la gestión gubernamental; y la realización de una reforma electoral profunda que dé a los ciudadanos el pleno derecho de elegir a los diputados de su preferencia en vez de ratificar planillas partidarias.

Para lograr estos objetivos, ARENA debe proponer una Asamblea Legislativa y un gobierno con los mejores hombres y mujeres de El Salvador, pero de verdad, no como el presidente de los rojos, que hizo una promesa parecida y terminó nombrando el peor gabinete de gobierno de la historia de El Salvador. ARENA debe asegurar un gobierno que devuelva en obras de beneficio los impuestos que pagan los salvadoreños. Los salvadoreños no pueden seguir pagando triples impuestos por su  seguridad: al  Estado, a los servicios privados de seguridad, y a los delincuentes. 

Los servicios de salud del Estado deben buscar la excelencia y dejar de ser el coto de organizaciones políticas disfrazadas de gremios y sindicatos. Las calles, avenidas y carreteras del país deben mantenerse en perfecto estado. En su próximo gobierno ARENA debe completar totalmente la electrificación del país y hacer las inversiones para proveer la seguridad energética que necesita el desarrollo nacional. La calidad y la distribución del agua potable deben mejorar y la educación de muy buena calidad debe estar realmente disponible para todos los salvadoreños.

Sobre todo, el Estado debe crear un clima propicio para que el capital nacional y externo invierta en El Salvador creando puestos de trabajo. Para ello, el Estado debe garantizar a los inversionistas transparencia, seguridad pública, seguridad jurídica y políticas públicas claras y previsibles.

Para lograr todo ello, los salvadoreños debemos lograr un pacto fiscal basado en la transparencia, la eficiencia en la gestión gubernamental, la rendición de cuentas y la disposición de todos los sectores a financiar el desarrollo del país. Esta reforma fiscal tiene que simplificar el sistema tributario para hacer posible su aplicación a los sectores actualmente informales de la economía.

SUPERAR LA POLARIZACIÓN, PROMOVER EL DIALOGO Y BUSCAR EL CONSENSO

ARENA debe buscar el dialogo permanente con toda la sociedad, incluyendo sus adversarios políticos, para buscar los entendimientos que sean necesarios a fin de mejorar la calidad de vida de todos los salvadoreños. Una vez puesto a prueba el sistema con la alternancia en el poder, ya no habrá espacios para la protesta violenta, las acciones ilegales y el vandalismo como forma de expresión y extorsión política.

ARENA no ha sido ni debe ser nunca un partido miope o mezquino. Cuando ha sido necesario, ha asumido con vigor la confrontación política, y lo seguirá haciendo cada vez que sea necesaria la defensa de valores y principios inclaudicables. Pero nuestro Partido entiende la política como una negociación permanente con todas las fuerzas vivas, en la que siempre tiene que haber concesiones de todos, sin que por ello se sacrifique en lo más mínimo el sistema de libertades, la democracia y el Estado de Derecho.

ERRADICAR LA POBREZA

ARENA reafirma su compromiso con la erradicación de la pobreza como mandato primordial del Estado, de los partidos políticos y de todos los miembros de la sociedad. No podemos hablar de desarrollo ni de justicia si no erradicamos la pobreza. Debemos comenzar por la pobreza económica, pero no podemos dejar a un lado las otras dimensiones de la pobreza. La pobreza económica no podrá superarse de forma sostenida si no erradicamos su principal sustento: la marginación.

Nadie puede negar que el único sistema que ha comprobado ser eficaz y eficiente para la creación de riqueza, es aquel que se desarrolla en un marco de libertad económica. ARENA no debe vacilar en la defensa de este marco. Así mismo, ARENA debe contribuir de forma permanente al mejoramiento y democratización de las condiciones jurídicas y sociales que hacen su funcionamiento posible. El desarrollo económico requiere que todos podamos apelar a la seguridad jurídica contra las arbitrariedades, los abusos y la corrupción. También requiere que dispongamos de seguridad física. La erradicación de la pobreza no puede disociarse del combate a la delincuencia común y el crimen organizado.

A la derecha se le reconoce siempre su eficacia en la creación de riqueza, pero se le acusa de no poner el mismo empeño en la superación de la pobreza. Esta acusación no es del todo cierta, pero cuando el río suena es porque lleva piedras. Ahora nos corresponde asumir el combate a la pobreza con la misma responsabilidad y seriedad con que asumimos la creación de riqueza. El día que aprendamos a hacer bien las dos cosas seremos invencibles y el pueblo no se detendrá ni un instante a escuchar mentiras y  promesas de falsos redentores.

DEFENDER AL CIUDADANO

ARENA entiende que en las sociedades modernas no solo el Estado y sus instituciones pueden cometer abusos contra los ciudadanos. Si no hay claras políticas públicas de regulación y supervisión, los individuos y grupos empresariales, tanto los grandes como los  pequeños, también pueden caer en la tentación de abusar de las personas más indefensas. Para evitar estos abusos, y siendo consecuentes con nuestro principio que reconoce al ser humano como objetivo primordial de cualquier sociedad; ARENA defenderá, implementará y hará efectivos los mecanismos que, respetando el Estado de Derecho y la libertad económica, garanticen la protección de los ciudadanos contra los abusos de cualquier índole.

Y nos referimos con exactitud a abusos de cualquier índole, porque no se trata solo de los que sufrimos como consumidores. Sufrimos abusos y vejaciones intolerables también como vecinos, como transeúntes y como peatones. ¿A quién no le ha instalado un pequeño o gran empresario, porque le da su santa y real gana, un taller o un camión en la entrada de su colonia, sin importarle en lo más mínimo el perjuicio a los vecinos? Y sufrimos también abusos como ciudadanos que deben gozar de todos los derechos que prescribe la ley, comenzando por el derecho a que no nos roben y no nos mientan los funcionarios y los empleados públicos.

ARENA no debe confundir los intereses de algunas empresas con el desarrollo económico del país. El desarrollo económico debe sustentarse siempre en la libertad creativa de los individuos y reconocemos que el impacto del esfuerzo de las empresas y empresarios que las lideran sostienen la creación de la riqueza nacional, pero el desarrollo económico también debe sustentarse siempre en la dignidad y derechos de todos los ciudadanos. Así como lucharemos contra el chantaje político, así también lucharemos contra el chantaje económico.

ARENA, UN PARTIDO VERDE

El desarrollo ecológicamente sostenible es una deuda que ARENA tiene con la nación. Luego de haber entendido y comprobado plenamente que tanto los modelos del capitalismo salvaje como los modelos socialistas sólo arruinan y dañan de manera profunda el medio ambiente, ARENA establecerá un claro compromiso con la recuperación y protección de nuestros recursos naturales. El quinquenio que marque el regreso de ARENA al poder deberá ser el de la descontaminación de la mayoría de nuestros ríos y lagos, la recuperación de nuestros bosques y la limpieza de nuestro aire. Esto no se logra con discursos, sino con inversiones estratégicas. Ello será de alta prioridad para el nuevo gobierno de ARENA.

En muchos países han surgido partidos verdes, debido a que los partidos tradicionales no han reaccionado a los retos ecológicos. En El Salvador, ARENA acepta este reto y se convertirá en el partido verde que sepa conciliar economía y ecología, desarrollo y defensa del medio ambiente.

LA ÉTICA EN LA POLÍTICA

ARENA asume un renovado compromiso con la ética como elemento central de su renovación y fortalecimiento. La ética no sólo como compromiso de trabajar apegados a la ley, sino como compromiso de ir más allá de lo que exige la ley. Todas las leyes son susceptibles de interpretación y pueden ser manipuladas para justificar actos que son cuestionables, aunque sean legales Por eso debemos aspirar más alto. Este compromiso no sólo obliga a ARENA a trabajar por una sociedad en la que impera la ley, y por un Estado que la hace valer sin excepciones. Este compromiso nos obliga a actuar en nuestra vida privada y en nuestra vida pública con apego a valores y a rigurosos criterios de honestidad, responsabilidad, justicia, solidaridad, transparencia y decencia, más allá de lo que la ley prohíbe o permite.

En este sentido, como una consecuencia de nuestro compromiso con la ética, hablamos y nos comprometemos con la democratización y con el ejercicio del pluralismo al interior de nuestras filas, pero también nos comprometemos con la rendición de cuentas, no solo ante nosotros mismos sino ante la sociedad entera.

En igual sentido hablamos y nos comprometemos con la defensa de los ciudadanos contra los abusos de cualquier tipo y a cualquier nivel; con la protección del medio ambiente; con el combate a la delincuencia y, sobre todo, con la lucha contra la corrupción en todas sus formas y manifestaciones. ARENA debe colaborar de manera permanente en la construcción de una cultura de legalidad, que empieza con el respeto a las leyes de tránsito y llega hasta el rompimiento con la impunidad de políticos y empresarios que se alían con el crimen común y organizado. La ética, como la ley, o es para todos igual o pierde vigencia.

MANOS A LA OBRA

Anclados firmemente en estos principios y compromisos, ahora ARENA tiene que terminar la tarea de renovar y fortalecer el partido. A partir de ahí, ¡manos a la obra de asumir nuestro rol de defensa de nuestro sistema democrático y de la economía social de mercado!

Si esta defensa requiere que asumamos nuestro papel de oposición, ARENA sabrá luchar. Si esta defensa requiere que asumamos nuestro papel de construir gobernabilidad, ARENA sabrá negociar y concertar.

Pero nuestra tarea a largo plazo no sólo es defender el sistema, sino mejorarlo a través de reformas políticas y mediante la construcción de estabilidad y crecimiento. Para esto es indispensable que, junto con las alianzas que sepamos construir, ganemos las siguientes elecciones y volvamos a asumir el compromiso de conducir el país.

(Marzo 2010)

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